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jueves, 11 de agosto de 2016

UNA PALABRA PARA DENOMINAR EL GÉNERO DE LOS LGTB

En Colombia está en evolución un calentamiento climático cada día más insoportable y un degeneramiento sexual masivo que puede terminar convirtiendo a esta nación en la primera dictadura homosexual del mundo.


 En mi país se está dando una masificación de LGTB tan intensa que algunos dicen que estamos a punto de ser gobernados por una dictadura homosexual, pero nadie sabe cómo designar a los homosexuales. Muchos, aunque sepamos que estamos hablando con una lesbiana o con un homosexual, a ella la denominamos como ‘señora o señorita, y a él como ‘señor’, pero a los homosexuales no les agrada ser tratados de esa forma. Sin embargo, a los heterosexuales de la vieja guardia nos es difícil tratar como señora a un marica o decirle señor a una lesbiana, y, aunque el mundo se está llenando de LGTB, a los sabios de la Real Academia Española nada que se les ocurre inventar una palabra que denomine el género de dichas personas.
Antes, en esta nación era raro ver un homosexual y casi no había lesbianas pero ahora los hay por todas partes, habiendo que agregar que cada día hay más transexuales y bisexuales. Sin embargo, ahí no acaba la lista de géneros; se supone que las lesbianas son mujeres a las que les gustan las hembras y por lo tanto en estas parejas ambas son lesbianas, pero a los gais no les gustan los maricas, ni a los hombres auténticos les gustan los gais y aquí es donde aparecen los cacorros, o sean los maridos de los gais, unos individuos que suelen ser prostitutos, depravados y cochinos, cuyo género sexual es poco mencionado porque suelen pasar como hombres normales.
El asunto es que, aunque sean naturalmente varones, a los afeminados no les gusta que los traten de ‘señor’, y al común de la gente se le hace difícil tratar como señora o señorita a los afeminados. Y, como los sabios de la Real Academia Española no han inventado un término adecuado para ligar con los gais, la salida de este atolladero puede ser denominarlos como ´seño´, si se trata de un gay viejo, o como ´señito´ si es joven, modo de trato que antes era muy usado para tratar a las profesoras, y que tendría que usarse para mencionar a personas femeninas: la seño, la señito, ella, de ella, etc.
Pueden creer que soy arcaico pero, por donde se le mire, la Colombia sana y alegre en la que nací era muy distinta a la nación digitalizada y aburridora que voy a dejar cuando muera. Por mencionar unas pocas cosas diré que las frutas, las verduras, los cereales, los huevos y las gallinas eran totalmente naturales, es decir, eran producidas sin manipulación genética ni abonos; y las mujeres eran hembras en todo el sentido de la palabra: alegres, románticas y eróticas, tanto que abundaban las ahora extintas tumbacatre. Por donde se anduviera había hembras hermosas, sexis, y ninguna tenía tetas ni cola de plasma, todo lo de ellas era natural.
Quizá por culpa de la manipulación genética y el consumo de híbridos, en este país, gran parte de la gente menor de 30 años es adicta a la tecnología y casi indiferente al sexo u homosexual; además, la gente moderna carece de romanticismo, la juventud casi no le presta atención a la música y, cuando bailan, parece que estuvieran haciendo gimnasia. En resumen, desde mi punto de vista, a los jóvenes lo único que les llama la atención son los celulares y una música que, comparada a la de la vieja guardia, parece hecha para un baile de locos. Pero la intención de este escrito no es censurar o menoscabar lo que está de moda sino dar una idea de cómo eran antes las cosas.
Hasta pronto y no olviden que el 15 de este mes (agosto) habrá cambio de segmento en mi novela EL TESORO DE DOSBOKAS.
  



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