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miércoles, 26 de julio de 2017

ACTUACIÓN DEL EXESPÍA


Esta Entrada es otro capítulo de mi libro inédito titulado Pato Muerto. Y, esta obra, como todas las que he escrito, está llena de verdades que casi a ninguna editorial le convienen o puede publicar. La razón es que en este trabajo hago un análisis riguroso de algunos hechos y el resultado es que, entre otros, resultan siendo pato muerto Jehová, la Justicia y las creencias religiosas.





                                  OBRA DE: EDUARDO DAVID LÓPEZ ESPINOSA
                                                        PATO MUERTO
 
 
                                           ACTUACIÓN DEL EXESPÍA

 

El mandracu que llegó al escenario es un tipo elegante que usa gafas oscuras y es un todoterreno que siempre actúa como si estuviera en su casa. Lentamente miró a sus colegas y luego dijo: Gracias señoras y señores por sus aplausos. Mi nombre es La Verdad Oculta, y fui elegido a este congreso por haber sido agente de inteligencia del emporio económico más poderoso del mundo y por eso creo que, para que un mandracu pueda ser Rey de la Humanidad, de alguna manera tiene que hacer parte de ese grupo perverso.

Yo ejercí como espía en la época de la Guerra Fría y mis actividades más que todo tenían que ver con el cruce de mensajes o servir de enlace entre personajes espías. Y usé muchas formas para entregar o recibir las informaciones, siendo mi modo preferido el de fotógrafo de eventos sociales de la alta diplomacia. En mi época no existía Internet, los envíos de información se hacían por correo diplomático o los llevaba uno mismo, y las llamadas telefónicas se hacían usando unas claves codificadas que eran bastante seguras, pero tenían muchas limitaciones.

El trabajo de los espías está lejos de parecerse a lo que hacen los agentes secretos de las películas. Se puede decir que este es uno de los empleos más complicados y aburridores que existen; casi nunca se logra saber lo necesario y por muchas razones son frecuentes las metidas de patas. Lo que les importa a los ‘patrones’ es el poder político, el robo de riquezas y el control de toda clase de negocios, algunas veces con arreglos limpios, pero, casi siempre, tanto los negocios como el manejo son sucios. Lo primero que descubre un buen espía es que el gobierno de las naciones no lo ejercen los gobernantes sino los dueños de los emporios económicos, liderados en América por la familia Rockefeller y en Europa por los Rothschild, dinastías influyentes en el Grupo Bilderberg y mezcladas con el Vaticano, con las realezas de Europa y con las oligarquías americanas, europeas y asiáticas. Sin importar a qué partido pertenezca, el presidente de Estado Unidos lo impone el Consejo de Relaciones Exteriores (C.F.R) cuyo presidente es David Rockefeller.

La mayoría de la gente cree que Estados Unidos, como Nación, ocupa países petroleros para apoderarse de sus riquezas, y muy pocos saben que el País como tal no tiene nada que ver en esos asuntos y que esos robos benefician sólo a los dueños de los emporios petroleros de esa nación. Pero, sin importar las muertes y los demás daños materiales, las guerras siempre son presionadas y planeadas por los dueños de los emporios económicos para que sean un negocio benéfico para sus filiales ladronas de petróleo, minerales o materias primas, proveedoras de armas, de logística, de transporte; en fin, toda una jauría de multinacionales se convierten en buitres de guerra para multiplicarles las riquezas a sus dueños, cosa en la que, además de los ya mencionados, también participan la monarquía eclesiástica y gran parte de la oligarquía de Europa. En el mundo entero, para los dueños del Poder, el pueblo raso no es mas que servidumbre o carne de cañón para servir a sus propósitos. Y muchos presidentes, ministros, generales y toda clase de personajes de alta alcurnia, como, por ejemplo, John Majar, por haber llegado a esas posiciones patrocinados o impuestos por ellos, en la práctica son lacayos de los dueños del Mundo.

El espionaje es el servicio de inteligencia estratégico del tire y afloje de los dueños del Mundo. Y en cierta forma es una farsa, pues, por lo general, los hechos importantes del mundo son muy distintos a lo que los amos del Poder le muestran o le dicen a la opinión pública por sus innumerables canales de televisión, emisoras, periódicos, revistas, redes sociales y todo lo demás, ya que todos los grandes medios de comunicación son "socios de inteligencia" del Grupo Bilderberg, del Opus Dei y de las demás agencias o comisiones de los amos del poder mundial. Vale aclarar que uno de los fundadores del Grupo Bilderberg fue Joseph Rettinger, un sacerdote jesuita y masón de grado 33 que durante varias décadas fue una de las fichas claves del Vaticano en el club de todopoderosos.

Mi padre era cercano al Grupo Bilderberg y era tan cerrado que ni siquiera pudo darse cuenta del daño que él y sus amigos le estaban haciendo al Mundo, ni mucho menos de que en realidad ellos eran los verdaderos esclavos de sus estúpidas ambiciones. El escritor Michael Thomas era un tipo rico que admiraba a los sabios y, debido a que ningún científico ha hecho parte de los Bilderberg, consideraba a estos personajes oscuros como “la gente más destructiva del mundo”. En uno de sus libros escribió: “Si los Bilderberg parecen ahora más discretos que nunca es, entre otras razones, porque sus propuestas, llevadas a cabo por sus serviles agencias, como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, han causado más devastación en los últimos años que todos los desastres de la Segunda Guerra Mundial juntos”.

 La historia del pato muerto que voy a contar es un relato de la muerte de un personaje que fue asesinado a la vista de todo el mundo pero que aún no se sabe quién lo mató. Y aunque los policías más expertos del mundo llevan más de medio siglo investigando este magnicidio, todavía no hay asomos de que en un futuro cercano pueda haber claridad acerca de los asesinos intelectuales de este mandracu. Para ir directo al grano, me refiero al asesinato del presidente de Estados Unidos, John F Kennedy, ocurrido en Dallas el 22 de noviembre de 1963, donde acababa de llegar el Jefe de Estado americano, quien fue asesinado yendo en un vehículo que era escoltado por un gran número de agentes de seguridad.

Poco mas de una hora después del asesinato del presidente Kennedy fue arrestado Lee Harvey Oswald, supuestamente por haber matado al patrullero de Dallas J.D. Tippitt y poco después las autoridades le atribuyeron a éste el magnicidio de Kennedy, pero él negó la autoría de ambos homicidios. No se sabe quién mató al patrullero, pero lo que sí es seguro es que Oswald no asesinó al presidente sino que él fue un chivo expiatorio, involucrado aprovechando la coyuntura de que ocho meses antes había intentado matar al anticomunista y exgeneral del Ejército, Edwin Walker, quien después de su renuncia del ejército estadounidense, en 1961, se había convertido en un notorio crítico de la administración Kennedy, por ser opositor a la determinación presidencial de integración racial en las escuelas del sur del país, siendo el tema racial la causa del atentado, ya que Oswald no era comunista.

Pocos segundos después del asesinato, en los alrededores de un montículo de hierba, de cuyo lado dizque también se oyeron disparos, la policía de Dallas detuvo a varios vagabundos que estaban en esos alrededores, pero, como cosa rara, ninguno de ellos fue llevado a una comisaría, tan siquiera para tomarle algún dato en relación a esos tiros o su identificación. Y no obstante a la importancia de dichos retenidos, ya que se trataba nada menos que del asesinato del presidente, los policías los liberaron enseguida y ellos desaparecieron para siempre, o al menos nunca fueron interrogados en las investigaciones que siguieron después.

Jesse Curry, jefe de la policía de Dallas, apareció en la televisión pocas horas después del magnicidio diciendo que le constaba que el FBI tenía controlado a Oswald y que por lo tanto él no podía ser el autor del asesinato de Kennedy, pero minutos después se retractó públicamente de esta afirmación. Cerca al lugar donde le dispararon a Kennedy, dos días después murió a tiros Oswald, quien en una comisaría fue asesinado por Jack Ruby, un tipo que manejaba discotecas de la mafia de Dallas y que estaba vinculado con el crimen organizado de Chicago; y quien, aprovechando que el acusado del magnicidio iba a ser llevado a la cárcel por unos pocos detectives, con la tolerancia de los guardianes lo acribilló a tiros, convirtiéndose éste en otro pato muerto de la mafia gubernamental que asesinó a Kennedy.

Aunque Estados Unidos desde mucho antes del asesinato de Kennedy tenía a su disposición los mejores investigadores del mundo y aún cuenta con esa fuerza y con los mayores recursos para realizar sus investigaciones; las autoridades de este país, luego de 50 años no le han dicho al mundo quiénes fueron los verdaderos autores intelectuales de este magnicidio, pero muchas personas han asegurado saber la verdad del homicidio, y, con sus versiones, en vez de aclarar este asunto, han contribuido a enredar más los resultados de las investigaciones. Y, siendo así las cosas, para que cada quien haga sus propias conclusiones, a continuación les hago un relato de varias circunstancias asociadas con ese tema y de cómo estaba el entorno político de Estados Unidos en la época del asesinato del presidente Kennedy.

El individuo más sospechoso y ficha clave en el asesinato de Kennedy fue el vicepresidente Lyndon Johnson quien pocas horas después del magnicidio fue juramentado como nuevo presidente, por la juez federal Sarah Hughes, a bordo del avión presidencial, con la ahora viuda Jacqueline Kennedy a su lado. La Historia registra como sospechoso el hecho de que, diez minutos después del asesinato del presidente, Johnson ordenó lavar el vehículo en el que iba Kennedy cuando recibió los disparos y con esa acción se vulneraron varias de las pruebas más importantes. En realidad, por así decirlo, no es cosa razonable que el vicepresidente, en semejante situación, estuviera más preocupado en el lavado de un vehículo que no se iba a usar en mucho tiempo, que en la salud del presidente, pero esa fue una de las órdenes raras que él dio poco antes de convertirse en presidente de Estados Unidos.

Es obvio que los asesinos intelectuales de Kennedy fueron varios, pero, sin lugar a dudas, la CIA fue la encargada de armar el sofisticado embrollo de desinformación y confusión que ha hecho imposible que se sepan las causas y los nombres de los verdaderos asesinos. Esta agencia oscura de inteligencia, para confundir a la gente, hizo como sospechosos de la muerte de Kennedy, entre otros, a la mafia, a los extraterrestres, a Fidel Castro, a los soviéticos, en soledad al supuesto asesino Oswald, pero, como será explicado, no salpicó a ninguno de quienes en realidad se beneficiaron con la muerte del presidente, detalle que lleva a pensar que este crimen fue una conspiración organizada por los dirigentes políticos más poderosos de Estados Unidos, y esa parte es la que será desvelada en este relato.

Según numerosos rumores, tanto el presidente Kennedy como el supuesto asesino Oswald fueron suplantados por dos personas idénticas a ellos, pero al presidente lo suplantaron estando muerto y al supuesto asesino antes de cometerse el magnicidio. El famoso investigador Robert Morningstar, aseguró que el policía J.D. Tippiti, por cuya muerte fue que arrestaron a Oswald ese día, era tan parecido a J. F. Kennedy que sus colegas lo apodaban ‘JFK’, y sostuvo que Tippiti fue asesinado para adulterar las pruebas y que, en vez del cuerpo del presidente, el cadáver del policía fue el analizado en la autopsia por los médicos, lo cual explicaría las contradicciones médicas sobre las fotos de la autopsia del presidente, ya que Morningstar dijo que aunque los dos físicamente se parecían, sus cuerpos eran muy distintos y que en las fotos encontró signos de una cirugía cosmética que jamás se hizo Kennedy y que coincidían con una operación que se había hecho el policía.

Y en la obra The Second Oswald, publicada en 1966, su autor Richard H Popkin dice que Oswald fue el mejor escenario para personificar al supuesto asesino. En su libro, Popkin asegura que de tales hechos tenía un "testigo estrella" que resultó ser J. Edgar Hoover, director entonces del F.B.I, quien inclusive internamente había escrito un memorándum, antes del asesinato, con el que alertaba a la CIA y a sus investigadores de que un impostor estaba usando los datos personales de Oswald, quizá para aparentando ser éste, realizar algún delito importante, pero la CIA se hizo la sorda. Y vale señalar que Oswald había trabajado para la CIA y no era una mansa paloma; el resumen es que Oswald fue un pato muerto muy bien aprovechado por los asesinos intelectuales de Kennedy.

El policía Tippit era casado, tenía tres hijos con su esposa y tenía varias amantes, entre las que su preferida era Joyce Lee Gordon, una mujer hermosa que trabajaba en un casino de Jack Ruby, el tipo que asesinó a Oswald, el supuesto asesino del policía y del presidente Kennedy. Poco después del suceso, para investigar el magnicidio fue creada la Comisión Warren, que, luego, en su sabia manera de investigar confirmó que ambas muertes estaban relacionadas y que “el simpatizante comunista” Lee Harvey Oswald, sin que hubiera conspiración ni ayuda de otra persona, fue quien mató a los dos hombres. O sea que, según la conclusión de dicha comisión, Oswald mató al presidente Kennedy a las 12.30, llegó a su casa a las 13.00, y habiendo salido de ésta a las 13.05, con un arma de fuego que ni siquiera funcionaba asesinó al policía Tippit a las 13.15, quien murió de varios disparos, a casi una milla de distancia de la residencia de Oswald.

Oswald fue detenido en una sala de cine, media hora después de la muerte del policía, y la razón de su arresto fue porque se le consideró sospechoso de la muerte del oficial Tippit, pero los medios de comunicación, a los pocos minutos, sin mencionar el lío del detenido con relación a la muerte del policía, empezaron a dar su nombre como sospechoso del asesinato del presidente y en ese sentido fue que prosperó la acusación. Sin embargo, hasta el presente las autoridades no han mostrado ninguna prueba que demuestre con certeza que Oswald cometió tan siquiera uno de esos asesinatos, sino que todo el suceso parece haber sido orquestado por entidades oscuras, como la de los jesuitas, la CIA, y, luego de consumados los hechos, por la Comisión Warren, un grupo de funcionarios de altísimo nivel que, para investigar el magnicidio, nombró poco después el nuevo presidente.

Como ya se dijo, supuestamente para que esclareciera el magnicidio, Lyndon Johnson conformó la luego llamada Comisión Warren, orientada por el presidente de la Corte Suprema de Estados Unidos, el magistrado Earl Warren, y además conformada por los senadores Richard Rusell Jr y John Sherman; y los congresistas Gerald Ford y Hale Boos; el exdirector de la CIA, Allen Dulles, y el exdirector del Banco Mundial, John McCloy, pero casi todos los investigadores independientes que analizaron los sucesos y la labor de dicha comisión aseguraron que esos personajes lo que habían hecho era una cortina de humo para encubrir a los asesinos intelectuales del presidente.

En el año 1976, el recién creado Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos (HSCA) dio a conocer un informe en el que dice que fueron dos los tiradores que le dispararon al presidente Kennedy; que el tercer tiro partió de Lee Oswald y que con las evidencias disponibles se podía afirmar "que el presidente John F. Kennedy probablemente fue asesinado como resultado de una conspiración", pero no se hizo mención de quiénes fueron los posibles conspiradores ni del verdadero autor del asesinato del policía Tippit.

En los comicios de 1960, Richard Nixon había perdido las elecciones con Kennedy y, por el poder político que tenía la dinastía del candidato ganador, la única forma de evitar ser pato muerto del cargo presidencial era con la muerte del presidente. Por su parte, Lyndon Johnson anhelaba ser presidente y sabía que la única manera de lograrlo era con la muerte de Kennedy. A la Iglesia no le convenía que los Kennedy se le convirtieran en algo parecido a la dinastía Staufen, con cuyos indomables monarcas les tocó a los papas luchar durante 180 años, y la única forma de evitarlo era con la muerte del presidente y el deterioro humano y social de esa familia, cosa que así ocurrió. Y no obstante a que el vicepresidente Johnson fue uno de los más beneficiados con el asesinato de Kennedy, y a que muchas personas declararon o publicaron diversas anomalías sospechosas en su contra, los investigadores de la Comisión Warren jamás les prestaron atención a esas informaciones y por lo tanto el nuevo presidente nunca fue incriminado como sospechoso.

Quizá las causas de la muerte del presidente Kennedy tengan ramales que se remontan al año 1953, cuando una raza de extraterrestres humanoides se comunicó con el gobierno de los Estados Unidos. Dichos humanoides dijeron ser nuestros ancestros y se comunicaron con el gobierno americano para avisarle que otra raza de extraterrestres se acercaba a la Tierra, y además explicaron que estaban molestos con ese gobierno por las detonaciones de las bombas nucleares, pero, por lo complicado del asunto, se comprometieron a intermediar con los extraterrestres que se acercaban a nuestro planeta. Los americanos quedaron impresionados con sus medios de comunicaciones y para facilitar las cosas les propusieron un intercambio de tecnología, pero los humanoides se negaron, argumentando que la humanidad carecía de madurez espiritual y de ética para manejar las tecnologías que ya poseía.

Sin embargo, dijeron que estaban dispuestos a iniciar la transferencia de tecnología útil, poniendo como condición la destrucción de las armas nucleares, y con el pretexto de que la humanidad estaba en el camino de la autodestrucción, exigieron que debíamos parar de matarnos los unos a los otros, de contaminar la tierra y dañar sus recursos naturales, y que debíamos aprender a vivir en armonía, pero esas peticiones fueron analizadas con extrema desconfianza, especialmente la exigencia del desarme nuclear. Se concluyó que aceptar esas condiciones, pondría a la humanidad en absoluta indefensión ante una eventual amenaza extraterrestre. El desarme nuclear fue considerado como contrario a los intereses de los Estados Unidos y la oferta fue rechazada.

Cuando las naves de los extraterrestres llegaron a la Tierra, se ubicaron en una órbita por encima de la línea ecuatorial. Con la ayuda de los humanoides, para comunicarse con los extraterrestres un grupo de expertos desarrolló los proyectos SIGMA y PLATO, y luego de numerosas discusiones y condiciones, con el compromiso de intercambiar tecnología con humanos y humanoides, a fines del año 1954 fue autorizado el aterrizaje de dichas naves. Dichos extraterrestres tenían la nariz gruesa y eran de color gris; explicaron que venían de un planeta que estaba próximo a extinguirse, ubicado en la constelación de Orión y perteneciente al sistema solar de una estrella que es conocida como Betelgeuse. El gobierno de Estados Unidos estableció relaciones diplomáticas con la nación de los extraterrestres, quienes asignaron a su embajador y se comprometieron a trasladar a un grupo de diplomáticos americanos a su nación. No se sabe a qué arreglo llegaron éstos con los humanoides.

Por alguna razón, en el año 1953 se estrellaron numerosas naves de extraterrestres y aunque casi todas cayeron en los océanos, se supo que en las que fueron rescatadas por los americanos, 26 tripulantes resultaron muertos y hubo 4 sobrevivientes. Por lo menos, cuatro de estos siniestros ocurrieron en Arizona, hubo dos en Texas, uno en Nuevo México, uno en Luisiana, uno en Montana y uno en África del Sur. Y en territorio colombiano por lo menos cayó una que no fue encontrada. En esa época yo vivía en Panamá y tenía la costumbre de acostarme boca arriba en un banquillo a mirar las estrellas. Yo estaba acostado en el banquillo mirando hacia arriba, como a las 8 de la noche, y a una velocidad asombrosa vi pasar una bola de luz blanca que iluminó toda la región. Poco después se supo que unos helicópteros militares estadounidenses de la Base Aérea de Panamá estaban buscando un platillo volador que se había estrellado en algún lugar de las selvas del Urabá colombiano. Pero a la velocidad que iba, si dicha nave cayó en alguno de los inaccesibles pantanos de esa región, lo más seguro es que se enterró a una gran profundidad y jamás será encontrada.

Los militares americanos, en otros siniestros de extraterrestres, de inmediato y minuciosamente rescataron los restos de los ocupantes y de las naves que fueron localizadas, y luego hicieron todo lo posible para despistar a los testigos de esos hechos, pero las cosas se les estaban saliendo de control porque, en esos días, alrededor del mundo hubo numerosos accidentes de ovnis. Los militares estadounidenses llegaban rapidísimo a los sitios de esos siniestros y sin consultar con nadie aislaban el área, retiraban a los curiosos y el cuento que más usaban era que se trataba de platillos voladores, rusos o americanos, y así despistaban a la gente.

Como suele suceder en todas las guerras, la Iglesia fue la única entidad que resultó beneficiada con las riquezas saqueadas durante la Segunda Guerra Mundial. A partir del año 1959, cuando empezó la Guerra Fría, la Santa Sede empezó a trasladar, de Suiza a Estados Unidos, una parte del oro que habían robado los nazis durante la Segunda Guerra Mundial y que lo habían depositado a nombre de la Iglesia en dicho país. Y en la misma época, luego de varias diligencias políticas, los humanoides accedieron a realizar enseñanzas de Alta Tecnología en cátedras universitarias en Estados Unidos, pero con la condición de que a estas cátedras asistieran jóvenes inteligentes de todo el mundo.

En esa época los militares jesuitas controlaban el gobierno estadounidense, y, tan pronto supieron ellos el mencionado asunto, movieron sus fichas claves para que la Iglesia tuviera la exclusividad, a nivel mundial, de hacer la selección de los genios aprendices. Y, para cumplir dicha exigencia, en varios países la Iglesia becó un numeroso grupo de estudiantes católicos inteligentes y adoctrinados en instituciones eclesiástica, quienes ingresaron en las mejores universidades de Estados Unidos y quienes, con la condición de colaborar con el adoctrinamiento religioso que los todopoderosos jesuitas le estaban aplicando a dicha nación, mediante un convenio secreto entre el gobierno y los jesuitas, al cabo de un año eran nacionalizados como ciudadanos estadounidenses.

Poco antes de esos hechos, la Iglesia se había tomado muy en serio ampliar su dominio en América y ese objetivo lo había iniciado con la toma de Estados Unidos, el poderoso país del norte que dominaba todo el continente, designándole dicha tarea al cardenal jesuita Francis Spellman, a quien le asignó recursos económicos de sobra y la ayuda militar y política de la Compañía de Jesús y quien, valiéndose de toda clase de jugadas sucias, en poco tiempo logró dominar el gobierno y la política de Estados Unidos.

Al enterarse del contacto con los humanoides, lo primero que hizo el presidente Eisenhower fue enviar una embajada a informarle al papa Pío XII acerca de la inminente llegada de millares de naves extraterrestres, y, al saber el pontífice los detalles de esa noticia, casi le da un infarto. Duró un buen rato sin hablar, ensimismado, y cuando los médicos lograron estabilizarlo, les explicó a los embajadores que el problema que se le acercaba a la Iglesia podría ser mucho peor que el que le habían provocado Bruno Giordano y Galileo, cuando habían asegurado que la Tierra giraba alrededor del sol y que el Cielo que predicaba la Iglesia no existía (tesis de entonces que desvirtuó y condenó la Iglesia en aquella época y que le aumentaron su desprestigio por ser ciertas), y añadió que la fe cristiana colapsaría si la gente se enteraba que la humanidad no había surgido como predicaban las Escrituras Sagradas sino de humanoides extraterrestres.

La Santa Sede nunca ha ligado bien con el comunismo, pero la única forma de mantener en secreto la existencia de los humanoides era poniendo al tanto de ese asunto al complicado secretariado del partido comunista de la Unión Soviética. No se sabe qué exigieron los soviéticos a cambio de colaborar con ese gran secreto, pero muchos han creído que la Guerra Fría fue un sofisma que hacía parte del encubrimiento de ese asunto. Para que se encargara de ese arreglo, en absoluto secreto el gobierno americano organizó la Fundación Majestic 12, que es más conocida como MJ-12, compuesta por científicos y militares de alto rango adoctrinados por los jesuitas, quienes no se metían en asuntos políticos pero en sus labores secretas estaban por encima del presidente; ni los congresistas ni la prensa tenían conocimiento ni acceso a las enormes y numerosas instalaciones que para el manejo del asunto extraterrestre construyó la MJ-12 en alianza con la CIA.

Kennedy fue elegido con el respaldo de la Iglesia y es considerado como el último mandatario estadounidense católico, apostólico y romano. Este mandracu, ante el pueblo americano aparentaba ser un modelo de hombre cristiano: Todos los domingos asistía a misa con su esposa e hijos. Sin embargo, igual que la monarquía cristiana, el tipo era un político ambicioso que para nada creía en la farsa del Cristo romano, sino que, igual que el papa y la monarquía eclesiástica, aparentaba ser un fiel creyente y usaba la fe religiosa en su provecho personal. Aunque su esposa era una mujer joven y hermosa, Kennedy era sumamente infiel con ella porque a él no le alcanzaba el amor de una sola mujer, y, además de las numerosas hembras que ‘coronaba’ de rapidez, tenía un gran ramillete de hermosas amantes fijas, entre las que sobresalían las muy bellas o ‘especiales’ Marilyn Monroe, Jayne Mansfield, Zsa Gabor, Angie Dickinson, Marion Fahnestock, Ellen Rometsch, Lady Jean Campbell, Kay Hannon, y aunque el cardenal Spellman hacía todo lo posible para evitar que se supieran sus orgías de homosexualismo, a este jodido y puya loca presidente le importaba un bledo lo que dijeran la Iglesia y la gente acerca de sus envidiables amoríos.

Al comienzo de los años 60, la Iglesia, por intermedio de La Compañía de Jesús, controlaba el manejo político de Estados Unidos, y el Vaticano estaba obteniendo muy buenos dividendos políticos con la guerra de Vietnam, conflicto en el que varias organizaciones eclesiásticas hacían de samaritanas con la intención de convertir el territorio asiático en una región cristiana. Y, con el oro robado que había trasladado de Suiza, la Santa Sede estaba recibiendo enormes dividendos por respaldar con dicho metal precioso las emisiones de dinero de las Reservas Federales de Estados Unidos, o sea que los americanos no solo le cuidaban a la Iglesia el oro saqueado durante la Segunda Guerra Mundial, sino que además le pagaban jugosos dividendos por respaldar con dicho botín las emisiones de los mundialmente anhelados billetes verdes.

Casi desde que asumió la presidencia, Kennedy se convirtió en un dolor de cabeza para el Vaticano; los jesuitas trataron de desprestigiarlo haciendo públicos sus numerosos amoríos, pero lo que consiguieron fue convertirlo en el hombre más envidiado del mundo. El mandracu presidente no le paró bolas a ese asunto, pero se puso furioso con los jesuitas cuando supo que le estaban ocultando las relaciones del gobierno americano con los extraterrestres y sin rodeos empezó a darle a la Iglesia en las partes que más le duelen: Presentó al congreso una ley para acabar con el respaldo en oro del dinero estadounidense, y que en vez de usar el metal precioso de la Iglesia, los billetes fueran respaldados con bonos del tesoro público nacional; y comisionó a los doctores McNamara y Taylor para que hicieran un análisis riguroso que permitiera saber si a Estados Unidos le convenía continuar con la guerra de Vietnam, conflicto este que era sumamente beneficioso para la Santa Sede y razón por la que no le convenía que se terminara, cosa que ocurriría si se hacía realidad el retiro militar americano que estaba gestionando Kennedy.

 Para el Vaticano, acabar con el uso del oro eclesiástico como respaldo de las emisiones de dinero americano era igual a perder los jugosos dividendos que recibía a cambio de nada, y, si eso ocurría, lo más seguro era que tendría que pagar por la seguridad de su enorme tesoro. Y el cardenal Francis Spellman no se había repuesto de esa mala noticia cuando supo que McNamara había presentado un informe, cuya conclusión era que lo mejor para Estados Unidos era marginarse de la guerra de Vietnam; y, como si todo eso no bastara, también supo que el presidente tenía la intención de hacer público el tema ancestral de la humanidad con los extraterrestres humanoides, publicación que convertiría en pato muerto la para él lucrativa farsa eclesiástica, igual que el poder religioso del Vaticano.

Según decían fuentes cercanas al presidente Kennedy, la intensión del mandatario era publicar el candente tema de que en Estados Unidos vivían varías comunidades de extraterrestres humanoides, que eran protegidos de este país por ser los ancestros de la humanidad, y además formalizar públicamente las relaciones diplomáticas con la nación de los extraterrestres del planeta del sistema solar de la estrella roja, cuyo canciller, supo él, era un mandracu extraterrestre, de nariz chata y de color gris que era conocido como el Excelentísimo Míster Plenipotenciario Krll, y su cancillería estaba en un lugar secreto que el presidente no conocía. Y, como quiera que el presidente Kennedy no era un pintado en la pared, el mandatario dizque, por el lío del ocultamiento de los extraterrestres, había decidido acabar con la MJ-12 y además desvertebrar la CIA, o sea que estas dos entidades también pudieron salir favorecidas con la muerte del Jefe de Estado americano.

Muchos de los testigos que participaron en el proceso del magnicidio de Kennedy, años después han declarado que fueron amenazados, intimidados o manipulados para que cambiaran sus versiones de los hechos cuando fueron interrogados. El estallido de varios tiros provenientes de distintos puntos fue uno de los detalles que no querían los investigadores que declarara ningún testigo, inclusive, a Ed Hoffman se le amenazó de muerte si llegaba a informar algo sobre los eventos que declaró haber visto y oído ese día, y luego tuvo que cambiar su versión acerca de los hechos ocurridos en el momento de la muerte del presidente, como fue el caso de no poder incluir el detalle de que el vicepresidente estaba refugiado en el momento que se oyeron los tiros, cuyos disparos escuchó venir de varias direcciones y versión esta que tuvo que cambiar.

La única verdad que se sabe del asesinato del presidente Kennedy es que a ciencia cierta no se ha podido saber quién lo mató ni quiénes fueron los autores intelectuales de este magnicidio que, claro está, de que los hubo los hubo. Lo que sí ha quedado prácticamente demostrado es que la labor de la Comisión Warren fue una farsa del alto gobierno americano para encubrir y proteger a los verdaderos culpables de ese magnicidio. Muchas de esas acusaciones, dando a conocer cada escritor los supuestos autores, han sido publicadas en un gran número de libros, cuyos autores de alguna manera estuvieron vinculados en el asunto o investigaron a fondo el asesinato, y luego de que yo haga una explicación de algunas de esas conclusiones, que cada colega mandracu forme su propio culpable o sospechoso.

El gran investigador y escritor Avro Manhattan, en uno de sus libros asegura que, poco antes de ser asesinado, el presidente Kennedy había recibido el informe de sus asesores de guerra, los doctores MacNamara y Taylor, un documento que aconsejaba finalizar la participación estadounidense en la guerra de Vietnam, el cual usó para soportar su decisión de retirar las tropas americanas de dicho conflicto. Y explica que a la Iglesia no le convenía esa decisión porque desde mucho antes estaba usando en su provecho esa guerra; según este autor, el Vaticano tenía varias misiones religiosas en las naciones involucradas en esa contienda, con las que intentaba convertir todo el continente asiático en una región cristiana y para eso necesitaba la continuación americana en esa guerra. La conclusión de Manhattan es que, por haber tomado la decisión de retirar las tropas americanas de Vietnam, la Iglesia organizó la conspiración gubernamental que asesinó a Kennedy, siendo el intermediario del Vaticano en esas acciones encubiertas el cardenal Francis Spellman, quien en esa época era el jefe de la facción militar jesuita que controlaba a los políticos estadounidenses.

Y el escritor Robert Morrow, en uno de sus libros cuenta que el 23 de noviembre de 1963, aún sin posesionarse, el presidente Lyndon Johnson emitió el Memorando de Seguridad Nacional número 278, un documento secreto y clasificado que tuvo como objetivo revertir en forma inmediata la determinación del presidente Kennedy, de retirar las tropas de Vietnam. El resultado de ese memorando fue que, poco después, la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos hizo un enorme despliegue de tropas a la guerra de Vietnam, en donde murieron más de 50.000 militares americanos, hubo más de 17.000 desaparecidos y más de 100.000 resultaron heridos o hechos prisioneros, siendo la Santa Sede la única que resultó beneficiada con esa guerra. Para este autor, no había duda de que la Iglesia y el entonces vicepresidente Johnson estuvieron involucrados en la muerte de Kennedy.

En el libro titulado, Llamado a Servir, su autor, el controvertido ex coronel estadounidense, James Gritz, le añade a esa conspiración el hecho de que los jesuitas manejaban a su antojo las Reservas Federales de Estados Unidos, con cuyo dominio el Vaticano lavaba enormes sumas de dinero procedentes del narcotráfico en Asia, y la obra permite concluir que la Iglesia decidió asesinar a Kennedy porque le iba a causar muchos perjuicios económicos, debido a que estaba tratando de acabar con el monopolio que ejercía la mafia eclesiástica en el manejo de las Reservas Federales.

Otros autores le atribuyen a la mafia el asesinato de Kennedy, pero, si así hubiera sido, hay que tener en cuenta que el mayor cartel mafioso de todos los tiempos ha sido la Iglesia. Otras afirmaciones aseguraron que en el magnicidio presidencial hubo influencias satánicas, alegatos que surgieron por el hecho de que Marilyn Monroe, Jayne Mansfield y Zsa Zsa Gabor, a la vez que se acostaban con el presidente Kennedy, eran amantes de Anton Lavey, fundador y jefe de la Iglesia de Satán. Las leyes de Estados Unidos tienen fechas para desclasificar los documentos secretos, y quizá algún día hagan públicas las declaraciones hechas por los investigadores oficiales neutrales, y así se sepan algunas de las cosas que han sido ocultadas por los poderosos conspiradores del asesinato de Kennedy. Pero, por ahora, lo único que se puede asegurar es que el presidente Kennedy fue un pato muerto, asesinado por una muy bien organizada mafia estadounidense, que estaba y sigue enquistada en el alto poder político del gobierno de esa nación. Con esta gran historia de pato muerto doy por terminada mi actuación; gracias señoras y señores, por escucharme.

 

 
 
 

 

                                                          

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