Follow by Email

lunes, 7 de agosto de 2017

PATO MUERTO Y ORO ROBADO


Esta Entrada contiene la Historia de Pato Muerto que cuenta en su actuación El Hombre Feliz, lo que además es una parte de un capítulo de mi novela inédita titulada Pato Muerto.

 

El pato muerto de mi historia era un bocón apasionado, hasta el punto que hizo surgir la famosa frase: “¿Chávez por qué no te callas?”, y supuestamente murió de cáncer en Caracas, pero lo cierto es que murió en Cuba, asesinado por sus mejores amigos, sin incluir al presidente Santos que, como suele ocurrir entre políticos perversos, de viejo enemigo suyo pasó a ser su nuevo mejor amigo. El tipo fingía ser el máximo líder comunista del siglo XXI, pero en realidad fue un despilfarrador y ladrón que, no obstante a que gobernó a Venezuela en la mayor bonanza petrolera, dejó en ruinas a su nación y convirtió en multimillonarios a sus secuaces, entre éstos a su hija María Gabriela que estando desempleada se convirtió en la mujer más rica de su país.

Este mandracu desde niño se había comido la farsa del comunismo cubano, ya que sus padres eran maestros, y, desde los años 60, con el patrocinio de la Unión Soviética, el comunismo de Cuba infiltró las instituciones de educación de casi todos los países de Suramérica, y con ello a gran parte de los profesores venezolanos, a quienes les hicieron creer que en Cuba todo el mundo vivía bien y hacía y estudiaba lo que le diera la gana. Lo más seguro es que se le metió en la cabeza el espejismo de convertirse en un Fidel Castro del siglo XXI y, aplicando el socialismo cubano de ficción que había escuchado de sus padres, quería juntar y gobernar los países que ayudó a liberar Simón Bolívar.

En el año 1989 ocurrieron varios hechos que opacaron y dejaron en la olla al comunismo cubano. En ese año, por la pésima situación económica, la Unión Soviética estaba colapsando y con ello dando fin a la Guerra Fría; se acabó la escalada en Angola; Mijaíl Gorbachov inició la perestroika; surgió el sindicato Solidaridad; cayó el muro de Berlín; y, en China, las tropas comunistas hicieron una gran masacre en la protesta de Tiannamen. La ocurrencia de esos incidentes hizo acabar el chorro de dinero que llegaba de la Unión Soviética a Cuba y lo único que empezó a producirles dinero a los hermanos Castro fue el cartel de Medellín, porque con la vista gorda de ellos, el poderoso jefe mafioso Pablo Escobar usaba los aeropuertos de ese país como puentes aéreos para llevar narcóticos a los Estados Unidos.

El uso de Cuba como puente para el narcotráfico les daba muy buenas utilidades a los hermanos Castro, pero éstos cayeron en cuenta que, por no contar ahora con el poderoso apoyo soviético, Estados Unidos podía invadir Cuba y llevarlos presos a ellos, como había hecho en Panamá con el mafioso y dictador Manuel Antonio Noriega, y por eso decidieron acabar con ese negocio. Aunque los Castro han asesinado o han ordenado la muerte de decenas de miles de personas, esta vez para lavarse las manos del tratado mafioso que tenían con el Cartel de Medellín hicieron un espectáculo macabro, con el que convirtieron en pato muerto al famoso general Arnaldo Ochoa y a otros supuestos involucrados en el uso de Cuba como puente para el narcotráfico.

Según rumores, los hermanos Castro estaban celosos con la fama y popularidad del general Ochoa, y con este percance mataron dos patos con el mismo tiro, es decir, se quitaron dos problemas con este asesinato ya que además de evitarse la posibilidad de la invasión gringa, eliminaron al rival más peligros para ellos, de quien temían porque había participado en varias guerras en el exterior y era el militar que contaba con mayor apoyo dentro de las tropas de las Fuerzas Armadas de Cuba. Luego de una tragicomedia inventada por Raúl Castro, un tribunal militar especial, apoyado por toda la tímida cúpula que dominaban los hermanos Castro y para salvar cada quien su pellejo, condenó por unanimidad a la pena de muerte al general Arnaldo Ochoa y a los militares Antonio de La Guardia, Amado Padrón y Jorge Martínez, quienes fueron fusilados al amanecer del 13 de julio de 1989.

Desde hace más de medio siglo, los hermanos Castro son dueños de Cuba, país que convirtieron en una cárcel del mismo tamaño de la nación, y, aunque ellos son sumamente ricos, con el derrumbe económico de la Unión soviética se les acabó el chorro de dinero con el que sostenían sus enormes fuerzas militares y sus misiones internacionales de adoctrinamiento comunista. Los dólares que pagaban los narcotraficantes colombianos aliviaban un poco la crisis surgida por la falta de la ayuda soviética, pero ese dinero no era gran cosa si se comparaba con el hueco económico que había surgido en Cuba por la caída del gran patrocinador de la causa comunista.

Las misiones políticas cubanas, patrocinadas por la Unión Soviética, adoctrinaron a gran parte de los maestros de Suramérica, y, por intermedio de éstos, a los estudiantes y a mucha gente de este continente, claro está, sin que nadie pudiera verificar las supuestas bondades sociales del comunismo. Por ejemplo, de alguna manera se las arreglaban para invitar y llevar profesores a Cuba y allá les mostraban a éstos lo que a ellos les convenía que vieran, pero jamás les permitían ver cómo se alimentaban y trabajaban los campesinos, ni mucho menos dialogar con el pueblo raso cubano, contacto popular que durante toda la era castrista ha sido imposible porque, por temor a sus autoridades, la población cubana, además de estar aislada, por todos los medios evita dialogar con los extranjeros

Las fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, siendo el ejército de un país pequeño, con el apoyo soviético y de la República Democrática Alemana, en pocos años se convirtieron en el segundo ejército más numeroso de América, superado solo por el de Estados Unidos, y con el argumento de establecer en todo el mundo lo que Fidel Castro ha llamado como “Internacionalismo Proletario”, ha participado en numerosas guerras extranjeras y ha intervenido para derrocar gobiernos de varios países, entre estos, las dos intervenciones fracasadas en los años 1963 y 1967 para derrocar el de Venezuela.

Desde niño, aunque estaba al cuidado de su abuela paterna, con el apoyo de sus padres, Hugo Rafael Chávez Frías, el pato muerto de esta historia, fue adoctrinado con las ideas Marxista-Leninistas de las infiltradas brigadas cubanas, que contaban con el ilimitado patrocinio soviético. Fue monaguillo y era aficionado al béisbol, a la música cubana, al teatro y a la pintura. Venezuela siempre ha sido una nación con una gran población de extranjeros y con la tradición de que casi todos los nacidos en el país son empleados estatales, por lo que al joven Chávez le quedó fácil ingresar a hacer curso de oficial en la Academia Militar de Venezuela, y se sabe que recibió el grado de subteniente en el año 1975 y que casi siempre ocupó el primer puesto en varios cursos que hizo, pero fue en el año 1982 que se conocieron sus actividades proselitistas cuando en homenaje a los 200 años del natalicio de Simón Bolívar fundó el Movimiento Bolivariano Revolucionario 200, aliado con un grupo de oficiales de rango medio, que habían sido adoctrinados con las farsas del comunismo cubano.

 Encontrándose Cuba en la peor crisis económica de su historia, como aparecido del cielo surgió un milagro, fruto de su larga labor de adoctrinamiento comunista en Venezuela. En las elecciones presidenciales del 6 de diciembre del año 1998, como efecto de un frustrado Golpe de Estado que éste había provocado en el año 1992, fue elegido presidente el ahora excoronel socialista Hugo Chávez, el despilfarrador que después se convertiría en la salvación del desastre económico del comunismo cubano y luego en pato muerto de los hermanos Castro.

Al asumir Chávez el gobierno del Estado venezolano, la buena suerte cubana llegó con una gran ñapa; en diciembre del año 1998, cuando Chávez fue elegido presidente, el barril de petróleo venezolano se vendía a 14 dólares y, de entrada, en el año 1999 subió a 16; en 2004 se vendía a 32 y dichos precios siguieron aumentando hasta llegar a 88 en el 2008  y a 103 dólares en promedio entre 2011 y 2014, pero aunque cuba recibió 90.000 barriles diarios de petróleo desde que se inició el gobierno de Chávez, por ese pago el país bolivariano no recibió un solo dólar ya que ese costo lo cancelaba Fidel con el trabajo de casi 30.000 cubanos, la mayoría de éstos doctores y profesores del comunismo cubano, con los que se conformaron las misiones Barrio Adentro, y varios miles de asesores militares, agentes de seguridad y preparadores de deportistas, entre otros.

En el año 2011, el presidente Hugo Chávez dispuso el regreso a Venezuela de 17.000 lingotes de oro que le pertenecían a la República de Venezuela y que se encontraban depositados desde el año 1.986 en Canadá, Estados Unidos, Inglaterra y Suiza. Y, pocos días después, con el visto bueno presidencial, dos aviones militares cubanos fueron cargados con varios miles de dichos lingotes, para ser llevados a la isla de los Castro y depositados en el Banco Central de Cuba. Nuestro histórico bocón creía ciegamente en su ‘padre’ Fidel y le confió el cuidado de los lingotes de oro, según dijo entonces, “para cualquier eventualidad que ocurra”.

Raúl Castro relevó a su hermano Fidel en la presidencia de Cuba, el 24 de febrero de 2008, y con ese cambio se inició una pequeña perestroika cubana. Aunque no lo reconozcan en público, los hermanos Castro saben con certeza que el comunismo es un fracaso y que en ninguna parte del mundo es sostenible el modelo político Marxista-Leninista que ellos aplicaron en Cuba, y que en Venezuela es imposible hacer lo que ellos han hecho con su país, por la simple razón de que esta nación no es una isla y por eso no es posible convertirla en una nación cárcel, como han hecho ellos con Cuba por más de medio siglo. El comunismo ha sido un fracaso y, para modernizar su nación, Raúl Castro decidió hacer cambios comerciales, económicos y formalizar relaciones diplomáticas con Estados Unidos, asunto que tomó por sorpresa al ingenuo y futuro pato muerto de esta historia.

Aunque parezca mentira, los Castro de alguna manera se las arreglaban y nunca permitieron que Hugo Chávez viera cómo era realmente la vida del pueblo raso cubano. Siempre que el ‘Bolivariano’ iba a Cuba, los Castro montaban un enorme show de farsas socialistas y por ningún motivo le permitían hablar con la población llevada del putas, es decir, no lo dejaban hablar con la maltratada gente del común que él siempre creyó que vivía muy bien y hacía lo que le diera la gana, que era como se lo habían inculcado los adoctrinadores cubanos infiltrados en Venezuela.

No se sabe cuándo, cómo, ni dónde surgió el achaque, pero luego de que le detectaran y le operaran en Venezuela unos supuestos tumores raros, el presidente Chávez viajó a La Habana el 10 de junio de 2011 donde le realizaron otra intervención quirúrgica. Ese día, según los medios de información, Chávez fue operado de un absceso pélvico, y, personalmente, el 23 de julio nuestro bocón anunció que no tenía células cancerígenas en su cuerpo; y el 10 de septiembre, en su programa “Aló Presidente” aseguró que estaba completamente curado y que había derrotado al cáncer. Sin embargo, el 21 de febrero de 2012, dicho mandracu dijo por televisión que le habían detectado un problema raro en la misma parte donde le habían hecho la operación en Cuba.

El presidente Lula Da Silva, de Brasil, le aconsejó a Chávez que se hiciera un examen médico en el  hospital Sirio-Libanés de su país, pero, aconsejado por Fidel Castro, el presidente venezolano prefirió regresar a Cuba, el 26 de febrero de ese mismo año, y allí fue operado por tercera vez, pero el 8 de diciembre, ya sabiendo que lo que tenía era mucho más grave de lo que se creía, por televisión dijo que sería sometido a una cuarta operación y, por si ocurría algo grave, aconsejado por los hermanos Castro designó a Nicolás Maduro como su candidato a reemplazarlo.

Por las numerosas y valiosas ayudas que le había dado al “hermano pueblo cubano”, Chávez nunca sospechó que los hermanos Castro querían sacarlo de este mundo, pero lo cierto era que el líder venezolano era una piedra en el zapato para hacer los cambios políticos que, con urgencia, había que hacerle al arcaico y fracasado sistema gubernamental cubano. La Unión Soviética se había fracturado en 15 países independientes, cuyos gobiernos no querían saber nada del nefasto comunismo que los había llevado al desastre económico, y la otrora estratégica isla cubana era solo un mal recuerdo. Raúl Castro, por encima de todo, para legitimar su régimen y lograr una economía sostenible para su país estaba obligado a reestablecer relaciones diplomáticas con Estados Unidos, una nación que, para el tonto bocón de esta historia, era el “Imperio Oligarca” responsable de todos los males del mundo.

El presidente Chávez partió hacia su matadero cubano el día 8 de diciembre de 2012 y regresó, en secreto, la noche del 18 de febrero de 2013. Aunque los pocos altos funcionarios del gobierno que lo recibieron aseguraron que llegó vivo y que se estaba recuperando, según dijeron fuentes creíbles, el presidente Chávez, por estrategias de los hermanos Castro se convirtió en pato muerto el 30 de diciembre de 2012, o sea que cuando regresó ya hacía más de mes y medio que había muerto.

Lo último que hizo el presidente Chávez, por recomendación de Fidel Castro, fue dar instrucciones a la cúpula de su Movimiento Bolivariano del Siglo XXI, para que “en caso de una fatalidad”, eligieran como presidente a Nicolás Maduro Moros, un colombiano cubanoide a quien la inteligencia cubana, mediante sobornos, le hizo borrar en Colombia su registro de nacimiento y quien haciéndose pasar como ciudadano venezolano había logrado pasar de chofer de bus a miembro principal del todopoderoso gobierno chavista. Maduro había acusado públicamente a la CIA de haberle provocado el cáncer a Hugo Chávez y se esperaba que, al tomar el poder, ordenaría investigar ese asunto, pero muy pronto se dio cuenta del arreglo que estaban haciendo los hermanos Castro para formalizar relaciones diplomáticas con el gobierno de Estados Unidos y como que sospechó que la muerte del ‘Comandante’ había sido orquestada por los servicios secretos de ambas naciones y no volvió a tocar ese tema.

Ni siquiera se saben los nombres de los médicos que operaron a Chávez, ya que en Cuba no hay prensa independiente, y, en relación a ese asunto, el gobierno de ese país solo informó lo que le convenía. Sin embargo, en un discurso Chávez dijo que luego de una gira por Brasil y Ecuador, en vez de regresar a Venezuela resolvió ir a Cuba para hacer nuevos tratados de cooperación internacionales con su muy admirado y eterno amigo Fidel Castro, y aprovechar para hacerse un chequeo de una antigua lesión que había sufrido en su rodilla izquierda, pero que no era cosa grave.

Chávez, sin desconfiar que pudieron haberle tendido una trampa, en dicho discurso contó que su ‘padre’ Fidel lo había recibido en el aeropuerto de la Habana y que, hablándole como si fuera su médico, le había dicho que lo notaba muy decaído y le pidió que le contara los males de salud que estaba padeciendo. No dijo si le habían dado algo de beber o de comer, pero lo más seguro es que de algún modo los servicios secretos de los hermanos Castro le aplicaron algo que le hizo perder la razón. Por lo que explicó en el discurso, se puede deducir que a Chávez se le olvidó la lesión de su rodilla y que en vez de esa dolencia le habló a su supuesto amigo de unos achaques raros que dieron como resultado que Fidel Castro ordenara esa misma noche una emergencia médica para operar de urgencia al presidente venezolano.

Es de señalar que, poco antes de los sucesos mencionados, por su deprimida apariencia física todo el mundo creía que a Fidel Castro le quedaba poco tiempo de vida y que Chávez lo visitó numerosas veces en su lecho de enfermo, hallándolo cada vez más recuperado, según le explicaba a nuestro bocón el octogenario líder cubano, gracias a la extraordinaria eficiencia de los médicos cubanos. Y resulta sospecho el hecho de que los médicos cubanos mantuvieran como un roble al anciano Comandante Fidel y no hubieran podido evitar que el Comandante Chávez ahora sea pato muerto.

Nicolás Maduro, además de cometer todos los delitos electorales, mediante un descarado fraude se convirtió en ‘legítimo’ presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Y, aunque resultó ser lo que esperaban de él los hermanos Castro, no pudo digerir el apretón de manos que se dieron en Panamá los presidentes Barack Obama de Estados Unidos y Raúl Castro de Cuba. Pocos días después de ese hecho se comunicó con el presidente cubano para decirle que había decidido regresar a Venezuela los lingotes de oro que había depositado Chávez en el Banco Central de Cuba. Y casi le da un infarto cuando Raúl Castro le respondió: “Ese oro respalda todos los bienes y servicios que Cuba le presta a Venezuela.”

Los hermanos Castro serían los más beneficiados si se normalizaran las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos. El turismo, que es la fuente que más ingresos le genera a Cuba, beneficia más a los cubanos que a los norteamericanos, y por lo tanto es más probable que Chávez haya sido pato muerto como resultado de una conspiración del régimen cubano y no de la CIA, como han creídos algunas personas. Pero, en realidad, son muy pocos los que saben cuándo y de qué murió el presidente Hugo Chávez y lo más seguro es que, igual que el general Arnaldo Ochoa, nuestro histórico bocón también fue un pato muerto para beneficiar a los jefes del régimen cubano.

El general Arnaldo Ochoa y el presidente Chávez -y varios miles de mamertos ingenuos- son patos muertos por haber creído que los hermanos Castro eran amigos suyos. Pero, aunque con muy leves consecuencias, yo también he sido víctima de numerosas chicas que, en vez del amor verdadero que me prometieron, me engañaron y se portaron como las víboras que suelen ser los políticos, los mafiosos y las mujeres hermosas. Sin embargo, en vez de regalarles millones de barriles de petróleo a los muy corruptos amigos del Socialismo Bolivariano del Siglo XXI, prefiero disfrutar mi dinero con las costosas pero divertidas crika locas, y para nada me interesa ser papa o Rey de la Humanidad. Gracias señoras y señores por escuchar mis sinceras palabras y recibamos al siguiente mandracus con un fuerte aplauso.