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EL MOLINO DE LA GENTE

AUTOR
Eduardo David López Espinosa

Puede descargar gratis la versión completa (Escrito con Práktiko) de este libro en ZIP Aquí y/o en PDF aquí.


NOTA: Este libro también está disponible, escrito con ortografía. Vale el equivalente de U.S 8,50 (ocho dólares con cincuenta) y el enlace para comprarlo es:   http://www.amazon.com/dp/B007WQYCRM

          EL MOLINO DE LA GENTE




                         Novela











             EDUARDO DAVID LÓPEZ ESPINOSA








                                              NOTA DEL AUT0R

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 
Desde mi punto de vista, el alfabeto español está mal elaborado y su manejo caprichoso en la escritura causa complicaciones y dificultades que no se justifican. Siempre he creído que aprender a escribir correctamente debería ser fácil, pero que no lo es porque las reglas alfabéticas y ortográficas lo hacen muy difícil.

Conviene aclarar que el alfabeto español no es el único mal elaborado sino que, en general, el manejo de los alfabetos es caprichoso, dependiente y a menudo carente de lógica. Pero, por muchas fallas o defectos que tenga un alfabeto, aplicarle el más mínimo arreglo es muy difícil, ya que por diversas razones los alfabetos suelen ser prácticamente intocables.

Cabe explicar que idiomas y alfabetos no son una misma cosa ni contienen de la misma materia. Los idiomas se componen de palabras y los alfabetos con signos, pero de lo práctico que sea el alfabeto aplicado a un idioma depende en gran parte lo fácil o complicado de su escritura y de su manejo en general.

La escritura es el mejor invento humano, pues es nada menos que el soporte de la sabiduría, pero, infortunadamente, las letras de los alfabetos, en las funciones que prestan, son poco estudiadas y, por lo general, sus manejos son tenidos como perfectos, lo cual es un descuido que perpetua las fallas y las complicaciones en la escritura de los idiomas. En otras palabras: La gente casi no estudia las letras con la intención de corregirles posibles fallas de funcionamiento y, por eso, los alfabetos mal elaborados casi nunca son arreglados y por ser así complican eternamente el manejo de la escritura.

Las fallas de elaboración del alfabeto español son varias: Los nombres de la mayoría de las letras consonantes son inadecuados; hay letras mutantes; debido a que hay varias que producen un mismo sonido, en el alfabeto sobran letras; hay letras hechas de otras letras y, además, hay varias inútiles.

Pero las peores dificultades y complicaciones en el manejo del alfabeto español las causan sus reglas de funcionamiento y la ortografía de este idioma. Así las cosas, la ortografía y el alfabeto hacen casi imposible el aprendizaje de la escritura del idioma español.

A estas alturas de sabiduría, no se justifica que exista ese flagelo, debería tenerse en cuenta que la base del lenguaje escrito es el lenguaje hablado, o sea que en la práctica la escritura es una imitación, hecha con signos, de las palabras que hablamos. Y si en el lenguaje hablado no existe ortografía, pues es obvio que en la escritura no debería existir esa regla y que ambos modos de lenguaje deberían tener las mismas reglas, es decir; pronunciar correctamente las palabras y tener coherencia y claridad en la composición del diálogo.

Cuando hablamos, la composición del diálogo nos evita la necesidad de ortografía y, en cierta forma, la ocurrencia de homofonía. Y, para evitar las complicaciones de ortografía y casos de homofonía, esas deberían ser las normas de la escritura.

Con un alfabeto español oficialmente tecnificado, y la eliminación de ortografía de letras, pueden solucionarse muchas de las complicaciones del idioma y de la escritura del lenguaje español, pero este flagelo, igual que las monarquías, es un daño social ideológico que, por el sometimiento de conciencia de la gente, su arreglo depende de la oposición popular a su existencia. Entonces, para eliminarle ese flagelo a nuestras memorias, quienes no estemos de acuerdo con esas complicaciones podemos usar el Método Práktiko, el único alfabeto técnico que existe. Con este alfabeto podemos escribir con gran facilidad y economía ya que sus letras tienen composición técnica, y no usa ni necesita ortografía de letras. Además, por tener reglas con sentido común, su aprendizaje y manejo son fáciles.

Es de explicar que la tilde hace parte de la puntuación y que no tiene nada que ver con la ortografía de letras. Y que el idioma español, en la escritura, usa la tilde de manera caprichosa. Por ejemplo, las palabras “más, mas”, con tilde y sin tilde tienen la misma pronunciación y por lo tanto la tilde en “más” es inútil; en cambio, debería llevar tilde la palabra “capataz”.

Así como hay pueblos que apoyan las monarquías porque creen que éstas ennoblecen la patria, hay mucha gente que apoya el uso de ortografía porque cree que con ella se embellece y se mejora el idioma pero, en la práctica, eso es como suponer que el alma se purifica con la flagelación del cuerpo.

En esta novela se transcribe un manuscrito que hace parte de la narrativa de la obra y que está escrito con el alfabeto Método Práktiko. Para entender con más facilidad esa parte de esta obra, en la versión original, conviene tener en cuenta que con el Método Práktiko las palabras debemos entenderlas como las pronunciamos; sin tener en cuenta su forma de escritura. Así, por ejemplo, kama es cama y taksi es taxi. Además, el Método Práktiko es flexible en el sentido de que cuando dos o más letras dan igual sonido en una palabra es válido usar cualquiera de esas letras para escribir esa palabra. Por ejemplo, es válido escribir tenblar o temblar; inpar o impar. Pero en vez de México debe aparecer Méjiko, y en vez de júnior debe aparecer yúnior cuando esa sea la palabra que queramos decir, ya que, técnicamente, esas palabras son mal escritas. Sin embargo, también hay una versión de EL MOLINO DE LA GENTE, escrita con ortografía.

El propósito del Método Práktiko es tecnificar la escritura del idioma español en lo que tiene que ver con las letras del alfabeto. Las demás reglas de manejo de escritura y del  idioma son las mismas del  español tradicional.

Para el idioma español y quienes lo hablamos resultaría muy conveniente la tecnificación del alfabeto. Y, para procurar que se reglamente su tecnificación es necesario que la gente use masivamente el Método Práktiko. El uso será un modo de protesta a las complicaciones ortográficas y, si protestamos en forma masiva, algún día podremos normalizarlo y olvidarnos de los diccionarios cuando estemos escribiendo, cosa que puede ser de gran beneficio tanto para el idioma español como para sus usuarios.

Al usarlo hay que tener en cuenta que el Método Práktiko es un sistema técnico de escritura. Las palabras deben ser escritas tal como se pronuncian. El Método Práktiko puede encontrarlo al final de esta obra o bajarlo gratis de Internet.

 

El Autor.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

                                                              Prólogo

Casi toda la gente de habla española tiene dificultades para escribir correctamente en este idioma. Es lógico que no se trata de brutalidad colectiva de la gente, ni de falta de interés común en aprender a escribir, como suele pensarse, sino que las reglas de la escritura en español son tan complicadas y caprichosas que es casi imposible aprender a escribir, sin tener que acudir a un diccionario.

Pero, a pesar de que es un mal que nos perjudica a todos los que hablamos español, han sido pocas las personas que se han interesado en solucionar esos inconvenientes; incluso, por costumbre o ignorancia, pero no por necesidad, son más los que defienden las complicaciones de la escritura, que quienes piden eliminarlas.

La letra h no tiene sonido, las palabras que se escriben con h, escritas sin esa letra suenan igual que cuando se les pone. Pero sería un gran alivio, para quienes escriben en español, que se eliminara la letra h de la escritura de este idioma. Y si se eliminara una de las dos letras b, v, habría otro alivio.

Gran parte de mi vida me he dedicado a estudiar el alfabeto español. Ya no me queda duda de que está mal elaborado. Ahora creo que es casi seguro que, por afirmar que el alfabeto español está mal elaborado, La Real Academia de la Lengua Española y algunos sabios del idioma español van a querer darme el trato que le dio la Iglesia a Galileo, cuando afirmó que “la tierra es redonda”. Pero, repito: El alfabeto español está mal elaborado. Y por eso es que es tan difícil aprender a escribir. Sin embargo, hay palabras que históricamente han sido mal escritas, como es el caso de las palabras SEXO, EXISTIR, cuya pronunciación es SEXSO, EXSISTIR, lo cual puede comprobarse separando las sílabas que las componen: SE - XO,   SEX- SO;   EX – IS – TIR,  EX –SIS- TIR.

La mayor parte de EL MOLINO DE LA GENTE, está escrita con un alfabeto denominado Método Práktiko, un modo técnico de escritura, totalmente descomplicado.

La obra es un reflejo cruel de la vida humana, presentado en la historia de un hombre que construyó un molino para moler pescado y con la harina hacer abono para la agricultura, pero las cosas se complican y se ve obligado a moler delincuentes, locos, viciosos y toda clase de insociables,  y su molino se convierte en un personaje más de la novela.

En la novela, como en la vida real, fluyen numerosos personajes y se mezclan realidad, fantasía, humor, crueldad, filosofía e idiosincrasia. Es una obra que quien la lea nunca podrá olvidarla. Y algo muy importante de la obra es, creo yo, que demuestra que es posible escribir con reglas claras, fácil, económico y usando con técnica el sonido de las letras del alfabeto.                                                                

 

Lic. Santiago López López.







Por: Eduardo David López Espinosa

 

 EL MOLINO DE LA GENTE

 

Novela         

 

 

Desde hace tiempo estoy luchando con mi amigo, ‘el Rejugao de Dosbokas’, para que me cuente la historia del tesoro de Dosbokas, un asunto raro que él no ha querido contarme. Me escribió una historia distinta que me pareció interesante. He aquí lo que dice:

“Estimado amigo: Por circunstancias reservadas, después de pensar mucho el asunto viajé a Tierra Sana. Enseguida, cuando llegué, me nombraron miembro del jurado de conciencia de un proceso que juzgará a un presunto criminal ya muerto. Primero hubo una reunión del ente acusador con el jurado de conciencia. Allí, en esa reunión, quedó claro que se trata de un proceso por dinero; que el acusado está muerto y no tiene importancia; que lo importante es sacar del atolladero en que se encuentran varias empresas que eran del difunto, y hacer justicia en el reparto de la enorme fortuna que él poseía. Los cargos en su contra son abuso de autoridad y asesinato masivo, delitos muy comunes desde que existe la gente y agregado que el acusado es inmune a cualquier castigo, el ente acusador y el juez decidieron que nó habrá defensa jurídica para el acusado, pero la fortuna que poseía sí tendrá dos abogados defensores.

Antes de iniciarse el proceso hubo un problema que fue difícil solucionar. De diferentes lugares llegaron más de mil abogados que pretendían apoderarse en el pleito y participar en el reparto de la gran fortuna. El juez estuvo a punto de declararle calidad mostrenca a la riqueza del difunto, porque no dejó heredero natural y no había forma de avanzar del enredo que hicieron los abogados, pero los litigantes cedieron y así se pudo solucionar el impase. En la reunión ya mencionada mostraron un manuscrito que dejó el acusado. Está escrito con alfabeto ‘Método Práktiko’, una forma técnica de escribir en español que el difunto estableció en Tierra Sana, pero, si decides publicar esta historia, la trascripción de dicho manuscrito la puedes hacer en su modo original o con ortografía.

Se ha decidido que el contenido de ese manuscrito servirá de guía y prueba en este proceso. A continuación haré el relato de los hechos a medida y forma en que vayan ocurriendo:

Es el primer día del pleito, el proceso va a empezar. En el salón de audiencias llamaron lista, estamos completos. Hay numerosos periodistas y mucho público en general. Fue traído por varios hombres armados el capitán Jon Warner; le quitaron las esposas y los grilletes que lo ataban y lo sentaron a parte, él es el único testigo en este proceso. El acusado está molido y sus restos depositados en un ataúd lujoso, ya que el juez ha dispuesto que a este lugar debemos venir bien presentados.

“Todos de pie”, dice una voz, “Señoras y Señores, - dice un hombre impecablemente vestido – soy el doctor Galo Díaz, juez superior. Estoy aquí para presidir y hacer justicia en este juicio por asesinatos masivos, abusos de autoridad y otros delitos en contra de quien en vida se llamaba Pío Inocencio Sedano. Repitan todos por favor: Creemos en Dios, queremos justicia. Gracias, pueden sentarse”. 

“Señor Patricio Cadena – continuó el juez -, lea el manuscrito que fue encontrado en la caja fuerte del acusado”.

Patricio Cadena, el lector, es un hombre con aspecto de persona culta, de mediana edad; toma un libro grueso, empastado de color uva negra, lo abre, y lo allí escrito dice así:

“Yo tenía kasi treinta años kuando por primera bes yegé a Tierra Sana. No estoi mui seguro del punto de partida pero kreo ke benía de la kapital; ayá abía bibido kon dos identidades diferentes i de barias okupasiones, no tube kasa propia, kon frekuensia me mudaba de un lugar a otro. En mis rratos libres pasaba largo tiempo en la bentana, mirando pasar la jente. Sentía la sensasión de estar siempre esperando algo, o a algien ke no yegaba nunka. Kon esa rrutina me kansé de estar aburrido, para mí todo era monótono, no tenía a kien kerer ni kien me kisiera. Un día salí sin rrumbo fijo i no rregresé a kasa, fui nómada un largo tiempo.

Kuando yegé akí, este lugar tenía el mismo nombre de aora: Tierra Sana. En ese tiempo, este pueblo era un kaserío sin rreglas de urbanismo, sus kasas estaban konstruidas kon techos de palma i serkadas de palo. La jente no permanesía en sus kasas sino en ‘la playa’, ke era un ermoso lugar a la oriya del rrío San Diego.

Ese día eran komo las tres de la tarde kuando desde un lugar del desierto dibisé el kaserío. Yo iba buskando el rrío, pero al ber el pekeño pueblo kise komprar algún rremedio para mis ojos, enfermos por el polbo. Yegé al pueblo, andube todas las kayes i no enkontré jente. Todas las kasas tenían las puertas abiertas, en eyas no abia muebles, pero algunas kosas kolgadas en diferentes lugares de las bibiendas demostraban la presensia rresiente de jente.

En esa époka abía un fuerte berano, por donde kiera ke kabalgaba, los kaskos de mi kabayo lebantaban una enorme nube de polbo, i el biento asía rremolinos y polbaredas por todas partes. Al no enkontrar jente en el kaserío pensé ke sería un pueblo abandonado, luego de mirar las kasas segí por un kamino triyado kon ueyas de pies deskalsos. Serka de la salida del pueblo enkontré una kasona sin paredes, ayí abía barios ombres deskalsos, bestidos kon solo pantalones mochos o pantalonetas, unos jugando dominó, otros mirando jugar i todos entretenidos i disiendo palabrotas aplikadas al juego.

¿Dónde ai una tienda por akí?, pregunté.

“En la playa don”, rrespondieron barios a la bes, indikándome la direksión ke debía segir. Kaminé menos de un kilómetro, subí una lomita i desde ayí dibisé el ermoso rrío San Diego. Sus dos oriyas, planas, kon playas i barrankas arborisadas formaban un ermoso paisaje.

En las playas, a ambos lados del rrío, abía gran kantidad de jente bañándose, jugando o asoleándose. Amarré mi kabayo en un árbol frondoso, serka a la oriya del rrío, i segí a pie por la playa. Una morena esbelta, kasi desnuda, kon ermosas tetotas a la bista, se detubo frente a mí, mirándome. Yo le pregunté: ¿Dónde ai una tienda por akí? Eya rrespondió: “Ayá don”, señalando un lugar donde abía jente amontonada.

Me aserké al lugar, ayí abía un túnel ke subía a un sótano konstruido en una lomita, bastante alto i amplio. Subí, entré al sótano, ayí estaba lo ke todos yamaban tienda, me dirijí a una señora ke estaba detrás de unos arrumes de leña, le pedí ke me bendiera algún rremedio para la bista. Eya rrespondió: “No don, akí no bendemos rremedio” ¿Dónde puedo konsegirlo?, le pregunté. “En ninguna parte, esta es la únika tienda ke ai en Tierra Sana. Pero, si está enfermo de los ojos, pégese un baño en el rrío, kon eso se kura”, rrespondió.

Béndame un rrefresko para la sed, le pedí. “Nada don, akí no bendemos rrefreskos, si tiene sed baya al rrío i beba agua”, eksplikó.

Supongo ke de komer tampoko bende nada, dije. “No don”, kontestó la señora.

Dispuesto a irme salí del sótano i me dirijí al lugar donde abía dejado el kabayo. Pero, kuando yegé al arbol donde lo abía amarrado, ayí no estaba el animal, lo ke enkontré en ese lugar fue una multitud de jente rrodeando una ekstraña seremonia. El ebento abía empesado. Dos señoras tokaban flauta i un biejo flako, kon aspekto de trotamundos, tokaba una tambora kon un kacho ke kon el mobimiento sonaba i asía eko. Un grupo numeroso de jente bailaba alrrededor de los tres músikos, a kuyo lado abía una garrafa ke kontenía un líkido ke asía burbujas i paresía erbir. Los bailarines se iban turnando i, en una totumita, sakaban líkido de la garrafa, bebían i todos gritaban en armonía produsiendo kon sus gritos una dansa indio – negra.

¿Dónde está mi kabayo?, preguntaba yo, i la jente rrespondía kon palabras ke asían parte del kanto i no desían nada del paradero del animal.

¿Dónde está mi kabayo?, interrogé, dirijiéndome a una muchacha ermosa ke benía bailando i traía una totuma yena del líkido de la garrafa. Eya me miró, sonrrió, me dio la totuma i sigió bailando, sin kontestarme. Miré la totuma, la kosa erbía i olía probokatiba. Por kuriosidad me tomé un trago. La bebida era enerjisante, kasi kemaba, me bajó por el galiyo komo un gato frenado. Segí dando bueltas en el rruedo de la seremonia, a beses preguntaba por mi kabayo i a kada instante tomaba de la kosa, kuyo sabor empesó a gustarme.

La fiesta se animó, toda la jente bailaba i gritaba la músika, yo me tomé el último trago ke abía en la totuma i fui a yenarla a la garrafa; luego me puse a bailar, bebía i gritaba preguntando por el kabayo, pero ya no para saber del animal sino ke mis preguntas engranaban en el ebento i asían parte de la dansa i de la seremonia. Poko después, de rrepente todo lo beía de kolor rrosado. El mundo era ermoso, todos me pedían ke fuera jefe i direktor de todo. La jente me puso una gerrera dorada kon sintas bordadas de oro i me subieron a un palko alfombrado kon seda. Una gran korte de mujeres ermosas me serbía, en kopas de oro, los manjares i likores más delisiosos i finos del mundo. En esa situasión perdí el konosimiento i  me kedé dormido.

Kuando desperté era kasi medio día. Los rrayos del sol me estaban asando la espalda i el serebro. Me lebanté, salí andando enklenke i me tiré en una charka de barro ke estaba serka, me bañé kon lodo, igual a un serdo. Mis botas  se pegaron al barro, para poder salir tube ke soltar los amarres i dejarlas, kasi no podía sostenerme de pie, la sed me estaba matando i abía komo sien metros de playa para yegar al agua. El piso me estaba kemando, kon el mayor esfuerso salí korriendo en kuatro patas, pasé la playa i yegé al agua. Ayí me kedé toda la tarde, kasi de noche el ambre me iso salir. Fui a la tienda, saké todo el oro ke tenía en los bolsiyos, me dirijí al ombre ke atendía i mostrándole  el oro dije: ¡Si me dá un plato de komida le doi esto!

¡Démelas!,  dijo, yo le entregé el oro.

-¿Kómo kiere el plato?, preguntó.

Un enorme churrasko kon ensalada, rrespondí.

-Sólo ai peskado  -eksplikó-, se lo preparo komo usted kiera.

Démelo frito, añadí.

El tendero puso leña en una chimenea echa kon tubos de metal, le prendió fuego, luego puso un kaldero kon manteka; después, de una kaneka sakó barios trosos de peskado i los echó a freir. Más  tarde, kuando estubieron fritos, los sirbió en dos bandejas de aluminio, me entregó una i se kedó kon la otra. Me senté en un arrume de leña, komí en silensio, el tendero se komió su bandeja en el lugar donde estaba kuando yo yegé. Kuando terminé de komer, el tendero estaba de pie, le entregé la bandeja i le pregunté: ¿A ké ora sierra la tienda?

-La tienda, rrespondió él, se sierra de siete de la mañana a una de la tarde.

¿De noche no sierra?, interrogé.

-No don, añadió él, de noche no serramos la tienda.

Me yamo Pío Inosensio  Sedano. Estoi buskando trabajo, le ekspliké.

-Yo me yamo, dijo él, José Kortina, pero todos me yaman don Chepe. Soi el dueño del komersio de akí, tengo el kontrol de todo, me es grato tratar kon usted.

Nesesito empleo, dije yo, si tiene algo ke aser puedo empesar mañana.

-Bueno, rrespondió él, si kiere le doi trabajo en el puerto de rresibo de leña i puede empesar mañana.

  En este punto fue interrumpida la lectura del manuscrito. La razón es que hay una ley nacional que exige que las palabras estén escritas con ortografía, para que la escritura pueda ser legal. En este caso empezamos escribiendo que el acusado se llamaba Pío Inocencio Sedano. Ahora él mismo se identifica como Pío Inosensio Sedano. En las dos formas el nombre se pronuncia igual pero se escribe distinto y, de acuerdo a nuestras leyes, es necesario un enorme, lento y costoso proceso para que las dos formas de escribir este nombre sean válidas para identificar a la misma persona.

Afortunadamente, este proceso quedó en poder de uno de los pocos jueces descomplicados que existen en este país.

Para aclarar las cosas en este caso, el juez le ordenó al lector Patricio Cadena leer el contenido de una ley de obligatorio cumplimiento en el territorio de Tierra Sana. El lector Cadena lee así:

 

Ley soberana, facultada por los habitantes de Tierra Sana, obligatoria en el territorio de Tierra Sana.

 

El Director de Educación de Tierra Sana, en armonía con el Señor Alcalde de la misma ciudad, teniendo en cuenta que:

Los habitantes de Tierra Sana, masivamente hicieron pública su inconformidad con la cantidad de letras y los mecanismos reglamentarios del alfabeto español, y con la obligación de escribir con ortografía.

Y que, analizado el asunto, el resultado fue que el mayor contenido de las quejas es debido a que el Alfabeto Español tiene dos letras (B, V), con sonido igual y diferente uso, cuya igualdad de sonido causa frecuentes problemas de ortografía. Una letra (H) que no tiene sonido y su uso complica la escritura. Tres letras compuestas (CH, LL, RR), cuyo uso en mayúscula sólo afecta a la primera letra componente. Dos letras (C, G) que con las vocales i, e, cambian secuencia de tono y con ello pierden la técnica lógica de manejo en sus usos. Una letra (Q) despilfarradora de la letra U y poco práctica. Dos letras (R, Y) mutantes. Tres letras (C, S, Z) que con algunas vocales producen el mismo sonido y por eso muchas complicaciones de ortografía. Dos letras (M, N) que en algunas palabras suenan igual y causan dudas de ortografía. Dos letras, ya mencionadas por causar otros problemas (LL, Y), que producen igual sonido y por eso complicaciones en la escritura. Una letra (X) resonante.

Los habitantes de Tierra Sana manifestaron públicamente su deseo de obtener  y usar un alfabeto con letras tecnificadas, con un sonido individual único que anule el uso de ortografía. Alegan que la ortografía es más costumbre que necesidad y que su uso causa más males que beneficios. Añaden que, en lo que tiene que ver con su esencia, la mayoría de las palabras tiene tantos significados que es imposible unificar su origen.

Los habitantes de esta ciudad son conscientes de que quienes manejan las reglas de este idioma, a pesar de sus enormes conocimientos, nunca estarán de acuerdo en acabar con las complicaciones del alfabeto español, para que la escritura de nuestro lenguaje sea la más fácil del mundo.

Por las explicaciones anteriores, esta ley resuelve:

Reducir el número de letras del Alfabeto Español, abolir y sustituir letras, corregir sonido, cambiar nombre, modificar su uso y la forma de escribir así:

Quedan abolidas o con usos limitados las letras: C, H, LL, Q, V, W, X, Z.

Las letras abolidas se sustituirán así:

Letra H, debido a que no tiene sonido, queda sin sustituto.

Letra C, con K o con S,  en sus respectivos sonidos.

Letra LL, con Y.

Letra Q, con K.

Letra V, con B.

Letra W, con U.

Letra X, con KS.

Letra Z, con S.

Queda establecida la corrección del sonido de la letra G antes de las vocales e, i, para que se iguale a la secuencia de sonido que produce con las vocales a, o, u; por ejemplo, debe escribirse gerra en vez de guerra; gineo en vez guineo. La letra U en ningún caso perderá su sonido con la letra G. Por el arreglo de sonido de la letra G, la diéresis quedará sin uso. Los vacíos que deje la letra G, se llenarán con letra J; por ejemplo, en vez de escribir: coger un giro, debe escribirse: kojer un jiro.

Las letras compuestas por dos letras iguales o distintas (CH, RR) deben usarse ambas componentes en mayúsculas o minúsculas, según el caso.

La letra R en ningún caso podrá usarse ni sonar como letra RR.

La letra Y en ningún caso podrá usarse ni sonar como letra i. Su único uso será de consonante y su sonido será el de la abolida LL. Los vacíos que deje la letra Y se llenarán con letra i; por ejemplo, en vez de escribir: el caballo y el gallo, debe escribirse: el kabayo i el gayo.

En las palabras en que la M y la N suenen igual o muy parecido podrá usarse  cualquiera de las dos letras y esta regla será válida en cualquier otra situación igual o similar.

El propósito de esta ley es tecnificar el alfabeto español, para reducir todo lo posible el uso y la necesidad de ortografía en las letras; deja igual el uso de tilde, signos, puntuación, la pronunciación, el significado de las palabras y el modo de conjugación. Para que haya coincidencia entre el sonido y el nombre de las letras consonantes con las vocales, cambiarán de nombre las letras: F (fe), G (gue), J (ja), L (le), M (me), N (ne), Ñ (ñe), R (re), RR (rre), S (sa).

El contenido de esta ley será el último documento oficial de Tierra Sana escrito usando ortografía. Al entrar en vigencia esta ley, el método aquí explicado será perfeccionado y se denominará Método Práktiko. Su uso será  obligatorio en todos los actos públicos, oficiales o de carácter educativo. Cualquier falla o incumplimiento hecho a propósito será sancionado con el molino. Comuníquese y cúmplase.

 

 

 

            Pío I. Sedano                                              Manuel A. Sedano

                 Alcalde                                                  Director de Educación

 

 

 


El juez estaba en un callejón sin salida. Consultó al alto gobierno nacional en lo concerniente a la ortografía, y la respuesta fue que debía obrar en derecho nacional. De igual modo consultó al gobierno local, y la respuesta fue que quien esté obrando en territorio de Tierra Sana, si no cumple esa ley, será molido. El juez renunció, pero el gobierno no le aceptó la renuncia, le respondió que el cambio de letras no justificaba su renuncia; por la explicación que dio se supone que fue autorizado para que de alguna manera solucionara el problema y repartiera la herencia.

Y se arregló el problema. ¿Cuál fue la solución?, le preguntó al juez un periodista. “Donde fueres as lo ke bieres”, escribió él con tisa blanca en un tablero negro. Hubo aplausos. Enseguida ordenó que continuara la lectura del manuscrito. El lector cadena lee así:

“El día sigiente komensé a trabajar. El orario de todos los días era desde la madrugada asta tarde de la noche. Don CHepe i su familia imponían su boluntad en Tierra Sana. Su familia la integraban su mujer, doña Aurora, i sus ijos León i Donato, ambos mayores de edad i buenos para nada. Juntos atendían el negosio de belas, rron i sigarriyos. Tierra Sana era un pueblo miserable, la jente kasi bibía en ‘la playa’, frente a la tienda, sólo iban a dormir a sus kasas kuando el inbierno los obligaba. Los abitantes de akí bibían de la peska la mayoría i algunos de kortar leña; sólo komían peskado, kasi toda la jente andaba deskalsa i los ombres kasi desnudos.

 Don CHepe, por aparte, se enkargaba del negosio de peskado i leña. Los leñeros kortaban la leña en la rribera del rrío San Diego, i se la bendían a don Chepe, ke la rresibía en la oriya del rrío i la transportaba a ‘la playa’ en su bieja lancha de madera, yamada La Alegría. El peskado lo kompraba i lo rresibía en la tienda. Los presios de kompra o benta los imponía don CHepe. En la tienda se bendía rron, sigarriyos, belas, sal, peskado i leña, eso era todo. La jente de Tierra Sana le bendía a don CHepe leña i peskado. Después, kienes le bendian la leña la bolbían a komprar, al doble, por no transportarla del lugar de korte a ‘la playa’. Kon el peskado okurría ke los peskadores, kuando yegaban de peskar, lo bendian todo i después kuando nesesitaban para komer iban a la tienda a komprarlo, también al doble de lo ke lo bendían.

Don Chepe obligaba a los peskadores  i a los leñeros a rresibir la mitad del pago de sus bentas en rron. Eyos, al rresibir la paga, se ubikaban en kualquier lugar de ‘la playa’ a tomarse el rron ke abían rresibido komo parte del pago de leña o peskado i, kuando este se les akababa, se gastaban en rron todo lo ke abían rresibido en efektibo.

En ‘la playa’ las parrandas eran frekuentes. Los ombres empesaban a tomar en pekeños grupos, después inbitaban mujeres, ensegida más i más jente se juntaba i tremenda fiesta se armaba. A media noche empesaba el baile de fandango. Para ese ebento ponían unos mesones de madera, ayí se montaban los músikos kon sus instrumentos. Antes de inisiar el baile, kasi todas las mujeres se ponían una falda ancha, rroja, de la sintura asta más abajo de la rrodiya i una blusa sin mangas, tan pekeña ke apenas alkansaba a taparle los senos. Para bailar, las mujeres prendían un manojo de belas i lo yebaban en las manos kon los brasos lebantados. Los ombres yebaban una boteya de rron en una mochila kolgada al sinto. Agarraban su pareja de la sintura i bailaban dando bueltas alrrededor de los músikos.

En la madrugada, ya borrachos, asían el amor al aire libre en kualkier parte. A beses, algunos amanesían desnudos, dormidos en la playa.

Los menores i las muchachas ‘birjen’ pasaban la noche en unas kuebas al otro lado del rrío.

En esa époka, por rreglas establesidas por doña Aurora, la birjinidad era lo úniko ke balía de las mujeres de Tierra Sana. Ese asunto era rrekonosido moral i ekonómikamente. La esperansa de toda mujer birjen era ke algún ombre bueno pagara a sus padres la mitad de su dote i se la yebara a bibir kon él. Pero kasi todos los ombres preferían pagar el dote kompleto, porke de esa forma, sin yebársela ni tener ninguna obligasión, el dotante podía aser kon la mujer komprada lo ke kisiera. I empeoraba las kosas el echo de ke abía familias ke no aseptaban medio dote. Además, en este kaso no era obligatorio para el ombre rrekonoser ijo en kaso de ke la chika rresultara embarasada. En kambio, pagando medio dote, el ombre no sólo estaba obligado a aserse kargo de la mujer sino ke también era obligatorio rrekonoserle los ijos aunke no fueran suyos. Esa rregla era práktikamente una lei i para aserla kumplir funsionaba el Onorable Konsejo de Ekspertas en Birjinidad o las ‘Toka Koño’, komo las yamaba la jente, kompuesto por sinko mujeres, ekspertas, según eyas, en el konosimiento de la birjinidad de las mujeres. Dicho konsejo se enkargaba de  komprobar la birjinidad i fijar el presio de dote. Los eksámenes se asían el último domingo de kada mes en una kasona bieja ke abía en la plasa del pueblo. En ese lugar, todo lo ke abía era una salita kon dos sofás de palo i un kuarto donde abía una kama, también de palo.

No eran pokos los safarranchos ke se armaban después del ‘rrekonosimiento’ de birjinidad. El lío más frekuente era porke muchas beses las ekspertas desían ke la eksaminada no estaba totalmente birjen sino a ‘medio palo’ i ésta kon sus familiares emprendían a las ekspertas a puño, palo o lo ke fuera, pues esa ofensa era tal ke pokas personas podían soportarla. Otras beses el lío se armaba porke a kienes iban a rresibir el pago les paresía poko el dote ke fijaban las ekspertas. I también los ombres ‘dotantes’ algunas beses akusaban a las ekspertas de aberse dejado sobornar de la chika i aberles metido “gata rrota por liebre birgen”. Pero, así kon todos esos problemas, el kargo de eksperta en birjinidad era mui peleado por las mujeres de Tierra Sana.

El mayor problema sikolójiko de las mujeres dotadas era porque kuando eyas perdian la birjinidad i kedaban sin marido, kreían ke lo abían perdido todo. Se desmoralisaban de tal manera ke eyas mismas kreían ke no tenían ninguna esperansa ni meresían nada. Por lo jeneral la desepsionada empesaba a salir kon algún ombre i se interesaba por él, pero éste kasi siempre sólo buskaba una abentura seksual pasajera i pronto la dejaba para empesar una nueba abentura kon otra mas joben. A eyas esos frakasos les inmunisaban los sentimientos i pronto se akostumbraban al frekuente kambio de kompañero. Kuando kedaban embarasadas kasi nunka sabían kién era el padre de su ijo; tenían la kriatura i la abandonaban de kualkier manera, para segir la bida parrandera ke ya yebaban.

En esa époka, el ombre de Tierra Sana ke no era peskador era leñero. Los músikos i los pelukeros kobraban en rron, nadie se preokupaba de su futuro ni se tenía ambisión alguna; el sentido i el balor umano kasi no eksistían en este lugar.

Para esklabisarla, don CHepe abía embrutesido i embisiado de rron i sigarriyo a la jente de Tierra Sana. Su negosio perberso, además de jenerar miseria, era el eje de la prostitusión de este pueblo. Una bes le pregunté por ké no pagaba en efektibo todo el balor de las kompras de leña i peskado. Me rrespondió ke en esa forma abía empesado desde ke yegó; ke a la jente le gustaba así i ke a él le kombenía ese modo de negosio. Entonses le sujerí ke kambiara de merkansía, i ke en bes de rron les diera útiles eskolares, rropa o erramientas de trabajo. Enojado me rrespondió: “Pío Inosente, usted ase gala de su nombre: no be ke en este pueblo de mierda lo úniko ke le gusta a la jente es beber rron i putiar, i ke todo lo demás lo asen obligados.” Eso era una kruel berdad, pero fruto de su empresa. Sus ijos se ufanaban de aber tenido rrelasiones seksuales kon todas las mujeres bonitas de Tierra Sana. Doña Aurora, kon frekuensia desía: “Siempre pagamos el dote kompleto, nosotros no keremos kompromisos para nuestros ijos”. Antes de kumplir kinse años las niñas bonitas de Tierra Sana, ya los Kortina las tenían ‘enkargadas’. I, para saber kuál de sus dos ijos sería el dueño de la niña, éstos, arbitrados por sus padres, la jugaban a las kartas. Muchas beses, doña Aurora señalando en la tienda niñas todabía sin senos desía: “Esta es para Donato. Akeya i esa otra son para León”.

Desde ke yegé a Tierra Sana me interesé en konoser las kostumbres i el modo de bibir de la jente de akí. Siempre prokuraba ablar kon todos i a muchos les pedía ke me kontaran las kosas antiguas de este pueblo, i las istorias ke me kontaba la jente mayor kada bes me paresían más interesantes.

Kada dos semanas yegaba a ‘la playa’ de Tierra Sana el kapitán Yon Uarner, en su barko yamado Perisia, kargado kon rron i sigarriyos.

Uarner no permitía ke la tripulasión de su nabe – ke él i todos los lugareños yamaban lancha-  ablara kon la jente de Tierra Sana. Toda la merkansía ke traía se la bendía a don CHepe, i a doña Aurora le traía rropa, kosmétikos, bíberes, dulses i toda klase de chucherías ke eya le enkargaba.

Kon más frekuensia yegaba una lancha ke no tenía nombre, ke traía ielo, belas i sal, i yebaba peskado. Kuando yegaba esa lancha abía ke trabajar kon duresa porke todo se yebaba en karretiyas de manos, desde la lancha asta el depósito ubikado en el sótano, i de ese lugar abía ke sakar el peskado i yebarlo a la lancha.

En el sótano, además de la tienda i el depósito, abía dos kuartos grandes i uno pekeño; en uno de éstos dormían don CHepe i su señora i en el otro sus ijos, yo okupaba el kuarto pekeño, ke kuando yegé estaba abandonado i tenía la puerta en muí mal estado.

Una bes al mes yegaba una kanoa grande kon motor fuera de borda, de unos kontrabandistas ke bendían por kuotas en ‘la playa’ rropa, sombreros, kalsado barato, machetes, medisinas i toda klase de chucherías.

Sin saberse kuándo ni de dónde, kon frekuensia yegaba a Tierra Sana un señor biejo, en un koche tirado por dos kabayos. Kuando ese señor yegaba, primero entraba al pueblo i kasi nunka enkontraba jente en las kasas, pero siempre rrekorría las kayes de Tierra Sana i de puerta en puerta iba yamando a los dueños de las bibiendas i los saludaba komo si estubieran ayí. Después segía asta la loma de donde se dibisaba ‘la playa’, ayí se paraba i tokaba un instrumento ke paresía un kacho. Era impresionante lo duro del sonido de ese instrumento. “¡El Bendedor de Ilusiones!”, desía en koro la jente al oir el kacho i todos bolteaban a mirar asia la loma de donde él empesaba a bajar. Ese señor tenía muchas birtudes. Podía kambiar de aspekto, paresía ke tubiera la kabesa echa de sera: la alargaba, la rredondeaba, podía darle la forma que él kisiera; la boka, la naris, los ojos o kualkier órgano de su kabesa podía, kon sus manos, kambiarlos de lugar, forma o tamaño. En Tierra Sana, todos lo yamaban ‘El Bendedor de Ilusiones’, pero él no bendía nada. Traía unas garrafas kon un líkido amariyento ke al dejarlo destapado paresía erbir i ke él yamaba Bino Májiko. Kada bes ke yegaba asía una seremonia organisada por él mismo, de manera irregular i kaprichosa, i kasi siempre sus seremonias inkuían Bino Májiko. Eran numerosos i fasinantes los rrelatos ke kontaban en Tierra Sana, tanto del Bendedor de Ilusiones komo de su famoso Bino Májiko, kuyos inkreíbles efektos yo mismo konosí, kosa ke narraré más adelante.

Dos años después de aber yegado yo a Tierra Sana, una tarde me yamó don CHepe a la puerta de su kuarto i me dijo: “Pío Inosente, beo ke usted abla mucho kon la jente de akí, eso no me gusta. De oi en adelante le kedan proibidas las charlas kon la jente de Tierra Sana.” No le rrespondí su yamada de atensión, salí pensatibo. Después desidí irme, le pedí ke me likidara, i ensegida dijo: “Aurora, sákale la kuenta a Pío Inosente”. “La kuenta de ké?”, preguntó eya, kasi dormida en una siya mesedora. -“De lo ke él debe i lo ke se le adeuda de trabajo, para likidarlo porke se kiere ir de akí”,  eksplikó él. “Eso será después, yo aora estoi mui okupada”, agregó eya.

Una semana después me yamaron los dos a un lado de su kuarto. Doña Aurora dijo: “Tu kuenta es esta Pío Inosente”. Ensegida empesó a eskribir en un papel de kartón de sigarriyos i me eksplikó: “Dos años de trabajo, a un miyón por año, da dos miyones. Me debes kuatro mudas de rropa, kon interiores i todo a medio miyón  kada muda; son dos  miyones. Más un miyón ke te kobro por los útiles de aseo i las demás karajadas ke te e dado; total tres miyones. Nos debes un miyón”. Pero ¿por ké tan kara esa rropa?, pregunté yo sorprendido.

“¡Mijo, pero si tú lo ke usas es pura kalidad!”, eksajeró doña Aurora.

Ese mismo día, doña Aurora me dijo ke abían desidido trankarme la rropa, ke por el momento me dejaban disponibles las dos mudas de trabajo.

-Por el día de hoy el juez ordenó suspender la lectura del manuscrito. Pidió que todos los que participamos en este proceso estudiáramos minuciosamente el contenido de lo leído del manuscrito, cosa que él también hará esta noche. El alfabeto que usa este manuscrito es el motivo de yo estar en Tierra Sana.

Para llevarlo a la cárcel, le pusieron las esposas y los grilletes al capitán Warner. Ese trato le causó mucha indignación y enojo a la gente de esta ciudad. Aquí no aceptan que para cumplir una ley, y no por hacer justicia, humillen a una persona buena. Pero esto es un asunto nacional y en este país las leyes y la justicia llevan caminos diferentes. Y mientras las leyes rentables vuelan para que se cumplan, la justicia pobre es coja y casi nunca llega.

He notado que en Tierra Sana no hay burocracia ni leyes que le compliquen la vida a la gente.

Es otro día, estamos en el salón de audiencias, para comenzar el proceso el juez ordenó continuar la lectura del manuscrito. El lector Cadena sigue así:

“Muchas beses en la gerra el enemigo no es propiamente enemigo. En las batayas nabales, kuando una flota de gerra unde los bukes de su adbersario, kasi siempre rreskata las tropas naúfragas enemigas. En los akonteseres de las gerras no son pokos los ke an muerto tratando de salbar a sus enemigos. Pero es posible que, en su propia kasa, uno sí tenga auténtikos enemigos. I, por las injustisias ke me estaban aplikando, en esa situasión se ayaban los Kortina; yo bibía en su kasa i abía desidido matarlos. Ya el plan estaba en marcha, lo difísil era aserlo sin ke se salbara ninguno de eyos i ke después nadie sospechara de mí. Desde mi punto de bista, eyos asían mucho más daño ke benefisio, i sus muertes las beía sosialmente konbenientes. Yo estaba trabajando kon duresa en ese asunto i nadie sospechaba nada, de eso estaba seguro. Pero la kosa no era fásil de rrealisar porke debía morir toda la familia, sin aber rrastros de biolensia.

Primero pensé en envenenarlos pero después anulé ese plan porke abía el rriesgo de ke alguno se salbara. I aunke todos kayeran era seguro ke sospecharían de mí por ser de la kasa i rresultar ileso.

Don Chepe, kada día me asía trabajar más duro; sus ijos por nada me insultaban i todos me rridikulisaban delante de la jente. Yo tomaba las kosas kon kalma, pero mi modo de silensio los umiyaba i se enfuresían. Porke no les daba a sus insultos la importansia que eyos esperaban, deskargaban sus iras kon un largo sermón mientras yo asía mi trabajo sin ponerles atensión. I algunas beses ke me estaban rregañando i ke yo aktuaba komo si estubiera solo, ya kansados de ablar desían: “Despierta animalejo ke es kontigo”, i terminaban rriéndose de eyos mismos.

Mucho tiempo atrás, yo le abía pedido al kapitán Uarner ke me rregalara los periódikos i las rrebistas ke no nesesitara. Eso fue bentajoso para los dos porke yo rresibía los periódikos i a kambio le asía la segunda a Warner kon una nobia que él tenía en sekreto en Tierra Sana.

-En este punto hubo risas y muchas miradas hacia el capitán Warner. El juez pidió silencio y cuando hubo calma ordenó que continuara la lectura del manuscrito. Sigue así:

“En esa époka, en un periódiko leí una notisia de un enbenenamiento kolektibo kon un gas ke por deskuido abían guardado adentro de una rresidensia. En ese kaso, el rresipiente ke kontenía el gas estaba aberiado i la rresidensia era totalmente serrada, la jente se akostó a dormir i el gas los mató dormidos.

En la forma de ese aksidente era posible matar a los Kortina. Inklusibe, abía bentajas para aserlo, ya ke los ijos kon frekuensia se emborrachaban i la jente de  ‘la playa’ los yebaba en karretiyas de mano; i yegaban tan dormidos ke paresía ke estubieran muertos. Ni sikiera despertaban kuando los lebantaban de los brasos i los pies, para yebarlos a los kamastrotes de palo donde dormían.

En forma rrutinaria, don CHepe me yamaba a la una de la mañana. Me entregaba inbentariada la tienda i se akostaba. Si se agotaba algo, yo tenía ke yamarlo, pero no era fásil despertarlo, i doña Aurora nunka despertaba de madrugada. Mi patrona aseguraba ke los peos de don CHepe asían temblar la kama i la emborrachaban a eya. Kon mis enemigos dormidos, si ubiera tenido el gas, todo lo ke ubiera tenido ke aser para eliminarlos era poner un tubo de gas, luego de aberiarlo, frente a las puertas de sus kuartos i tapar kon leña un túnel ke kondusía a dentro, i ke era la únika bía de bentilasión que tenían las abitasiones. Después, terminado el asunto, kon prekausión apartaría la leña i de algún modo metería el tubo aberiado en el kuarto de los Kortina; i después eyos rresultarían muertos i yo finjiría no saber nada. Pero, aunke kon los kontrabandistas ise todo lo posible, no pude konsegir el gas.

Fuera de las rrebistas i los periódikos, el kapitán Uarner a beses me rregalaba otras kosas, pero yo nunka le pedía nada distinto. Entonses, no beía konbeniente pedirle ke me trajera dos tubos de ese gas benenoso.

Debido a la deuda de la rropa kon doña Aurora, don CHepe no me daba dinero, a beses me ofresía adelantos en rron pero yo no aseptaba, le pedía dinero, él me rrespondía: “Aora no tengo, eso será después.”

La únika posibilidad de konsegir el gas era kon la jente de la lancha ke traía belas i ielo. Ablé kon barios de eyos i sin dinero intenté aser el enkargo, pero nadie kiso aserme el fabor porke tenían orden de don CHepe de no negosiar konmigo. Según me eksplikaron, él les abía dicho ke yo era mui mala paga i ke le debía, abansado, un año de trabajo.

Kon kualkier erramienta kortante ubiera sido fásil matarlos dormidos, el problema era kómo justifikar  sus muertes sin kausar sospechas.

Una tarde, a prinsipio de disiembre, me dieron una buena notisia. Me dijeron ke el beintikuatro de ese mes arían una fiesta familiar. Me eksplikaron ke abían desidido ke en esa fecha, por la noche, la tienda estaría serrada i ke mi trabajo sería atenderlos a eyos. I, para ke los atendiera bien, doña Aurora me entregó una kamisa de seda, de aginaldo adelantado. Era una kamisa bonita, pero para mí el berdadero aginaldo era la oportunidad de eliminarlos esa noche. Ensegida empesé a preparar el plan; supe ke la fiesta sería kon uiski, pensé mesklárselos kon Bino Májiko para ke kuando se durmieran kayeran rrendidos i no pudieran darse kuenta de nada.

Pensaba ke el Bino Májiko ebitaría ke eyos se dieran kuenta de mis propósitos i me fasilitaría ejekutarlos. Pero yo no tenía Bino Májiko ni sabía kómo konsegirlo.  El Bendedor de Ilusiones no abisaba sus visitas ni tenía fecha de yegada. Además, él era sumamente místiko en sus kosas, no ablaba kon nadie en partikular ni bendía su bino. I yo no tenía informasión de ke algien en Tierra Sana tubiera ese likor. Me puse a aberiguar el asunto, supe ke asía mucho tiempo ke el Bendedor de Ilusiones no benía a Tierra Sana. Sin embargo, abía posibilidad de konsegir el Bino Májiko. Me dijeron ke la última bes ke abía benido el Bendedor de Ilusiones, en una kaye del pueblo abía echo una seremonia multidimensional, yamada “Bolkán de la Bida”, i abía puesto dos garrafas de bino, pero no las destapó en el ebento i, por eso, nadie bebió. I ke después, al final de la seremonia, el Bendedor de Ilusiones i el bolkán desaparesieron i las dos garrafas kedaron en el suelo; i ke más tarde, sin saber ké aser kon eyas, la jente abía guardado las garrafas en una kueba, al otro lado del rrío, lugar en donde estaban todabía.

Ese mismo día ubiké las garrafas i por la noche fui a buskarlas. Pasé el rrío en una kanoa pekeña ke estubo a punto de undirse kuando benía kon las garrafas, kosa ke me paresió rrara porke no pesaban, tan era así ke kon fasilidad las pude yebar, una en kada mano, por la playa, ebitando la jente, asta mi kuarto en el sótano, donde las enterré debajo de la kama.

Ensegida me puse a elaborar un Manual de Operasiones, kodifikado. Después, en un deskuido de los Kortina saké de La Alegría un galón yeno de gasolina i lo eskondí en la tienda.

El rresto del plan era tapar kon leña la entrada del sótano, kuando eyos estubieran dormidos, rregarle gasolina adentro i prenderle fuego. Aunke daba por seguro ke la jente de ‘la playa’ akudiría a apagar el fuego, también estaba seguro de ke  kuando se lograra apagar el insendio sería tarde para sakar kon bida a los Kortina.

Mi plan estaba en marcha. Aunque no tenía achake de salud, desde asía tiempo kon frekuensia me iba a dormir al puerto leñero, argumentando ke por el ensierro del sótano tenía problemas de rrespirasión. Ésto asía parte del plan; kuando los Kortina aparesieran kemados en el sótano, yo estaría en el puerto leñero i eksplikaría ke abía yegado desde temprano, kon problemas rrespiratorios. Ya mucha jente sabía de mi enfermedad i algunas personas me traían rremedios, pero a todos les desía ke mi mal segía igual.

Para evitar komplikasiones kon la jente, desde mucho antes se le abisó al públiko ke el beintikuatro de disiembre en la noche, la tienda estaría serrada. Por eso, el día de la fiesta, la jente empesó a aser sus kompras temprano, i todo el día en la tienda estubimos mui okupados, atendiendo al públiko i preparando la fiesta. Para fasilitar la ejekusión de mi plan, yo prokuraba no bender leña de la ke estaba serka de la puerta del túnel i si algien sakaba de ayí, la bolbía a rreemplasar ensegida.  

“Pío Inosente, báñate i ponte la kamisa”, dijo doña Aurora poko antes de las seis de la tarde. Ensegida me fui para el rrío i, un poko preokupado por los akonteseres ke se aserkaban, me bañé. Kuando rregresé ya mis patrones abían serrado la puerta de la tienda kon una rreja de ierro.

“Espera, no entres Pío Inosente, porke los biejos se están bañando atrás de la leña”, dijo León.

Me kedé parado en la entrada, sabía ke esa leña ardía komo fósforos, pero estaba preokupado porke los biejos la mojaran i, por la madrugada, no ardiera rrápido i kon duresa. A poko rrato León abrió la puerta, yo entré i rrápidamente me kambié la rropa.

¡Anda pero ke elegansia!, dijo doña Aurora kuando me bio bestido kon la kamisa de seda. No le di importansia a sus palabras, me puse a obserbar una rradio grabadora grande, nueba, ke abía desempakado Donato i le estaba poniendo las pilas. 

“Ké pasa Pío Inosente. Sirbe el trago”, dijo don CHepe.

“Ensegida lo sirbo”, rrespondí yo, i luego saké un troso grande de ielo, lo labé, lo piké i lo eché en una jarra nueba ke abían puesto en una mesa arreglada kon un mantel blanko kon motibos de nabidad; León trajo una kaja kon dose boteyas de uiski, doña Aurora puso en la mesa kuatro basos i kuatro kopas de kristal, yo destapé una boteya de uiski, don CHepe me la arrebató i yenó las kuatro kopas. Donato abía dejado la grabadora sonando, León puso gaseosa, ielo i trosos de limón en los kuatro basos, brindaron i se bebieron todo el uiski de las kopitas i un trago de gaseosa.

“Abre esa kosa”, dijo doña Aurora, mostrándome una lata de pasabokas. Kuando estaba abriendo la lata tokaron la puerta. “Está serrado”, ekspliké yo. “Ke no jodan”, dijo doña Aurora, “Pregúntale ké kiere”, agregó don CHepe. “Béndame kuatro boteyas de rron”, dijo algien afuera.

“Béndele el rron, Pío Inosente”, ordenó don CHepe. Kuando bendí el rron, otra señora me pidió ke le bendiera dies paketes de belas. “Está serrado”, ekspliké yo, “béndele las belas”, ordenó don CHepe. Después ke ise las bentas le entregé el dinero ke rresibí a don CHepe.

No obstante a ke abíamos abisado del sierre de la tienda, la jente sigió yegando a komprar. “Está serrado”, desía yo kuando tokaban la puerta. “Béndeles Pío Inosente”, ordenaba don CHepe. Estando en esas, doña Aurora se lebantó de rrepente i dijo: “Todos sabían ke oi era nuestro úniko día de fiesta. Si no serramos la tienda ke se akabe la fiesta”. Ensegida, don CHepe la kalmó kon la promesa de no bender más. En ese momento una bos de mujer yamó a León. Él fue a la puerta, abrió i entraron tres mujeres, ermosas i bien bestidas. Me kemaba la rrabia kuando las bi adentro. Ensegida dos de eyas empesaron a bailar kon León i Donato; doña Aurora le dijo a la otra ke se sentara, eya se sentó, se mobía en la siya i kon las palmas de las manos animaba la músika.

Kuando se terminó el disko, las muchachas ke estaban bailando saludaron a los biejos, doña Aurora las inbitó a sentarse al lado de su kompañera. León me dijo ke les sirbiera trago a las muchachas. A kada una le puse un baso kon ielo i una kopita i eyas mismas se sirbieron el uiski.

Poko rrato después empesó a sonar un disko ke le gustó a doña Aurora, ya kojida por el trago, i sakó a don CHepe a bailar; León i Donato sakaron sus parejas, la otra muchacha me pidió ke bailáramos, yo no asepté y eya salió a bailar sin parejo. Yo los miraba perplejo, rrekostado a un arrume de leña. No sabía ké aser, mi Manual de Operasiones, kodifikado, desía ke por ningún motibo se podía poner en rriesgo la bida de personas distintas a los Kortina. I kon mi alma de enamorado, esas ermosas chikas estaban libres de ke yo isiera algo ke las lastimara. Eyas bien bestidas nunka antes abían ido a la tienda, i yo no rrekordaba aberlas bisto en ‘la playa’, kosa ke era mui posible pero ke debió pasar inadbertida porke la mayoría de las mujeres ermosas no iban a la tienda ni trataban kon migo.

Bailaron barios diskos segidos i después se sentaron todos. A poko rrato, León i Donato salieron a bailar, kada uno kon su pareja. Don CHepe sakó a la otra muchacha i doña Aurora se kedó sentada. Bailaron asta ke se akabaron los diskos del kasete. “Boltea el kasete Pío Inosente”, dijo don CHepe, kon la intensión de segir bailando. Pero doña Aurora se paró, agarró de una manga a la muchacha ke estaba bailando kon don CHepe, le dio un jalón i le dijo ke se fuera de ayí inmediatamente. Las tres muchachas enfilaron para irse, yo me apresuré a abrir la puerta para ke salieran, pero León i Donato kombensieron a las ke estaban kon eyos a ke se kedaran. Ensegida, doña Aurora, yorando, se enserró en su kuarto; don CHepe sigió tomando, los muchachos amanesieron bailando i mi plan frakasó.
 

El puerto de rresibo de leña kedaba komo a un kilómetro de ‘la playa’, rrío abajo, en un lugar donde el rrío era más angosto i no asía playa. En la práktika ese era el sitio donde se deskargaba la leña traída en la lancha La Alegría de los lugares de korte. Ayí se dejaba sekar i se iba yebando a la tienda, en la misma lancha, en la medida en ke la jente la kompraba para kosinar. Pegado al puerto abía un lote serkado kon maya alta de alambre, ke era el lugar donde se apilonaba la leña. En una eskina, a la oriya del rrío, el serkado tenía una puerta echa de la misma maya i adentro abía una kaseta kon techo de lata, serkada de tablas; ayí, en esa kaseta, se guardaba el kombustible i las kosas de la lancha. En frente del lote, en la oriya del rrío, de ese mismo lado abía un mueye de tablones. En ese lugar permanesía La Alegría, de noche o kuando no estaba trabajando.

En ‘la playa’ no abía mueye, las operasiones de karge o deskarge se asían poniendo andamios de madera, de la lancha a la playa, i de ayí se ponían tablas por ensima de la arena asta la subida del sótano de la tienda, i por ensima de esos parapetos se transportaba la karga en karretiyas de mano. Frente a la tienda, al otro lado del rrío, se formaba una playa grande i más ayá abía una barranka alta. La jente iso kuebas por debajo de esa barranka, ayí asían de komer i dormían, i práktikamente ayí era donde bibía toda la jente de Tierra Sana.

De un lado a otro el rrío lo pasaban en una tarabita. La kresiente del rrío nunka subía asta el sótano de la tienda, pero las kuebas de la barranka sí las inundaba a beses. Kuando eso okurría, todos salían para las kasas ke tenían en el pueblo, i asían desorden en el punto de yegada de la tarabita. Don CHepe, para poner orden, amarraba la tarabita del lado de la tienda i no la soltaba asta kuando isieran una fila ordenada.

Era nesesario mantener engrasados los kables de la tarabita, don CHepe daba la grasa i ese trabajo asía parte de mi tarea todos los lunes.

El primer lunes después de la fiesta de nabidad, por estar pensando en lo mal ke me abían salido las kosas, en bes de grasa yebé aseite lubrikante para engrasar los kables de la tarabita. Por ese error tube ke rregresar a la tienda a dejar el lubrikante i yebar la grasa. Al yegar les ekspliké mi faya a mis patrones. Don CHepe no le dio importansia al asunto, pero doña Aurora lo aprobechó para insultar a su marido. Dijo: “A Pío Inosente también lo embobaron las sorritas, la noche de la fiesta. Desde entonses anda lelo, lo  ke le falta es ke able sólo i se le salgan las babas komo le está okurriendo a CHepe”.

Dejé el aseite lubrikante, tomé la grasa i no dije nada; era berdad ke no me sentía bien. Pero las muchachas no me preokupaban en absoluto. Mi problema era ke todabía eyos estaban bibos i no enkontraba la forma de eliminarlos.

En esos días, don CHepe soportó sumiso las segidas kantaletas ke le dio doña Aurora “por aberse embobado kon la sorrita esa”, la noche de la fiesta. En una de esas kantaletas, doña Aurora dijo: “La noche de año nuebo bamos a aser otra fiesta pero no akí en la tienda. Para ebitar jodones i sorritas, aremos la fiesta a bordo de La Alegría, en la mitad del rrío. I para ebitar una mala ora, es nesesario serkar la lancha. CHepe dise ke kon tablas, pero está asiendo mucho kalor, me parese ke es mejor kon listones, palos o lo ke sea, ke permita bentilasión”. Don CHepe agregó: “Ponte las pilas Pío Inosente, tienes ke aser ese trabajo lo antes posible”.

Me alegró i me animó mucho ese anunsio. Pensando en un nuebo plan fui a darle un bistaso a la lancha. Kedaba poko tiempo, i al analisar las kosas rresultó ke abía buena madera pero faltaban erramientas. Ensegida empesé a trabajar i trabajé kasi kon las uñas, sin deskansar, día i noche, asta terminar la tarea. La lancha kedó konbertida en algo paresido a una jaula apta para enserrar leones. Le ise una sola puerta i le puse un pasador kon oreja, kon el kual la dejé lista para ponerle kandado por fuera.

En la kasa de mis patrones, la situasión era un poko konfusa, eyos no abían podido ponerse de akuerdo en kuanto al funsionamiento de la tienda, la noche de la fiesta. Don CHepe kería dejarme atendiéndola porke ubo muchas kejas de la jente por el sierre de la fiesta anterior.

El propio jefe de Tierra Sana era el kapitán Uarner, don CHepe era su segundo i asía todo lo posible para ebitar kejas en su kontra, pero doña Aurora i sus ijos no se preokupaban por los problemas de mi patrón. Para esta okasión, doña Aurora era partidaria de ponerle kandado a la tienda i ke yo me kedara afuera kuidándola i pendiente de eyos, por sí nesesitaban algo. Eya sujería ke para tal kaso debería tener disponible una kanoa, i eyos arían señas kon una linterna de pilas si se asía nesesario ke yo fuera a la lancha. Pero a don CHepe no le gustaba esa idea; para ebitar reklamos de la jente, él kería dejarme atendiendo la tienda, i por eso surjió un enrredo familiar en el ke todos diskutían i no se ponían de akuerdo.

Mi nuebo plan era ligarles la bebida kon Bino Májiko i kuando kedaran rrendidos aser undir la lancha kon eyos adentro. En ese sentido las kosas marchaban bien, doña Aurora abía dicho ke por ningún motibo aseptaría ‘sorritas’ en la lancha.

A las sinko de la tarde del último día de ese año todo estaba listo para la fiesta. Los Kortina se abían puesto rropa nueba de kolor amariyo poyito, para la buena suerte, según las eksplikasiones de doña Aurora, i yo tenía puesta la kamisa de seda ke eyos me abían dado de aginaldo.

Los Kortina eran un poko deskonfiados i mui desordenados; tenían la kostumbre de dejar las kosas en kualkier parte i después no las enkontraban i tenía yo ke ayudarles a buskarlas. Las puertas de las abitasiones en bes de chapas tenían mekanismos para kandado, yo abía aprobechado sus deskuidos i tenía en mi poder yabes de todas las puertas, inkluidas las de los kandados de sus kuartos.

Ese día, kuando estaban listos para salir, inesperadamente se komplikaron las kosas. Donato dijo ke no kería ir a esa fiesta porke sin pareja no pagaba la enserrada en esa lancha. León abló a fabor de su ermano. Usando términos de su madre dijo: “sólo pedimos ke nos dejen yebar las dos sorritas de nosotros. Nos komprometemos a no yebar sorrita ekstra ni a nadie más”. – “Mala kosa kedarme yo sin mi sorrita”, agregó don CHepe, sin ke eskuchara doña Aurora. Pero doña Aurora no kambió sus pretensiones. Argumentó ke eya abía pasado la nabidad, enserrada, yorando en su kuarto, mientras eyos gosaron la fiesta. I ke año nuebo era una fecha espesial “ke se debe pasar en familia, i sin sorritas”.

Esa tarde, tras muchos alegatos familiares de los Kortina salimos asia el mueye. Los muchachos, kansados de rrogar, pusieron kara de rresignasión i ya kasi se estaba poniendo el sol kuando subieron todos a la lancha.

¡Esto parese una pesebrera. Yo no me imajinaba ke Pío Inosente supiera tanto de karpintería!, dijo doña Aurora, sorprendida, al ber el serkado ke yo le abía echo a la lancha. “Suelta la lancha Pío Inosente”, dijo don CHepe, para ke yo soltara los káñamos ke sujetaban La Alegría.

Se fueron rrío abajo, yo me kedé parado en el mueye, mirando la ida de la lancha i pensando si sería la última bes ke la bería nabegando. Kuando los perdí de bista me fui, pasé por ‘la playa’ i segí por un kamino ke iba por la oriya del rrío, asia arriba, en sentido kontrario al ke eyos abían tomado.

Antes de oskureser salió la luna. Iluminaba todo el oriente i se beía grandota pegada a la arena del desierto. La noche empesó ermosa, apropiada para aser una kansión, pero mi espíritu en bes de grasia tenía odio. Yegé a una enrramada techada kon palmas de koko. Ayí abía barias kanoas dañadas, abandonadas. Me akosté boka arriba en una kanoa ke estaba boka abajo. Akostado me puse a mirar las estreyas i a pensar en mi bida. El destino, todo el tiempo, me abía tratado kon duresa. Aora estaba metido en la duda de saber sí matar a los Kortina sería un mal nesesario. Desde mi punto de bista, eyos eran esklabistas i perbersos, i meresían ser kastigados pero ayí no abía lei ke isiera justisia i el úniko modo de kastigarlos i korrejir el flajelo era el ke yo estaba a punto de aplikar. En ese momento, me ubiera gustado tener un amigo para konsultarle su opinión aserka de ese asunto.

Metido en ese pensamiento, sin darme kuenta pasó el tiempo, de rrepente bi ke la luna abía subido kasi medio sielo. Me lebanté de la kanoa i rregresé por el mismo kamino. Kuando iba yegando a ‘la playa’ oí la gritería de ¡Felís Año! de la jente. Apuré el paso, yegé a ‘la playa’ i les dí el felís año a todos los ke pude. Kería ke toda la jente me biera i ke supiera ke los Kortina se abían ido sólos.

Todos los días kompletamos una buelta alrrededor del sol. La tierra yeba miyones de años dándole bueltas al sol. Para mí una buelta más no era rrasón para aser fiesta. Pero es komún ke, por ser día de año nuebo, la jente aga fiesta i pierda el kontrol de las kosas. En ese momento yo aprobeché el despelote total ke abía en ‘la playa’, i, sin ke nadie me biera, kon las yabes ke tenía abrí la puerta de la tienda, entré, prendí una bela, saké una boteya de rron i me tomé un buen trago. Ensegida, desenterré las dos garrafas de Bino Májiko, salí kon eyas i me yebé también la boteya empesada de rron. Para ke nadie me biera me fui por ensima del sótano, salí al desierto i segí en direksión rrío abajo, asia donde se abían ido los Kortina.

Tal bes por el lío ke tubieron antes de irse, los Kortina no me asignaron ninguna tarea. Mis patrones se fueron mui alterados por los problemas ke abían tenido antes de la partida i ni sikiera me rrekomendaron ke kuidara la tienda.

Desde mucho antes de yo yegar a Tierra Sana, el kapitán Uarner les daba las kanoas a los peskadores del pueblo. No se las kobraba, la kondisión era ke kon eyas no podían aser leña, i ke kuando no estubieran peskando las amarraran en un pekeño puerto ke abía serka del mueye leñero. A ese lugar yegé yo, esa noche, kon las dos garrafas de Bino Májiko. En ese momento, la boteya de rron iba kasi por la mitad. Dejé el rron, puse las garrafas en una kanoa, la solté i, rremando, me fui rrío abajo. Lejos beía la lus i oía la músika en La Alegría. Mi plan era subir a la lancha, kon el preteksto de darles el felís año a los Kortina. Pensaba dejar el Bino Májiko en la kanoa, i después, kuando pudiera, lo subiría a la lancha i ligaría kon él lo ke eyos estubieran tomando. Kon anterioridad, abía enkaletado en la lancha un kandado para ponerlo en la puerta, i barias erramientas para rromper el kasko de la lancha, para ke la nabe se undiera kon eyos enserrados adentro.

En total silensio i asiendo todo lo posible para ke los Kortina no me bieran, aserké la kanoa asta ke la pegé kon la lancha i pasé el káñamo por detrás de un listón para asegurarla. Kuando la estaba amarrando me kayó en la espalda un chorro de líkido kaliente, i ensegida oí la bos de don CHepe ke dijo: “¡Karajo Pío Inosente. Kasi ke te meo!”, luego miró la kanoa i agregó: “¿Ké es eso ke traes ayí?” Le dí el felís año i añadí ke eso era algo mui espesial ke les traía de aginaldo. Le entregé las garrafas, me labé la espalda, subí a la lancha, ke aora paresía una pesebrera, i ayí me topé kon toda la familia de mi patrón, tomando uiski. Les dí el felís año a todos, doña Aurora dijo: “Pio Inosente: Pareses un poyo rremojado i ueles a miao de burro”.

Don CHepe pidió ke isieran silensio, luego dijo: “Bueno… yo nunka e tomado de esta jodida kosa. Ese biejo loko nunka kiso darme ni benderme su famoso menjurje; ¡aora kiero ke todos brindemos kon esto!”, i kon las dos manos lebantó una garrafa. Todos aplaudieron asiendo buya. Mi patrón puso el rresipiente en la mesa donde tenían sus bebidas i trató de darle buelta a la tapa para destapar la garrafa, la tapa jiró i abrió sola. La kosa empesó a erbir. Don CHepe miró la tapa i dijo: “Esta joda debe ser buena; tiene una tapa mui sofistikada.” Ensegida yenó los kuatro basos ke estaban usando, kada kien tomó el suyo, los lebantaron, luego los juntaron, brindaron i bebieron segido.

Yo me abía kedado parado, apoyado en un atrabesaño del korral de la lancha, mirándolos a eyos i asia ‘la playa’. Pokos metros me separaban de la mesa donde estaba el grupo familiar, pero de pronto empesaron a ablar de maldades ke kerían aser i de kosas tan íntimas ke fue fásil darme kuenta ke no me beían ni se akordaban ke yo estaba ayí. Tenían planeado matar al kapitán Uarner i diskutían la forma de konsegir kómplises entre los tripulantes de su lancha. Doña Aurora dijo ke la mejor manera de konsegir esos aliados era pagándoles kon muchachas bonitas de Tierra Sana. Añadió ke, además, ese modo de pago podía ser el komienso de la benta de muchachas, negosio ke abía sido proibido por el kapitán Uarner, i ke, según eya, los perjudikaba a eyos i a las muchachas de Tierra Sana. I ke, por eso, abía ke matarlo.

A mí también abían desidido matarme, inklusibe, ya debía estar muerto, la únika rrasón para estar bibo era el trabajo ke yo rrealisaba, ya ke doña Aurora no kería ke sus ijos tubieran ke aser mis tareas. En esa diskusión kedó klaro ke no abían podido konsegir el rremplaso mío i ke por eso no abían usado el beneno de rratas ke desde asía tiempo tenían para eliminarme. La diskusión más fuerte de doña Aurora kon don CHepe fue por la manera de desaserse de los kadáberes de nosostros. En ese alegato, don CHepe dijo: “Yo no me buelbo a joder enterrando jente en el desierto, de aora en adelante los meto en un sako kon piedras i los tiro al rrío”. Doña Aurora, enojada, rrespondió: “Eso, ni de bainas. Yo no boi a komer peskado kontaminado de los kadáberes del kapitán Uarner o de Pío Inosente. Kieras o no, tienes ke enterrarlos en el desierto”.

En ese momento, don CHepe kayó desmayado, sus ijos i doña Aurora se pararon a auksiliarlo, pero eyos también kayeron, todos a la bes. Sus kuerpos kedaron tendidos boka arriba, al lado de la mesa, lusiendo una muerte trankila. Yo me abía kedado eskuchando, kasi sin mirarlos. Kuando kayeron, en bes de alegría me dio miedo. Por lo ke abía oido abía desidido irme de Tierra Sana i no tenía ganas de matarlos. En el momento kise morirme, kontento, komo estaban eyos. Fui a la mesa, lebanté la garrafa, kedaba un pokito de bino en esa i la otra garrafa estaba intakta. Me tomé todo el pokito de un solo trago. Me senté donde estaban los Kortina, apoyé los kodos en la mesa i kon las manos sostenía mi kabesa tapándome los ojos para esperar la muerte sin mirarlos a eyos. Pero ni mis manos ni nada podía tapar los ojos de mi espíritu. Segía biéndolos i beía ke el destino de kada uno de eyos tenía barios kaminos i ke todos yegaban a la misma oskuridad.

De rrepente bi ke mi alma estaba susia i mi mente kedó en blanko. Lebanté la kabesa, abrí los ojos, miré a mi alrrededor i lo ke bi era espantoso. Los Kortina abían kresido i engordado enormemente. Por el peso de eyos la lancha se abía ladeado i se estaba undiendo. El agua estaba entrando kon fuersa por ese lado. Salí korriendo, serré la puerta i le puse kandado, di la buelta, solté la kanoa, me monté a eya i rremé rrápido para yegar a la oriya. Kuando yegé a tierra ya La Alegría se abía undido.

Abía komo medio kilómetro desde el lugar donde yegé a tierra asta el puesto de las kanoas. La luna estaba klara, perfektamente podía ber el rrío, no tenía duda de ke La Alegría se abía undido. Me fui kaminando por la oriya del rrío, jalando la kanoa por el agua i así la yebé asta el sitio donde la abía ankontrado. Ayí dejé las kosas tal komo las abía enkontrado, rrekuperé la boteya de rron ke abía dejado, me tomé un trago i segí para la tienda. Ya era kasi de día pero por ser día de año nuebo, ‘la playa’ estaba yena de jente tomando i abía borrachos tirados por todas partes. Sin dejarme ber entré a la tienda, fui a mi kuarto, prendí una bela, me kambié de rropa, tomé las yabes i abrí el kuarto de los Kortina. El piso era de baldosas finas, las paredes de material, pintadas de blanko. Por dentro, la abitasión era mucho más grande i kómoda de lo ke yo me abía imajinado, en eya abía una kama grande, elegantemente tendida. En una eskina abía un eskaparate de dos puertas; en las paredes i en la abitasión abía adornos i muebles para dibersas kosas. En un rrinkón abía un altar kon una bela ensendida. Ayí abía barias figuras rrelijiosas i dos yabes; tomé las yabes, eran las de las puertas del eskaparate. RRebisé kon kuidado, sin afán, sabía ke podía tomarme el tiempo ke nesesitara. En el primero i úniko ke rrebisé enkontré rropa i kosas normales de un matrimonio, i dos maletas medianas rrepletas de dinero. Eso era lo ke yo buskaba, pero no en esa kantidad. Tenía pensado tomar una kantidad de dinero ke me alkansara para bibir tres meses en la siudad, mientras konsigiera empleo. Abía pensado marcharme en la lancha de los kontrabandistas, ya ke Perisia, la lancha de Uarner, biajaba del eksterior i yo no tenía dokumentos para salir del país.

La kantidad de dinero ke abía en las dos balijas era kasi una fortuna. Saké una de las dos maletas, ise un oyo i la enterré abajo de la leña, dejé la otra komo estaba, puse las kosas komo las abía enkontrado, serré todo i me akosté en mi kuarto. No pude dormir, a poko rrato me lebanté, salí de la tienda, era kasi medio día, el día estaba nublado, soplaba una brisa freska, no asía kalor. Bi que en el rrío abía mucha jente bañándose i akostada en la arena. Para ke no me vieran pasé ‘la playa’ por ensima de la oriya del rrío i yegé al mueye leñero. Ayí todo estaba tasiturno. En la oriya del rrío abía una kanoa bieja, abandonada. La jalé asta la kaseta, la puse boka abajo, la limpié i me akosté boka arriba en eya. Dormí un buen rrato en la kanoa, kuando desperté ya era kasi de noche. Me labé la kara  en el rrío i me fui para ‘la playa’. Ayí la jente estaba esperando ke abrieran la tienda, la mayoría nesesitaba peskado para komer esa tarde. Kuando yegé me rrodearon, preguntándome a ké ora íbamos a abrir la tienda; yo les ekspliké ke ni sikiera sabía dónde estaban los Kortina. La jente sabía ke eyos se abían ido de fiesta en su lancha, dije ke eso era también lo úniko ke yo sabía de mis patrones.

Don CHepe i sus ijos eran las únikas personas de ayí ke sabían pilotear la lancha. Según desían los leñeros, eyos eran ekspertos nabegantes i konosían mui bien el rrío. Asta esa ora la jente no sospechaba nada malo aserka de la demora de mis patrones, los Kortina abían echo saber ke kerían aser su fiesta solos i ke yo me kedaría kuidando la tienda, serrada. Poko después, debido a ke la tienda estaba serrada, la mayoría de la jente pasó el rrío en la tarabita i se  fue para las kuebas. El rresto de abitantes se fue para sus kasas en Tierra Sana.

Por orden de don CHepe, la tarabita debía permaneser del lado del rrío de la tienda. Si se usaba para krusar el rrío era indispensable ke algien la rregresara ensegida. Esa tarde, kuando bi el gran flujo de jente pasando en la tarabita, me puse de tarabitero. La jente iso kola, rrápidamente los pasé a todos i después me kedé sentado en la kabesera de la tarabita, del lado de la tienda, esperando por si yegaba más jente a krusar el rrío.

En esa époka, toda la jente de Tierra Sana era rrelatibamente joben. Algunas personas me abían kontado ke El Bendedor de Ilusiones, en un bolkán de la bida, les abía mostrado lo malo ke era rrobar i por eso nadie rrobaba. Yo no estaba preokupado porke fueran a rrobar en la tienda, no tenía ambre, la jente krusando el rrío en la tarabita me abía dado komida, pero me sentía triste i solo. Estaba oskuresiendo; me kedé un rrato mirando las pokas personas ke kedaban en ‘la playa’, todas lejos de donde yo estaba i todas se fueron rrumbo al pueblo. Oskuresió rrápido, no abía luna ni señas de ke fuera a salir. Soplaba una brisa elada, i por la soledad i la oskuridad todos los kontornos se beían paborosos. Me subí a la tarabita, la rrodé asta la oriya donde empesaba el agua del rrío, la trabé en ese lugar i me kedé en eya toda la noche. Sin aberlo pensado kreo ke elejí el mejor lugar para pasar la noche. La tarabita estaba serkada i techada kon karpa, no sentí tanto frío i pude dormir bastante. Ya kasi amanesiendo, la jente empesó a silbar para ke yebara la tarabita, yo la destrabé i, nuebamente, me puse de tarabitero.

Esa mañana la jente tomó en serio la desaparisión de los Kortina. Todos desían ke, por lo rresponsable ke era don Chepe, nada justifikaba la demora de eyos.

Los kortadores de leña eran las personas ke más konosían el rrío i la lancha, i ninguno de eyos kreía ke La Alegría se ubiera undido sin karga i kon el rrío bajito, ni mucho menos ke se ubieran aogado los Kortina, siendo eyos tan buenos nadadores. Kreían ke lo más probable era ke, por alguna rrasón, se abían ido mui lejos rrío abajo i kisá estaban barados por kombustible o por kualkier otra kosa. La esperansa de saber de eyos era ke la lancha del kapitán Uarner en kualkier momento podía yegar, ya ke, de akuerdo a su rrutina, su yegada estaba atrasada. Según los leñeros, los daños de La Alegría eran frekuentes i beían muí posible ke la lancha se ubiera barado i ke los Kortina estubieran esperando la nabe de Uarner para ke los rremolkara. Así se podía justifikar esa demora, pero kon eso no se arreglaba la krisis del pueblo por la ausensia de don CHepe, ke era el eje de todas las aktibidades de Tierra Sana. La mayoría de la jente no tenía sal, los peskadores i los leñeros no sabían a ké atenerse, toda la poblasión kería ke yo abriera la tienda i ke solusionara los problemas laborales. Akosado por la jente, les dije a los peskadores ke se fueran a peskar; ke si don CHepe no abía aparesido kuando eyos rregresaran, yo les rresibiría el peskado. I, kon la misma kondisión, los leñeros también se fueron a su trabajo.

Para poner en marcha el rresto de las aktibidades del pueblo, pedí un boluntario para ke me ayudara. Maño, un muchacho ke kortaba leña, se kedó konmigo.

En esa époka, Tierra Sana era un pueblo en el ke no abía gobierno, ni iglesia ni autoridad ke lo administrara. El kapitán Uarner era komo un rrei ke no gobernaba ni trataba kon el pueblo en forma direkta sino ke lo poko ke asía prefería aserlo por intermedio de don CHepe, ke era akí su úniko ombre de konfiansa. En la práktika, la únika entidad ke era rrekonosida por toda la poblasión de Tierra Sana era el Onorable Konsejo de Ekspertas en Birjinidad, aunke sus integrantes eran más konosidas komo ‘las Toka Koños’.

Esa mañana, en la entrada de la tienda abía una gran kantidad de mujeres i niños esperando ke abrieran; nadie tenía sal i por eso no podían kosinar. La jente estaba akostumbrada a traer una totuma para yebar la sal. Ese día, todos usaban las totumas de la sal para protejerse del sol, ke a medida ke abansaba la mañana se iba poniendo insoportable.

Una puerta de aluminio, desmontable, serraba la entrada del sótano. De ayí segían arrumes de leña i al lado de la puerta de la tienda se arrumaba la sal. Las demás kosas estaban en el depósito i en la tienda, ke eran dos dibisiones ke ambas tenían puerta i ke estaban kon kandado ese día.

Kejándose por tanto tiempo de espera, una mujer dijo ke yo tenía yabe; ke eya el día anterior me abía bisto salir de la tienda i serrando el kandado kon la yabe; ke debería benderles sal ke era lo ke más nesesitaban todos. Ekspliké ke don CHepe sí me abía dejado la yabe de la puerta desmontable, para ke yo pudiera entrar a mi kuarto, pero ke la orden de mi patrón era ke permanesiera afuera i ke no bendiera nada. Afortunadamente yo konosía esa yabe i sin ke me bieran pude separarla de las otras. Dije ke isieran una kola, primero las niñas, luego los niños, después las personas en orden del tamaño de las totumas de pekeñas a grandes.

Ya la kantidad de jente era enorme, no ubo keja porke las niñas i niños fueran primero, pero muchas señoras sí se kejaban porke abían traido una enorme totuma i solo tenían para komprar media libra de sal. Éstas se silensiaron kuando ekspliké ke la sal sería gratis i ke les daría kuatro libras a kienes abían yebado totuma grande.

Don CHepe tenía la kostumbre de medir la sal kon totumas de media libra, una libra i dos libras. Kreo ke esas totumas asían más de esa kantidad pero así era la rregla. Kon la yabe abrí la puerta desmontable i a la fuersa abrí los dos kandados de la tienda, i ensegida puse a Maño a rrepartir la sal, mientras yo kontrolaba el orden i eksplikaba ke nesesitaba a las damas del Onorable Konsejo, para aser un inbentario de las demás kosas para aserme rresponsable de la tienda i benderles asta kuando yegara don CHepe. Poko después, dos muchachas boluntarias fueron a buskar a las damas i la informasión ke me dieron al rregresar fue presisa: Tres ‘tokakoños’ podían benir kuando se desokuparan, las otras dos abían amanesido tomando i era mejor no kontar kon eyas.

I así fue, las tres damas yegaron poko después. Kuando Maño terminó de rrepartir la sal, ya eyas estaban esperando i ablando konmigo, sentadas en la leña. No estaban trasnochadas, me kontaron ke abían pasado la noche en las kuebas i ke sus otras dos kolegas se abían ido de rrumba la tarde anterior para Tierra Sana. Para yenar el basío de las dos damas ke faltaban, le dije a Maño ke fuera a las kuebas i me trajera un boluntario ke kisiera ser testigo en el inbentario. Maño fue i no demoró en rregresar akompañado de José RRifles, un negro ke tenía kasi dos metros de estatura. Kon eyos dos i las tres damas formé mi ekipo de trabajo. Aunke ninguno de eyos sabía aser inbentario ni tenía idea de para ké serbiría ese trabajo, todos tenían aktitud positiba i kerían kolaborarme, i eso era lo ke yo nesesitaba pues no iba a aser un inbentario kompleto sino ke mi propósito era lejitimar mis funsiones en la tienda.

Aser un inbentario de todo el peskado ke abía era mui difísil, porque el depósito era sumamente grande i estaba kasi yeno. Además, por ser de kalidades distintas, el peskado no debía rrebolberse, i por eso en ese kuarto frío abía tres tankes grandes ke eran; uno para guardar ielo, otro para konserbar el peskado de konsumo lokal, o sea el de bender en la tienda; i el último, según don CHepe, era para peskado de ‘eksportasión’. Ese peskado de ’eksportasión’ era de mayor tamaño i de mejor sabor, i don CHepe lo pagaba a mejor presio porke los peskadores, para kapturarlo, tenían ke ir a las siénagas de El Dilubio i Martinika; luego don CHepe se lo bendía al señor Sinesio, el dueño de la lancha ke traía sal, ielo i belas; i, en menor kantidad, a los kontrabandistas.

Ese día, en el tanke de eksportasión kisá abía más de sinkuenta toneladas de peskado, i el tanke de konsumo lokal estaba kasi yeno. Dejamos el peskado de los tankes komo estaba i nos pusimos a kontar lo ke abía en la piesa donde se guardaban las belas, el likor i los sigarriyos. El konteo fue fásil, las kajas estaban bien ordenadas. Enkontramos barias kosas ke no se bendían en la tienda komo arrós, asúkar, aseite de kosina, golosinas i útiles de aseo. Todas esas kosas las enkargaba doña Aurora, ke no podía bibir sin komer arrós todos los días.

En esa piesa asía mucho frío, estando ayí las damas dijeron ke tenían ambre i kuando salimos de ese kuarto prendimos la chimenea i, mientras Maño i José RRifles kontaban la leña ke abía en la tienda, las damas i yo kosinamos.

La puerta del sótano estaba serrada, la jente tokaba de segido pidiendo ke le bendiera peskado. Komimos de afán i ensegida nos pusimos a inbentariar lo ke abía en la tienda. Debido a ke no enkontramos papel, isimos el inbentario en un kartón de sigarriyos. José RRifles era sumamente torpe, en la tienda tropesó i rrompió barias boteyas de rron i kon sus patotas aplastó un poko de paketes de belas. Era un jigante, komo si fuera un papel lebantó, para pesarla, una kaneka kon peskado ke abía en la tienda. El tanke pesaba más de sien kilos, i ese fue el úniko peskado ke puse en el inbentario. El inbentario, por dibersas rrasones kedó kon borrones, pobre i malecho; lo firmaron las damas i Maño; José RRifles no sabía firmar. Yo firmé de último. Kuando finalisamos el inbentario, de presente les rregalé una boteya de rron a kada uno de mis kolaboradores. Maño no tomó, trabajó konmigo toda la tarde. Poko después, la tienda empesó a funsionar. Abisamos ke el orario de la tienda sería de seis de la mañana a ocho de la noche, i ke el peskado lo rresibiría en la tienda en ese mismo orario i que el balor lo pagaría todo en efektibo.

El kuatro de enero, o sea kuatro días después de la desaparisión de los kortina, ya en Tierra Sana todo funsionaba normal i nadie se preokupaba por los Kortina. Ese día, por la tarde, organisé una komisión de seis ombres, en dos kanoas, para ke salieran al amaneser del día sigiente, a buskar a los Kortina. Para estimularlos les pagé por adelantado i les dí probisiones para dos días. En kada kanoa irían tres ombres, rrío abajo, rrebisando todo, debiendo rregresar por la tarde del día sigiente.        

Don CHepe, en la tienda, tenía una mesita kon dos kajones para guardar la plata de las bentas. De noche, kuando yo lo rreemplasaba, dejaba sin yabe el kajón de arriba i asegurado kon yabe el kajón de abajo. Así estaban esos kajones el día del inbentario. Los kuartos de los Kortina i el kajón que estaba kon yabe no fueron abiertos el día ke isimos el inbentario, pues en ese momento se suponía ke eyos rregresarían i no era nesesario tokar sus kosas personales.

La noche sigiente del día de la salida de la komisión, muchas personas estaban preokupadas por la suerte de los ombres ke abían salido a buskar a los Kortina. El temor era porke los peskadores siempre peskaban asia arriba, i ninguno de eyos konosía el rrío asia abajo. Todos desían ke la peska era mejor asia arriba i aseguraban ke el rrío, asia abajo, en muchos lugares tenía partes sumamente peligrosas.

Kon frekuensia, los peskadores eksajeraban las kosas. Esa noche un peskador dijo ke abía bisto un tronko de un árbol entero, de más de sien metros, bajando por el rrío; ensegida otro peskador aseguró ke tratando de amarrar ese tronko a un árbol se le abía undido su kanoa.

Los lugareños preokupados estaban amontonados en la bajada del sótano, Maño les abisó ke íbamos a serrar la tienda, ensegida barios isieron kompras de rron i se marcharon, mi ayudante se fue i yo serré la tienda. Poko después, por kuriosidad abrí el kajón de abajo de la mesita. Ayí enkontré dos fajos de kuentas echas en kartones de sigarriyos; al fondo, ensima del kartón kon la kuenta de la likidasión mía ke me abía mostrado doña Aurora, abía un rrebólber kalibre 38 largo. Lebanté el arma, la eksaminé, en los orifisios tenía sus seis kartuchos i estaba limpia i en buen estado.

Yo dormía en la tarabita i estaba alistándome para salir, en ese momento la jente empesó a tokar la puerta i afuera se oía mucha buya; por prekausión me metí el rrebólber en la pretina del pantalón i salí  a ber ké pasaba. En la puerta estaba Maño kon barias personas. “Biene la lancha”, dijo Maño, kuando me bio en la puerta. Abrí, salí i bi la nabe de Uarner ke ya estaba yegando a ‘la playa’.

Perisia, la nabe del kapitán Uarner benía del mar i, supe yo poko después, ninguno de sus okupantes abía bisto rrastro de La Alegría ni de los Kortina, en todo el rrekorrido ke eyos abían echo por el rrío.

En el enkuentro de Uarner kon los ombres ke yo abía enbiado en komisión, eyos le kontaron de la desaparisión de los Kortina en su lancha, i él desidió subir sus kanoas a bordo i traerlos de rregreso a ‘la playa’. Esa noche, los ombres de la komisión fueron rresibidos komo auténtikos éroes. La fiesta de bienbenida duró toda la noche.

Antes de la muerte de los Kortina, kuando yegaba Perisia, don CHepe i doña Aurora subían a bordo, demoraban un poko i luego bajaban kargados de rregalos i kon una orden eskrita de deskargar toda la merkansía ke traía la nabe. Doña Aurora eksajeraba las buenas atensiones que le asían a bordo i lo bien ke pasaba el rrato, sentada en finos i kómodos muebles en un salón multikolor kon aire akondisionado en la lancha”.

-En este último punto hubo que suspender la lectura del manuscrito, debido a una estruendosa carcajada del capitán Warner. Nadie sabe la razón de esa carcajada, pero los habitantes de aquí aseguran que el capitán Warner con frecuencia suele reirse así de las paradojas que le ocurren a la gente. El juez dijo: “moderación por favor”, pero a Warner, que tiene aspecto de hombre lobo de mar, un poco calvo y barba plateada, pareció que no le importaron las palabras del juez y le dio rienda suelta a su carcajada. Llegada la calma, la lectura del manuscrito sigue así:

“Yo no tenía klaro lo ke aría el kapitán Uarner al no enkontrar a don CHepe en la tienda. Kuando yegó Perisia, komo era kostumbre, la jente puso los andamios ke serbían para soportar el puente ke se asía de la lancha a la playa, i kuando estubo listo el puente era difísil pasarlo porke en la kabesera de la playa abía mucha jente atenta a la información del personal ke benía en la lancha. I paresía ke en el pueblo nunka ubieran bisto a los ombres de la komisión; toda la jente kería berlos de serka i ablar kon eyos. El tumulto de jente iso boltear el puente i todos kayeron al agua, pero no okurrió kosa grabe, la jente ensegida arregló el puente porke el kapitán Uarner estaba esperando para bajar.

Nunka me gustó estar entre las multitudes, esperé a Uarner en tierra, nos saludamos i fue konmigo a la tienda. RResumido, rrápidamente le konté todo lo ke la jente sabía de la desaparisión de los Kortina. En la tienda le mostré el inbentario, lo miró unos pokos segundos i no dijo nada. Me pidió ke lo akompañara a la lancha para organisar las kosas en kompañía de su kontador. Fuimos, isimos barias kuentas, la plata ke yo tenía de la tienda no era nada si se komparaba kon la deuda ke don CHepe tenía kon Uarner. Él dijo ke no kreía ke ubiera algo de balor en el kuarto de don CHepe. Yo le ekspliké ke los Kortina sólo se abían yebado las kosas nesesarias para su fiesta i ke de eso estaba seguro porke yo mismo abía yebado todo. Bajamos de la lancha kon un tripulante ke yebaba erramientas para forsar los kandados de los kuartos de los Kortina.

La luna estaba klara pero Uarner yebaba prendida una potente lámpara de pilas, dijo ke les tenía mucho miedo a las kulebras, yo le konté ke el día de año nuebo abía eliminado un nido de kulebras mui peligrosas ke kasi me matan. Me preguntó ke en ké lugar las abía matado, le rrespondí ke serka al mueye leñero. Entramos a la tienda, señalé la puerta del kuarto de don CHepe, el tripulante forsó el kandado, abrió la puerta, miramos el eskaparate, Uarner le dijo al tripulante ke lo abriera, él abrió la primera puerta i ayí no abía nada de balor, abrió la otra i enkontró la maleta, la sakó i la abrió. Debido a la presión por la yenura de la maleta, barios fajos de biyetes kayeron al piso kuando el tripulante la abrió. Al ber ese montón de dinero, Uarner i su kontador kedaron mudos de la sorpresa. Luego, Uarner dijo: “Ké asemos aora”; el kontador rrespondió: “Kontemos esa plata”, i Uarner añadió: “Está bien, pero yebémosla a bordo”. Ayudé a serrar la maleta, me la puse en el ombro i salimos; dejé la tienda kon kandado.

Kuando subimos a la lancha entramos a una sala elegante kon buena lus i aire akondisionado; ayí abía un eskritorio i una mesa de juntas. Uarner ordenó basiar la maleta en la mesa pero, al basiarla, se iso un enorme arrume i barios fajos de biyetes kayeron al piso. Uarner los rrekojió i los puso en la mesa.

Antes de inisiar el konteo del dinero, el kontador trajo lasos de kaucho para atar los fajos, el tripulante de las erramientas no entró a la sala, kedamos los otros tres, ya era tarde de la noche i fue difísil kontar el dinero porke en los fajos abía biyetes de diferentes kantidades.

Primero klasifikamos el dinero en biyetes de igual balor, luego armamos fajos de un millón e isimos blokes de dies miyones i así kontamos toda la plata. Kuando terminamos era kasi de día. Aora la deuda de don CHepe no era nada si se komparaba kon la kantidad de dinero ke abía en la maleta. Uarner sakó la plata ke le debía don CHepe, sobró un monto enorme i el kontador lo guardó. Uarner ya estaba trankilo, tomó las kuentas ke abíamos echo i dijo ke iba a dormir un rrato i ke luego ablaríamos para desidir el rresto del asunto.

Don CHepe me tenía mui mal rreferensiado ante el señor Sinesio, i él le kreía todo a mi patrón i ebitaba kualkier trato konmigo. Debido a eso, yo abía desidido irme kon los kontrabandistas, aunke en su lancha ubiera sido más kómodo. Esa mañana, kuando bajé de Perisia, el señor Sinesio me estaba esperando sentado en la kabesera del puente. “¿Ké fue lo ke le pasó a don CHepe?”, preguntó él, sin saludarme. Yo lo saludé i le rrespondí ke desde la noche de año nuebo, toda la familia Kortina estaba desaparesida en su lancha.

El señor Sinesio me eksplikó ke don CHepe le debía todo el biaje anterior de belas i otras kosas ke le abían enkargado él i doña Aurora; le dije ke fuéramos a la tienda, para abrirla i ablar ayá. Maño ya abía organisado una kola, la jente estaba desesperada, no se abía adaptado al nuebo orario i protestaba. Kuando abrí, todos kerían komprar peskado i leña. Puse a Maño a despachar el peskado, él lo ponía en el peso i yo desía kuanto balía. En la tienda no abía kon ké enbolber las kosas, la jente traía totuma para yebar el peskado i si no la traía se lo yebaba pelado en las manos. La leña la pagaban i eyos mismos la kojían de los arrrumes. Don CHepe no fiaba.

Mientras yo manejaba las kuentas de la tienda, el señor Sinesio me kontó ke tenía grandes difikultades ekonómikas; ke abía yegado kon la ilusión de ke don CHepe le pagara toda la deuda bieja i le abonara la mitad del balor del kargamento de belas ke le traía. Añadió ke por falta de dinero no abía podido traer todos los enkargos ke le abían echo los Kortina. I ke don CHepe no le pagaba el ielo, pero él tenía ke pagarle kon belas, sal o de kontado el peskado, antes de rresibirlo.

El señor Sinesio era un ombre sensiyo, kasi kampesino, maltratado del destino. Soltó una karkajada kuando yo le dije ke ese día le pagaría toda la deuda bieja i le kompraría de kontado la sal, las belas i el ielo, i ke le fiaría la mitad del peskado. “Don CHepe me dijo ke estaba mui nesesitado, yo también nesesito, por fabor ayúdeme”, rrogó él kreyendo ke yo no ablaba en serio.

En ese tiempo, la jente de Tierra Sana únikamente trabajaba de día. Kasi era una rregla ke la noche debía ser para rrumbiar, aser el amor i dormir un poko. Ese día se estaba asiendo tarde para deskargar i kargar la lancha del señor Sinesio. En ‘la playa’ los ombres estaban listos para empesar pero no podían porke abía mucha jente asiendo kola en la tienda i la multitud tapaba la entrada del depósito. No fue posible serrar la tienda i dedikarnos de yeno a la lancha; la jente no podía dejar sus kompras para después porke lo ke estaban komprando era para el almuerso de ese día. Era kostumbre dejar todo para último momento, la jente de akí no bibía al día sino al minuto.

Yo estaba kansado, tenía sueño, ambre i muchos kompromisos para kumplir ensegida, pero me sentía libre i animado. Kería arreglar las kosas i largarme lo antes posible de Tierra Sana. Aora pensaba que no sería nesesario esperar a los kontrabandistas i abía desidido irme en la lancha del señor Sinesio. El manejo de la tienda lo tendría que arreglar Uarner; Maño era trabajador i ordenado pero no era apropiado para manejarla porke no sabía sakar kuentas i no tenía la astusia rrequerida. Yo suponía ke Uarner le daría ese trabajo a alguno de sus ombres.

A medio día terminamos de atender la kola de jente i ensegida arrankamos kon duresa, i en poko tiempo deskargamos i kargamos la lancha del señor Sinesio. Kuando terminamos, el señor Sinesio i yo isimos las kuentas, i ensegida se las yebé al kapitán Uarner para ke él me diera la plata i rresibiera la tienda. Ya tenía el biaje arreglado i los sentimientos alterados por la maleta yena de dinero ke abía enterrado debajo de la leña. Bañándome, de afán, no abía podido dejar de pensar sí ayí abría una kantidad tan grande komo la ke abíamos enkontrado en la otra maleta.

Kuando subí a Perisia el kapitán Uarner me rresibió mui atento. Ordenó ke me dieran almuerso. Él kon su kontador rrebisaron las kuentas mientras yo almorsé. Luego de rrebisar las kuentas, Uarner me preguntó sí yo sabía si don CHepe tenía mas deudas. Le rrespondí ke no sabía nada en ese sentido.

“¿Don CHepe le kedó debiendo algo a usted?”, me interrogó el kontador, mientras empakaba en una bolsa el dinero del señor Sinesio. Komo rrespuesta, a Uarner i al kontador les konté mi istoria de trabajo kon los Kortina. Añadí ke asiendo el inbentario abía enkontrado el kartón de sigarriyos kon las kuentas ke me abía echo doña Aurora.

El kontador me entregó la bolsa kon el dinero de la kuenta, Uarner le ordenó a éste ke fuera konmigo a la tienda, trajera el kartón kon las kuentas de doña Aurora i ke isiera la likidasión mía. Ensegida salimos, yegamos a la tienda, ayí el señor Sinesio me estaba esperando; de inmediato le entregé el papel al kontador i luego la bolsa kon el dinero al señor Sinesio. El kontador, kuando iba saliendo, me dijo ke en media ora fuera a Perisia para pagarme mi likidasión.

Kuando yebé las kuentas, bi ke el kontador sakó el dinero del señor Sinesio de una kaja fuerte i ke la maleta ke abíamos yebado yena de biyetes estaba en la sala, y poko después el kapitán Uarner la apartó a un rrinkón, porque la balija lo inkomodaba, i por la forma de lebantarla me dí kuenta ke estaba basía. En ese momento yo dije ke esa maleta me podía serbir para guardar algunas kosas, el kapitán Uarner rrespondió: “Yébesela”, pero, kuando salí, a mí se me olbidó traer la maleta.

Asta ese momento abía tenido suerte, las kosas iban marchando mejor de lo ke yo esperaba, el señor Sinesio estaba mui kontento i agradesido konmigo; kuando le pagé kontó el dinero, poniendo los biyetes en un arrume de leña. Después, me dio las grasias i me preguntó sí ya estaba listo para irme kon él. Le rrespondí ke me esperara, ke no demoraba. Yo le abía eksplikado ke mi biaje era para una konsulta médika, porke tenía problemas de rrespirasión, i ke tan pronto pudiera rregresaría. En rrealidad no tenía ninguna enfermedad, pero ese kuento era biejo, el kapitán Uarner i todos en Tierra Sana lo sabían i mui seguramente lo kreían.

La media ora ke me pidió el kontador era el tiempo ke yo nesesitaba para terminar mi ekipaje. Le puse kandado a la puerta del sótano i desenterré la maleta. Maño estaba almorsando, yo le abía pagado su sueldo i le abía dicho ke deskansara dos oras, porke mis kompromisos no me permitían abrir la tienda antes de ese tiempo.

El kuarto donde yo dormía era pekeño, el piso era de tierra i sólo abía un kamarote biejo i maluko. La puerta se estaba kayendo, no abía forma de asegurarla ni por dentro ni por fuera, los Kortina desían ke ese kuarto les daba asko i ayí nunka entraban. Kuando entré kon la maleta yena de dinero, en mi kuarto no abía donde eskonderla. Ya la abía limpiado i no kería enterrarla de nuebo. De pronto kaí en kuenta ke la kosa era fásil. La maleta ke me abía rregalado Uarner era igual a ésta, i yo podía eskonderla en el kuarto de los muchachos i kuando saliera sakaría la yena de dinero komo si fuera la ke él me abía rregalado. Puse la maleta en el kamarote i fui a buskar la otra. Yebé el dinero de las bentas de la tienda, para entregárselo a Uarner, i aklarar las kosas i despedirme de él. Tenía lista la yabe para abrir el kuarto de los muchachos i abía pensado meter algunas kosas de eyos en la maleta ke estaba en la lancha, para no dejarla basía.

Perisia en rrealidad no era una lancha sino un barko pekeño. Don CHepe, kon frekuensia kontaba ke él abía trabajado mucho tiempo de mayordomo de Perisia, transportando automóbiles i elektrodoméstikos, de Japón a Panamá, i ke a beses yebaban lingotes de níkel, de Kartajena a Europa. Pero el kapitán Uarner kuando mensionaba su nabe prefería desir lancha en bes de barko i por eso todos desíamos lancha. Ese día, entre la tienda i Perisia abía un trayekto pekeño, pero entre los dos kontornos abía una diferensia enorme. En ‘la playa’ no abía nada nuebo ni se notaba ke kambiaran las kosas, paresía ke el olbido i el abandono ubieran konjelado el tiempo i ke este pedaso del mundo se abía kedado inerte. Al kontrario, a bordo de Perisia todo era sofistikado i moderno, se sentía la ebolusión.

Kuando entré a la sala de la nabe, el kontador me estaba esperando. Me pidió ke le dijera el número de mi sédula; se lo dikté, él lo ingresó en su komputador. El aparato imprimió una oja de papel, el kontador la despegó, la miró i me la entregó disiendo: “Esta es su likidasión señor Sedano, léala”. Leí la oja. Ayí aparesían mis datos personales i la rrelasión de una gruesa suma ke debía pagarme.  “¿Está de akuerdo kon esa likidasión señor Sedano?”, preguntó el kontador. Le rrespondí ke no abía problema, pero ke no entendía por ké estaban mis datos personales en su komputador. Me eksplikó ke los amerikanos abían komprado, ilegalmente, los datos personales i de identidad de los abitantes de barios países, entre eyos Kolombia, i ke una mafia interna de ese gobierno los abía bendido pirateados, por lo kual aora era rrelatibamente fásil komprar esos datos. Me entregó la suma de dinero ke aparesía en el papel i me dijo ke firmara abajo del eskrito. Yo firmé, le debolbí el papel i le entregé la plata de la tienda, kon los datos eskritos en un kartón de sigarriyos. Al rresibirlos dijo: “Esto es kon el kapitán, espere un momento”. Dejó el dinero i fue a traer a Uarner. Ensegida binieron los dos. “¿Kómo es la kosa?”, preguntó Uarner. Yo le ekspliké lo de la tienda i añadí ke kería aprobechar para irme kon el señor Sinesio. “Eso es imposible, la tienda no puede kedar sola”, eksplikó Uarner, preokupado.

Le rrekomendé a Maño. Agregé ke yo estaba enfermo i nesesitaba ir donde un médiko. RRespondió ke no podía rresibirme el dinero de la tienda porke no era suyo, ke abía ke esperar a don CHepe. Yamó al médiko de la lancha i le dijo  ke me eksaminara. El médiko me eksaminó i no enkontró daño en mi rrespirasión, yo le ekspliké ke el mal me daba de noche. El galeno empesó a preparar las kosa para ponerme una inyeksión, pero no asepté porke les tengo pabor. Uarner me pidió ke le dijera al señor Sinesio ke se fuera i ke me kedara para ke abláramos kon kalma el asunto de la tienda. Eso ise i, yebando más peskado ke nunka, la lancha del señor Sinesio se fue ensegida. Kuando bi salir la nabe kedé intrankilo, pensando en lo ke aría kon la gran kantidad de dinero ke tenía en la maleta.

En la lancha, kisá por el temor a la inyeksión, se me olbidó la maleta. Preokupado i kon mucho sueño yegé a la tienda, ya Maño abía rregresado, le dije ke fuera a Perisia a traer la maleta i ke le dijera a Uarner ke yo iría por la noche a ablar kon él. No demoró, yegó kon la maleta i un rremedio ke me mandó el médiko, yo estaba rresibiendo peskado, i me sentía un poko preokupado porke no abía tenido tiempo para enkaletar la maleta yena de dinero.

Ese día pagé el peskado de kontado i les ekspliké a los peskadores ke así sería el negosio konmigo. Todos kedaron kontentos kon la nueba forma de negosio, añadí ke podían komprar el rron ke kisieran i ke, dentro de poko tiempo, surtiría la tienda i les bendería muchas kosas. En ese momento yegó Uarner, le ekspliké el asunto del rron obligatorio ke, kon don CHepe, tenían ke rresibir komo parte de pago peskadores i leñeros, agregé ke kreía kombeniente bender más kosas i pagar leña i peskado en efektibo. Le ablé de la nesesidad de un kolejio i útiles eskolares. Uarner aplaudió i dijo: “Usted es el ombre para manejar esto. Akí no permitiré mas a ese biejo Kortina”. Luego de un korto silensio añadió: “Lo espero a bordo para ponernos de akuerdo”. Kisá porke bio ke yo estaba mui okupado, ensegida se despidió i se fue para su lancha.

Yo odiaba a los Kortina. A beses me asía el sordo para aserlos enfureser. Nunka les falté el rrespeto pero no les temía. Puede pareser inkreíble pero, ya estando muertos los Kortina, eyos segían siendo mi mayor problema en la tienda. Aora sí les tenía miedo a sus espíritus i, por eso, no era kapás de dormir en ningún kuarto de la tienda ni en el mueye leñero.

Una noche, por la buya ke asían en ‘la playa’, no pude kedarme dormido en la tarabita i kaminé de un lado a otro buskando donde dormir i fui a parar al mueye leñero. Luego de rrebisar el mueye, me akosté boka arriba en la kanoa ke estaba boka abajo, tenía mucho sueño i me dormí ensegida. Pero, a poko rrato de aberme akostado desperté kon una orrible pesadiya. En el sueño se me aparesieron los Kortina i me dieron un gran susto.

En la bida rreal, Don Chepe era gordito i bajito, i doña Aurora i sus hijos eran menos gordos y de estatura mediana. Pero, en el sueño de esa noche, los kuatro eran enormes, tal komo los bí undiéndose en la lancha. En ese sueño, Don CHepe aparesió furioso, sin kamisa, en forma kontinuada le salía por la boka una baba espumosa i le korría por su enorme barriga; mi patrón benía kaminando kon pasos de animal grande, yegó a donde yo estaba, me jaló de los pies i me dijo ke tenía ke entregarle toda su su plata. Yo estaba entumido, i mientras lo beía luchaba para lebantarme pero los miembros de mi kuerpo no me rrespondían. En esa lucha me kaí de la kanoa, i kon la kaída rrekuperé la fuersa, me paré i salí korriendo, kasi bolando yegé a la tarabita. Ayí pasé el rresto de la noche.

I en las noches sigientes, ayí era el úniko lugar donde podía dormir, el problema era ke la jente, kada rrato, me tiraba piedritas i pedasos de belas i me despertaban. No rrodaba la tarabita, komo me akonsejaban algunos, a la mitad del rrío donde no pudieran alkansarme kon el tiro de sus kosas, porke temía ke kuando estubiera dormido, don Chepe emerjiera del rrío i me sakara de ayí.

Eso nunka se lo dije a Uarner, pero era un gran motibo para yo no kerer kedarme kon la tienda. Esa noche, kuando ablamos, Uarner rresultó más deskomplikado de lo ke yo esperaba. Fue fásil ponernos de akuerdo en konstruir, lo más rrápido posible, un lokal amplio arriba de la oriya del rrío, kon una abitasión para mí, i ke ayí pondríamos una tienda bien surtida.

Por la mañana del día sigiente rrekorrimos el sektor i eskojimos el lugar para la nueba konstruksión, después bajamos a la tienda. Yo kería aklarar más el asunto del antiguo negosio, le dije a Uarner ke isiéramos un inbentario de las kosas de los Kortina. Él ordenó abrir el kuarto de los muchachos, yo abía metido ayí la maleta basía ke él me abía rregalado, Uarner iso ke la abrieran i la miró, lo demás no lo tokamos, kedó desordenado, komo estaba i fue anotado komo “rropa bieja”. Luego de ke firmamos el inbentario, akordamos segir ablando del negosio por la noche. Yo abía dormido en Perisia, el médiko estaba mui pendiente de mi mal de rrespirasión i para obserbarme iso que me kedara a bordo; no ayó problema, dijo ke el daño me lo kausaba el aire kontaminado del sótano i ke dormir en la tarabita también me podía afektar. Por esa rrasón, la konstruksión de mi abitasión empesó ensegida ke nos pusimos de akuerdo en el manejo de la tienda i de los kambios ke aríamos en Tierra Sana.

Uarner estaba mui animado. Me ekplikó ke tenía barios proyektos para rrealisar en Tierra Sana i ke kon don CHepe no abía podido aser nada porke él, además de inepto, era ekstranjero i no tenía dokumentos para trabajar en Kolombia.

-En este punto el juez ordenó suspender la lectura del manuscrito, dando por terminado este día de audiencia. Varios periodistas rodearon al capitán Warner cuando los guardias lo sacaban esposado. Le hicieron numerosas preguntas y no obtuvieron respuesta, él parecía tener la inmutabilidad de Dios.

Los habitantes de Tierra Sana consideran que es ridículo que le hayan adecuado una manija al ataúd del acusado, para ponerle esposas. Eso se hizo porque hay una ley nacional que exige que los detenidos, acusados de terrorismo o asesinato masivo, deben permanecer esposados durante las audiencias.

En este proceso, el difunto Pío Inocencio Sedano es acusado de cometer varios asesinatos y, por presentarse un vacío en el protocolo de seguridad por no estar esposado el acusado, el juez se vio obligado a consultar ese asunto a la Corte Suprema de Justicia. Luego de varias averiguaciones jurídicas, la respuesta fue que la ley no hace excepciones y que por lo tanto debe aplicarse igual sin tener en cuenta que los acusados estén vivos o muertos. Para solucionar ese asunto, el ingenioso juez hizo que le pusieran una manija al ataúd, y en las audiencias esposan el féretro a la muñeca de un guardia de seguridad. La gente de aquí dice que eso es ridículo y que el verdadero esposado es el guardia de seguridad. Todos sabemos que los más bandidos de este país están sueltos, pero, según los jueces, en esta nación las leyes hay que cumplirlas sin importar que la gente las considere absurdas o ridículas. Eso refleja la clase de justicia que tenemos los colombianos; ahora voy a descansar, mañana continuará la lectura del manuscrito.

Ya es otro día. El juez le ordenó al lector Cadena que continúe la lectura del manuscrito, empezando donde terminó ayer. El manuscrito sigue así:

“Ensegida, Uarner me enkargó de aser las dilijensias para konstruir un kolejio i una kapiya. Konbenimos dejar en silensio la desaparisión de los Kortina, él no kería ke las autoridades se enteraran del asunto, porke kreía ke una inbestigasíon podía jenerarles problemas de ekstranjería a los pobladores de Tierra Sana, detaye ke no le entendí i ke al preguntarle se puso nerbioso i me dijo ke después me eksplikaba ese tema.

 

En ese tiempo yo estaba mui okupado i tensionado debido a la muerte de los Kortina, el ajetreo de la tienda i la konstruksión del nuebo lokal. Para pensar i planear bien las kosas me iba kaminando por la oriya del rrío i yegaba asta el lugar donde se abía undido La Alegría. En una de esas kaminatas kaí en kuenta ke en Tierra Sana no abía sementerio, i empesé a preokuparme porke pensaba ke en kualkier momento los peskadores podían enkontrar La Alegría i rreskatar los kuerpos de los Kortina, i no ayaba una forma digna de terminar ese asunto si no se sepultaban sus kadáberes en un sementerio. Abía notado ke la jente tomaba en serio lo ke yo desía i todos me kolaboraban kon buena boluntad.

Estando en esas andansas desidí aser el sementerio. Le dije a Maño ke el domingo sigiente me rreuniera en la tienda la mayor kantidad posible de jente. La idea mía era rreunir un grupo grande de personas i proponerles ke entre todos isiéramos el sementerio.

Muchos abitantes de akí me abían dicho ke en Tierra Sana nunka abía muerto una persona, i aora me daba kuenta ke esta jente no pensaba en la muerte ni estaba interesada en konstruir sementerio. Me imajinaba ke kuando les isiera la propuesta me iban a rresponder ke no lo nesesitaban, i pensaba eksplikarles ke todos algún día teníamos ke morir i ke por eso era nesesario aser el sementerio.

Los ombres de Tierra Sana no sabían de konstruksión pero, después, todas las obras ke se rrealisaron fueron echas por trabajadores de akí, dirijidos por profesionales traídos por el señor Sinesio. Ese domingo, para la rreunión, la jente armó una tarima, el asunto empesaba a las kuatro de la tarde, i a medio día ya tenían todo preparado para aser una fiesta para selebrar la “notisia espesial” ke yo les iba a dar. A esa ora toda la jente de Tierra Sana estaba amontonada en ‘la playa’, pendiente del anunsio de una gran obra ke yo planeaba rrealisar, según les abía dicho Maño. La selebrasión era en grande, kon mucha alegría i optimismo espekulaban de la magnitud de mi proyekto. Nadie sabía de mi intensión de konstruir el sementerio i, por la esperansa ke tenían, ese día no kise defraudarlos,  a las kuatro de la tarde subí a la tarima, i en pokas palabras les anunsié ke kon dinero de Uarner i mano de obra de Tierra Sana konstruiríamos un kolejio i una kapiya; ke en la tienda abría de todo i ke teníamos otros proyektos grandes para rrealisar. No mensioné el sementerio, ise un diskurso brebe pero fue un gran éksito, la jente amanesió festejando las obras ke anunsié.


El pueblo, a los pokos días de eyos aber desaparesido, se olbidó de los Kortina, pero tres meses después de la desaparisión de don CHepe, las kosas en Tierra Sana eran mui distintas a komo él las abía dejado; la tienda tenía lokal nuebo, estaba surtida i progresando.

El komersio de peskado abía kresido i estaba organisado. No pagaba kon rron, pero las bentas de likor segían igual, tal bes mejor. Las rrumbas duraban menos tiempo pero a eyas iba mucho más jente. En ‘la playa’ ya abía lus eléktrika i ekipo de sonido.

En Tierra Sana abía empesado el desarrollo, pero entre Uarner i yo las rrelasiones abían kambiado i no andaban mui bien. Él se disgustó kuando supo ke yo abía echo públika la notisia del proyekto de konstruir el kolejio i la kapiya. Eso tenía planeado anunsiarlo él mismo i ponerle al kolejio el nombre de su abuelo. Yo le ekspliké lo ke pasó, pero me paresió ke él se sentía tumbado de imajen i popularidad. I las kosas empeoraron poko después kuando bio un enkargo de armas de fuego en la lista de kompras ke le entregé. “Esto no”, dijo en tono enojado i tachó ese enkargo.

Yo sakaba plata de la maleta i, sin desirle a nadie, abía empesado a konstruir mi propio sentro komersial al lado de la tienda. El señor Sinesio me traía los materiales, los ekipos i el personal espesialisado en esas labores. Kon Uarner segía negosiando en lo de siempre i kon muchas kosas para la tienda i la konstruksión, menos el semento porke salía mucho más barato el nasional; él me daba el dinero para komprarlo i para pagar la mano de obra del kolejio i la kapiya.

En el área abía tanto mobimiento de tierra i de materiales de konstruksión, ke en el momento era mui difísil ke Uarner se diera kuenta ke yo estaba lebantando mi propio sentro komersial. Él sabía poco de konstruksión, los planos i todo lo manejaba yo, pero adelantábamos rrápido i no abía forma de ebitar ke tarde o temprano se enterara del asunto.

Ekonómikamente yo no dependía de Uarner, i todabía me kedaba mucho dinero, me sentía konfiado, le abía komprado armas a un kontrabandista. Sin konsultar kon Uarner estaba asiendo una kampaña para disminuir el konsumo de rron i sigarriyos, las dos kosas ke él abía negosiado siempre. Estaba dispuesto a entregarle, en kualkier momento, su lokal i pasarme a mi sentro komersial.

Uarner, ke antes ni sikiera para ber a su nobia bajaba de su lancha, aora andaba por todas partes mesklándose kon la jente de Tierra Sana, oyendo sus nesesidades i rregalándoles rropa i útiles eskolares. Supe ke él kería saber en detaye sobre mi komportamiento i mis negosios. Eso me inkomodó mucho, poko a poko kapasité a Maño i le delegé mis asuntos kon él, para yo no tener ke tratarlo. Entonses, Uarner kon frekuensia me mandaba notas en las ke desía ke nesesitaba ablar konmigo, i siempre le rrespondía ke estaba mui okupado kon la konstruksión, pero él iba a buskarme i me yebaba rrregalos, kosa ke me asía sospechar ke algo estaba tramando. Para komplikar más las kosas, en esos días supe ke tiempo antes, misteriosamente abían desaparesido dos ayudantes de los Kortina traídos por Uarner.

Maño me kontó ke, en esa époka, los Kortina desían ke kreían ke los muchachos se abían ido de polisontes en Perisia. Fueron dos kasos distintos, okurridos kon poko tiempo de diferensia. El asunto segía siendo un misterio, Uarner abía asegurado ke ninguno de los dos muchachos se abía ido en su lancha i kreía ke se abían ido en la lancha del señor Sinesio, pero éste dijo ke eyos nunka abían subido a su lancha.

Los muchachos eran ekstranjeros, sus familias binieron a buskarlos, duraron barios días inbestigando el asunto i no los enkontraron. Empesé a deskonfiar ke el próksimo desaparesido podría ser yo si no tomaba las prekausiones nesesarias.

Kien las debe las teme, eso es así. Por rrasones obbias, mi temor era lójiko i mi mayor inkietud era porke Uarner no mensionaba para nada a los Kortina. La imajinasión me daba bueltas, a beses pensaba ke Uarner podía estar inbolukrado en la desaparisión de los muchachos i ke aora él sospechaba de mí en el kaso de los Kortina, o ke algien me ubiera bisto esa noche en la kanoa i él supiera algo de ese asunto.

Maño era mi ombre de konfiansa, le dije ke kon diskresión aberiguara ké planes tenía Uarner i sí ablaba algo del paradero de los Kortina, pero él siempre las embarraba i no deskubría nada. Prokurando no kausar sospechas le enseñé a manejar armas de fuego i le di klases de defensa personal.

Una tarde, Uarner fue a la tienda a buskarme para yebarme a su lancha a ke abláramos un asunto, según él, mui importante. Pensé ke podía ser una trampa i no fui, le dije ke me estaban esperando en la konstruksión i ke iría por la noche, él me eksplikó ke estaba a punto de partir. Kedamos en ke el asunto lo ablaríamos kuando él rregresara; añadió, antes de irse, ke sabía ke yo estaba konstruyendo un sentro komersial, ke le paresía mui buena idea i ke de eso también kería ablar konmigo. De rrapidés le rrespondí ke nesesitaba sosio inbersionista porke estaba endeudado i eskaso de dinero. Aunke la tienda daba buenas utilidades, éstas eran pokas komparadas kon la inbersión ke abía echo i ora tenía el problema étiko de justifikar kómo abía konsegido el dinero para konstruir ese moderno i kostoso sentro komersial.

El asunto del sentro komersial se me abía komplikado i no daba más espera, tenía ke ablar kon Uarner, i para eso empesé a preparar las medidas de seguridad adekuadas. Desidí aser una fiesta en ‘la playa’, para inbitar a Uarner i aprobechar ese ebento para arreglar las kosas. La jente se puso kontenta kuando supo ke íbamos a aser fiesta, i el primer problema ke me surjió fue ke yo no tenía nada ke festejar, para justifikar ese ebento.

En ‘la playa’ asían fiestas para selebrar kualkier kosa, pero, de mi parte, yo no ayaba un motibo ke baliera una fiesta. Pensé justifikarla kon el alumbrado públiko ke en esos días le abía puesto a ‘la playa’, pero me enteré ke las mujeres estaban molestas porke, por la lus, ya no podían orinar en kualkier parte, komo antes. Sin embargo, eso me dio la idea de aser en lo alto de ‘la playa’ una konstruksión kon dos sanitarios i un lugar para ke se kambiaran de rropa, i kon eso justifikar la fiesta.

Ise rrápido esa konstruksión, pero antes de aser la fiesta kise saber si los sanitarios eran bien aseptados por las mujeres. Para tener una idea del asunto, kuando los sanitarios estubieron instalados, inbité a las damas del Konsejo de Birjinidad, para ke me dieran sus opiniones aserka del uso de ese serbisio. Eyas los miraron i dijeron ke eran mui bonitos, les dije ke los usaran, pero todas dijeron ke no tenían ganas de orinar, yo estaba mui okupado, no podía esperar, las dejé kon dos kajas de serbesa para ke se las tomaran i kedamos en ke en dos oras me darían una respuesta onesta. Me demoré un poko menos de lo akordado pero kuando rregresé ya las damas se abían tomado toda la serbesa i me tokó darles otra kaja. La rrespuesta me la dio la más gorda de eyas; dijo: “Esa kosa es pura komodidad”, i todas aplaudieron i estubieron de akuerdo kon sus palabras. Esa rrespuesta orijinó la primera “Fiesta de la Komodidad”, ebento ke aún se selebra en Tierra Sana.

A esa fiesta inbité de manera espesial a toda la tripulasión de Perisia. A Uarner le mandé una nota ke desía: “Kreo ke konbiene ke ablemos en un lugar neutral, ke no sea en su lancha ni en mi tienda, lo espero en la Fiesta de la Komodidad.

No obstante a su nombre, yo estaba organisando una fiesta ke para mí era en todo sentido inkómoda, debido a mis okupasiones i a mi falta de bokasión en esas faenas. La salbasión fue ke tube la briyante idea de darles ese trabajo a las damas del Konsejo de Birjinidad. A eyas les sobraba bokasión i tiempo, la organisasión del ebento fue un gran éksito, triunfo ke de mui buena gana kompartieron las damas konmigo, sin yo aberlo meresido.

Ise un eksamen de la situasión i después de analisar el asunto abía desidido ke lo mejor era saber personalmente de Warner, ké era lo ke él kería. Eso sería en la fiesta, Maño nos atendería i tendría lista un arma de fuego para defenderme o impedir ke algien me sakara a la fuersa de la fiesta. Yo no portaría arma pero enkaleté barias en lugares estratéjikos, por si fueren nesesarias.

El día ke estaba programado su inisio, la fiesta empesó kalmada, kon mucho likor i komida pero abía pokas siyas para sentarse la jente. Uarner, antes de irse, abía prometido yegar temprano ese día, pero oskuresió i él no abía yegado.

Kasi oskuresiendo yegó el señor Sinesio kon su lancha kargada de mesas i siyas plástikas, ron, serbesas i belas. A él también lo estábamos esperando desde mucho antes porke yo le abía enkargado barias kosas ke se nesesitaban para la fiesta. En su lancha yegó Alejandro Durán kon su konjunto bayenato, i una gran kantidad de jente ke bino a parrandear. Kon la yegada de esa jente la fiesta empesó a animarse, pero yo estaba preokupado porke Uarner no abía yegado.

Un poko entrada la noche yegaron los kontrabandistas kon tres lanchas rrepletas de putas. En el momento sentí indignasión pero, después, en la fiesta, eyas dieron mucho sabor femenino i konbirtieron ese ebento en el más espektakular ke se a rrealisado en este lugar.

Kasi a media noche yegó Perisia a ‘la playa’, en medio de la mejor fiesta de todos los tiempos. Ensegida, las putas ya kasi borrachas, bajaron a toda la tripulación de Perisia, los emborracharon i kombirtieron la nabe en motel. Esa noche, las putas isieron una gran labor femenina, la lancha del señor Sinesio i las tres de los kontrabandistas, igual ke la de Uarner, las usaron de motel. Pero todo fue espektakular, Uarner i yo, biendo el ajetreo de las putas, nos dibertimos todo el rresto de la noche i no ablamos nada de lo prebisto. Me felisitó por la fiesta i akordamos ablar la noche sigiente, la fiesta duraba dos noches más.

El ‘duro’ de las dos noches sigientes fue Alejandro Durán kon su ‘pedaso de akordeón’, al ke no ubo banda ni grupo ke lo igualara i sus bayenatos se kedaron para siempre kon la jente de Tierra Sana.

En la segunda noche de fiesta, Uarner yegó más temprano de lo ke yo esperaba. Me sorprendió kon su saludo: “¿Kómo andan las kosas, amigo?”, en el momento ke se sentó a mi lado. Maño nos trajo dos serbesas. Ensegida le dije a Uarner ke kería saber sus inkietudes i el asunto ke él kería ablar konmigo. Lo noté mui kontento, empesó a ablarme de sus biajes i de las difikultades ke abían impedido ke abláramos en los últimos meses. Admiraba el buen komportamiento de Maño i el ekstraordinario kambio ke se estaba dando en Tierra Sana.

Yo abía trabajado en serbisios de intelijensia i sabía aser inbestigasiones, me fijé en todos sus detayes i no le noté odio ni malas intensiones. Le eskuchaba i estaba atento a sus jestos, kasi sin interrumpirle, pero kuando dijo el nombre del pueblo kedé sorprendido. “¡No kreía ke usted supiera el nombre de este pueblo kapitán!”, dije, - él siempre lo denominaba ‘la playa’-. “Sé mucho más de lo ke usted se imajina… i de eso es ke kiero ablarle, pero será en otra okasión; akí no rresulta kómodo ablar de un asunto tan importante komo ese”, eksplikó Uarner.

¿Ké es ese asunto tan importante ke no podemos ablar akí kapitán?, interrogé yo.

“Esa es una istoria bieja ke kiero kontarle, pero no akí”, dijo él.

 No me ande kon rrodeos kapitán; dígame ¿Ké es lo ke kiere kontarme? dije yo.

“Bueno, está bien, pero kálmese ke la istoria ke le boi a kontar parese de las Mil i una Noches, dijo él i luego de tomarse el rresto que le kedaba de la lata de serbesa kontinuó eksplikando:

Fui kriado por mi abuelo paterno, mi padre era ijo úniko i murió joben en una kompetensia automobilístika; mi madre era una aktrís mui dedikada a sus asuntos i nunka se interesó en mi bida. Eya también murió joben.

Mi abuelo, Jenrri Uarner, fue un akaudalado nabiero. Era mui afanado i kisá por eso fumaba demasiado. Poko antes de morir, de kánser, me yamó a su lecho de enfermo i me dijo: “Deseo rrepartir mi fortuna i kiero ke me digas si estás dispuesto a komplaser mi último deseo.”

Yo tenía treinta i dos años entonses, i la únika persona en kien konfiaba i kería era mi abuelo, ke en la práktika abía sido mi únika familia; me postré a su lado i le dije ke aría todo lo ke él kisiera. “Sé ke lo arás”, dijo i kontinuó: En sierta okasión fui kontratado por un gobierno, para transportar más de sinko mil pekeños, entre niñas i niños, menores de dies años. Esos niños asían parte de los abitantes de barios lugares tomados en gerra i kienes los agruparon no sabían ké aser kon eyos. Para solusionar ese asunto, los bensedores de esa gerra me ofresieron una gruesa suma de dinero para ke sakara los niños de una siudad kostera i los dejara abandonados en una isla lejana i desierta donde murieran i nadie se diera kuenta. Los kotratistas me eksijieron ke ese asunto debía kedar en absoluto sekreto. Yo, por la ambisión al dinero, rrekojí los niños en una nabe ke me entregaron para ese menester i nabegé en el mar, durante barios días, buskando una isla donde kumplir la misión. Pero kuando enkontré un lugar kon esas karakterístikas no fui kapás de dejar ayí los chikiyos. Entonses segí nabegando, sin saber ké aser kon eyos. Después, aserké la nabe a una tierra kontinental, lejana de poblasión umana, kon la intensión de dejarlos en algún lugar donde tubieran posibilidades de sobrebibir, pero ese lugar era una rrejión desierta; desidí segir nabegando por la oriya, buskando un rrío para bajarlos donde ubiera agua dulse.

El día de San Diego yegé a la desembokadura de un ermoso rrío. Pero ese lugar también era inóspito, por lo ke desidí probar suerte sigiendo rrío arriba i nabegé asta donde la profundidad pudo kon el kalado del barko, ayí anklé i deskargé los niños en una ermosa playa. En ese lugar estube kon eyos barios días enseñándoles a peskar i les di klases de superbibensia. Antes de partir les dejé todos los alimentos i los elementos de peska ke tenía a bordo. Abía niños de barias nasiones i por eso ablaban en barios idomas, pero todos me despidieron en el idioma de las lágrimas. Después de eso no e podido borrar de mi mente la despedida de esos chikiyos.

Debes komprender ke lo ke te e kontado es un asunto sumamente delikado. Lo ke deseo ke agas es ke enkuentres ese lugar i les entreges la mitad de mi fortuna a esas desdichadas kriaturas.

No me kabe la menor duda de que los enkontrarás bibos i kiero ke kon esa fortuna les yebes bienestar sin odio. Tú sabrás komo lo ases; en la kaja fuerte está el mapa i los elementos ke nesesitas para kumplir mi deseo. La otra mitad de mi fortuna es para ti; Dios te giará por buen kamino.”

Kuando mi abuelo terminó de aserme esa eksplikasión, murió. Poko después ise akondisionar Perisia. Kon el mapa ke él dejó yegé a este lugar. La jente, al ber la lancha, korrió a eskonderse en las kuebas ke están en frente. Yo anklé la nabe en la mitad del rrío, frente a este lugar, o sea frente de donde se abían eskondido eyos.  Un rrato después salieron dos muchachos; les ise señas, eyos preguntaron: “¿Ké kiere?” les grité ke kería ablar kon eyos; “Benga”, rrespondieron. Entonses ise tirar un bote kon motor i me aserké a eyos.

- “¿Ké nesesita señor?” preguntó uno de los muchachos. Pero yo estaba tan aturdido ke no supe ké desir, me kedé mudo.

Los muchachos, al berme indesiso, tal bes se asustaron, salieron korriendo i se metieron en las kuebas. RRegresé a la lancha, la aserké a la oriya donde estaban eyos i ordené poner en la playa una parte de la karga ke traía a bordo; luego bajé a tierra i empesé a gritar: ¡Bengan... bengan, esto es para ustedes!, pero nadie salía de las kuebas; kaminé asia ayá, yegé a las entradas, ke eran barias i algunas estaban tapadas i las ke tenían abiertas se beían oskuras.

-¿Ké nesesita señor?, preguntó desde la entrada de una kueba una mujer joben ke abrasaba a un niño desnudo.

..Por fabor salga señora... kiero ablar kon usted, dije.  Eya salió kon el niño en los brasos.

¿Kómo te yamas? le pregunté.

-Tana, rrespondió eya.

¿Tana ké?, pregunté de nuebo.

-Apenas Tana, dijo eya.

Jamás abía ablado kon una mujer tan tierna i agradable komo eya.

Está bien Tana –agregé-, kiero ke les digas a todos ke se aserken a la lancha para entregarles unos rregalos ke les e traido.

-Sí señor, yo les digo, rrespondió eya.

Kiero ke bayas ensegida, dije, i eya se metió a la kueba.

RRegresé a la lancha. Esperaba ke la jente yegaría rrápido, pero pasó media ora i no salió nadie. Tomé una kaja kon gayetas, fui asta la entrada de la kueba i yamé a Tana. Eya salió kon el niño en los brasos.

Tana ¿kómo se yama tu niño? pregunté.

-El se yama Mateo.

¿Mateo ké?

-Apenas Mateo.

Kuanto deseo sentí de rregalarle un jugete a ese niño. Pero a pesar de aber salido a buskar niños, i kon la lancha kon su kapasidad de karga kompleta, a bordo no iba ningún jugete, ya ke, según mis kuentas, eyos ya eran adultos. Le dí una gayeta, la rresibió i se la komió rrápidamente.

¿Ké kieres ke te rregale Tana? pregunté.

-Lo ke usted me kiera rregalar señor.

Fuimos a la lancha i le dije ke tomara lo ke kisiera, eya tomó una gayeta de la kaja destapada, “grasias señor”, dijo, yéndose a rregresar a las kuebas.

… ¡Espera Tana! – intersedí- … boi a rregalarte rropa para ti i para Mateo.

Ise abrir kajas donde benía rropa, afortunadamente, abía komprado prendas para niños i fue fásil konsegir para Tana i su ijo; le entregé una bolsa kon barios bestidos, le dije ke los yebara i bolbiera kon sus amigas para entregarles más rregalos. Si señor, grasias, dijo, se fue i no demoró; rregresó akompañada de dos muchachas, ermosas komo eya. A las tres mujeres les dí rropa de las kajas ke estaban abiertas i les ekspliké ke les dijeran a sus amigos ke a todos les abía traído rregalos; ke se aserkaran a rreklamarlos. Grasias señor, dijeron eyas i rregresaron a las kuebas.

En pokos minutos salieron todos. I ensegida me di kuenta que los adultos tenían mas o menos la misma edad, lo que demostraba ke eyos eran los niños ke abía traído mi abuelo; yo kería ablarles, ke me kontaran kómo abían pasado, nos abrasábamos komo si fuéramos biejos amigos ke asía mucho tiempo ke no nos beíamos.

Esa noche eyos me kontaron ke un señor, yamado El Bendedor de Ilusiones, les abía enseñado a ablar en un mismo idioma i ayudado a superar las difikultades.

Tres días después, abiéndoles entregado toda la karga, me marché. Antes de partir les pregunté: ¿ké kieren  ke les traiga de rregalo?; todos rrespondieron: Lo ke usted nos kiera rregalar señor.”

Esa noche, en la fiesta, el kapitán Uarner me kontó toda la istoria. En su biaje de rregreso abía ablado kon José Kortina, su diskreto i fiel kosinero a bordo. Lo abía elejido a él por ser su ombre de konfiansa, pero sabía ke no estaba kapasitado para rrealisar su komplikado propósito. Pero pensó ke de alguna manera debía empesar, i tampoko él tenía una idea klara de kómo aser, para kon la fortuna asignada por su abuelo, yebar a akeya jente ‘bienestar sin odio’.

La peor miseria de eyos en akel momento, según su propio kriterio, era la forma komo bibían. Desidió empesar la ayuda en ese sentido; yebó lo nesesario i les iso konstruir kasas, pero a pesar de muchos esfuersos la jente no se kiso mudar a eyas i sigió bibiendo en las kuebas.

Al otro lado del rrio, enfrente de las kuebas, el kapitán Uarner i su jente enkontraron un gran sótano subterráneo. Según la jente de akí, esa era la kasa de El Bendedor de Ilusiones, pero Uarner no enkontró a nadie ni kosa o muestra alguna ke isiera pensar ke en ese lugar bibiera algien.

Después, Uarner esperó durante largo tiempo kon deseos de konoser al fasinante  personaje de kien tanto le abían ablado los lugareños, pero éste no se le aparesió nunka i yegó a kreer ke todo eran kuentos sakados de la imajinasión de esta jente.

Entre tanto, el subterráneo abía ido siendo okupado poko a poko para guardar materiales de konstruksión i kosas ke traía para las demás nesesidades.

Desde el komienso la jente abía mostrado desinterés en salir de sus kuebas, por eso el kapitán Uarner desidió konstruir el pueblo al otro lado del rrio, i lejos, para ke la jente, al estar en sus kasas, le diera peresa de estar yendo i biniendo a ‘la playa’. Pero, kuando todo estubo listo para rrepartir las bibiendas, le jente no kiso rresibirlas porke no tenía en ke pasar el rrío. Uarner entonses iso poner la tarabita; la jente rresibió las kasas, pero no se mudaron a eyas sino ke se rregresaron a sus kuebas, “la jente es un animal de kostumbre”, desía Uarner después, abiendo desidido en esa époka, dejarlos, ke eyos bibieran komo kisieran.

En el sótano subterráneo, ke ya abía sido desokupado i rremodelado, instaló a su antiguo kosinero para ke rrepartiera sal i leña ke fue lo primero ke la jente aseptó konsumir. Éste, al estar instalado ayí, no tardó en traerse a su konkubina, Aurora Mediorreal, la kual abía tenido barias kasas de prostitusión de mala muerte en un puerto marítimo de Sentro Amérika i abía ganado barios konkursos de baile de fandango; yegó akompañada de sus dos ijos ke eran de padres deskonosidos.

Ya instalada la señora Mediorreal en el subterráneo, kuando yegaba la lancha subía a bordo kon su marido i, mientras él asía los arreglos kon el kapitán Uarner, eya se kedaba ablando kon los tripulantes.

Poko tiempo después uno de los tripulantes denunsió un robo en la lancha. Uarner iso ke toda la tripulasión abriera sus kamarotes i, al rrebisarlos, además de enkontrar en un kamarote el elemento rrobado, se le iso ekstraño la kantidad de rregalos adekuados para mujer ke enkontró en los demás kamarotes. Eso lo kondujo a deskubrir ke mientras él se okupaba kon el marido de la Mediorreal, eya trafikaba la prostitusión i negosiaba muchachas bírjenes kon la tripulasión de su nabe.

Ya se le abían echo barios arreglos al sótano i era presisamente en el kuarto más pekeño de este, es desir el ke yo abía okupado después, donde eya entregaba a los marinos su presiosa ‘merkansía’. Esa abitasión estaba arreglada, pero Uarner, furioso, le hiso kitar el piso i la puerta.

Ese mismo día, el kapitán Uarner yamó a bordo a la Mediorreal, le iso un juisio i fue kondenada a la orka, lo kual debía kumplirse públikamente en ‘la playa’ un día después, a las kuatro de la tarde. I a esa ora todo estubo listo para kumplir la sentensia, pero a última ora el kapitán Uarner desidió perdonarle la bida, por las súplikas de don Chepe, i de eya ke de rrodiyas juraba no bolber a kometer esa falta ni ninguna otra; “puerka uebera no pierde el bisio, pero no kiero ke la jente de este lugar presensie una muerte en la forma ke eya se merese”, dijo Uarner, i le konmutó la pena de muerte por la de permaneser a bordo, en un baño, amarrada de piés i manos, kon la boka tapada kon trapos, todas las beses, durante el tiempo ke él estubiera okupado kon el marido de eya.

A su tripulasión le proibió bajar a tierra kuando la nabe estubiera en ‘la playa’. Sin embargo, la Mediorreal no dejó sus aktibidades. Autorisada por Uarner enseñó en Tierra Sana el baile de fandango i, kon su aprobasión, poko a poko establesió la benta de rron, pero sin ke él lo supiera implantó el dote de birjinidad i rreglamentó el ‘Onorable Konsejo de Ekspertas en Birjinidad’.

En sierta forma, la yegada del kapitán Uarner a Tierra Sana fue el komienso de la desgrasia de esta jente ke sanamente abía kresido en esa aislada playa. Eyos, kon su maestro, de kien kontaban distintas formas de aparisión, abían aprendido a bibir en pas, kon amor libre de intereses ekonómikos, i kontaban ke la rropa kon ke yegaron no se les akababa sino ke iba kresiendo igual a eyos, de tal manera ke kon el tiempo kada uno fue adkiriendo un kolor i estilo propio.

Se alimentaban kon peskado, mojado kon Bino Májiko ke les proporsionaba su maestro. Pero kon la yegada de Uarner todo kambió. El Bendedor de Ilusiones, ke antes bibía frente a eyos, al otro lado del rrío, desaparesió i para rreemplasar su Bino Májiko tubieron ke usar sal i  kosinar el peskado kon leña.

Akeya noche, nosotros dos en un rrato desidimos el destino de este pueblo i el modo de rreparar el daño kausado por los Kortina. El mal ya estaba echo, eso era irrebersible; además, abía kedado demostrada, una bes más, la fasilidad kon ke se korrompe el ser umano. Sin embargo, Uarner kreía ke, a pesar de todo, los pasos ke se abían dado eran indispensables para la futura integrasión de eyos kon la demás jente, i aora lo ke más le preokupaba era la situasión ilegal en ke bibían; pensaba ke dándoles dokumentos ke los legalisara komo nasionales de este país, kedaría rrealisada la misión dada por su abuelo de darles ‘bienestar sin odio’. Eso a mí me paresía un rrekurso tomado al buelo por el kapitán Uarner, pues yo konsideraba mui difísil – por no desir imposible- rrealisar esa misión enkomendada por su abuelo, de rrepartir entre umanos una fortuna, dando ‘bienestar sin odio’. Pero él segía empeñado en lo de los dokumentos i opinaba ke la mejor manera de lograrlo era trayendo a Tierra Sana una komisión de la RRejistraduría, para ke se enkargara de ekspedirles sus dokumentos legales de identidad.

En ese entonses, a Uarner le preokupaba ke los empleados del gobierno, por la injenuidad de la jente de akí, deskubrieran la fraudulenta forma en ke eyos abían yegado, ebentualidad ke konsideraba desastrosa pues estaba seguro ke kedarían sin ‘playa’ i sin patria, debido a ke todos los lugares donde abían nasido los niños ke abía traído su abuelo tenían nuebos dueños i era seguro ke los gobiernos aktuales no los rrekonoserían komo nasionales. Esa noche, Uarner me pidió ke le ayudara a konbenserlos de ke se fueran a bibir a sus kasas, i ke le isiera el fabor de prepararlos para afrontar kon éksito la ebentualidad deskrita. Dijo ke a bordo tenía un kampero, konbenimos ke el próksimo domingo en él le aríamos una inspeksión a las kasas del pueblo i, en esa charla, kedó seyada nuestra amistad de toda la bida.

Ese domingo la mayoría de los ombres ke estaban en ‘la playa’ ayudaron a bajar de la lancha el kampero Toyota. La aglomerasión fue grande; todos kerían berlo. Era la primera bes ke yegaba akí un beíkulo automotor. Después, Uarner tomó el bolante, i komo a las kuatro de la tarde yegamos al pueblo. Al yegar a la plasa bimos un montón de jente, i barias personas binieron korriendo asia nosotros disiendo rrepetido: ¡Korra kapitán!

¿Ké pasó?, preguntó Uarner.

“Kapitán irieron a una toka .....  señora del konsejo, eksplikó un muchacho.

¿A una ké?, interrogó Uarner de nuebo.  

“A una de las señoras del konsejo”, rrespondió él.

Nos aserkamos a la kasa de los eksámenes de birjinidad, ayí enkontramos a una mujer de unos treinta años, grabemente erida en la kabesa. De afán la subimos al kampero i rrápidamente la trasladamos a la enfermería de la lancha. Ensegida rregresamos al pueblo, el kapitán Uarner ignoraba la eksistensia del ‘Onorable  Konsejo’, i al enterarse kería saber en detaye el asunto en ke abía rresultado erida la señora.

En el sitio del suseso, una dama integrante del mensionado konsejo nos kontó los echos. Esa tarde le abían praktikado eksamen de birjinidad a una chika; según las ‘ekspertas’, ésta rresultó  no estar kompletamente birjen sino a ‘medio palo’.

En ese kaso, las rreglas del Onorable Konsejo kontemplaban ke el presio del dote debía ser mínimo, pero la chika eksplikó ke el daño abía sido echo por el interesado en pagar su dote, ke era ermano de una miembro del Onorable Konsejo, kien aseptó ser rresponsable de lo ke eya dijo, por lo ke la chika eksijió ke se le fijara dote kompleto, pero la miembro del konsejo, kuñada suya, se opuso rrotundamente i pidió ke el presio fuera de akuerdo al rresultado del eksamen. La perjudikada se armó de un troso de guadua i atakó a palo a la ‘eksperta’ komo si estubiera matando a una kulebra.

Según los interesados en el asunto, por aberse presentado el problema, el kaso no abía kedado arreglado i, kon mucho nerbiosismo, en presensia de nosotros, las dos partes akordaron bolber a diskutirlo. El kapitán Uarner pidió estar presente en el arreglo, lo kual se kombino para el día sigiente a las kuatro de la tarde en el mismo lugar del insidente.

Luego de saber los pormenores de ese kaso, rrekorrimos el pueblo i konstatamos ke barias kasas se estaban kayendo por el abandono de sus dueños.

Ese otro día, a las tres de la tarde no abía una sola pesona en ‘la playa’. Toda la jente se ayaba konsentrada alrrededor de la kasa de eksámenes de birjinidad; el pueblo kompleto estaba pendiente del kaso, ya ke se abía rregado komo pólbora ke el kapitán Uarner i yo estaríamos presentes ayí; la jente sabía ke Uarner abía proibido esa clase de negosios i presentía ke algo rraro iba a okurrir.

Esa tarde, kuando salimos en el kampero nos akompañaban dies ombres de la tripulasión de Perisia, uniformados i armados kon fusil o rrebólber. Kuando yegamos al lugar de la sita, ayí sólo faltaban las damas del ‘Onorable Konsejo’ ke, según desían algunos amigos de eyas, abían amanesido enfermas ese día. Pero el kapitán Uarner no les kreyó i enbió a Maño kon dos de sus ombres a traerlas en las kondisiones ke estubieran, por las buenas o por las malas; autorisó ke se kedara únikamente la miembro ke abía sido erida el día anterior. Maño no demoró en traerlas, ninguna de eyas estaba enferma pero en todas se notaba mucho miedo kuando yegaron.

El kampero tenía instalado un aparato de alta bos; Uarmer tomó el mikrófono i leyó un dokumento, mediante el kual abía entregado las kasas del pueblo. Ayí estaba eksplicado ke éstas no tendrían ningún kosto para sus benefisiarios; ke solo podían ser abitadas por eyos, i ke, para kambiar de dueño o uso distinto al de rresidensia, era obligatorio un permiso eskrito firmado por el kapitán Uarner.

Luego de leer el dokumento, Uarner yamó al dueño de la kasa donde se asían los eksámenes de birjinidad, éste kiso okultarse, pero la jente lo iso salir. Uarner le preguntó por ké su kasa tenía un uso distinto al kombenido. Él eksplikó ke le abía bendido la kasa a doña Aurora i ke eya, luego de rreformarla, la abía destinado para lo ke benía siendo usada.

“¿Kon ké permiso la bendió?”, preguntó Uarner. Él no rrespondió. Uarner ordenó ke lo esposaran; sus ombres le kolokaron las esposas abrasando un poste ke serbía de sostén a la kasa. Ensegida yamó al pretendiente de la chika del insidente, éste se iso presente, Uarner le preguntó sí abía echo uso seksual de eya, a lo kual rrespondió: “más o menos”; la jente se rrió durante largo rrato. Kuando ubo silensio le preguntó sí kería kasarse kon su nobia; él rrespondió ke no kería tener ningún kompromiso, pero ke estaba dispuesto a pagarle el dote kompleto; Uarner lo iso esposar i ordenó ke esposaran a las kuatro mujeres miembros del ‘konsejo de birjinidad’. Luego abló durante largo rrato, kondenando el negosio seksual, después pidió ke lebantaran la mano kienes estubieran de akuerdo en kastrar al sujeto ke estaba ayí esposado, ke no kería kasarse kon su nobia luego de aberse aprobechado de la debilidad de eya, para sasiar su apetito seksual; kasi todos la lebantaron. “Bolarán sus pelotas”, dijo Uarner, i la jente gritando aplaudió largamente.

Segidamente, ordenó klabar un poste beinte metros afuera de la kasa, i en éste iso amarrar las seis personas esposadas. Luego, kon éstos ayí atados, ordenó kemar la kasa. De no ser porke la brisa les faboresió, el kalor de las yamas los ubiera matado. Kedaron kasi desmayados por el miedo i algo kemados por el kalor de las yamas; Uarner ordenó yebarlos a la enfermería de la lancha, dijo ke ayí se les arían las kurasiones nesesarias i estarían bajo arresto asta kuando se les definiera su situasión. El sentensiado a kastrasión, yorando me suplikó ke le ayudara a arreglar el problema para ke no lo kastraran.

Esa tarde, por el problema anterior, Uarner kombokó a todo el pueblo para ke ocho días después elijieran a un korrejidor, para ke se enkargara de ejerser la autoridad en Tierra Sana. Propuso mi nombre komo kandidato a ese kargo, i les abló de la intensión ke los dos teníamos de arreglar sus problemas de dokumentos de nasionalidad. Al aser ese anunsio, todos aplaudieron; ya kasi oskuresiendo rregresamos a ‘la playa’. Desde esa noche la jente empesó a yamarme “señor korrejidor”.

Komo nunca, esa bes la nabe de Uarner se demoró barios días anklada en ‘la playa’. Yo estaba preokupado por el lío del ombre ke supuestamente iba a ser kastrado, pero me kalmé kuando ablé del asunto kon Uarner i él me dijo ke “las pelotas de ese tipo segirían bolando pegadas a su gajo”, i ke ninguno de los infraktores sería lastimado. Ensegida nos dedikamos de yeno a preparar el plan para organisar a Tierra Sana.

El día fijado para la eleksión de korrejidor, el úniko kandidato fui yo. El akto de eleksión duró menos de dies minutos. El kapitán Uarner abía kombokado a la jente alrrededor de una tarima de madera, puesta al lado de la tienda. A la ora fijada subimos a eya Uarner i yo. Él tomó el mikrófono i anunsió mi nombre komo kandidato a korrejidor de Tierra Sana; todos aplaudieron. Pidió ke lebantaran la mano kienes botaban a mi fabor; un gran semiyero de manos aparesió al instante. Solisitó ke se aserkaran a la tarima las personas ke no botaban a mi fabor, esperó un minuto i nadie se aserkó. “¡Keda elejido korrejidor, por desisión unánime del pueblo!”, eksklamó él, kon jesto de satisfaksión. Luego yamó sinko personas boluntarias, mayores de beinte años, ke supieran firmar, para ke sirbieran de testigos de la eleksión; más de mil personas se ofresieron, nos lebantaron kon todo i tarima i nos dieron una buelta por la playa, en medio de mucho entusiasmo popular. Esa noche ubo una gran fiesta en ‘la playa’, ofresida por el kapitán Uarner en onor al nuebo korrejidor; i tres días después, el akto de posesión fue todo un akontesimiento.

La tarde del día sigiente de mi posesión konosió el pueblo la primera rresolusión emanada de la korrejiduría. Ayí se eksplikaba ke la ofisina de ésta kedaría ubikada en un lugar ke ya abía sido akondisionado para ese fin, al lado de donde yo estaba konstruyendo el sentro komersial. El orario sería, de lunes a biernes, de nuebe a onse de la mañana i de tres a sinko de la tarde. A partir del momento de la publikasión de esa rresolusión se deklaraba ilegal el ‘Onorable Konsejo de Ekspertas en Birginidad’ i kedaba proibido aser negosios kon el sekso. A ésto se le yamaría “delito de korrupsión seksual”, i lo kometerían todas las personas ke de alguna manera rresultaran inbolukradas direktamente en kualkier tipo de aksión en ke se pagara por el sekso; el kastigo sería la orka.

“De aora en adelante -eksplikaba la rresolusión-, abrá libertad de aser el amor en kualkier lugar i a kualkier ora, siempre i kuando lo agan parejas de distinto sekso, mayores de kinse años i sin ningún interés ekonómiko”.

Ese mismo día, mediante otra rresolusión fueron puestas en libertad las damas del ya deklarado ilegal konsejo de ekspertas, teniendo komo justifikasión para liberarlas el echo de ke sus delitos fueron kometidos antes de las nuebas disposisiones. Por el mismo motibo, i sin pagar dote ni perder sus pelotas, rrekobró la libertad el nobio de la chika del insidente. Pero no tubo igual suerte el detenido por la benta de la kasa, kien antes de kedar libre tubo ke komprometerse a pagarle a Uarner el doble de lo ke abía rresibido en ese negosio.

Desde entonses en Tierra Sana nadie kiso saber nada de dote ni de kosa ke tubiera  ke ber kon negosio de sekso. La mayoría de los enamorados, antes de dar el ‘paso’, tomaban la prekausión de ir a la korrejiduría; ayí deklaraban ante dos testigos, ke abían tomado la libre determinasión de unirse  a konbibir juntos, sin ke en esa desisión mediara ningún interés distinto al amor ke mutuamente se tenían. 

Sin asérmelo saber, el kapitán Uarner biajó a la kapital, kon la intensión de traer una komisión de la RRejistraduría, pero rregresó furioso, sin konsegir nada. Kuando yegó me dijo ke las kosas no se podían aser en la forma ke abíamos planeado. Pensaba ke la solusión más adekuada sería yebando la jente a la RRejistraduría en pekeños grupos.

Así es más difísil – dije yo -, i le ekspliké ke por lo numerosos ke eran los abitantes de Tierra Sana tardaríamos años en yebarlos, kosa ke él entendió i se desesperó, pero lo trankilisé disiéndole ke yo me enkargaría de ese asunto i aría funsionar las kosas; “me gustaría ber kómo lo ba a konsegir”, dijo él algo dudoso.

Días después, por rresolusión nombré a Maño de sekretario de la korrejiduría, i mediante otra rresolusión ordené ke toda la jente se mudara a sus kasas en Tierra Sana, para esperar ayí la komisión del gobierno ke bendría a ekspedir sus dokumentos de identidad. Dejé a Maño enkargado i biajé a la kapital, akompañado por el kapitán Uarner. Ayá inbestigé el asunto i me enteré ke el padrino polítiko del jefe de dokumentasión sibil era el doktor Kaimán. Este kongresista era un polítiko ke yebaba más de beinte años de ser senador de su korrupto pero influyente partido polítiko.

Lo yamé por teléfono, le dije ke deseaba entregarle una gruesa suma de dinero para apoyar su próksima kampaña polítika i ke además le tenía buenas notisias ke kería darle personalmente; me rrespondió ke estaba mui okupado, pero ke de todas maneras yegara a su ofisina, ke él de alguna manera me rresibiría ese mismo día. De afán aberigué el nombre i lo ke me fue posible saber de su rribal polítiko.

Kuando entramos a su elegante ofisina, el doktor Kaimán nos rresibió sonrriente, nos iso sentar i luego una ermosa chika, vestida kon minifalda, nos dio kafé.

“Ajá, kuéntenme, ké es lo ke se les ofrese”, dijo sonrriendo el doktor Kaimán. Yo le rrespondí ke por un asunto personal kería ber derrotado a su rribal polítiko en las próksimas eleksiones. Ensegida le entregé un cheke sertifikado, echo a nombre suyo por una gruesa suma: ¡Es un aporte para su kampaña doktor! – dije al entregárselo.

“Grasias, ustedes son mui amables i ¿en ké les puedo serbir?”, dijo él, i yo rrespondí: Lo ke keremos es una aplastante derrota para su rribal i la buena notisia ke le tenemos es ke ai un pueblo kon mas de sinko mil botos para usted.

“Eso me parese magnífiko. Pero, kuenténme ¿kómo es el asunto?”, interrogó.

Se trata de un pueblo de peskadores, rrespondí yo, ubikado en la oriya del rrío San Diego, kon una poblasión adulta mas o menos de sinko mil personas ke la gran mayoría son indokumentados. Nosotros les kompramos peskado i poseemos ayí un negosio de probisiones peskeras i afines. Aora susede ke un amigo de su rribal polítiko kiere poner negosio i sede polítika ayá; él estubo asiendo las dilijensias para dokumentar a kienes no tengan sédula i aserlos komprometer en sus botos para su partido polítiko, es desir para el rribal suyo.

Lo ke keremos, kontinué disiendo, es ganarnos la simpatía de ese pueblo, antes de ke se la ganen sus rribales. I si usted nos ayuda a konsegir ke el gobierno enbíe una komisión a nuestra sede, para ke les ekspidan sus sédulas i demás dokumentos de identidad, nosotros nos komprometemos kon usted a ke en las próksimas eleksiones todos esos botos serán suyos.

“Bueno…,  i  ¿kómo se yama ese pueblo?”, preguntó él.

“Tierra sana”, rrespondió el kapitán Uarner.

“Ajá, pero ¿ustedes ké ganan kon eso?”, interrogó el doktor Kaimán.

Nosotros aseguramos el liderasgo polítiko en el pueblo, para su partido ke es el mismo nuestro, i la eksklusibidad komersial para nuestros negosios. Dicho de otra manera: Ebitamos la entrada a Tierra Sana del rribal polítiko i de kompetensias komersiales ke no nos konbiene ke se instalen ayá.

“Ajá ya entiendo, eso está bien”, afirmó él.

Enseguida, el doktor Kaimán iso una yamada por teléfono en la ke abló menos de un minuto i luego dijo sonrriendo: “Bueno... ya biene para aká el direktor nasional de dokumentasión sibil”.

I, en menos de media ora estábamos ablando kon el rregistrador nacional. Las dilijensias ke fuimos a aser funsionaron de inmediato, el rrejistrador, por el teléfono del doktor Kaimán ordenó ke se prepararan los elementos i el personal nesesario para biajar el día sigiente al lugar ke nosotros abíamos indikado. I todo salió bien, el día sigiente, a las nuebe de la mañana, en un autobús fletado por nosotros rrekojimos el personal de la komisión kon su ekipo i nos trasladamos al puerto marítimo; ayí estaba esperándonos la nabe de Uarner, la abordamos i sarpamos kon destino a Tierra Sana.

Durante el biaje atendí lo mejor ke pude al personal de la komisión, prokurando ganarme la konfiansa de todos, espesialmente la del jefe del grupo.

Kuando yegamos a ‘la playa’ les dimos una fiesta de bienbenida. Los alojamos en los mejores kamarotes de la lancha; todos estaban mui kontentos. De afán les ise akondisionar la korrejiduría para ke isieran ayí las labores de dokumentasión.

El día sigiente, a poko rrato de ke empesaron a trabajar los funsionarios de la rregistraduría, fue a la tienda el jefe del grupo i me eksplikó ke a la mayoría de la jente de Tierra Sana no se le podía ekspedir dokumentos de identidad, porke no sabían sus apeyidos, i ke, inklusibe, muchos ni sikiera tenían nombre propio i solo eran konosidos por sus apodos. Yo sabía ke kon dinero se podían arreglar kasi todos los problemas ke se presentaran kon kualkeir funsionario del gobierno kolombiano. Lo ise entrar a un kuarto, le pedí ke me ayudara a solusionar el asunto y le entregé un grueso fajo de biyetes. Charlamos un rrato, después le ekspliké ke a todos sus kompañeros les pagaría por la kolaborasión, pero ke era indispensable ke todos los abitantes de Tierra Sana tubieran sus dokumentos de identidad, ya ke yo me abía komprometido kon mi amigo, el doktor Kaimán, a ke en las próksimas eleksiones toda esa jente botaría por él. I ke lo del apeyido no era ningún problema; ke le pusieran mi apeyido a kienes no lo tubieran o no lo rrekordaran, ke yo los rrekonosería komo ijos míos.

-En este punto hubo cinco minutos de interrupción en la lectura del manuscrito mientras el capitán Warner daba rienda suelta a su estruendosa carcajada. El juez volvió a decir “moderación por favor”, pero en vez de eso, la demás gente  se contagió con la risa de Warner. Cuando hubo calma el juez ordenó seguir la lectura, y ésta continuó así:

“¿Kómo le rresolbemos el problema a los ke no tienen nombre?”, me preguntó el jefe de la komisión.

Si se trata de un niño, dije, pregúntele a la mamá de éste ké nombre le kiere poner a su ijo; i a los mayores de edad pregúnteles a eyos mismos el nombre ke desean tener i así póngalos en sus dokumentos. El funsionario, antes de despedirse dijo ke enbiaría por turnos a sus subalternos a kobrar el pago de la komisión i añadió: “en lo demás no se preokupe, no beo problema ke no se pueda solusionar, i menos en este kaso ke tiene ke ber kon la kampaña polítika del doktor Kaimán”.

El personal de la rrejistraduría trabajó kon duresa, en dos semanas ekspidieron los dokumentos de toda la poblasión de Tierra Sana. Al finalisar, kasi la mitad de los adultos tenía mi apeyido en sus dokumentos de identidad i kosa similar okurría kon más de ochenta por siento de los niños.

Kuando todos tubieron sus dokumentos de identidad, el kapitán Uarner no kabía de la felisidad. Me pidió ke le ayudara a organisar una gran fiesta de despedida a la komisión. Yo me opuse rrotundamente. Le dije ke no era konbeniente aser eso,  ke si asíamos fiesta, al kalor de los tragos, era kasi seguro ke los de la komisión iban a deskubrir lo ke les abíamos okultado del orijen de la poblasión.

“A todos les dije ke bamos a aser una fiesta para despedirlos. ¿Kómo cree ke puedo justifikar la kanselasión de ese ebento?”, interrogó Uarner desesperado.

“Póngase a yorar i diga ke akaba de rresibir la notisia del fayesimiento de su señora madre”, le akonsejé yo mui trankilo.

-“¡Pero eso es una terrible mentira!”, dijo él.

Opino ke es más konbeniente ke oigan su terrible mentira  i no las tristes i dañinas berdades ke les dirán si asemos la fiesta, ekspliké yo.

Ensegida, él se enserró en su kamarote. Maño i yo nos enkargamos de dar la dolorosa notisia del lamentable fayesimiento de la señora madre del kapitán Uarner.

La jente del pueblo no le dio ninguna importansia a ese asunto, pero los de la komisión, tan pronto lo supieron, fueron juntos a la tienda a pedirme ke los akompañara al kamarote del kapitán Uarner, para eyos darle su más sentido pésame. Fuimos; el kapitán Uarner se puso a yorar kuando nos abrió la puerta. Lo iso tan bien ke kuando salimos todos teníamos ambiente de luto.

Preparé el rregreso de la komisión ese mismo día, argumentando ke el kapitán Uarner biajaba de urjensia al sepelio de su señora madre.

Partimos antes de oskureser, el biaje fue triste pero sin ningún kontratiempo; en el puerto de yegada, kuando la komisión subió a un autobús i éste emprendió el biaje asia la kapital, el kapitán Uarner salió sonrriendo de su kamarote. Me felisitó por lo bien ke abían salido las kosas; yo también lo felisité por lo bien ke él abía echo su papel. Más tarde segimos el biaje detrás de la komisión i en la kapital duramos una semana asiendo kompras en el día, i en la noche dibirtiéndonos kon ermosas chikas, en eksklusibos lugares nokturnos. En dibersiones i kompras gasté un poko del dinero de la maleta.

Kuando rregresamos a ‘la playa’ lo primero ke pregunté fue sí la jente se abía kedado bibiendo en sus kasas, “rregresamos a las kuebas”, rrespondió Maño.

Dos días después de ke yegamos fue bajada la karga ke traía la lancha i puesta en la playa, i a su lado ise armar una tarima. Le dije a Maño ke el kontenido de esas kajas era rregalos para la jente de Tierra Sana, i le pedí ke la rreuniera para entregárselos, akordando aserlo el día sigiente a las tres de la tarde.

A la ora fijada, el kapitán Uarner puso a sus tripulantes a abrir las kajas, luego los dos subimos a la tarima, alrrededor abía barios parlantes konektados a un ekipo amplifikador. Uarner tomó el mikrófono i se dirijió a la jente dándole las grasias por el buen komportamiento ke abía tenido durante el proseso de dokumentasión, i a todos los felisitó porke ya tenían patria, nombres i apeyidos. Pidió un aplauso para mí ke, según él, abía sido el serebro para konsegir el éksito en esa dilijensia. Luego me sedió la bos. De una kaja ke kontenía machetes tomé uno en kada mano, los lebanté i dije: “¡Estos son los bolígrafos kon ke bamos a eskribir la istoria agríkola en esta rrejión!”, luego les ekspliké a los pobladores ke aora, además de la nacionalidad de este país, abían adkirido la obligasión de komportarse komo siudadanos de esta nación. Después, a los ombres les dimos botas, rropa i herramientas de trabajo, i a las mujeres utensilios de kosina, elementos de ogar, rropa i útiles eskolares. Ese día anunsiamos la pronta yegada de agrónomos i téknikos de peska para iniciar el desarrollo industrial i agríkola de Tierra Sana.

Poko tiempo después, kontratado por Warner, un grupo de ekspertos tomó muestras de suelo en barios lugares serkanos a Tierra Sana i las yebó a laboratorios espesialisados de la kapital. El rresultado fue ke para fertilisar esa tierra lo más kombeniente era usar abonos ke kontubieran un alto porsentaje de materia orgánika. La arina de peskado, según los ekspertos, podía ser una ekselente alternatiba komo materia prima para elaborar ese fertilisante.

Kasi ensegida isimos barios eksperimentos i logramos magnífikos rresultados. Kon esas pruebas i la bentaja de ke akí la peska era abundante i podía lograrse kon ekipos echos de rredes ke en kostos rresultaban bastante ekonómikos, tomé la desisión de konstruir un molino para fabrikar el fertilisante ke utilisaríamos para konbertir el desierto en terreno apto para la agrikultura, i así jenerarle empleo i rrikesa a Tierra Sana.

Por esas kosas del destino, en esa époka las aguas del rrío inundaron komo nunka gran parte de la rrejión i toda la jente se bio obligada a salir de las kuebas e irse a bibir al pueblo.

No me agradaba ke la poblasión bibiera komo kaberníkolas, kuando todos abían okupado sus kasas le pedí a Uarner ke de manera sekreta isiera ke sus tripulantes dañaran la tarabita. Kreía ke kon eso ebitaría ke la jente rregresara a las kuebas. Pero no fue así; tan pronto bajaron las aguas, muchos me pidieron ke les arreglara la tarabita. Les dije ke Uarner era kien sabía de eso. Él les eksplikó ke eso le korrespondía al señor korrejidor; bolbieron a rreklamarme, entonses rrespondí ke yo estaba okupado en la konstruksión del molino, ke del asunto se enkargaría Maño. Pero Maño no tenía la menor idea de kómo se arreglaba ese daño i duró barios días bregando, kedando a lo útimo la tarabita más dañada de lo ke estaba. Entre tanto la jente krusó el rrío en kanoas i nuebamente se instaló en sus kuebas. Pero de rrepente las aguas empesaron de nuebo a subir rrápidamente; Uarner puso a toda su jente a arreglar la tarabita, yo paré la konstruksión del molino i me puse a kolaborar kon eyos, abiendo akordado kon el kapitán Uarner ke el arreglo lo demoraríamos asta el punto ke la jente pudiera soportar en las kuebas la kresiente del rrío.

Kuando las aguas estaban entrando a las kuebas, isimos ke los tripulantes de Perisia se disfrasaran de diablo i kemaran el pueblo. Este fue totalmente arrasado por las yamas ‘la noche del diablo’, komo todos la yamarían después. La tarabita estubo arreglada en el momento presiso ke el agua empesó a inundar las kuebas, pero la jente ya no tenía kasas para donde irse. Sin embargo, todos krusaron el rrío i se dirijieron asia el pueblo, ya kemado, i kada uno se rrekojió ensima de las senisas, en el lugar donde antes estaba su kasa.

Fui kon Maño, antes del amaneser del día sigiente de la kema, al lugar donde antes estaba el pueblo i enkontramos a toda la jente dormida en el suelo, untados de senisa de pies a cabesa. Sin aser buya andubimos gran parte de lo ke antes era el kaserío; kon mis pasos desperté a una mujer, ésta me miró i se lebantó yorando, lamentándose porke abía perdido su kasa i todas sus kosas. Ensegida se lebantaron todos i nos rrodearon en una konsentrasión ke paresía de jente benida de otro mundo, por su enrraresido rrostro. Les pedí ke me sigieran, tomé el kamino a ‘la playa’, i eyos en esas kondisiones isieron algo paresido a una prosesión rrelijiosa; así yegamos a la tienda. El kapitán Uarner nos esperaba kon la tarima i los detayes preparados para un ebento ke abíamos planeado; abía echo uniformar i armar su jente para kontrolar el orden públiko.

Kuando todos estubieron alrrededor de la tarima, Uarner tomó el mikrófono i dijo ke lamentaba infinitamente la gran trajedia okurrida; “tengan kalma, estoi seguro ke ayaremos la forma de arreglar las kosas”, akonsejó. Ensegida, kon una parte de sus ombres organisó una komisión de ayuda inmediata para prebensión de epidemias. Luego, kuando me tokó el turno de ablar, fuí al grano. Les dije ke kon la boluntad i la ayuda de los ke kisieran tener kasa aríamos un pueblo nuebo i ke, mientras tanto, les daba komo rrefujio el ya kasi terminado sentro komersial.

Pedí ke lebantaran la mano kienes kisieran tener kasa nueba i estubieran dispuestos a kolaborar para konstruirla; todos, mujeres i ombres la lebantaron; dije ke se apartaran a la iskierda las personas ke no kisieran tener kasa. Únikamente salió José RRifles, pero kuando bio ke estaba solo i ke todos lo silbaban se debolbió  korriendo i se eskondió entre la multitud.

En esa époka empesó la okupasión total de la jente de Tierra Sana. A todo se le puso orden, únikamente se deskansaba los días domingo, el rresto de la semana, la rrutina era: de sinko a seis de la mañana baño jeneral en el rrío, de seis a siete desayuno, de siete a dose orario de trabajo; luego tomábamos una ora para almorsar i de una a sinko de la tarde segía el orario de trabajo.

En el pueblo rrápidamente se abrieron barios frentes de empleo; debido a que los lugareños no estaban kapasitados, Uarner trajo instruktores de kuanta kosa fue nesesario ke la jente aprendiera. Al lado del sentro komersial fue lebantada una karpa grande, dibidida en dos seksiones; ayí fue abilitado el Sentro de Kapasitasión Téknika Jon Uarner, ke de día era la eskuela de todos los niños de Tierra Sana i de noche en una seksión las mujeres rresibían kursos de konfeksión de rropa, kulinaria, enfermería, téknikas de ofisina i muchas kosas más; i en la otra seksión los ombres aprendían mekánika automotrís i pintura, téknikas de peska, sapatería, karpintería, konstruksión de lanchas, fabrikasión de rredes de peskar, manejos administrativos, kontabilidad, téknikas agríkolas, almacenamiento de kosas  i las demás profesiones ke iban siendo nesesarias.

Era inkreible el entusiamo kon ke la jente trabajaba i estudiaba. Sin darnos kuenta, en poko tiempo el konsumo de rron se rredujo a menos de la mitad del promedio istórico.

Los ombres de Tierra Sana, asesorados por personal traído por el kapitán Uarner, se konbirtieron en indibiduos de ekstraordinario empuje i la industria i la economía del pueblo kresieron rrápido.

El molino lo konstruí yo mismo i lo ubiké donde antes estaba el puerto leñero, por rresultar ayí más ekonómika su konstruksión. Para esa époka se abían echo eksperimentos i mediante un sensiyo proseso abíamos logrado aser abono de ekselente kalidad utilisando ekskremento umano komo materia prima. Debido al buen rresultado de ese eksperimento, poko después le kompré a Uarner, en un negosio para él rrisible i por un presio mui irrisorio, el alkantariyado del pueblo. Ensegida konstruí un enorme depósito subterráneo junto al molino i konekté a ese depósito la tubería de desague del alkantariyado; i de esa obra a la boka del molino apliké un sistema de suksión mobido por el rrío, kedando para el aprobechamiento de mi molino todo el ekskremento umano ke se produsía en Tierra Sana”.

-En este punto se escuchó la estruendosa carcajada del capitán Warner, “moderación por favor”, dijo el juez, pero su propia risa impide que Warner oiga las palabras del doctor Díaz. Además, a este hombre parece no importarle nada de lo que le rodea. Al llegar la calma la lectura del manuscrito continúa así:

“Perisia no paró de aser biajes durante mucho tiempo. De korrido, esa nabe fue utilisada para transportar materiales, personal tékniko i kuanta kosa fue nesesaria para la konstruksión, enseñansa o kualkier ebentualidad. Según Uarner, aunke los barkos nuebos son seguros, ya no asen nabes de la kalidad de su ‘lancha’.

Luego del insendio, todos los abitantes kolaboraron en la konstruksión de sus kasas, i Uarner aportó kasi todos los kostos. Yo ise los planos de las kasas de la nueba urbanisasión i kolaboré kon dinero para komprar materiales.

Uarner era bastante rrelijioso, por idea suya en el pueblo fue konstruida una pekeña pero moderna iglesia kon su kasa kural al lado. La jente de akí no sabía nada de rrelijión i no le dio importansia a ese asunto, ya estábamos listos para inaugurar el pueblo kuando el kapitán Uarner se dio kuenta ke nos asía falta un kura párroko. Ensegida biajó a konsegirlo; ocho días después rregresó sin el rrelijioso, dijo ke los kuras estaban eskasos, pero ke el señor obispo le abía prometido uno para dentro de una semana. Kontrario a lo ke él esperaba, la jente no se desesperó por la demora del rrelijioso, Uarner ya les abía eksplikado ke la bendisión de las kasas ebitaría ke okurriera otra ‘noche del Diablo’, i todos prefirieron esperar la seremonia del kura para okupar sus bibiendas. Pokos días después yegó a ‘la playa’, a bordo de Perisia, el padre RReinaldo Gabilán. Bajó sonrriendo, traía una guakamaya en el ombro. La jente de akí no sabía kómo tratar al kura i tenía dibersas ideas de lo ke era un saserdote kristiano.

En esa époka teníamos más de sinkuenta beíkulos entre bolketas i kamperos; yo, para la yegada del kura, los ise adornar i konbertí uno en karrosa para ke en ésta isiera ‘el señor kura’ su primer rrekorrido por el pueblo.

Ese día, la lancha yegó temprano, pero ya toda la jente estaba amontonada frente a la tienda, esperando al kura, i kasi ensegida la karabana de beíkulos salió de ‘la playa’ asia el pueblo i andubo despasio para ke los ke iban a pie nos akompañaran. Kuando yegamos a la primera kasa, el kura bajó de la karrosa, entró a la bibienda i la bendijo. Luego, una a una bendijo a todas las demás kasas del pueblo. Después entró a la iglesia, la bendijo i dio misa.

Ese mismo día isimos tres inaugurasiones; después de Tierra Sana sigió el Sentro Komersial i por último, ya kasi de noche, inauguramos el molino ke yo abía echo para elaborar el abono ke se rrekería para la agrikultura lokal

Ensegida me di kuenta ke el kapitán Uarner abía echo una gran adkisisión para Tierra Sana al traer al padre RReinaldo Gabilán. De mediana edad, de buen umor, simpátiko en su manera de ser, sabio, trabajador i serbisial, el padre Gabilán en poko tiempo se konbirtió en el ombre de konfiansa de todos. El kura rresultó ser un ombre ke prefería buskarle solusión umana a los problemas antes ke esperar milagros dibinos ke los arreglaran. En la misa, kasi siempre en bes de los ebanjelios asía leer istorias de personas ke kon sakrifisios i aktitud positiva abían superado sus adbersidades personales i kon eyo toda klase de problemas propios i ajenos; desía ke la superasión solo se konsegía kon sakrifisios i akonsejaba ke no esperáramos ke los milagros de Dios nos isieran las kosas. Su guakamaya, ke algunos desían ke era embra i otros ke era macho, también dejó una buena istoria. Luego de su yegada, el kura se mantenía pendiente de todo, menos de su pajarrako, ke tomó la kostumbre de salirse de la kasa kural, ubikada al lado de la iglesia, i se iba kaminando por la kaye; andaba un rrato en kualkier direksión i se metía en la kasa ke le daba la gana. Komía de todo lo ke le dieran, pero no asía daño porke se komportaba komo un jefe i no pikaba nada mientras no se le diera en un rresipiente limpio. Se dejaba agarrar de kualkier persona, pero era de una belikosidad inkreible kon los animales; era kapás de sakar los perros de sus propias kasas. Si algien trataba de detenerla kuando iba por la kaye, se apartaba i desía: ¡Kiubo nojoda!..¡Kiubo nojoda!.

Esas eran las únikas palabras ke sabía desir, i las desía durante todo el tiempo ke estubiera atakando a otro animal. Eso iso ke la jente sakara el dicho de “mas pelionero ke la guakamaya del kura”, pero siempre, por la tardesita, se la yebaban de la kasa donde se la estubiera kojiendo la noche, “akí le traemos la guakamaya padre”, desían los muchachos kuando le yebaban el pajarrako, “suéltenla ayí adentro”, desía el kura, i kuando le preguntaban sí era embra o macho, mui seguro de lo ke ablaba, rrespondía: “es embrita”.

Mui pronto el padre Gabilán se iso kargo de la direksión del Sentro de Kapasitasión Téknika. Él rresultó ser un magnífiko instruktor i su labor fue mui importante en el desarroyo industrial i agríkola de la rrejión. Era un gran administrador de empresa, una bes me kontó ke se abía buelto kura por satisfaser a su familia, pero ke él no tenía bokasión rrelijiosa. “Mi familia está sometida de konsiensia a la Iglesia, yo fui el primer produkto familiar i, por eso, mis padres me rregalaron a la kuria”, me eksplikó él ese día.

Al entrar en funsionamiento el molino, se teknifikó la peska i se dio el paso para la produksión agríkola. Pero no sólo en eso se trabajaba, también se abrieron tayeres para la fabrikasión de muebles, kalsado, rropa, estrukturas metálikas, lanchas, rredes de peskar, medisinas i después poko a poko se fueron montando las industrias de gran enbergadura. Akí no abía burokrasia polítika, estábamos libres del gusano umano ke todo el tiempo a tenido en rruinas a Kolombia.

Por el inisio de la industria, el kapitán Uarner kompró La Gabiota, un barko más grande ke Perisia, ya ke kon una nabe no era sufisiente para abasteser el flujo industrial i komersial de Tierra Sana.

Una tarde, kasi un año después de aber dokumentado a los pobladores de Tierra Sana, yegó a ‘la playa’ una lancha rrápida de kolor rrojo. La jente ya estaba akostumbrada a ber yegar todo tipo de embarkasiones ke eran kontratadas por el kapitán Uarner para traer makinaria o kualkier otra kosa, i por eso nadie le dio importansia a la yegada de esa lancha rroja.

Yo estaba en el sentro komersial kuando la bi yegar. Ayí teníamos instalado un ekipo de rradio ke se komunikaba kon las dos lanchas i kon la kapital de la rrepúblika. Se me iso ekstraño ke el kapitán Uarner, ke estaba de biaje al mando de sus dos nabes, ubiera nesesitado kontratar esa pekeña lancha. Además, Uarner, el padre Gabilán i yo nos manteníamos bien informados de todo lo ke estábamos asiendo; esa mañana yo abía ablado por rradio kon Uarner, él no me abía dicho nada sobre la yegada de esa nabe. Fui a la ofisina de rradio i le pedí al operador ke suspendiera la komunikasión ke tenía kon La Gabiota para ke me komunikara kon el kapitán Uarner ke estaba a bordo de Perisia. Ablamos, dijo ke él no la abía kontratado ni sabía nada de esa lancha rroja; entonses enbié a Maño ke aberiguara a ké abía benido la ekstraña nabe. Maño rregresó kasi ensegida en kompañía del doktor Kaimán i barios de los ombres ke abían benido en la komisión de dokumentos.

“¡Ola Pío Inosente!... ¡me alegra berte!”, dijo el doktor Kaimán, i luego me dio un abraso i añadió:

“Ajá, kuéntame Pío Inosente, ¿kómo andan las kosas por akí?”

Todo bien doktor, no kreía ke usted se akordara de este pueblo i mucho menos ke biniera por akí – rrespondí-, i él agregó: “Todo lo kontrario; me demoré en benir porke e estado mui okupado, pero me e preokupado por aser algo para mejorar las kondisiones en ke biben estos umildes peskadores. Les traigo un médiko i un odontólogo para ke agan un estudio ke nos permita saber las kondisiones de ijiene i nutrisión de esta jente, para dotarlos de un puesto de salud, i kiero ablar kon eyos para saber sus nesesidades. Ajá kuéntame Pío Inosente: ¿Kómo andan las kosas polítikas por akí?”

Las kosas an andado bien doktor. Todo el tiempo emos estado trabajando, pero estamos pendientes de lo ke nos komprometimos kon usted, rrespondí.

“Bueno, ustedes me ablaron de sinko mil botos; el personal ke bino a sedular a esta jente me konfirmó ke los abían, pero no emos organisado nada i ya están próksimas las eleksiones presidensiales. Ai ke organisar las kosas para que la gente sepa kómo es que debe botar; tal bes sobra desirles ke soi el kandidato presidensial del gran partido rrojo”.

Sí. Ya lo sabía doktor; en kuanto a los sinko mil botos, no se preokupe, puede kontar kon eyos, dije yo, pero en rrealidad el asunto polítiko no me preokupaba.

“Grasias Pío Inosente... kiero ke me ayudes a organisar una manifestasión para lo antes posible”.

-Si es para pedirles ke boten por usted, puede aorrársela, pero si desea le rreuno toda la jente de akí en una ora, rrespondí.

“¡Karamba, tanto poder polítiko tienes tú akí!”.

Ordené traer al padre Gabilán, a kien le fasinaba la agrikultura i estaba en el kampo praktikando eksperimentos kon el abono de produksión local en barios kultibos, pero él ya benía en pos de aberiguar a ké abía benido la lancha rroja.

El padre Gabilán no gustaba de polítikos, los beía komo parásitos sosiales, i no sabía de la ‘deuda’ ke teníamos kon el doktor Kaimán; kuando supe ke él abía yegado a la kasa kural, dejé los polítikos en un salón, en el sentro komersial, fui a buskar al kura i los dos nos fuimos para el molino. Ayí le konté el embroyo de la dokumentasión, kosa ke no le paresió grabe sino nesesaria i kreía rrasonable ke la jente diera el boto ke nosotros abíamos prometido. Fuimos a la iglesia, sonó la kampana, kuyo sonido era señal para ke todos suspendieran las aktibidades i se dirijieran ensegida a la iglesia.

El injenioso padre Gabilán abía akostumbrado a la jente a darles la misa al aire libre, frente a la iglesia, debido a ke iba toda la poblasión i adentro era insufisiente para todo el pueblo junto.

Todos, a medida ke iban yegando, ayudaban a sakar las bankas al parke, i los santos de yeso kon mucho kuidado eran puestos en la salida, junto a la pared, i el altar lo ubikaban en la puerta, kon una mitad adentro i la otra afuera; las bankas eran kolokadas en filas de kuatro, ensegida de las gradas de la iglesia, i las últimas kedaban kasi en la mitad del parke. Únikamente se sentaban las mujeres i los niños. Si empesaba a yober kuando estaba dando misa, el padre Gabilán rrodaba el altar asia afuera para mojarse igual a todos i la misa kontinuaba komo si nadie sintiera ke estaba yobiendo.

Ese día me kedé en el sentro komersial mientras el kura le daba al pueblo las eksplikasiones ke abíamos konbenido. En el salón enkontré al doktor Kaimán i su komitiba dormidos; entre todos asían una sinfonía de rronkidos kuando dije en bos alta: “Doktor; está lista la jente para la manifestasión.”

El kandidato dió un salto i dijo: “¿Ké era lo ke me desías?”

-La jente lo está esperando doktor, añadí.

“¡A… sí!, entonses, bamos pues”.

En la kaye abía barios kamperos esperándonos, los abordamos i rrápidamente yegamos a la iglesia. Ayí, en su mediano parke, sembrado de ermosos árboles todabía pekeños, abía más de dies mil personas rreunidas. El doktor Kaimán al ber la multitud eksklamó: “¡Pero es ke usted logró aser en menos de una ora lo ke no a logrado ninguno de mis líderes polítikos!”.

“No lo ise yo solo, el kura me ayudó”, rrespondí, i en ese instante el padre Gabilán salió a rresibirnos; se lo presenté al kandidato presidensial i luego de una pekeña charla el kura tomó el mikrófono i dijo: “Está kon nosotros el doktor Kaimán, kandidato presidensial del partido rrojo. Fue kon su ayuda ke se konsigió ke el gobierno enbiara a este lugar la komisión ke les ekspidió sus dokumentos de identidad. Este pueblo le debe un gran serbisio al doktor Kaimán i por eso todos deben botar por él para presidente. Les rruego ke eskuchen kon mucha atensión sus palabras.”

El doktor Kaimán tomó el mikrófono. Kon el sonsonete ke suelen ablar los polítikos dijo:

“Buenas tardes... pueblo de Tierra Sana... así es: El nombre lo dise mui klaro; Tierra Sana… I poblada de jente ke además de ser sana es también trabajadora, onorable i yena de fe i optimismo en el porbenir de nuestra patria.

E benido a darles una buena notisia: Mi gobierno konstruirá la karretera para ke ustedes puedan ir por tierra a la kapital de la rrepúblika!”.

El doktor Kaimán no sabía ke los abitantes de akí ignoraban la eksistensia de la siudad capital i no se imajinaba lo difísil ke abía sido sakar a esta gente de las kuebas i, kon el anunsio de konstruir la karretera, tal bes esperaba una granisada de aplausos, pero lo ke empesó en ese instante fue una berdadera granisada de yubia ke puso en karreras al doktor Kaimán i su komitiba. Todos se metieron en la iglesia. El padre Gabilán rrodó el altar asia afuera i empesó a dar misa, kosa ke sigió bajo un torrensial aguasero, ke la jente paresió ignorar.

Los periodistas i los kamarógrafos ke akompañaban al kandidato presidensial también se mojaron; todo el tiempo estubieron afuera tomando fotos i filmando desde diferentes ángulos la konsentrasión ‘polítika’  bajo la yubia. Pero terminó la misa i el aguasero kontinuaba i el estado del tiempo daba a entender ke abría yubia por largo rrato. El padre Gabilán terminó la misa i los ombres lebantaron las bankas i las entraron, komo de kostumbre, i el kura no iso nada para ebitar ke se disolbiera la ‘manifestasión’ polítika; totalmente mojado entró a la kasa kural.

En el momento se desató una truenera i los ombres kon su rropa mojada, entrando las kosas de la iglesia ke también estaban mojadas, mojaron al doktor Kaimán i a sus akompañantes. El latigaso de los rrayos i el estruendo de los truenos le probokaron un atake kardíako al doktor Kaimán. Media ora después de ke terminó el aguasero, sarpó la lancha rroja kon el kandidato presidensial desmayado, pero el objetibo polítiko abía sido logrado.

Los partes médikos, ke kasi ensegida empesaron a dar por rradio i telebisión, desían ke su estado de salud era sumamente delikado debido a ke “después de soportar por barias oras un sol kalsinante, rresibió un torrensial aguasero durante más de dos oras.”

Todos  los periodistas ke binieron en la lancha rroja eran fieles segidores polítikos del doktor Kaimán. Por telebisión i en los periódikos de la fecha, traídos por el kapitan Uarner, pude darme kuenta ke estos no aorraron en tretas, asiendo montajes para mostrarle al públiko “el gran sakrifisio echo por el kandidato en su rrekorrido, i el gran entusiamo kon el ke la jente de ese lejano i deskonosido pueblo soportó el aguasero para eskuchar al kandidato del partido rrojo.”

Algunas fotos i filmasiones tomadas ayí fueron presentadas después por notisieros de telebisión i periódikos adeptos al kandidato del partido rrojo, para mostrar el “rrotundo éksito”, de manifestasiones echas en otros lugares.

Dos semanas después de la yegada del doktor Kaimán, a media mañana, yegó una lancha pintada de asul. Kasi ensegida yegó otra lancha más pekeña kon un letrero ke desía “prensa”, kuyos okupantes, supe después, eran informadores, neutrales en lo polítiko.

Ensegida ke yegó la lancha asul, kon tono de ser una orden, de eya solisitaron ke fuera a bordo la primera autoridad del pueblo. En la práktika el solisitado era yo pero, por estar okupado, enbié a Maño a ke aberiguara para ké me nesesitaban.

RRegresó pronto, dijo: “solisitan kolaborasión para aser una manifestasión polítika; kieren un karro kon bosina i una persona para ke los gíe”.

Dáles el karro i konsígeles un boluntario – ordené -, i me fui para el kampo; ayá me estaban esperando el padre Gabilán, el kapitán Uarner i barios ekspertos agríkolas, para berifikar eksperimentos kon los diferentes abonos ke se estaban prosesando en el molino. RRegresamos juntos ya de noche. En la puerta de la iglesia abía un ejérsito de periodistas esperándonos. Kuando yegamos a la kasa kural, akorralaron al padre Gabilán kuando se bajó de su kampero; todos a la bes le asían preguntas diferentes.

“Perdónenme, pero esta noche no los puedo atender”, dijo él, i se entró a la kasa kural. El kapitán Uarner i yo segimos asia el sentro komersial. A la salida todos trataron de segirnos, korriendo, pero aseleramos los kamperos i los periodistas se kedaron. Sin embargo, un grupito de eyos tomó el kampero del kura i nos sigió; kuando íbamos a entrar al sentro komersial yegaron. Un señor de aspekto serio nos iso detener disiendo: “Somos de prensa libre, no estamos a fabor ni en kontra de ningún kandidato; los del partido asul organisaron o trataron de aser una manifestasión polítika, oi a las tres de la tarde, pero ningún abitante de akí fue a ese ebento polítiko. Me konsta ke ayí solo estubimos los periodistas i la jente ke bino en la kampaña. Eso fue mui distinto a la manifestasión ke iso el kandidato del partido rrojo, ke, según disen, toda la jente del pueblo, inkluyendo los niños, estubieron ayí; según parese, akí no se muebe una paja si el kura i ustedes dos no lo autorisan. Además, se komenta ke ustedes le ordenaron al pueblo, botar por el kandidato del partido rrojo. ¿Eso es sierto?”

Uarner me miró komo keriéndome desir ke kontestara yo; entonses rrespondí: Lo de la paja no tiene sentido; en kuanto a los komentarios ke usted a mensionado, puedo asegurarle ke no es sierto ke nosotros le ayamos ordenado al pueblo botar por determinado kandidato; no tenemos ese poder ni somos polítikos, lo ke okurrió fue ke el doktor Kaimán en una okasión le iso un serbisio a este pueblo i, por eso, lo más probable es ke la jente de akí, en estas eleksiones, bote por él para presidente. Pero estoi seguro ke a ningún abitante de Tierra Sana le interesa la polítika. En este pueblo no ai burokrasia, la jente de akí se gana la bida trabajando onestamente.

“¿Usted por kién ba a botar?”, me preguntó el periodista.

-No boi a botar, rrespondí.

“¿I usted por kién ba a botar?”, le preguntó el periodista al kapitán Uarner.

“Yo tampoko boi a botar”, rrespondió él.

Dio las grasias i se rretiró en el kampero en ke abía yegado.

Las dos lanchas de Uarner estaban de biaje, él estaba interesado en la agrikultura i se abía kedado obserbando el rresultado de los eksperimentos ke se estaban asiendo kon los abonos produsidos en el molino. Esa noche abíamos konbenido kon el padre Gabilán ke estaríamos a las sinko de la mañana de ese otro día en el sitio de trabajo; a él le gustaba madrugar más i se iba sólo, en un kampero ke le abía rregalado Uarner.

Uarner i yo estábamos alojados en abitasiones segidas, en el sentro komersial. Esa noche yegamos kansados i, ensegida ke se fueron los periodistas, nos akostamos a dormir. Más tarde, kon golpes ke paresía ke iban a tumbar la puerta, me despertaron. Miré por la bentana, bi seis ombres al lado de la puerta. Uno de éstos al berme dijo: “Diskulpe la molestia, nesesitamos ablar kon usted”. Le rrespondí ke esperara un momento, serré la bentana, me bestí kon rropa adekuada i salí. Afuera, kon eyos enkontré al kapitán Uarner. Uno de los forasteros me presentó a un ombre de unos kuarenta años, kien dijo ser el doktor Daniel León, jefe nasional de la kampaña polítika del partido asul i ombre de konfiansa del doktor Franko, kandidato presidensial de ese partido.

-Dígame, ¿ké se le ofrese, doktor León?, interrogé yo.

“Benimos a pedirles ke nos kolaboren, mañana, en la organisasión de una manifestasión polítika. Kisá konbiene aklararles ke estoi autorisado por el kandidato presidensial, para ofreserle a este pueblo la rrealisasión de obras ke ará akí el gobierno del partido asul”.

Miré a Uarner, komo asiéndole el pase de bos, pero me di kuenta ke él tampoko sabía ké desir; entonses dije: tenemos ke ablar kon el padre Gabilán.

“El debe estar durmiendo”, eksplikó Uarner.

“El país lo nesesita despierto”, objetó el doktor León.

“Bamos a yamarlo”, sujerí yo, pero el doktor León, mui edukadamente, nos pidió ke enbiáramos a algien ke pudiera eludir a los periodistas. Éstos, según el doktor León, estaban montando guardia frente a la kasa kural, esperando la salida del padre Gabilán.

“Es nesesario sakarlo de ayí sin ke los periodistas se den kuenta”, agregó el líder polítiko.

Yamé a Maño; ise ke se bistiera kon uniforme de marinero, le entregé un uniforme de ofisial de ‘La Gabiota’, de la taya del padre Gabilán, i le pedí ke en una bolketa fuera a la kasa kural; le adbertí ke si algún periodista le preguntaba algo, dijera ser marinero i ke iba en buska del primer ofisial ke dormía ayí. Lo instruí para ke entrara por la puerta ke daba al patio i, desde adentro, yamara al padre Gabilán; al kura le enbié una brebe nota ke desía: “Es nesesario ke ablemos kon los polítikos esta noche, el uniforme es para ke despiste a los periodistas”.

A poko rrato yegó el padre Gabilán, kondusiendo la bolketa, disfrasado de ofisial merkante. Él se abía dado kuenta del ‘rrobo’ de su kampero i traía en la bolketa su ekipo de trabajo.

En ese momento, al doktor León no le agradó kuando yo dije ke antes de komprometernos kon eyos era nesesario ke el padre Gabilán, el kapitán Uarner i yo nos rreuniéramos en pribado para rrasonar el asunto; protestó disiendo: “Las kosas polítikas deben ser públikas. No ayo rrasón para ke no podamos ponernos de akuerdo juntos.”

Kontrario a lo ke yo esperaba, el padre Gabilán dijo ke estaba de akuerdo kon el doktor León.

“¿Ké es lo ke desea ke agamos, doktor León?”, preguntó el kura.

El doktor León rrespondió: “Se trata de una manifestasión polítika; lo ke deseamos es ke ustedes nos kolaboren para ke la jente akuda en la forma ke lo iso kuando isieron la manifestasión del partido rrojo. Estoi seguro ke, si oyen nuestras propuestas, muchas personas de akí ban a kambiar de opinión i ban a botar por nuestro kandidato.” Al oir esa eksplikasión, el padre Gabilán dijo: “Yo no soi polítiko, mi profesión es la enseñansa kristiana, en lo ke usted solisita soi absolutamente neutral”. Ensegida el kapitán Uarner añadió: “Yo soi agrikultor, komersiante i transportador, i no tengo ninguna inklinasión polítika. También soi neutral en lo ke usted desea”. I, por último, yo también ebadí kolaborarles en la organisasión del ebento, deklarándome deskonosedor de los asuntos políticos, así komo neutral en lo ke solisitaba el doktor León. Éste, luego de mis eksplikasiones, mirándome dijo: “Según entiendo, usted es el korrejidor de akí”.

-En forma interina i sin sueldo, rrespondí.

“¡Usted puede deklarar síbiko el día de mañana!”

¿Por ké kausa?, interrogé.

“Por la yegada del rrepresentante nasional del gran partido asul”, dijo él.

Le ekspliké ke las disposisiones de la korrejiduría eran anunsiadas al pueblo kon tres días de antisipasión; ke la jente estaba akostumbrada a eso i ke kambiar las kosas de rrepente aría probokar el kaos, un asunto ke nunka abíamos manejado akí.

“Usted insinúa ke en este pueblo tienen una disiplina komo si en konjunto fuera una gran empresa o algo paresido?”

Así es, rrespondí yo.

“¿Kién dirije todo eso?”

Le ekspliké ke el gobierno de este país ignoraba la eksistensia de esta jente i ke el Estado nunka abía tenido rrepresentante en Tierra Sana; ke la Iglesia mui dignamente estaba rrepresentada por el padre Gabilán, i ke la enseñansa era patrosinada por el kapitán Uarner, kon la ayuda del padre Gabilán i la mía. I ke la autoridad la ejersía yo, sin sueldo, desde ke el pueblo me abía elejido korrejidor. Las kosas funsionan kon un sistema sensiyo –añadí-; a las sinko de la mañana el pueblo es despertado kon sinko kampanasos ke suenan en la iglesia; a las seis un kampanaso anunsia el desayuno; kon dos kampanasos, a las siete de la mañana, se indika el inisio de las labores del día. A las dose suena una bes la kampana; kon eso se anunsia ke es ora de almuerso. Una ora más tarde dos kampanasos anunsian el inisio de la segunda parte de la jornada, ésta termina kon sinko kampanasos a las sinko de la tarde. A las siete de la noche dos kampanasos anunsian el inisio de kursos téknikos, ese mismo orario es bálido para el amor i su tiempo de durasión es libre durante toda la noche. Si, a kualkier ora del día, la kampana suena barias beses en segidiyas, toda la jente debe dirijirse a la iglesia; eso signifika ke ai algo mui  importante para desirles.

Al oír esas eksplikasiones, el doktor León dijo: “Diskulpe… ¿a dicho usted ke asiendo sonar la kampana en segidiyas, toda la jente del pueblo se dirije a la iglesia?”

Sí, esa es la konsigna, ekspliké yo.

El doktor León se puso las manos en la kabesa i kasi meditando dijo: “Eso  es lo ke yo nesesito: Ke suene en segidiyas  la kampana!… tengo algo mui importante para desirle a esta jente”.

“Pero yo no puedo permitir ke la kampana de mi iglesia sea usada como trampolín polítiko”, protestó el padre Gabilán.

-“No se preokupe señor kura... grasias i buenas noches señores”, dijo el doktor León i se fue kon sus kompañeros en el kampero ke le abían tomado al padre Gabilán.

¡No arán lo ke kieren!, dijo el kura subiéndose a la bolketa en kompañía de Maño.

Uarner i yo madrugamos komo abíamos konbenido; a las sinko de la mañana, en el sitio de trabajo, enkontramos al padre Gabilán dormido en una amaka. A su lado, en una mesa, estaba la kampana de la iglesia. Kuando despertó dijo: “Esos sinberguensas no podrán abusar kon la kampana komo isieron kon mi karro”. Él abía enkargado a Maño para ke dirijiera las labores del pueblo ese día.

Por la noche, kuando rregresamos, los polítikos i los periodistas se abían ido; dejaron el pueblo yeno de papeles kon propaganda polítika.

Ese día el doktor León i su jente usaron todos los rrekursos i artimañas ke les fue posible en su afán de kongregar el pueblo; kuando se dieron kuenta ke la kampana de la iglesia no estaba en su lugar, fueron a traer una de la lancha i la pusieron de rreemplaso. Pero era demasiado pekeña i su sonido mui distinto al de la kampana ofisial, probokando rrisas i efektos negatibos al propósito ke eyos buskaban, ya ke la jente, fuera de segir las instruksiones de Maño, al berlos en su ajite les tomó deskonfiansa i los eludía de kualkier forma.

Ese frakaso polítiko del partido asul fue bien aprobechado por los enkargados de la propaganda del partido rrojo. Durante barios días, en los periódikos más influyentes del país, pagaron una pájina kompleta; la mitad de arriba, en barias tomas mostraba “la forma en ke el pueblo rresibe al kandidato del partido rrojo”. I la mitad de abajo, también en barias tomas mostraba “la indiferensia de ese pueblo ke no se deja engañar kon las propuetas del kandidato asul”. I no fueron pokos los montajes ke isieron usando el mismo argumento en propagandas por telebisión.

Eso debió kausar mucho disgusto en el interior del partido asul. Komo se berá más delante, de este echo, ke para los abitantes de Tierra Sana no tenía ninguna importansia, nasió un problema kuyas konsekuensias laten todabía”.

-En este punto el juez ordenó terminar la jornada. Ha dicho que la audiencia será interrumpida durante una semana, para llenar requisitos de ley.

Es conveniente aclarar algunos detalles de este juicio. Recordemos que se está juzgando al difunto Pío Inocencio Sedano, más conocido en este pueblo como ‘Pío Inocente’, cuyos restos mortales yacen pulverizados en un fino ataúd; se le acusa por la muerte de varias personas que inexplicablemente desaparecieron en Tierra Sana.

El acusado  dejó una enorme fortuna y más que todo  a eso se debe este proceso.

El gobierno ha dicho que si se comprueba la responsabilidad del acusado, en los delitos que se le acusa, usará parte de la fortuna que él dejó, para indemnizar a los familiares de las víctimas. Pero resulta que las personas que el difunto reconoció como hijos suyos acaban de ganar un pleito y ahora son reconocidos legalmente como ‘hijos adoptivos’, y por lo tanto también tienen derecho a una parte de esa fortuna.

El gobierno ha dado una semana para que esas personas se presenten ante el juez que preside el juicio, y por eso hubo que interrumpir la audiencia.

Esta semana estoy desocupado y la voy a aprovechar para investigar el funcionamiento del Método Práktiko, el alfabeto que usan en Tierra Sana.

Ya pasó la semana que el juez dio de plazo. En esos días hablé con el doctor ‘Maño’, el hombre que maneja este pueblo y que le colaboró a ‘Pío Inocente’ en el arreglo del alfabeto. Me fue bien en las diligencias que hice investigando la tecnificación del Método Práktiko, ‘Maño’ me colaboró con buena información y muchos documentos.

En cuanto al proceso, no considero interesante contar en detalle lo ocurrido en esos siete días, el resumen es que casi todos los habitantes de Tierra Sana se presentaron ante el juez, con documentos auténticos que demuestran ser hijos del difunto. Eso quedó definido y ahora todo está listo para que continúe la audiencia; el juez le ordenó al lector Cadena que continue la lectura del manuscrito, empezando donde se había interrumpido. El lector Cadena lee así:

“Los sábados de esa époka el padre Gabilán le enseñó a la jente los efektos legales i umanos del matrimonio por la Iglesia. Kon eso asustó a los ombres – dije yo en una rreunión kon él -, porke mientras la mayoría de las mujeres kería kasarse por la Iglesia, los ombres le uían al matrimonio.

Tiempo después, por inisiatiba suya, fue implantada en Tierra Sana la lei de obligar a kasarse kon eya, al ombre ke isiera uso seksual de una mujer birjen. Dicha lei nasió del rresultado de tres rreuniones ke él iso después ke supo lo de la erradikada kostumbre de pagar dote por las mujeres bírjenes. Primero se rreunió kon las señoritas. Éstas se kejaron de ke, komo estaban las kosas, los ombres podían abusar de las mujeres i luego eyas se kedaban sin dote i sin marido. Después, se rreunió kon los solteros i les eksplikó la norma eklesiástika; eyos le alegaron ke era absurdo obligar a un ombre a kasarse kon una mujer bieja por el mero echo de ke eya fuera birjen, le pidieron rreglamentar ke las mujeres bírjenes asta una edad máksima de treinta años tubieran derecho a eksijir la obligasión de matrimonio. Pero lo ke rresibieron fue un jalón de orejas de parte del padre Gabilán, él les eksplikó ke la birjinidad de María era eterna i les dejó klaro ke, sin importar la edad de la perjudikada, de aora en adelante kien isiera uso seksual de una mujer birjen kedaba obligado a kasarse kon eya. “Aora sí se nos jodió la kosa”, komentaban eyos, después.

La última de esas tres rreuniones la iso kon el kapitán Uarner i mi persona. El asunto fue ampliamente diskutido i, pese a ke para mí el rremedio era peor ke el mal, por ser una norma de la Iglesia fue admitida su propuesta. Ese día, en una meskolansa de autoridad sibil i rrelijiosa kedó establesido ke “de aora en adelante no se permitirá la desonrra de las mujeres de Tierra Sana”, i se eksplikaba ke la únika forma de ebitar el matrimonio sería ke la perjudikada seksual dijera ke no kería kasarse por la Iglesia.

El primer afektado kon esa lei fue José RRifles. Él no le dio importansia a ese asunto i a los pokos días de aber empesado esa obligasión se kasó kon una muchacha ke en esos días abía perjudikado. Pero mui pronto se arrepintió de su embarrada, pues él era sumamente enamorado, i desde entonses las mujeres ke trataba de konkistar lo rrechasaban disiendo: “ombre kasado es papel kemado”. Después iso todo lo ke le fue posible para diborsiarse, pero nada le funsionó para safarse de las ataduras eklesiástikas; “se nesesita tener mucho dinero i buenas influensias por lo alto del Batikano, para konsegir el diborsio”, komentaba en forma konfidensial el padre Gabilán.

Tiempo después, los ombres, luego del ‘abuso’ a una señorita se eskondían para ebitar ke el padre Gabilán los kasara. Ese fue el primer tipo de ‘delinkuentes’ ke ubo en Tierra Sana, asiéndose entonses nesesaria la kreasión de un kuerpo de polisía para ke lokalisara i kapturara a los ‘abusadores’.

En numerosas okasiones los ‘abusadores’ fueron yebados amarrados asta la puerta de la iglesia i ayí eran liberados para ke se kasaran; después salían, el esposo para un lado i la esposa para otro, i la mayoría de las beses nunka más bolbían a bibir juntos.

Siempre estube en kontra de ese prosedimiento, una bes le protesté al padre Gabilán por aber obligado a un muchachito a casarse kon una mujer mayor; él me rrespondió: “Esas son las rreglas de la Santa Iglesia, kuyo kriterio es ke el amor de la jente debe ser distinto al de los animales. Yo, de manera personal, me inklino por la libertad en el amor, funsión natural ke de manera injusta i absurda, a los eklesiástiikos nos es bedada. Puedo asegurarle ke muchas beses es más duro no poderse kasar ke ser obligado a kasarse.”

El kuerpo de polisía empesó a funsionar konformado por kuatro ombres. Éstos, kuando no estaban buskando o kapturarando a los ‘abusadores’, debían permaneser en la korrejiduría en las oras ke estaba abierta, sirbiendo de testigos de unión libre ke formalisaban algunas parejas de enamorados. Esa era la únika forma, más o menos digna, komo la jente ebitaba el matrimonio por la Iglesia.

José RRifles, después de ser obligado al matrimonio, no gustaba del padre Gabilán. Desía no entender “por ké si pudo kasarme no pueda deskasarme”. De los polisías tampoko gustaba, éstos eran solteros i tal bes por el uniforme las mujeres los persegían. En una okasión los atakó a puñetasos i patadas i los derrotó a los kuatro juntos; los desarmó de sus bastones de mando, únika arma de dotasión ke tenían, i los iso korrer a darme las kejas de lo okurrido. “Nadie puede detenerlo, tiene más fuersa ke una katapila”, aseguró uno de los derrotados, de kuya  kamisa tenía menos de la mitad.

Para solusionar el problema mandé a un niño a traerlo; ya sabía ke las mujeres sumamente ermosas i los ombres ke poseen demasiada fuersa muskular, karesen de talento.

No demoró en yegar, bino kon el niño, me entregó los kuatro bastones de mando de los polisías. Les pedí a los demás ke nos dejaran a los dos solos i le dije a él ke se sentara. El ombre estaba bastante ajitado i un poko nerbioso.

¿Por ké fue el problema? – le interrogé.

“Eyos se las estaban dando de mui gayitos”, eksplikó.

Komprendo, añadí, a eyos les ase falta un buen entrenamiento, para eso kise ke usted biniera; boi a proponerle un asunto, pero antes kiero saber la kausa del problema.

“Es ke eyos antes no eran nada, pero desde ke les dieron uniforme se kreen los putas”, dijo él.

¿Por eso fue el problema?, le interrogé.

“Sí. Yo kería joderme kon eyos para saber lo machos ke son; pero, dígame ¿ké es el asunto ke me ba a proponer?”

¿Usted kiere ser polisía?, le interrogé.

 “Yo sí”, rrespondió.

Si usted ase las pases kon los polisías, los entrena, i no rresibo kejas de su komportamiento durante estos seis meses sigientes, kumplido ese lapso i esos rrekisitos lo nombraré jefe de polisía kon sueldo doble al de eyos. ¿Ké me dise?

“Está bien. Asepto”.

Debe empesar mañana, es nesesario ke los entrene asta ke nadie los pueda desarmar, añadí.

“No se preokupe, de eso me enkargo yo”, dijo i se marchó.

Fue tal el interés que él le puso a ese asunto, ke a los kuatro meses ya era jefe de polisía. Abajo del ombro de la manga derecha, su uniforme yebaba una barra dorada ke signifikaba su grado. Le lusía el uniforme, pero a su modo de pensar le debía kedar mucho mejor, pues según la jente, kuando se lo puso por primera bes, se kreía el rrei del uniberso. Yo, para estimularlo aún más, ise darle de dotasión una korrea blanka kon funda del mismo kolor i una pistola kalibre nuebe milimetros. ¿Así kién podía ser más importante i buen moso ke el komandante de la polisía de Tierra Sana? No kreo ke el komandante RRifles, en esa époka, ubiera podido konsebir la eksistensia de algien mejor ke él.

A pesar de ke no le agradaba el kura, fue su mejor kolaborador en la persekusión i kaptura de los ‘abusadores’. Gosaba biendo kasar obligados a los demás ombres, inkluso, a toda mujer birjen ke kería konbibir en unión libre le akonsejaba ke kambiara de idea, ke kometiera ‘la falta’ antes de ir a la korrejiduría, i akusara a su nobio de abusador, para obligarlo a matrimonio.

Tomó tan en serio su ofisio ke mui pronto se konbirtió en el terror de los enamorados, pues el solo echo de berlos akarisiándose apasionadamente era motibo para interrogar a la nobia, akompañando su interrogatorio de ‘buenos konsejos’, i usaba su endemoniada astusia para saber asta donde abían yegado las kosas. Por su empeño fueron numerosos los kasos de nobiasgo ke terminaron en matrimonio obligado; de su asedio no se eskaparon ni sikiera los amantes más sekretos, pues poseía una malisia diabólika i su pasiensia era inagotable.

Estaba separado de su esposa i bibía en el kuartel. Ayí, fuera del dormitorio suyo, abía otro más grande para los polisías, pero ninguno de eyos lo okupaba de bibienda, siendo el komandante RRifles el úniko ke abitaba en ese lugar.

Por orden mía, todos los días a las siete de la mañana asían formasión; después segían los entrenamientos i las misiones ke debían kumplir.

Un día, komo a las nuebe de la mañana, fueron al molino los kuatro polisías, a desirme ke el komandante RRifles estaba desaparesido. Ya para esa époka él se abía ganado el odio de la mayor parte de la jente de Tierra Sana.

Yo era dueño del sentro komersial i de otros negosios ubikados en diferentes partes del pueblo i, además, tenía barios kultibos agríkolas, pero la mayor parte del tiempo lo pasaba en el molino, kontrolando mis asuntos desde ayí.

Maño me mantenía informado de todo lo ke susedía en el pueblo. No sé kómo se las arreglaba él para saber en detaye el ké, kién, kómo i porké en todo lo ke okurría, pero así era; por eso se me iso ekstraño ke no fuera Maño kien me informara de la desaparisión del komandante RRifles. Sabía ke los dos se entendían bien, i ke fuera del kapitán Uarner, el padre Gabilán i mi persona (la jente nos denominaba Los Jefes), Maño era el úniko ombre de Tierra Sana rrespetado por el komandante RRifles, kien obedesía sus órdenes komo si se tratara de uno de los jefes.

Ese día, kasi junto kon los polisías yegó Maño, éste dijo ignorar la desaparisión del jefe polisial; entonses yo le ordené ke en kompañía de los polisías lo buskara, kosa ke eyos isieron duante todo el día pero sin enkontrar la menor pista del desaparesido.

A las sinko de la mañana del día sigiente, el padre Gabilán iso sonar la kampana en segidiyas; ya todo el pueblo sabía la kausa del yamado, la jente salió de prisa asia la iglesia.

“Oi no bamos a sakar las bankas, bamos a rresar la orasión de San Antonio i le pediremos ke nos ayude a enkontrar al komandante de la polisía, ke desde ase dos días está desaparesido”. Kon esas palabras informó el asunto el padre Gabilán, después rresó la orasión i, komo nadie más la sabía, la rrepetimos kon él.

Ensegida dibidimos la jente en kuatro grupos i, en forma imajinaria, también rrepartimos la tierra en kuatro partes. La rregla fue ke kada grupo debía rrebisar una de las kuatro partes. Empesamos en el parke, luego sigió la iglesia, el pueblo, kasa por kasa, i si se ayaba tierra rresién mobida, debía kabarse.

La orden fue ke no kedaría piedra sobre piedra asta enkontrar bibo o muerto al jefe de la polisía. Así fue. Esa mañana, sentímetro por sentímetro fue rrebisado el pueblo. Pero ayí no enkontramos al komandante RRifles. Abía ke segir buskándolo en los kultibos, en el desierto i en el rrío. Yo empesé a sospechar ke podía estar asiéndoles kompañía a los Kortina, más no fue así; komo a las nuebe de la mañana sonó la alarma, kuya forma indikaba ke lo abían ayado muerto, pero a poko rrato, kuando yo iba yegando al lugar donde fue enkontrado, la alarma bolbió a sonar indikando ke estaba bibo.

Kuando lo bi, por los moretones en su kuerpo el ombre paresía un plátano maduro aporreado, le abían kitado la rropa i tenía puesta una pantaloneta de baño. Apenas medio rrespiraba. La jente, kisá por el odio ke le tenía, lo miraba i no asía nada. Ensegida que yegé al lugar de los echos, de urjensia ordené trasladarlo a bordo de Perisia, i solisité ke desde el lugar donde fue enkontrado, todo el personal de primeros auksilios de las dos lanchas se dedikara a kurarlo.

Su estado se beía tan grabe ke daba a imajinar ke moriría antes de terminar ese día. Después, nunka se supo kién fue el autor de ese atentado, siendo además una operasión mui bien orkestada ke tubo de su lado la apatía de todo el pueblo ke no kolaboró en la inbestigasión para aklarar esa aksión kriminal. Pero lo bueno fue ke no lograron matarlo, lentamente se rrekuperó.

Ya kasi alibiado, José RRifles me kontó el asunto kasi yorando, no sé si de rrabia o de miedo. El plan empesó kon una serie de paskines ke lo akusaban de estar asiendo orjías seksuales en el kuartel. Es kasi seguro ke él sí rresibía i asía ‘kositas’ kon amigitas en el kuartel, pero nunka ubo eskándalo ni se supo que isiera mas de lo normal, i ‘los jefes’ no le dimos importansia a ese asunto.

Después le dejaron un anónimo en el kuartel, kon la informasión presisa para ke piyara a un abusador; el dato salió positibo. En ese kaso rresultó inbolukrado un joben yamado Dabid Sedano, kien administraba un tayer de fabrikar lanchas, i una ermosa i rrekatada muchacha yamada Felisa, ke era la koordinadora industrial del kapitán Uarner.

Los nobios inbolukrados en este kaso estudiaban en el Sentro de Kapasitasión, de siete a dies de la noche. El solar de la kasa de Felisa pegaba por detrás kon el tayer de fabrikar lanchas donde trabajaba Dabid; kuando eyos salían de estudiar, eya se iba kon barias kompañeras ke la dejaban en la puerta de su kasa; él se iba sólo, por otro kamino, a su kasa ke estaba al lado del tayer i de ayí ponía a funsionar una sekreta i komplikada operasión de amor.

Primero se pasaba al tayer, subiéndose por ensima de la pared de su kasa; luego ponía una eskalera i se subía a la pared ke pegaba kon el patio de la kasa de su amante, i ensima de esa pared ponía un tapete para ke eya no se maltratara las piernas al pasar. Kuando todo estaba listo asía una seña, kon la kual eya benía i él le pasaba la eskalera i la ayudaba a pasarse al tayer. Ayí, al aire libre, asían el amor.

Todo un éksito se apuntó el komandante RRifles kon ese dato. Esa mañana, kuando él yegó al molino yo estaba ablando kon el kapitan Uarner. Luego de saludanrnos, un poko nerbioso i sin eksplikar el asunto el komandante RRifles dijo: “me los piyé kuliando en el kasko de una lancha ke está sin terminar.”

Tiempo después me kontaron eyos lo mucho ke se le abían umiyado esa noche al komandante RRifles, para ke no los delatara. “Ubiéramos echo kualkier kosa kon tal de ebitar la pena, pero de nada sirbieron las súplikas para ke no dijera nada i nos diera tres días para kasarnos a las buenas”, me eksplikaron Felisa i Dabid.

Por la mañanita del día sigiente, eya fue al molino a pedirme ayuda. Kuando yegó, la puerta de mi ofisina estaba abierta. Eya me miró i se kedó afuera sin desirme nada. Yo noté en su rrostro la alegría triste ke suele karakterisarse en siertos paisajes i en algunas kansiones. Me imajiné ke nesesitaba algo i ke le daba pena solisitarlo; la yamé, eya entró a la ofisina tapándose la kara kon su larga kabeyera, le interrogé el motibo de su bisita, eya empesó kon pena i miedo, pero luego tomó konfiansa i me kontó kon detayes todo el problema en ke se ayaba metida. Me rrogó ke le ayudara a ebitar el eskándalo.

¿I su nobio ké dise? le pregunté.

“Nos bamos a kasar mañana”, rrespondió.

¿Dónde está él?

-“Me está esperando akí serka”. 

Le dije ke fuera a traerlo, eya salió a la puerta de la ofisina, iso una seña i él yegó. Por la forma komo se trataban deduje ke los dos se kerían i me paresió ke formaban una ekselente pareja. Ambos estaban sumamente angustiados, pero se kalmaron kuando les dije ke yo me enkargaría del asunto. A lo último le pusimos umor al kaso i lo konkluimos kon el kompromiso de mi parte, de ser padrino del matrimonio. Sin embargo, en el momento yegó Maño i me kontó ke ese eskándolo ya estaba echo. Ese mismo día ablé kon el padre Gabilán, él en la misa sigiente iso el anunsio de la boda, la kual se rrealisó un mes después kon la partisipasión de todo el pueblo i fue el matrimonio más ermoso ke se a bisto en Tierra Sana.

En kuanto al komandante RRifles, luego de aber echo el escándalo se enteró de ke yo sería el padrino de ese matrimonio i entonses kambió lo ke abía dicho de los nobios; rrogándole a la jente ke no dijera nada de ese asunto, aseguró ke eso abía sido una broma kon sus amigos Felisa y Dabid.

Poko tiempo después de esa boda, al yegar el komandante RRifles a su solitario kuartel, enkontró otro anónimo kon la misma letra del dato ke le abía permitido piyar a Felisa. En este le desía ke fuera a un pekeño desfiladero ke estaba al lado de donde se sakaban las piedras: “ayí enkontrará la informasión para ke deskubra kién es el ke le ase los paskines”, desía la nota al final.

En esa époka se estaba konstruyendo un kanal de rregadío, i la piedra ke se utilisaba en esa obra se sakaba de un lugar ke kedaba a menos de un kilómetro del pueblo, rrío arriba. Mui serka de ayí abía una lomita i de esta nasía un desfiladero de kasi sien metros. Asta ese lugar yegó el komandante RRifles, i ayí enkontró una nota ke desía: “Su enemigo es un abusador de baja kalaña, lo puede kapturar en aksión, kon una muchacha supuestamente birgen, esta noche de siete en adelante. Para ebitar kualkier faya siga al pie de la letra las sigientes instruksiones: salga del pueblo sin ke nadie se dé kuenta i akuéstese en el lugar markado kon una krus de piedras; él yegará kon su chika en una bolketa. Asen el amor en la rroka plana ubikada a menos de sinko metros del lugar donde usted estará akostado. Kuando eskuche el rruido de la bolketa, pege la kara al piso i akurrúkese lo más pegado al suelo ke pueda, para ke eyos no lo bean”.

En la kaída del desfiladero ayó un lugar markado kon una krus echa kon piedras, espesialmente akondisionado i notándose bastante el sakrifisio ke abía echo el ánonimo informante, para ke él pudiera esperar kómodamente la yegada de ese abusador enemigo suyo, deskonosido, ke le asía los paskines. Komo a sinko metros de ese lugar abía una enorme piedra ke paresía una kama, el komandante RRifles la olió por todas partes; no le kedó la menor duda de ke en eya asían el amor.

Esa noche el komandante RRifles dejó en el kuartel la korrea i la funda de su pistola, para kamuflarse más fásil en la oskuridad. Tomó la prekausión de salir del pueblo sin ke nadie lo biera; antes de las siete de la noche ya estaba tendido bokabajo en el lugar señalado kon la krus por el informante anónimo. Luego soltó una maldisión al darse kuenta ke era noche de luna yena i ke la lus de la luna aría ke su enemigo al yegar lo deskubriera; kon rrapidés iso una sanja i se enterró. Ese detaye le salbó la bida.

Estaba ansioso de kapturar a su enemigo i pensaba kobrarle bien karo el juego de los paskines. Dio un suspiro de alibio kuando eskuchó el rruido de una bolketa ke se aserkaba. Todo, komo en el tayer de lanchas, le estaba saliendo al pie de la letra.

La bolketa yegó, dio la buelta i se kedó parada en la loma, kon el motor en marcha i las luses apagadas. Él, desde su eskondite, bió la sombra de un ombre parado en lo alto del desfiladero. Pegó la kara al suelo i se akurrukó tanto komo pudo; ensegida eskuchó el rruido de las piedras bajando, la grabedad las yebó a estreyarse al lugar donde él estaba. No abía la menor posibilidad de ke fueran a dar a otra parte. Además, la bolketa debió estar bien yena, pues fue ayado totalmente tapado kon las piedras.

Kuando terminó de kontarme ese asunto le pregunté: ¿Kómo piensa aser para kapturar al rresponsable de su atentado?  

“Después de ese kañonaso de piedras no bolberé a ser polisía”, rrespondió.

Kuando terminó la konbalesensia del komandante RRifles, la poblasión de Tierra Sana entró en uelga de amor. Más de mil parejas se amotinaron en las aulas del Sentro de Kapasitasión, para pedir libertad en el ejersisio del amor.

“¿Aora ké asemos kon eyos?”, preguntó aflijido el padre Gabilán en una rreunión de urjensia ke isimos los jefes para tratar el asunto de la uelga de amor. El kapitán Uarner rrespondió: “Démosles libertad de ke se kieran komo les dé la gana”.

I así fue. Desde entonses se akabó en Tierra Sana el matrimonio obligatorio.

-En este punto el juez ordenó suspender la lectura del manuscrito por ser hora de finalizar la jornada. Dijo que la audiencia continuará mañana a la hora habitual. El salón de audiencias, a pesar de ser inmenso, se hace cada vez más asfixiante debido al constante aumento del público que no quiere perderse ningún detalle del contenido del manuscrito.

Es desconcertante el comportamiento del capitán Warner. No habla, a simple vista da la impresión de vivir pensando en otro mundo. Sorpresivamente suelta su estruendosa carcajada que asusta a las personas que se hallan a su lado.

Su abogado es el ‘doctor Maño’, que es el mismo ‘Maño’ que tantas veces ha sido mencionado en el manuscrito, y que ahora además de abogado es economista. Pero el abogado ‘Maño’ casi nunca permanece en el salón todo lo que dura la audiencia, la gente de Tierra Sana dice que él es una persona muy ocupada y que es quien maneja las empresas del capitán Warner, y algunos comentan que controla las empresas que eran del difunto, cosa difícil de explicar ya que la detención del capitán Warner es, precisamente, por la muerte del empresario Sedano.

El tiempo pasó y llegó la hora de continuar la lectura del manuscrito; el lector Cadena sigue así:

“Sin el komandante RRifles ke les akosara, los abitantes de Tierra Sana tal bes kreyeron ke se abían akabado los problemas en el pueblo. Era posible ke su injenuidad les permitiera la dicha de deskonoser ke a los umanos nos es bedado bibir sin problemas. Ya asía kasi dos años ke abían pasado las eleksiones presidensiales; en el pueblo todos botaron por el doktor Kaimán, pero después a nadie le interesó el rresultado de ese asunto. Pokas personas de Tierra Sana sabían ke esas eleksiones las abía ganado el kandidato del partido asul.

Un día, de sorpresa, yegaron al pueblo barios ombres ke dijeron ser empleados del gobierno nasional; fueron a mi ofisina y me dijeron ke kerían saber el número de abitantes de Tierra Sana, número de bibiendas i estado aktual de las mismas, nombre del kura párroko, del korrejidor i de su sekretaria. Me ablaron de tal modo ke paresía ke fueran jefes míos, indignado salí de la ofisina i le dije a ‘Maño’ ke los atendiera.

A los pokos días de aberse ido eyos, yegaron dos ombres de sibil i kuatro polisías uniformados. Uno de los sibiles me entregó un sobre de manila ke traía eskrito a mákina mi nombre komo destinatario. En este benía un dokumento i una oja de papel tamaño ofisio ke desía: “Adjunto a la presente le enbiamos rresolusión de fecha kinse del presente”.

La mensionada rresolusión tenía sinko artíkulos. En el primero me deklaraba “insubsistente del kargo de korrejidor de la lokalidad portuaria yamada Tierra Sana, ubikada a oriyas del rrío San Diego”. El artíkulo segundo deklaraba insubsistente al sekretario de esa misma korrejiduría, sin desir su nombre. Kon el tersero i el kuarto artíkulos, se nombraba el rreemplaso de los funsionarios deklarados insubsistentes, siendo los dos sibiles rresién yegados las personas nombradas en esos kargos i, según la rresolusión, kienes de aora en adelante estarían rrespaldados por kuatro miembros de la fuersa públika.

El kinto artíkulo desía: “A los funsionarios rresién nombrados debe asérseles entrega de las dependensias ofisiales kon su mobiliario i demás elementos de dotasión ofisial, mediante akta eskrita”.

Mi kargo, komo ya a sido eksplikado, lo benía ejersiendo por eleksión popular, pero sin nombramiento ofisial ni sueldo, i, aunke tanto las instalasiones de la korrejiduría komo el kuartel de polisía kon todos sus elementos eran de mi propiedad, le ordené a Maño ke se los entregara por akta a los rresién yegados.

El nuebo korrejidor rresultó ser menos aseado ke un serdo. Era un tipo barrigón, pata seka, al

 

 ke konstantemente se le estaban saliendo las babas i se le bajaban por una enorme papada ke le kaía al pecho; kon frekuensia se emborrachaba, se kedaba dormido en kualkier parte i se kagaba en los pantalones. Kuando kedaba en tales kondisiones, los polisías se amarraban pañuelos en la narís, lo subían a una karretiya de mano i empujaban por turnos asta yebarlo al rrío, i en un lugar poko profundo lo echaban al agua kon todo i karretiya. Kuando se rreponía le pedía a kualkier muchacho ke le fuera a buskar a su sekretario. A éste, ke akudía de prisa, le ordenaba: “Konsígame un beíkulo para yo desplasarme a mi ofisina”.

Kon los polisías era peor, o al menos más peligroso. Éstos eran abusibos i  kuando se emborrachaban trataban a la jente komo les daba la gana. “Somos autoridad i akí mandamos nosotros”, desían, i nadie podía oponerse a sus kaprichos; a balasos, kon sus armas rrompían las boteyas o kualkier kosa ke se antojaran. Entonses, la solusión más konbeniente era yamar al sekretario. Eyos lo yamaban ‘el Sekre’, i él tenía siempre la disposisión nesesaria para manejarles la borrachera a los polisías; de no ser por su ayuda, kisá ubieran sido muchos los ‘aksidentes’ kausados por los uniformados, pues eyos kuando estaban ebrios eran afisionados a lusirse disparando sus armas, sin preokuparse de la direksión de sus tiros. Ante esa situasión, ‘el Sekre’ era el ombre efektibo, ya ke estaba dotado de un poder espesial para kalmar borrachos.

En barios echos, en poko tiempo fueron numerosos los atropeyos ke kometió la polisía en este pueblo. Pero el peor abuso del gobierno fue kometido un día ke el pueblo amanesió militarisado. En esa époka ya Tierra Sana tenía lus eléktrika i agua potable, pero la kampana de la iglesia segía indikando el manejo de las aktibidades diarias.

Ese día, kuando la kampana sonó para inisiar las labores, los uniformados no permitieron ke la jente saliera, sino ke a todos los obligaron a kedarse en los patios de sus kasas, pegados a la pared, kon las piernas abiertas i las manos en alto. Kon la jente puesta así, rrebisaron todas las kasas. Pero no de kualkier manera, sino rrompiendo los muebles, los kolchones i kuanta kosa les dio la gana. Después konfiskaron los dokumentos de identidad de todos los abitantes de Tierra Sana.

La operasión fue dirigida por un ofisial del ejérsito. Él era un tipo altanero kon la jente indefensa, al konsultarle la rrasón de sus abusos la únika eksplikasión ke daba era: “Estamos kumpliendo órdenes.”

No se abía rrepuesto la jente de la destruksión de sus kosas kuando estayó el eskándalo; los periódikos i notisieros adeptos al gobierno le dieron gran despliege al asunto. Desían ke más de dies mil personas abían entrado al país en forma ilegal i abían konstruido un pueblo a oriyas del rrío San Diego.

“El gobierno ekspulsará del país a los inbasores de Tierra Sana”, desían los periódikos, siendo esa la notisia del día durante toda la semana. Después abundaron las mentiras i las eksajerasiones en las notisias sobre “los inbasores de Tierra Sana”.

Para tratar de arreglar el asunto, biajó a la kapital el padre Gabilán. Pero el gobierno no atendía ninguna solisitud asta inbestigar más a fondo el kaso. I enbió tantos inbestigadores ke la jente del pueblo no tenía tiempo de aser más nada ke atender sus preguntas.

Se ubikaron en el sentro komersial. Ayí pusieron a la jente a aser una kola para desir su nombre, otra para desir el sekso, otra para desir la edad, otra para desir donde bibía, otra para desir su profesión, otra para desir dónde trabajaba, luego abía ke segir asiendo de una en una las filas para desir: si tenía ijos, el nombre de sus ijos, la edad de sus ijos, dónde nasieron, si es kasado, si es soltero, ké kome, ké bebe, ké piensa, ké  sabe aser i la última era para berifikar si abía echo todas las filas; en kaso de aber faltado en alguna debía aser la fila ‘espesial’, para eksplikar por ké abía fayado; luego le anulaban los dokumentos de las dilijensias ke abía echo i le ordenaban ke isiera nuebamente todas las filas.

A los pokos días de aberse ido los inbestigadores, el gobierno deklaró “rresidentes ilegales” a los abitantes de Tierra Sana. Daba kinse días para ke éstos abandonaran el país, agregando ke en kaso kontrario usaría la fuersa públika para deportarlos.

El padre Gabilán kontrató barios abogados, éstos alegaron fayas en la deklarasión de ilegales i ke, según eyos, en esa disposisión se biolaba barias beses la konstitusión nasional. Sin embargo, otros abogados ke eran entrebistados por telebisión, ekspertos en las leyes del país, daban opiniones tan dibersas i enkontradas sobre la determinasión ofisial, ke nadie sabía a ké atenerse. Entre los konsultados unos desían ke “no es aplikable debido a ke esas personas no tienen patria a donde rretornarlas, rrekisito ke es indispensable, según rresan las normas de la konstitusión nasional”.

Pero en kontra de esa rrasón, otros desían: “... eyos sí tienen patria. Si ayá no los rresiben, son eyos kienes tienen ke buskar para donde irse”. Otros más deklaraban: “La orden es ilegal debido a ke eyos yeban más de dies años bibiendo en el país sin ser akusados de ningún delito, lo kual, de akuerdo a nuestras leyes, les da derecho a nasionalisarse”.

En la telebisión, las deklarasiones de los abogados kontinuaron por barios días: “No es ilegal, ya ke no se puede komprobar kuanto tiempo an bibido en el País”, dijo un eksperto.

“No los pueden deportar porke tienen ijos nasidos en el país”, aseguró otro.

“Sí se puede; no ai dokumentos ke demuestren el nasimiento de algún niño en Tierra Sana”, añadió otro.

Entre tanto, el gobierno segía firme en aser kumplir la orden de deportasión, kon la fuersa públika, si la jente no se iba boluntariamente en los kinse días ke abía dado de plaso.

Por otra parte, los abogados kontratados por el padre Gabilán pedían más i más dinero; desían ke abía ke ‘arreglar’ al doktor tal, o ke abía ke ‘dar’ tanto para ke  firmara..., o para ‘kayar’ a... pero las kosas segían iguales.

Un día, uno de los abogados kontratados yegó al pueblo kon una komisión del gobierno. El objetibo, según eksplikó el doktor, era aser un senso de las personas ke tenían ijos nasidos en Tierra Sana. Ensegida, en el pueblo se rregó la notisia de ke las personas ke tubieran ijos no serían deportadas.

Tiempo atrás, kuando bino la komisión a ekspedir dokumentos, barios miles de niños kedaron rrejistrados kon mi apeyido porke sus papás no los kisieron rrekonoser, o en algunos kasos porke, frankamente, la mamá abía tenido barios maridos en ‘esos días’, i no sabía kién era el padre de su ijo. Pero aora la situasión era mui distinta; todos kerían rrekonoser ijos. I abía niños kuya paternidad era rreklamada por más de beinte ombres.

El senso duró una semana. En esa semana, entre los pobladores i la komisión isieron toda klase de negosios i chanchuyos kon la paternidad de los niños.

Poko después, kansados de tanto gasto, el kapitán Uarner i yo desidimos no darles más dinero a los abogados; pokos días después de ke se fueron los del senso rrechasamos un pedido ke iso el abogado ke tramitó ese asunto, de una gruesa suma “para dar un paso mui importante en la rrebokasión de la orden de deportasión”. Esta bes le rrespondimos ke no teníamos esa suma ni los medios para konsegirla.

A los pokos días yegó al pueblo un abogado ke dijo ser un komisionado ‘espesial’ del gobierno, kon otra solisitud de dinero. Su pedido, según las eksplikasiones ke dio, era una berdadera ganga: ¡menos de la mitad de lo ke abían pedido antes!, agregando ke, “si ustedes me entregan ese dinero aora, yo aprobecho para arreglar las kosas, ya ke un amigo mío kedó enkargado de la ofisina ke puede anular la orden de deportasión”. Esa bes la rrespuesta de Uarner fue: “No nos keda ni un séntimo”. A diferensia del primero, éste no insistió tanto; rregresó apresurado. Pero no iría ni por la mitad del kamino kuando el gobierno iso públika la rratifikasión de la orden de deportar a los ilegales de Tierra Sana.

En ese komunikado desía ke daba kinse días más para ke esas personas, por sus propios medios, abandonaran el país.  La orden se la entregó el ministro de gobierno a uno de los abogados kontratados por nosotros i, según eyos, era inapelable. Eksplikaron ke, kon dinero, se podía konsegir ke se prorrogara el plaso.

Poko tiempo después, los jefes estudiamos a fondo el asunto i tomamos esa kruel desisión porke no nos kedaba otra alternatiba. Sabíamos ke mientras diéramos dinero podíamos aplasar la orden del gobierno. Pero el kosto promedio diario era enorme, i así no demoraríamos en kedar sin dinero i entonses el gobierno aría efektiba la orden de deportasión.

El padre Gabilán no kiso aseptar la ‘kordial sujerensia’ ke le isimos el kapitán Uarner i yo, para ke se fuera por ‘un korto tiempo’ de Tierra Sana. “Estube kon ustedes en tiempo de pas i no los boi a dejar en la gerra”, dijo, kuando de afán empesamos a preparar el plan.

Esa tarde la kampana sonó en segidiyas i todo el pueblo se dirijió a la iglesia. En la misa de ese día, por el mikrófono de la iglesia el kapitán Uarner dijo ke tenía ofertas de empleo, en otro país, para ombres sin ijos i ke su edad fuera menos de beintikuatro años. “Diríjanse al molino los ombres ke rreunan esos rrekisitos”, eksplikó él. Poko después, ese mismo día, el kapitán Uarner i yo eskojimos dos mil ombres. Una semana después yegaron sinkuenta ombres disfrasados de téknikos agríkolas; benían de diferentes partes del mundo, kontratados por el kapitán Uarner, para preparar el ejérsito de Tierra Sana. A los pokos días las dos nabes de Uarner fueron deskargadas sien kilómetros rrío abajo del pueblo; traían armamento de diferentes tipos, munisiones, bombas, eksplosibos, uniformes i ekipo militar en jeneral, pedidos por los ekspertos i konsegidos por los kontaktos i amistades del kapitán Uarner. Su kosto fue enorme. Ubo ke pagar de kontado i la únika garantía era ke los bendedores komprarían a mitad de  presio el material sobrante ke kedara nuebo.

Kon la presensia del pader Gabilán i del kapitán Uarner, el entrenamiento militar se inisió ensegida. Entre tanto el padre Gabilán, kon gruesas sumas de dinero, konsigió tres prórrogas para desalojar el pueblo. Kuando era tiempo de entregar el dinero, biajaba a la kapital: “Aré un biaje rrelámpago para segir el entrenamiento”, desía. Entonses kambiaba su uniforme militar de kolores de kamuflaje por una impekable sotana blanka; sus botas las rreemplasaba por unos sapatos ke en akeyas sirkunstansias paresían echos para muñekas. Se yebaba una biblia, algunos manuales de armamento i ‘Estratejias de Gerra’, un libro de asuntos militares, eskrito por el koronel Joao Lebret.

Los ombres de Tierra Sana nuebamente demostraron ke estaban echos de buena fibra; en seis meses se konbirtieron en un ejérsito disiplinado i bien entrenado, kon gran kapasidad de kombate i rresistensia a las inklemensias de akel terreno.

Kuando todo estubo listo, el padre Gabilán biajó a traer la orden de deportasión. Además debía traer periodistas i personal de la fuersa públika para ke kontrolaran el orden en el desalojo del pueblo.

La trampa fue bien preparada. Dos oras antes de yegar las lanchas kon el padre Gabilán i sus numerosos akompañantes, fueron detenidos los polisías i los demás empleados del gobierno nasional por el ejérsito de Tierra Sana. En el pueblo todos ignoraban la eksistensia de ese ejérsito. Los entrenamientos se abían echo kon el máksimo sekreto i a más de sien kilómetros de akí.

En esa époka el pueblo ya era grande i tenía instalasiones portuarias para amarrar kuatro nabes, pero no abía komunikasiones modernas.

Ese día, La Gabiota yegó al puerto kargada de militares i fue amarrada en el lugar ke menos permitía la bista al público. Ensegida ke bajaron las eskaleras, Maño, impekablemente bestido, subió a bordo i luego de saludar al padre Gabilán solisitó ke el señor komandante de la fuersa públika se presentara a la korrejiduría; el jefe militar era un kapitán de apellido Brabo, quien dejó enkargado de la tropa a un teniente de apeyido Durán i salió akompañando a Maño. Se yebó un kabo i kuatro soldados. Estos fueron giados por Maño al sentro komersial, ayí las tropas de Tierra Sana los desarmaron i los enserraron en un enorme kalaboso preparado para tal fin.

Maño bolbió a la lancha disiendo ke: “de parte del kapitán Brabo, ke me akompañen a la korrejiduría los señores ofisiales i los sarjentos”. El teniente Durán dejó enkargado de la tropa al kabo más antiguo, akompañó a Maño junto kon dos tenientes i los kuatro sarjentos ke komponían los mandos medios de la kompañía militar. Éstos korrieron la misma suerte de su komandante i no tardaron en estar asiéndoles kompañía.

Nuebamente Maño yegó a la lancha i dijo: “De parte del kapitán Brabo, ke se kede enkargado el kabo menos antiguo i ke los demás subofisiales me akompañen al komedor”. No era ora de komida, pero los militares suelen ser de mui buen apetito. Kuando Maño terminó de desir komedor, todos aplaudieron i luego se rrieron al kedar enkargado de la tropa el kabo Kortés, a kien le desían ‘karaebieja’ i a desir berdad, el apodo no le benía mal.

“Mi kabo: Ke mande beinte soldados al komedor, ke la losa no alkansa para más”, le dijo Maño al kabo Kortés, media ora después.

I así todos los militares fueron desarmados i echos prisioneros sin aser un solo disparo. Al terminar esa parte de la operasión se organisaron las kosas para una rrueda de prensa.

Los periodistas benían a bordo de Perisia, la kual abía sido fondeada en la mitad del rrío, mientras kapturábamos a los militares.

Kuando todo estubo bajo kontrol, mil soldados del ejérsito de Tierra Sana  militarisaron el pueblo; ensegida fue oriyada la nabe de los periodistas.

A los abitantes se les abía ordenado permaneser enserrados en sus kasas; los periodistas ignoraban lo ke estaba susediendo i abían protestado porke su nabe no la oriyaban rrápidamente. Maño los rresibió en el puerto i los gió a pie asta el sentro de kapasitasión, en medio de dos filas de soldados armados asta los dientes. Ayí abíamos akondisionado una sentral de mando i al lado adekuamos un lugar para la rrueda de prensa.

Los periodistas, mientras kaminaron el trayekto no se dieron kuenta del operatibo de los militares, al yegar kedaron tan sorprendidos ke no sabían si era mentira o rrealidad lo ke beían. Todos miraban al padre Gabilán, kien estaba sentado junto a Uarner i a mi persona; los tres bestíamos uniformes militares, kon grado de koronel. Maño les pidió ke se sentaran. Todos obserbaban en silensio. El padre Gabilán – aora bestido de koronel – se lebantó i dijo: “Señores periodistas, les rruego ke nos diskulpen del engaño ke emos utilisado yebando a kabo esta operasión armada. Ustedes son nuestros inbitados i keremos ke sean testigos, en rrepresentasión umana, de la situasión en ke el gobierno de este país a puesto a la umilde jente de este pueblo. La orden ustedes la konosen. Pero ai dos rrasones para no irnos de akí. La primera es ke no nos keremos ir; la segunda es ke no tenemos para donde irnos.” Ensegida los periodistas le pusieron un montón de mikrófonos asiéndole dibersas preguntas rrelasionadas kon la situasión. Lo úniko ke les eksplikó fue ke los militares del gobierno abían sido detenidos y ke los uniformados ke kontrolaban la siudad eran del ejérsito de Tierra Sana.

Ese mismo día les entregamos a los periodistas, los empleados sibiles del gobierno ke abían sido detenidos, i un dokumento ke les daba kalidad de prisioneros de gerra a los militares detenidos. Además, fueron enkargados de yebarle al gobierno la deklarasión de gerra. Esa deklarasión de gerra era un brebe dokumento ke dekretaba la independensia de Tierra Sana i eksplikaba la kausa de esa determinasión, i para ebitarla ponía komo kondisión ke fuera anulada la orden de deportasión, i a lo último desía: “... a partir de la fecha konsideramos área de gerra sien kilómetros a la rredonda de Tierra Sana, i adbertimos ke los prisioneros de gerra serán ejekutados ante kualkier operasión aérea ke trate de rreskatarlos.”

Por la noche, otros dos mil ombres fueron inkorporados a la milisia. Kedó establesido ke el rresto de la poblasión debía trabajar onse oras diarias para sostener  su ejérsito.

El padre Gabilán fue designado komandante de las fuersas militares, el kapitán Uarner jefe de propaganda, rrelasiones eksteriores i direktor de suministros militares. A mí me designaron direktor de gerra, jefe de peska i de produksión industrial  i agríkola.

El komandante Gabilán, kon los ekspertos militares, abía kodifikado las áreas minadas. A beinte kilómetros de Tierra Sana, en una faja de dies leguas de ancho, alrrededor del pueblo abía sembrado el desierto de toda klase de minas i eksplosibos. Kuando se fueron los periodistas, fueron codifikados i minados barios tramos del rrío.

Luego de la deklaratoria de independensia i de gerra, el gobierno iso barios intentos para konbenser a la jente de ke abandonara el país en forma pasífika.

La gerra empesó una semana después, luego de aberse bensido el segundo de dos plasos ke dieron para ke “los inbasores ekstranjeros abandonen el pueblo i sus líderes se entregen kon todo el armamento”.

Ese día yegaron al ‘punto sero’, beinte nabes de gerra; dies anklaron fuera de la línea i las otras dies sigieron subiendo. Pero ocho de estas nabes fueron destruidas poko después de aber krusado la línea de fuego; las dos rrestantes se debolbieron i se salbaron de milagro, pues las minas ke iban asia eyas estayaron kon pedasos  de las nabes destruidas.

Luego de esta aksión el enemigo trató de segir por el desierto, kon tankes i beíkulos libianos, pero las minas puestas por el komandante Gabilán les kausaron  estragos; solo un pekeño grupo tubo la suerte de no pisar en kampo minado i logró aserkarse a las primeras trincheras de la tropa. Se trensaron en kombate i, aunke kausaron las primeras bajas en nuestro ejérsito, fueron injenuamente engañados asiéndoles kreer ke nos ponían en fuga. Salieron en persekusión de las tropas ke kreían aber bensido, éstas los yebaron a una emboskada i los eliminaron.

Los atakes enemigos duraron tres días i para eyos fueron sumamente kostosos tanto en bidas komo en ekipo militar. En las filas nuestras ubo pokas bajas i algunos eridos, pero obtubimos numeroso armamento i ekipo militar de propiedad del enemigo.

Luego de los tres días de rrepetidos atakes, las tropas enemigas rregresaron a sus barkos i se kedaron afuera de la línea de fuego, blokeándonos la entrada de probisiones. Así estubieron tres meses, al kabo de estos intentaron entrar por la oriya del rrío, pero nuebamente fueron obligados a debolberse, pues nuestro ejérsito no atakaba al enemigo pero tampoko le permitía la entrada al territorio de Tierra Sana, ke ya se asía yamar rrepúblika. Para esa époka todos los abitantes, mujeres i ombres mayores de kinse años, rresibían entrenamiento militar; el komandante Gabilán dio la orden de “dormir kon un ojo i bijilar kon el otro”, i los trabajadores del kampo laboraban kon un fusil kolgado al ombro.

El kapitán Uarner – aora koronel i jefe militar de Tierra Sana-, solisitó ayuda en el eksterior i konsigió de sobra, pero no podíamos rresibirla debido al blokeo militar ke nos tenían.

Entramos en krisis, la komida era eskasa, nesesitábamos materia prima para la industria, i el kombustible a pesar de ke lo abíamos rrasionado al máksimo se nos estaba agotando, siendo ya mui limitado su uso.

Teníamos a fabor ke nuestra jente abía kresido alimentándose de peskado i práktikamente esa era la alimentasión ke se les estaba dando a todos. Pero afrontábamos el grabe problema de falta de kombustible para ke los beíkulos transportaran el agua i la komida para las tropas, biéndonos obligados a aprobisionarnos poniendo ombres en kadena, kosa ke debilitaba nuestras fuersas de kombate.

“En la gerra i en el amor se balen todas las trampas”. Kon esas palabras empesé una rreunión ke tubimos ‘los jefes’ para tratar de solusionar los problemas ke nos estaba kausando el blokeo militar.

“Kómo se atrebe usted a mensionar la palabra amor en esta situasión!”, protestó el komandante Gabilán.

Entonses usaremos las trampas, rrespondí yo. Mi idea fue bien rresibida, tanto por Uarner komo por el komandante Gabilán.

Se trataba de proponerle  al gobierno enemigo, ke dejaríamos en libertad a dies de los militares suyos ke teníamos prisioneros, si nos dejaban pasar dies mil toneladas de karga. Luego de konbenida mi propuesta prosedimos a rrifar entre los soldados rrasos prisioneros un kupo de libertad, para ke el faboresido yebara la proposisión nuestra al gobierno enemigo.

En el dokumento enbiado al gobierno, desíamos ke estábamos dispuestos a rresibir una komisión ofisial para tratar el asunto, agregando ke “...en kaso de no rresibir ninguna rrespuesta en dies días, uno a uno dejaremos morir de ambre a todos los militares prisioneros”.

Pasaron los dies días i no rresibimos la esperada rrespuesta. Entonses prosedimos a rrifar un ‘kupo de muerte’ entre los ofisiales prisioneros i uno de ‘testigo i libertad’ entre los soldados. Echo esto isimos ke el soldado faboresido fuera testigo de la lenta muerte de ambre del teniente ke abía ganado el kupo de muerte; kuando éste murió dejamos en libertad al soldado, obligándolo a yebar konsigo el kadáber del teniente i una nota ke desía: “De igual forma esperen más rremesas de la misma naturalesa”.

Dos días después rresibimos un mensaje. El gobierno estaba dispuesto a entrar en diálogo kon nosotros i solisitaba garantías para kuatro personas. Éstos serían un militar, un polítiko, un rrepresentante del gobierno i uno de la Iglesia. El mensaje eksplikaba ke el objetibo de esas personas sería oír las eksijensias nuestras i yebarlas al alto gobierno para estudiarlas i tomar ayí una determinasión ofisial.

No nos gustó la forma propuesta, pero desidimos aseptarla. Kon el prosedimiento ya usual i en señal de ‘buenas intensiones’ dejamos en libertad a un subofisial para ke yebara el mensaje de aseptasión nuestra. Lo úniko drástiko en ese dokumento era ke dábamos un plaso de sinko días para ke yegaran las personas autorisadas, “en kaso kontrario olbidaremos lo propuesto”, terminaba disiendo la rrespuesta. Pero a los tres días yegaron; nos imajinábamos ke eyos bendrían sin jefe, sin embargo, la komisión la presidía un koronel del ejérsito. Éste era un ombre intelijente, kalmado i estudioso, ke tenía más aspekto de sientífiko ke de militar. El polítiko era el más joben de los kuatro i fue el enkargado de eskribir a mano todos los detayes de la konbersasión.

El rrepresentante del gobierno dijo ser abogado, asesor de la presidensia de la rrepúblika; de aspekto burgés, era de esas personas ke kreen ke todas las kosas se pueden arreglar desde una ofisina kon aire akondisionado.

En rrepresentasión de la Iglesia bino un kura, biejo, ke desde el komienso pidió ke isiéramos propuestas para terminar la gerra. Nos entregó un dokumento en el ke la Iglesia kondenaba el echo de obligar a una persona a morir de ambre; al rrespekto le dije: Entrégele esa nota al gobierno, ke kon su blokeo militar buska ke todo este pueblo se muera de ambre.

La propuesta de nosotros se rresumía en ke nos dejaran pasar por el rrío dies mil toneladas de komida, kombustible i materia prima para la industria, aklarando ke en la karga no bendría ningún tipo de material de gerra. I ke a kambio de ésto nos komprometíamos a dejar en libertad a un ofisial, dos subofisiales i siete soldados de los militares ke teníamos prisioneros. Agregábamos ke de kontinuar el blokeo en ke nos tenían, nos beríamos obligados a tomar la inumana desisión de dejar morir de ambre a todos los prisioneros.

Antes de irse la komisión, el kura insistió en ke inkluyéramos alguna alternatiba de arreglo para terminar la gerra; el komandante Gabilán le dijo: “Eso es sensiyo; ke nos dejen en pas, kon eso se akaba la gerra”.

Aunke la charla no fue de mucha kordialidad, los rreunidos estábamos lejos de pareser enemigos a muerte. Pero en las gerras suele ser así. A los pokos días, kon deskonfiansa de ambos lados rrealisamos ese negosio, i después sigieron konbenios i tratados, kon trampas i sin eyas, siendo esta una gerra más, i tan absurda komo todas las ke la jente a echo.

De ambos lados ubo aktos de ‘eroísmo’, también los dos lados aportaron muertos, eridos lebes i lisiados.

Ubo unos pokos a kienes esa gerra rresultó ser un buen negosio, pero éstos no fueron partisipantes direktos en eya. Kon el tiempo, por dibersas sirkunstansias, perdimos el kontrol de las desisiones i rresultamos luchando por intereses i kaprichos ajenos a lo ke nos abía yebado a entrar en gerra.

Afortunadamente, un día kualkiera, en un país lejano, ablando en un idioma distinto al nuestro i por motibo nunka aklarado, personas ekstranjeras tomaron la determinasión de darle fin a los kombates ke se estaban rrealisando en nuestro pueblo.

Ese día ubo fiesta en el kampo de gerra i nos abrasamos los de un lado kon los del otro. Pero la destruksión i la pobresa eran totales; el úniko motibo de alegría en Tierra Sana, i tal bes en el país entero, era un dekreto rresién ekpedido por el gobierno ke en uno de sus apartes desía: “... el gobierno nasional rrekonose komo nasionales a los abitantes de Tierra Sana”. I si antes el pueblo no tenía sementerio, aora toda la rrejión lo era. Pero así tubimos ke empesar de nuebo, kon la boluntad i la suerte de estar bibos.

Terminada la gerra, en el estado de destruksión ke kedó Tierra Sana, el gobierno nasional le dio kategoría de siudad kapital, i para arreglar los daños nombró jefe de rrekonstruksión de la nueba siudad al kapitán Uarner; el nombramiento de alkalde rrekayó en mi persona.

Para ese arreglo, la nasión dio una mínima ayuda. Pero la buena administrasión, el empuje i la kolaborasión de los abitantes isieron ke la siudad mui pronto floresiera kon más fuersa i entusiamo ke nunka. La nota triste  la dio la Iglesia, al ekspulsar de su kongregasión al padre Gabilán. Esa determinasión fue una aksión ke kausó doble daño; al país debido a ke los estudiantes tomaron el nombre del kura komo bandera de gerra en sus luchas kontra el sistema de gobierno, i al padre Gabilán por aberle konbertido su imajen en ‘kura gerriyero’.

Sin embargo, a él paresió no darle ninguna molestia la determinasión de la Iglesia. Kuando terminó la gerra, se kitó su uniforme militar, ke no tenía ningún distintibo de grado, ya ke sólo aseptó tenerlo el día de la deklarasión de gerra, i se puso la sotana blanka, perkudida por el umo i el tiempo de no usarla; entonses dijo ke “el komandante bolbía a ser el sacerdote Gabilán”. La kuria se presipitó a enbiar su rreemplaso, pero kuando el nuebo kura yegó la jente no lo kiso i nadie iba a la iglesia. En kambio, en ‘la playa’, al aire libre, todos los días el pueblo en pleno asistía a la misa de seis ke asía el padre Gabilán.

Si el padre Gabilán ubiera tenido ambisión de dinero, le ubiera sido fásil aprobechar la ekspulsión de la Iglesia para enrrikeserse; todos los días, personas boluntarias, antes de él terminar la misa rrekojían limosna, i la jente kolaboraba kon tanto dinero ke la rrekoleksión paresía un akto de kasino de juego i kada día aumentaba la kantidad diaria, biéndose obligado a abrir una kuenta personal en el banko ofisial ke asía poko funsionaba en la siudad.

En esa époka me komentó ke nunka abía tenido dinero i ke no sabía ké aser kon él, pues el gobierno nasional le abía proibido todas las aktibidades ke tubieran ke ber kon algún tipo de organisasión. Fue entonses kuando los ‘tres jefes’ nos enbisiamos en el juego de dominó, en un rrancho de palma, al lado de la jerensia del molino.

Se molestaba kuando los estudiantes kometían aktos terroristas, pregonando su nombre. Un día no rresistió más al ber por telebisión los rrestos kalsinados de barios niños en un autobús kemado por una bomba ke abía sido puesta por un grupo ke se autodenominaba ‘Komandante Gabilán’, i kuyo objetibo, desían sus integrantes, era akabar kon los ijos de los rrikos.

Ese día dijo ke iría a todas las unibersidades i kolejios del país a desautorisar el uso de su nombre en kualkier akto de protesta.

Antes de él irse, en el molino los ‘tres jefes’ ablamos bastante del asunto; me preguntó aserka de la kantidad de dinero ke le sería nesesario para aser su rrekorrido. “Yebe bastante i si le sobra lo trae”, le akonsejó el kapitán Uarner, pero él desidió yebar poko i me dejó barios chekes firmados en blanko para ke yo los yenara, los kambiara i le jirara el dinero kada ke él me pidiera.

Esa misma semana biajó a la kapital de la rrepúblika, ya ke por ayí abía desidido empesar sus aktibidades. Pero ayá no le permitieron entrar a ninguna unibersidad ofisial, i el ministro de edukasión, el día de su yegada, le dijo a la prensa ke “… el gobierno no le permitirá la entrada a ningún sentro de edukasión del estado, al komandante Gabilán”.

Tampoko lo dejaron yegar a la unibersidad pribada más grande del país. Ayí le autorisaron una konferensia kon estudiantes i profesores, tanto de ésta komo de los demás establesimientos ke kisieran asistir, lo kual debía yebarse a kabo en el salón de audiensias de la unibersidad, ubikado en el sentro de sus enormes instalasiones.

La sita era a las kuatro de la tarde i lo más probable fue ke tanto el gobierno komo los asistentes a esa konrerensia estaban ekibokados de las intensiones del padre Gabilán i del kontenido de su diskurso.

Ese día, el área aledaña a la unibersidad fue militarisada desde antes de amaneser; al medio día ya no kabía una persona más en las instalasiones unibersitarias i por todas partes se beían pasakayes i pankartas alusibas a una rrebolusión sosialista.

A las tres de la tarde, kuando ya estaban instalados todos los medios informatibos nasionales i ekstranjeros en la puerta de la unibersidad por donde entraría el padre Gabilán, empesó a korrer la bola de ke él abía sufrido un lebe aksidente i ke era probable ke se tubiera ke aplasar la konferensia.

Antes de las kuatro, la direksión de la unibersidad konfirmó ke la konferensia kon el ekskura Gabilán abía sido kanselada. Al momento aparesieron numerosos beíkulos militares kon personal uniformado i, por altaboses, al públiko le fue dada la orden de desalojar los predios de la unibersidad.

Ensegida, los medios periodístikos de la rradio emprendieron una operasión de rrastreo pidiéndole kolaborasión al publiko para ke les ayudaran a “enkontrar el lugar i las kondisiones en ke se enkuentra el komandante Gabilán”, pero a poko rrato las estasiones de rradio fueron interrumpidas por el gobierno i lo úniko ke informaban era ke el otel donde él se abía alojado estaba militarisado i ke no se estaba permitiendo el akseso de ninguna persona, en dos kuadras a la rredonda de ese lugar.

A las sinko de la tarde ya en toda la siudad se rrumoraba ke el ekskura Gabilán abía sido erido en un atentado kiriminal. A las siete de la noche el gobierno konfirmó ke se estaban inbestigando los echos en ke se abía produsido un atake kriminal kontra la bida del ekskura Gabilán. El informe desía ke no se sabía de su estado de salud, ke unos desían ke abía salido ileso, otros ke abía rresibido eridas lebes i ke algunos afirmaban ke estaba grabemente erido. A esa ora el gobierno ordenó ke fueran suspendidas todas las aktibidades en la kapital de la rrepúblika a partir de las nuebe de la noche i dekretó lei seka kon toke de keda a partir de las dies; la siudad estaba militarisada.

A las ocho de la noche ya los rrumores eran ke el ekskura Gabilán abía sido asesinado kuando salía del otel donde se ayaba alojado. Los periodistas, a pesar de muchos esfuersos, asta ese momento no abían podido konsegir informasión ni del lugar donde estaba ni de su estado de salud. Todas las personas ke eran interrogadas por éstos aserka de ese asunto rrespondían no saber nada, inkluso, nadie se asía rresponsable de la informasión dada por el gobirno a las siete.

A las onse de la noche el gobierno konfirmó la muerte del ekskura Gabilán en un atentado kriminal. Según el informe, por ese echo no abía ningún detenido pero, según desía, todos los kuerpos de seguridad del Estado estaban en la búskeda de los asesinos. Además, en ese momento informó de la selebrasión de un konsejo nasional de seguridad, para ebitar alterasiones de orden públiko.

A las dose de la noche el gobierno dio un komunikado de prensa. De esa ora en adelante se les proibió a todos los medios informatibos dar notisias sobre la muerte del ekskura Gabilán, ke no fueran dadas por la Sekretaría de Informasión de la Presidensia de la RRepúblika. En el komunikado de prensa se informó ke el konsejo de seguridad abía desidido suspender las klases en todo el país durante esa semana.

Por la mañana del día sigiente, el gobierno informó ke no abía logrado la kaptura de ningún sospechoso del asesinato del ekskura Gabilán i aseguraba ke ese echo abía sido obra de un grupo de ekstremistas, enemigos de la justisia i de las institusiones. Además, afirmaba aber detektado la presensia de ajitadores profesionales en los diferentes aktos de protesta ke se estaban rrealisando en las prinsipales siudades del país. Por su parte, la oposisión akusaba direktamente al gobierno nasional del asesinato del dirijente Gabilán.

Mientras tanto, en Tierra Sana toda la jente del pueblo trataba de konsegir medios de transporte para biajar a la kapital de la rrepúblika a traer los rrestos mortales del padre Gabilán.

Ese día, temprano, el kapitán Uarner autorisó la salida de sus dos nabes kon la jente ke en eyas kupiera. Salieron yenas a rrebentar i ya se rrumoraba ke benían beinte barkos a yebarse toda la jente del pueblo. Pero el kapitán Uarner i yo estábamos konbensidos de ke esos beinte barkos no eran más ke rrumores. Sin embargo, el rresto del pueblo, o sea la jente ke no kupo en las dos nabes, kontinuaba listo para biajar a la kapital.

Uarner i yo no keríamos ablar kon nadie; yo abía enkargado a Maño de la alkaldía, kosa ke el pueblo no debió ekstrañar ya ke eran mui frekuentes i largas mis ausensias de esa ofisina. Los dos nos enserramos a jugar dominó en la jerensia del molino, ubikada junto a éste en un balkón serka de la oriya del rrío. Deskonektamos el teléfono i prendimos la rradio, para eskuchar las notisias, pendientes de las informasiones sobre la muerte del padre Gabilán, pero sólo de bes en kuando mensionaban el asunto, i daban únikamente los informes ke ya eran konosidos desde la noche anterior.

Ya de tarde nos sorprendió el pitaso de un barko. Lo estábamos biendo yegar i no kreíamos ke biniera a buskar jente de Tierra Sana, puesto ke todas las aktibidades de la rrejión las kanalisábamos nosotros. Pero de pronto kaímos en kuenta ke poko antes abíamos perdido el kontrol de las kosas, kuando estábamos en gerra, i pensamos ke probablemente esta era otra de esas aksiones enkubiertas en ke se deskonosían los autores i sus propósitos, i ke, komo kosa rrara, el alto gobierno negaba ke eksistieran tales echos.

Este asunto empesó, entre otras kosas, kon libritos de propaganda polítika o rreligiosa ke rregalaban unas personas bien presentadas, kienes después asían enkuestas personales i daban baliosos premios a los abitantes ke supieran el kontenido de adoktrinamiento de esas obras.

Esas maniobras eran manejadas por unas personas, nasionales i ekstranjeras, ke desían perteneser a una organisasión no gubernamental, kienes llegaron a Tierra Sana kon una autorisasión nasional espesial, poko después ke terminó la gerra.

Nos paramos a mirar por la bentana, teniendo en las manos las fichas de dominó ke nos faltaban por jugar. El barko paresía más apropiado para yebar karga ke para transportar pasajeros pero, kon la orientasión de miembros de la organisasión no gubernamental, rrápidamente fue abordado por gran kantidad de jente asta kedar yenos todos sus espasios.

Kuando estaba saliendo ese barko bolbimos a ser sorprendidos por el pitaso de otra nabe ke estaba pasando frente a nosotros i ke no la abíamos bisto por estar konsentrados en los mobimientos del primero. I fuera de esa nabe podíamos ber tres más que se benían aserkando i ke fueron asiendo kola, i al momento podíamos kontar dose, pero no se beía asta donde yegaba la fila, porke el rrío asía una kurba i en lo último de esta sólo se asomaba la mitad de un barko blanko.

Por la rradio segían dando los mismos informes de la madrugada anterior, lo úniko diferente eran las akusasiones del gobierno en kontra de los ekstremistas.

Toda la tarde estubimos biendo embarkarse la jente i salir los barkos, los dos últimos no salieron tan yenos.

Kuando el último barko se perdió de bista en la kurba del rrío, el kapitán Uarner konektó el teléfono i markó el número de su sekretaria; nadie le rrespondió. Entonses marké yo el número de la alkaldía, para ablar kon Maño, pero ayí tampoko lebantaron el aparato.

“¿Sería ke se fueron todos?”, interrogó el kapitán Uarner.

Bamos a ber, rrespondí yo.

Tomamos un kampero asta el sentro komersial i de ayí andubimos a pie todo Tierra Sana, pues, aunke el gobierno le abía dado kategoría de siudad kapital de munisipio, en rrealidad era un pueblo mediano i al andarlo pudimos konstatar ke fuera de nosotros dos nadie más se abía kedado.

No teníamos polisía, ladrones no abía, por lo tanto la jente no se preokupó en serrar las puertas de sus kasas.

Bino entonses a mi mente el rrekuerdo de ese día ke yegé akí por primera bes i ke, komo aora, el pueblo estaba sin jente. Obserbaba i meditaba ke, aunke en eso era igual, todo lo demás abía kambiado, pues ya nadie mensionaba para nada a los Kortina, i El Bendedor de Ilusiones paresía más un mito ke rrealidad. El biejo pueblo en dos okasiones abía kambiado i tal bes también yo, sin darme kuenta, me abía buelto diferente i lo más probable era ke ya no kedara nada de ese yo de akel día.

El kapitán Uarner rrompió el silensio, dijo: “Algien, ke ni sikiera konose este lugar, tomó las rriendas de este pueblo i tal bes para konoser su jente ordenó ke se la yebaran.”

O kisá esto era lo último ke kedaba sin bender de este país, rrespondí yo.

RRegresamos a pie al molino, mirando el pueblo, sin desir nada. Pasamos la noche jugando dominó i dormimos todo el día sigiente. Ya kasi de noche komimos chucherías i bolbimos a jugar dominó toda la noche; amanesió lunes, debiéndose inisiar todas las labores normales, pero akí sólo estábamos el kapitán Uarner i yo.

Ese día, temprano, fuimos a la ofisina de rradio, para komunikarnos kon las lanchas. Esa ofisina era el lugar ke más nesesitábamos ke estubiera abierto, pero el rradioperador lo abía dejado serrado kon doble yabe. Además, el aparato de komunikasión funsionaba kon una yabe espesial, i se podía ber por la bentana ke ésta no estaba en su lugar. De esa ofisina abía dos juegos de yabes; uno lo tenía el jefe de rradio i el otro el padre Gabilán. Este último era algo probable ke lo enkontráramos, el problema era adibinar dónde abía kedado, pues el padre Gabilán, después de la gerra, no tenía kasa fija; unas beses se kedaba en el sentro komersial, otras en el molino i a beses en algún lugar ke nadie sabía i ke las malas lenguas desían ke debía ser kon alguna amante ke tal bes tenía. Sin embargo, su rresidensia fija sigió siendo la kasa kural, más o menos kompartida kon el otro kura pero éste duró poko, se fue i dejó sus kosas en una abitasión. Después ke se fue el otro kura, la kasa kural fue rremodelada, kedó kon una entrada prinsipal ke daba a una sala amplia i de ésta salía un pasiyo ke iba a sus tres abitasiones i al patio, ke era un solar grande i ayí abía barios árboles frutales. I se le iso otra entrada ke iba direktamente al patio. Él okupaba una de las tres abitasiones i, kuando estaba ayí, kasi siempre lo enkontrábamos leyendo, akostado en una amaka amarrada de dos palos de mango.

Nunka kiso ke jugáramos dominó en la kasa kural, su lugar preferido era la ‘chosa espesial’ ke teníamos en el molino.

Ese día ni el kapitán Uarner ni yo keríamos ir a la kasa kural. Pero nesesitábamos komunikarnos kon las lanchas, pues desde su partida no sabíamos nada de eyas ni de la jente del pueblo, i en los notisieros solo informaban de susesos okurridos en el eksterior, ya ke desde la noche anterior, el gobierno abía proibido dar notisias nasionales. Kreíamos ke abía posibilidad de enkontrar las yabes en la abitasión del padre Gabilán i por eso desidimos ir a la kasa kural a buskarlas.

Abía amanesido en silensio, todos los kontornos eran tasiturnos, en el pueblo entero se sentía la sensasión de miedo ke suelen emanar las kasas del kampo kuando las dejan solas. Kuando yegamos a la kasa kural, komo de kostumbre, entramos por la puerta del patio. La abitasión del padre  Gabilán estaba abierta; ayí abía un armario kasi desokupado, una biblioteka yena de libros, un peinador grande, una mesita de noche i una kama sensiya arreglada; rrebisamos todo, tratando de no desordenar nada, i no enkontramos las yabes.

En una de las tres abitasiones estaban las kosas del otro kura, nosotros sabíamos ke el padre Gabilán no entraba a ese kuarto. La otra abitasión sí la usaba. La tenía de kuarto de San Alejo, ayí guardaba los kachibaches, las erramientas de trabajo, una amaka i una eskopeta. En ese kuarto, fuera de lo ya mensionado, ayamos un rrasimo de gineos maduros, ke eran  pekosos i se beían probokatibos. Uarner, ensegida los bio, korrió a kojerlos i kuando arrankó el primero fuimos sorprendidos kon el: ¡Kiubo nojoda!, ¡kiubo nojoda!, de la guakamaya.

“No estábamos tan solos komo kreíamos!”, dijo Uarner, i entonses entre los tres les dimos mate a los gineos. Después estubimos de akuerdo en ke en ese laberinto de kosas no era probable ke el padre Gabilán ubiera dejado las yabes. Desidimos ir a peskar i nos kedamos en el rrío asta ke estaba oskuresiendo, luego rregresamos al molino i jugamos dominó asta ke el sueño nos bensió.

Por la mañanita nos despertó el rruido de un elikóptero, salimos a ber el aparato i en él yegó Maño kon dies ajentes sekretos. Yegaron kon la orden berbal de yebarnos a la kapital de la rrepúblika, rrekerimiento ke por ningún motibo estábamos dispuesto a kumplir. Los ajentes insistían i nosotros rrechasábamos sus propuestas; de rrepente dos de eyos me agarraron por las manos para obligarme a subir al elikóptero. En fraksión de un segundo el kapitán Uarner le kitó la pistola a uno de estos i kon bos amenasante, apuntando a mi kabesa dijo: “bibos no nos yebarán de akí, o lo sueltan inmediatamente o lo mato i me mato yo”.

“El asunto es de bida o muerte komandante Uarner”, eksplikó kien se abía identifikado komo jefe de los sekretos, agregando: “Le aseguro ke para el bien de nuestro país es nesesario ke ustedes bayan inmediatamente a la kapital de la rrepúblika”.

“Es preferible morir akí, ke ir a ke nos maten ayá”, rrespondió Uarner.

Entonses el jefe de los sekretos le pidió a Maño ke nos dijera lo ke estaba okurriendo; él nos kontó ke kuando los barkos yegaron al puerto de kabotaje, ayí barios kamiones los estaban esperando. La jente de Tierra Sana los abordó i sigieron asia la kapital, pero, kuando iban entrando, la fuersa públika los iso detener, entonses personas ekstrañas les dieron armas, eksplosibos i bombas insendiarias i los insitaron a ke se enfretaran kon los uniformados, kosa ke no fue difísil ya ke eran jente rresién salida de gerra.

Según el rrelato de Maño, la situasión ke se bibía era ke tenían la entrada de la kapital konbertida en kampo de gerra, lo kual se abía inisiado kuando los ekstraños empesaron a difundir la notisia de ke “el gobierno asesinó a los otros dos komandantes de Tierra Sana”. Por eso, aora el pueblo kompleto estaba dispuesto a aserse matar si el gobierno no les entregaba los asesinos de sus komandantes.   

Usamos el aparato de rradio del elikóptero para komunikarnos kon el gobierno de la kapital, i ayá nos komunikaron kon algunas personas de Tierra Sana i kon eyas konbenimos el rregreso inmediato de la jente del pueblo.

Poko después el gobierno permitió ke numerosas emisoras i kadenas rradiales del país se konektaran kon el aparato de rradio ke se estaba komunikando kon nosotros, el kual estaba en el eropuerto de la kapital. I, kasi enseguida, a ese lugar yegó el doktor Kaimán kon numerosos akompañantes i luego de tomarse a la fuersa el mikrófono de dicho aparato dijo: “Soi el doktor Kaimán. Komo siudadano de este país pido públikamente al gobierno nasional la kaptura de los asesinos de kien en bida fue un forjador de patria i era mi entrañable amigo e ilustrísimos rreberendo RReinaldo Gabilán. E benido kon dies ilustres abogados i tengo listos dos elikópteros para yebar su kadáber a su baliente Tierra Sana; de akí no me iré sin él.”

La fuersa públika detubo al doktor Kaimán. Pero ensegida fue liberado i nosotros akordamos kon el gobierno  ke a él se le entregara el kadáber del padre Gabilán.

Ese día, por la tarde, el sielo de Tierra Sana se yenó de elikópteros. A esa ora, en Tierra Sana solo abíamos tres personas de este pueblo, o sea, de akí solo estábamos Uarner, Maño i mi persona, pero por todas partes kaían elikópteros kon tropas i polisías armados asta los dientes.

Ya estando okupados todos los alrrededores, dos elikópteros daban bueltas por el pueblo i no ayaban lugar para posarse; uno de estos traía la komitiba del doktor Kaimán i en el otro benía el kadáber del padre Gabilán.

Al fín aterrisaron en la playa, serka al molino. De ayí trasladamos a pie asta la iglesia un ataúd kon el kuerpo de mi gran amigo, de kuyo rrostro rresaltaba una serena sonrrisa.

El doktor Kaimán bajó del elikóptero kon un komportamiento ke paresía ke él fuera un abitante de Tierra Sana. A Uarner i a mí nos saludó kon un abraso i fue él la únika persona ke kargó de un lado, durante todo el rrekorrido, el féretro del padre Gavilán. La telebisión nasional transmitió en direkto todo el ebento de esa yegada i un diskurso ke dio en la iglesia el doktor Kaimán.

Poko antes, el partido polítiko del doktor Kaimán abía presionado i logró konsegir ke el gobierno permitiera la transmisión en direkto por telebisión, para el país i el eksterior, de las eksekias del padre Gabilán, lo kual fue un gran asierto, pues el doktor Kaimán, de ombre olbidado, pasó a ser el polítiko más popular del país.

Sin embargo, el entierro fue echo en ora fijada por dekreto i kuando se iso los barkos ke traían de rregreso la jente de Tierra Sana no abían podido yegar debido a un inkonbeniente ofisial ‘inboluntario’. Pero no fue deslusido, ya ke el gobierno trajo en elikópteros a una gran kantidad de mujeres yoronas, i todo el país pudo ber por la telebisión un entierro kon mucho yanto, pero en absoluto orden.

Poko después ke terminó la gerra, el padre Gabilán me propuso ke konstruyéramos un sementerio. Esa obra asía mucho tiempo ke ya no me preokupaba, pues a los muertos en la gerra nos abíamos bisto obligados a enterrarlos en el lugar donde morían, para aorrar kombustible, i aora kon los eskasos rrekursos ke manejaba  tenía planeadas otras obras ke konsideraba más urjentes. Pero él insistió asta konbenserme i entonses yo eskojí un terreno lo mas lejos del molino ke se pudo. Ayí konstruímos una pekeña kapiya i serkamos de konkreto un lote kuadrado de sien metros por lado; las paredes, sin rrepeyar, fueron pintadas de blanko i ensima de la puerta de entrada fue puesta una enorme krus de madera pintada de negro. Ese lote enserrado era el sementerio.

A la inaugurasión del sementerio fue todo el pueblo. Ese día el padre Gabilán estaba estrenando sotana, pero kuando salimos de ayí no se sabía de ké kolor era su rropa, debido a ke la obra era un korral kon mucha tierra rresién mobida i la brisa asía grandes rremolinos ke lebantaban biolentas polbaredas. Poko tiempo después, kumpliendo un dekreto del gobierno nasional ke fijaba su entierro a esa ora, a las nuebe de la mañana fue estrenado el sementerio kon el entierro del padre Gabilán.

Una ora después de kumplidas las eksekias del padre Gabilán, el gobierno nasional ordenó ke, de inmediato, los periodistas i los forasteros se marcharan Tierra Sana. Solo al doktor Kaimán le fue permitido kedarse.

A medio día, kuando ya sólo kedaba la fuersa públika, aterrisó en el pueblo un elikóptero kon siete ombres. Éstos preguntaron por el doktor Kaimán, después ablaron kon él durante largo rrato en un salón del sentro komersial.  Más tarde el kapitán Uarner i yo fuímos yamados i el doktor Kaimán nos presentó a los rresién yegados; nos dijo ke eran personas konosidas suyas i ombres de konfiansa del gobierno. Eyos dijeron aber benido a kolaborar kon nosotros en kaso de ke se presentara algún problema kuando yegaran los abitantes del pueblo.

“Kon la jente de akí no abrá ningún problema, nosotros podemos kontrolar las kosas”, dijo Uarner, pero eyos no kisieron irse.

Esa noche, Perisia yegó primero ke los demás barkos; traía su kapasidad de karga kompleta i sólo benían kadáberes. En eya yegaron los kuerpos de los muertos fayesidos en el kampo de bataya i otros ke no se supo dónde, el kaso fue ke, kuando se iso el rrekonosimiento, más de la mitad de los kadáberes estaban konjelados desde asía mucho tiempo i ni abían muerto en kombate ni eran kuerpos de abitantes de Tierra Sana. Pero nos asía falta José RRifles, kien no aparesía ni bibo ni muerto. Su esposa, ke kon él yebaban una bida mui irregular i en el pueblo eran famosos los malos tratos ke éste le daba, armó un tremendo espektákulo por la desaparisión de su marido. Eya aseguraba aberlo bisto “bibito i koleando, después ke terminaron los kombates... i kon lo grandote ke es no puede perderse”. Yorando a gritos pedía “un aparato ke buele”, para irse inmediatamente a buskar a su marido.

Los ombres del gobierno ke abían benido a kolaborar, pusieron manos a la obra para ke las autoridades de la kapital lokalisaran al desaparesido. Ayá le dieron gran importansia al asunto, enseguida pusieron en marcha una jiganteska operasión de búskeda i a poko rrato abisaron ke lo abían enkontrado muerto i ke se estaban asiendo las dilijensias para enbiar el kadáber a Tierra Sana. Su esposa, al rresibir esa notisia, se desmayó; kuando fue rrebibida iso aksiones desgarradoras i fue nesesario aplikarle un somnífero para kalmarla.

Esa noche, kon los muertos propios i los ajenos, kedó totalmente kopada la kapasidad del sementerio. Para ke kupieran todos fue nesesario kitar la puerta, aser una fosa komún en la kaye ke debió serbir de entrada i se serró el akseso kon un muro de konkreto.

Era paradójiko ke, abiendo tantos muertos, numerosas mujeres yoraban i pedían a gritos ke desenterráramos el kadáber del padre Gabilán, para eyas mirarlo por última bes. I la esposa de José RRifles paresía una loka, pidiendo a gritos ke le trajeran el kadáber de su esposo.

Kontrario a lo ke yo imajinaba, los ombres del gobierno estubieron mui okupados durante toda la noche. El gobierno sabía ke esos funsionarios no iban en bano, eyos trajeron numerosos instrumentos espesiales i mientras el personal uniformado asía las fosas para enterrar a los muertos sin identifikar, éstos les tomaban ueyas daktilares i todos los datos ke pudieran ser útiles para su posterior identifikasión. Entre la enorme kantidad de kadáberes se mobían kon tal naturalidad ke paresía ke estubieran rrealisando una labor komún: medían la estatura de los kuerpos, los pesaban, les abrían la boka i tomaban fotos de su dentadura; daban un aspekto de niños jigantes jugando kon muñekos grandotes.

Las autoridades de la kapital de la rrepúblika, kasi amanesiendo, informaron ke akababa de salir para Tierra Sana un elikóptero kon el kadáber de José RRifles. A su esposa ya no le asían efekto los kalmantes. A esa ora, una bes más, iso su espektákulo desgarrador.

Después, el aparato se demoró mucho más de lo ke kalkulábamos i, kuando yegó, todo el pueblo salió a mirar el kadáber, komo si nunka ubieran bisto un muerto. Pero el ke trajeron no era el kadáber de José RRifles, sino el kuerpo de un ombre de más estatura i mucho más negro ke éste. Tenía dientes grandes i sanos, i los labios gruesos i partidos komo dos kañafístolas. Estaba inchado.

Poko después, kuando informamos de la ekibokasión en el enbío del kadáber, los agentes del gobierno kapitalino rrespondieron ke así era la deskripsión ke les abía dado la esposa del desaparesido i ke entre los muertos nadie mas tenía esos rrasgos, más tarde se diskulparon por el error i nos solisitaron ke sepultáramos en Tierra Sana ese kadáber, pero ubo ke debolberlo debido a ke teníamos agotado el serbisio de sementerio.

Dos días después, la polisía nos abisó ke abía lokalisado a José RRifles en una kasa de prostitusión de mala muerte, ubikada serka al lugar donde se abían rrealisado los kombates. Ensegida fue traído en un elikóptero. Kuando el aparato yegó a Tierra Sana él bajó sonrriendo, kon el kueyo yeno de chupados. Su esposa, ke alegremente lo estaba esperando, al berle los moretones lo agarró por el kueyo, le desgarró la kamisa i le dijo asta de ke mal iba a morirse. La pelea iba para grande, fue nesesario separarlos. Sin embargo, a los pokos días los bi ir abrasados por la kaye.

En kuanto a su abentura en la kapital, la eksplikasión ke dio fue ke se abía kedado porke los beíkulos no lo abían esperado; ke después, tomándose unos tragitos, abía konosido a una amigita ke lo konsoló asta kuando la polisía lo enkontró.

Kon menos jente i todos sus abitantes kon los sentimientos destrosados, Tierra Sana sigió su destino de difikultades. Pero, por lo jeneral, la bida umana es un rosario de difikultades.

Poko tiempo después me di kuenta – i me fue konfirmado-, ke la masakre ke diesmó a la poblasión de Tierra Sana i numerosas ke ubo antes i después de esa, se debieron a las pugnas entre monopolios ekonómikos i potensias mundiales, luchando por el kontrol de dibersas rrikesas, kuyo rresultado kasi siempre es ke los pueblos inosentes e indefensos terminan pagando una enorme kuota de sangre i en la miseria. En este kaso, el propósito de esa masakre fue desprestijiar el gobierno y debilitarlo para sakear las rriquezas nasionales.

 

Es fásil ke el ser umano aprenda la gerra. Pero después es mui difísil kitarle las inklinasiones a la biolensia. El kapitán Uarner i yo nos propusimos erradikar ese mal en Tierra Sana, para lo kual traímos personal espesialisado i, para ke la jente no sintiera tan duro el kambio, konstruimos una plasa de toros. Ayí, mirando torturar a esos inosentes animales, el pueblo sasiaba sus impulsos sanguinarios i poko a poko fue olbidando los efektos de la gerra. Pero nosotros no pudimos soportar por mucho tiempo la fobia ke sentíamos por el injusto maltrato a esos ejemplares de la espesie más útil a la umanidad, i por dekreto de la alkaldía se proibieron en Tierra Sana las korridas de toros.

El kura ke bino en rreemplaso del padre Gabilán kisá le informó a los altos jefes de la Iglesia ke el kura difunto abía dejado una gran suma de dinero en el banko lokal. Aunke la ‘Santa Iglesia’, desde antes de ser asesinado no lo rrekonosía komo saserdote, a los pokos días de la muerte del padre Gabilán se presentó en el banko un abogado, apoderado por la Iglesia, para rreklamar el dinero dejado por el kura fayesido. Pero el abogado yegó tarde, pues ya abían sido konsignados los chekes ke el padre Gabilán dejó firmados en blanko, i fueron yenados de tal manera ke el saldo enkontrado por el doktor no era sufisiente para pagar un desayuno. Al deskubrir mi jugarreta, el abogado iso un gran litijio i, por no lograr su propósito, después, en un eskrito, me propuso ke konsilíaramos pero yo lo basilé por largo rrato i no konsigió sakarme nada. Además, me yebé para el molino los libros del padre Gabilán i su pajarrako, ke estaba deskuidado, feo, kasi desplumado. El animal se rrekuperó pronto, un día kualkiera desaparesió i todos kreímos ke se abía aogado, pero después aparesió, lo kual es kontado más adelante.

En ese tiempo, el doktor Kaimán era el polítiko nasional más influyente. En su kampaña presidensial prometió konstruir una línea férrea, de la kapital de la rrepúblika a Tierra Sana. Esa obra, a desir la berdad, el pueblo no la nesesitaba; kon su bía flubial i la karretera, ke luego de la gerra abía sido totalmente terminada, era sufisiente. Además, aser esa obra era un enorme gasto ke ni se justifikaba ni tenía posibilidad futura de ser rrentable.  Pero el doktor Kaimán, al ser elejido presidente, konsigió préstamos kon elebados intereses i, aunke el país tenía numerosas nesesidades de suma urjensia, el mandatario las ignoró i dispuso la konstruksión ferrobiaria. Sin embargo, ubo tantos chanchuyos en el manejo de ese dinero ke ni kon kuatro rrepetisiones de presupuesto fue posible terminarla. El presidente Kaimán, poko antes de finalisar su gobierno, sólo pudo inaugurar un tramo ke kubría algo más de la mitad del rrekorrido komprometido.

En esa époka isimos la unibersidad, empesamos a usar el Método Praktiko i Tierra Sana dejó de ser pueblo, konbirtiéndose, aora sí, en una berdadera siudad en la ke por todas partes el progreso era bisible. La industria, la agrikultura, la peska i los negosios kresieron aseleradamente, aunke el molino sigió siendo el motor ke asía mober la ekonomía de la rrejión, pues en él se konsumía la mayor parte de la peska i se produsía kasi todo el abono para el konsumo nasional.

Mi marabiyosa mákina se komportaba de manera ejemplar. No nesesitaba kombustible para funsionar, era kasi silensiosa i su sistema de suksión asía ke funsionara efisientemente el alkantariyado de la siudad, kosa ke a la bes era su máksimo abastesedor de materia prima i en forma gratuita. Ayí permanesía yó bijilando ke todo fuera korrektamente administrado; aora Tierra Sana era la misma, pero distinta a las demás: ya abía adkirido el tamaño de una siudad pero no tenía lakra umana, esa kalamidad ke abía de sobra en todas las siudades del mundo; akí no abía ladrones, ni bagos, ni pordioseros ni bisiosos. Todos bibíamos del trabajo propio i no del ajeno, komo era kostrumbre de otras personas en otros lugares.

En ese tiempo, de un momento a otro el rrío fue perdiendo profundidad, de Tierra Sana asia abajo. De esa nobedad le informé personalmente al presidente Kaimán, para lo kual él no demoró en enbiar barios injenieros kon la orden ekspresa de solusionar ese problema lo antes posible pero, por lo difísi, el arreglo no se pudo rrealisar kon prontitud. Los profesinales enbiados por el presidente konseptuaron ke la faya se debía a la enorme kantidad de basura ke la poblasión arrojaba al rrío.

Se desidió entonses rrekojer diariamente la basura i destinar un terreno lejos del rrío, a dies kilómetros de la siudad, para basurero.

Poko después el gobierno nasional nos dio un kamión grande para rrekojer la basura, pero yo, ke entonses era alkalde de Tierra Sana i ke fui informado de ke por lo grande el kamión tenía problemas para transitar por las kayes estrechas de la siudad, desidí poner un traktor mío para esa labor i el kamión lo puse a transportar abono. Dicho kamión era de kolor rrojo, tenía un enorme i potente motor ke asía bibrar las kasas kuando pasaba, i por lo grande le kedaba difísil boltear en las eskinas; le fue puesto en la defensa delantera un letrero negro en ke se leía “El Andalusio”, i su primer konduktor fue José RRifles.

Pero, aunke en el rrío no se bolbió a echar basura, en frente de Tierra Sana la profundidad se sigió ayanando i mi molino empesó a fayar. Entonses konsegí ke el presidente Kaimán enbiara una draga i el problema fue rrápidamente solusionado. El presidente Kaimán se portó bien kon Tierra Sana, esa bes ordenó dragar un tramo de kasi sien kilómetros de rrío, de esta siudad acia abajo.

Kuando se estaba terminando el trabajo de dragado, una tarde, ya kasi de noche, me yamó por rradio el kapitán de la draga, para informarme ke abía ayado undida una lancha de madera yamada La Alegría. Según él, era urjente ke fueran las autoridades, ya ke algunos de sus ombres le abían asegurado aber bisto algo paresido a kuerpos umanos en la nabe undida. “Boi para ayá ensegida”, le rrespondí, un poko nerbioso.

Me fui sólo, en El Andalusio. Ya abía oskuresido kuando salí de la siudad. Era una noche de agosto i aunke iba kondusiendo el kamión; la luna klara, la brisa i todas las kosas me paresían iguales a akeya noche de año nuebo, kuando abía echo undir La Alegría kon mis patrones enserrados a bordo. Sin embargo, sentía más miedo aora ke iba pensando en eyos ya muertos, ke esa noche kuando iba a matarlos.

Yo ubiera podido ebitarme ese mal rrato, no yendo a ese lugar, pero mi krónika terkedad para aser las kosas i mi manía de saberlo i ber todo kon mis propios ojos me kausaban ansias irresistibles, siéndome nula la eksperiensia de las tantas beses en ke me abía bisto metido en ‘kamisa de onse baras’ por satisfaser mi kuriosidad. Pero kienes no sienten peresa para aser las kosas, kuando rrealisan algo, aunke akeyo les aya demandado gran sakrifisio, siempre enkuentran algún detaye por el kual konsideran ke su esfuerso fue rrekompensado. Esa noche, a mi manera de pensar, mi esfuerso estubo más ke rrekompensado, pero todabía se me erisa el peyejo kuando rrekuerdo las difikultades ke me tokó enfrentar por sasiar mi kuriosidad.

Kuando yegé al lugar donde abían enkontrado La Alegría, una nube negra abía tapado la luna i soplaba una brisa elada. Desde antes de salir sentía una ekstraña sensasión de kulpa ke me tenía kon los nerbios de punta. Los ombres de la draga abían puesto mechones ensendidos en la playa, i kon un káñamo grueso tenían amarrada la lancha a un gancho de ierro, klabado serka de la oriya, donde empesaba una parte yana ke terminaba en playa. Estaban bisibles los dos letreros en ke se leía ‘La Alegría’, en ambos lados de la proa, i el rresto de la lancha estaba undido.

La jente sabía ke yo era dado a korrer rriesgos pero el kapitán de la draga se sorpendió kuando me bio serka a la lancha, en rropa de playa. “¿Se ba a tirar al rrío, señor alkalde?”, me preguntó, inkrédulo.

No le rrespondí. Tímidamente me tiré de kabesa al agua, kon una linterna de pilas en las manos. Nadé asta agarrarme de un listón de la serka de la lancha, luego me undí i me di kuenta ke kontihuaba intakto el korral ke yo abía echo para enserrar a los Kortina. La puerta estaba kon el kandado puesto i todo se beía ingual, pero los Kortina no estaban en el lugar donde abían kedado. Kuando estaba mirando el interior de la lancha, un enorme pes me rrosó la espalda i me kausó un gran susto. Al rreaksionar le di una patada tan fuerte ke lo elebé más de dos metros i kasi kae en tierra seka.

Para entrar a la lancha era nesesario rromper la serka ke yo abía echo, kosa ke me propuse aser ensegida, antes ke algien pudiera deskubrir esa bisible pista de asesinato. Pero esa labor no fue fásil, la serka estaba sumamente dura i, aunke barios ombres de la draga me kolaboraron, tardé más de una ora para konsegir ke se desprendiera un lado del serkado. Luego de esto, undido entré a la lancha; en el lugar donde abían kedado los Kortina enkontré la garrafa de Bino Májiko ke abía sobrado la noche de la fiesta. Se beía intakta, la saké i la puse en el asiento del kamión. Bolbí de nuebo a la lancha, me sumerjí i andube alumbrando por dentro. Abrí la puerta del kuarto del makinista. Ayí enkontré a toda la familia Kortina; estaban akostados boka arriba en la kama del makinista, kon los ojos abiertos, los padres en posisión normal i los ijos kon la kabesa para el lado donde akeyos tenían los pies. Luego de mirarlos salí rrápidamente del agua i no me bolbí a meter; un poko nerbioso pedí ke amarraran la lancha para yo jalarla kon el kamión, entonses el kapitán de la draga ordenó atarla kon un grueso kable de asero i de un solo jalón la saké a tierra.

A esa ora la nube negra abía desaparesido i la noche era tan klara ke paresía de día. Kuando la lancha estubo en tierra, el personal de la draga se subió en eya a curiosear. Los ombres abrieron un kajón i enkontraron barias boteyas de uiski; el kapitán subió i abrió la puerta del kuarto donde estaban los Kortina, los miró, salió de espalda, serró la puerta i bajó sin desir nada. Poco después, uno de los ombres hiso un gran eskándalo kuando bio los kadáberes.

Entre tanto, yo me abía kedado en el kamión, obserbándolos a eyos, asiéndome el desinteresado en el asunto. El kapitán se me aserkó i dijo: “Sufriré una gran desgrasia si no logro konjurar este mal presajio".

¿Ké le susede kapitán?, pregunté, finjiendo ke no abía bisto los muertos.

“Ber kadáberes kon los ojos abiertos es el peor aguero ke eksiste, i akabo de ber kuatro”.

Mi aprobechada mente aktuó ensegida; kon bos segura dije: Yo sé kómo se konjura ese mal.

“¿I puede konjurarlo aora?”, preguntó el kapitán. 

-Todo depende de usted i de su jente, le rrespondí.

“Dígame: ¿Ké ai ke aser?”, interrogó.

Para konjurar ese mal aguero –dije-, es nesesario kemar los kadáberes kon todo i lancha, tirar la senisa al rrío i ke ninguno de nosotros, por ningún motibo, kuente estos echos ni los buelba a mensionar en toda la bida. – Ise esa eksplikasión mui seguro de lo ke ablaba -.

Luego de oirme, el kapitán iso rreunir a sus ombres, les abló de las desgrasias ke él sabía ke podían sufrir las personas ke enkontraran muertos kon los ojos abiertos, les eksplikó la forma de konjurar ese mal i les preguntó sí estaban de akuerdo en ke se isiera el konjuro, lo kual fue aprobado por unanimidad. El kapitán agregó: “Si después de aser el konjuro, alguno de ustedes kuenta o dise algo de esto, sobre él rrebibirá el mal konjurado”.

Dio la orden de konsegir leña i kombustible. Al poko rrato, La Alegría kon sus dueños fue enbuelta en una bola de fuego.

Ya kasi amanesiendo rregresé al molino, yebaba la garrafa de Bino Májiko i kuando yegé la koloké en el lugar donde tenía guardadas las kosas del difunto padre Gabilán.

A los pokos días bolbí al lugar donde estaba la draga. En el sitio donde fue kemada la lancha, apenas medio se notaba la arena mesklada kon senisa. El kapitán de la draga, kuando me bio, salió a mi enkuentro. “Me da mucho gusto berlo por akí de nuebo komandante”, dijo, dándome un apretón de manos. Les yebé sigarriyos i una kaja de uiski. Ablamos largo rrato; kuando me estaba despidiendo, el kapitán dijo: “La forma ke usamos para konjurar el mal presajio me ase sentir mui bien”. Yo le rrespondí: A mí también.

- En este punto se oyó la estruendosa carcajada del capitán Warner. El lector Cadena, instintivamente, cerró el manuscrito para tomarse un descanso mientras volvía la calma. “Moderación por favor”, dijo el juez, mientras el público reía contagiado por la risa de Warner.

Tomando otra dirección de este asunto, es de añadir que en Tierra Sana hay gran preocupación por la situación incierta en que se halla la mayoría de sus empresas, ya que al terminar este juicio debe definirse la propiedad de los bienes dejados por el empresario Sedano, los cuales conforman la mayor parte de las empresas de la región, y son, además, una gigantesca fuente de empleos y producción. Pero el asunto es tan complicado que es imposible prever lo que va a pasar.

Ha vuelto la calma. La lectura del manuscrito sigue así:

“En esa époka, la alkaldía práktikamente la atendía por teléfono, desde el molino. En la ofisina de la alkaldía kasi todo lo rresolbía Maño, ke era mi ayudante pribado i sekretario ofisial del Despacho.

Poko a poko el kapitán Uarner abía echo amistad kon barios polítikos segidores del presidente Kaimán. Entonses, los dos kasi no nos beíamos, i menos ablábamos, debido a ke él se mantenía okupado kon sus polítikos i yo kon mi molino. Pero una tarde, de rrepente, Uarner bino al molino a bisitarme; me dijo ke se iba a dedikar a la polítika, además, me komentó ke unos amigos de ‘la pesada’ le abían dicho ke si se metía a la polítika, era seguro ke rresultaba elejido rrepresentante.

“¿Ké opinas de lo ke me disen mis amigos polítikos?”, me preguntó él en tono mui serio. Le rrespondí ke era mui probable ke el asunto rresultara positibo.

“¿Ké es lo ke tienen ke aser los rrepresentantes?”, preguntó él.

-RRepresentar los intereses de los rrikos, rrespondí yo.

“I los intereses de los pobres kién los rrepresenta?”, interrogó.

-Nadie. Eyos no tienen nada ke rrepresentarles, dije.

“Mi sistema polítiko buska krear una justisia sosial kon igualdad de derechos para todos. ¿Ké opinas de eso?”

-Yo opino ke los polítikos, si no aprenden a engañar a la jente, frakasan. I kreo que a la jente le gusta, i a la sosiedad le konbiene, un sistema de gobierno ke kontenga alguna forma de libre kompetensia, lo kual es un estimulante produktibo ke aunke kontribuye a ke los más ambisiosos ganen más i posean mas kosas ke los indiferentes, por la produksión ke jenera, el modelo kapitalista rresulta siendo benefisioso tanto para el gobierno komo para los gobernados, le ekspliké.   

Mi opinión le kausó rrisa. Se despidió disiéndome ke ya todo estaba listo para empesar. Pero a los pokos días bolbió al molino, bino a despedirse; me dijo ke biajaba al eksterior a kasarse. ¡Yo ni sikiera sabía ke usted tubiera nobia!, le rrespondí sorprendido.

“Es un asunto biejo ke desidí definir aora”, dijo él.

Se fue de biaje; al poko tiempo rregresó kon la nobia i sin kasarse. Kon eyos bino Palita Gerrero, ermana de kriansa de la nobia de Uarner; eya era una mujer karibe, intelijente, ájil, sensiya, deskomplikada i mui ermosa. La nobia del kapitán Uarner no era fea, pero sí era menos atraktiba ke Palita. Además, era bastante mayor ke Palita ke tenía menos de beinte años.

En poko tiempo me ise amigo de Palita i mui pronto la mayor parte del tiempo lo pasábamos juntos. Nos entendíamos bien, al komienso no le ablé de amor porke no me nasía. Pero tal bes las kosas ubieran kambiado de no ser porke el kapitán Uarner, kasi borracho, me dijo ke no se abía kasado kon su nobia porke estaba enamorado de Palita. Además, lo dijo de una forma ke paresía una adbertensia para ke no se la tokara. I komo él la abía traído, konsideré ke era rrasonable alejarme de eya i por eso me distansié de Palita.

Pero después él no logró konsegir ke eya aseptara sus pretensiones. Sin embargo, borracho, tubo la balentía de desirle a su nobia ke aunke sentía amor por eya, él kería kasarse era kon Palita. El rresultado fue ke las dos mujeres rrekojieron sus kosas i se marcharon kon la promesa de su nobia, de ke jamás se bolberían a ber. I así fue; el kapitán Uarner después iso asta lo imposible para enkontrarla i rrekonsiliarse kon eya, pero en el mundo entero no pudo lokalisarla. I, según me dijo, nunka supo mas de Palita.

En las eleksiones presidensiales sigientes, el doktor RRafael Franko, kandidato del partido asul, rresultó elejido para rremplasar al presidente Kaimán.

En esa époka, el pueblo elejía al presidente sin ninguna esperansa de ke mejoraran las kosas; sólo para kambiarlo porke el lapso del aktual gobernante korrupto i kómplise kon la korrupsión, estaba próksimo a terminar i el kambio de presidente, de akuerdo a la Konstitusión Nasional, era obligatorio. Pero la jente sabía ke todo en el país segiría igual, kon kualkiera de los kandidatos ke yegara a la presidensia, ya ke era seguro ke de todas maneras el nuebo mandatario sería un títere más, manejado por los mismos kasikes polítikos i los monopolios ekonómikos ke desde asía mucho tiempo benían manejando i arruinando la Nasión.

En rrealidad, las eleksiones siempre las ganaba la abstensión, pues dos terseras partes de la jente ke podía botar no lo acía, i la gran mayoría de los ke botaban era por boto komprado, lo kual era un negosio ke los polítikos asían públikamente pero ke, según las leyes, era delito.

Al poko tiempo de ser presidente, el doktor Franko konsigió dinero prestado en el eksterior i, sigiendo eksaktamente las normas del presidente Kaimán, terminó la konstruksión de la línea férrea ke dejó sin terminar el gobierno anterior.

El día de la inaugurasión de esa obra, los dos, Kaimán i Franko, isieron juntos el rrekorrido en el primer biaje del tren, de ida i buelta, de la kapital a Tierra Sana. Para esa época, la kapital de la rrepública se estaba  preparando para la yegada del papa. Esa sería la primera bes ke un sumo pontífise yegaría al país i para darle la bienbenida, ayá se estaban efektuando grandes arreglos. Seguramente ke la siudad más indiferente del país, kon esa bisita, era Tierra Sana, lo kual se debía a ke la jente todabía estaba rresentida kon la Iglesia, por la ekspulsión del padre Gavilán.

Quizá la bisita del jefe de la Iglesia ubiera pasado desapersibida por la mayoría de los abitantes de esta siudad, sin embargo, por los preparatibos ke isieron en la kapital para la yegada del papa surjieron las kausas del peor desastre umano ke emos tenido en Tierra Sana.

Tierra Sana, en poko tiempo abía superado sus problemas, i ya la Iglesia la ignoraba, pero era la únika siudad, no sólo del país sino del mundo entero, donde todos sus abitantes eran onestos i trabajadores, siendo a mi juisio, el lugar más digno de ser bisitado por kualkier personalidad del mundo.

Mucho antes, en los días ke la Santa Sede konfirmó la fecha en ke el papa yegaría al país, el gobierno enbió a Tierra Sana un dokumento ke se titulaba ‘Perdón de Grasia’, kuyo objetibo era rrebajarles el tiempo de kársel a los prisioneros. Eso akí no tenía sentido pues en esta siudad ni sikiera abía kársel. Pero no se me iso ekstraño el asunto, ya ke yo sabía del despelote ke rreinaba en la mayoría de las ofisinas del gobierno.

Pokos días después, sin dar abiso ni eksplikasiones, fue kambiado el orario del tren; éste yegaba a las dose del día, i kon el nuebo orario kedó yegando a las dose de la noche. Nadie debió imajinarse la finalidad de ese kambio, asta kuando la siudad amanesió inbadida de lokos de ambos seksos i de todas las fachas. Éstos, en konstante ir i benir, deambulaban por las kayes, kada kual eksibiendo su pinta i dando rrienda suelta a sus lokuras, en algo así komo un desfile de modas de lokos. “Estamos en feria de lokos”, desía la jente, abiendo tomado el asunto kon más jokosidad ke preokupasión. Sin embargo, los problemas i los daños kausados por eyos no se isieron esperar, por lo kual ordené enserrarlos en la plasa de toros, ke ya en esa époka esas instalasiones no prestaban ningún serbisio.

La kaptura o rrekoleksión de orates se iso en ‘El Andalusío’, después de media noche, en barios biajes, yeno en toda su kapasidad.

El día sigiente, en la siudad aparesió suelta una loka ke nadie se eksplikaba kómo se abía eskapado de la rredada. Era una mujer joben ke tenía momentos de lusidés i entonses paresía no estar loka; su nombre, según eya, era Mayupa. Además desía ser demasiado puta, siendo en rrealidad una puritana mui grasiosa. Su jobi faborito era ser ayudante de kamión, kosa ke finjía rrealisar subiéndose a los beíkulos por detrás, korriendo a plena marcha i silbando tan fuerte komo el más diestro kamionero. Pero no asía daño ni se metía kon nadie i por eso no ubo ke enserrarla.

A los tres días de aber enserrado a los lokos, la siudad amanesió yena de mendigos, de los kuales algunos no podían kaminar i asían sus nesesidades fisiolójikas en el mismo lugar donde mendigaban. Entonses ise dibidir la plasa de toros en dos partes iguales; en una mitad se dejaron los lokos i en la otra fueron enserrados los rresién yegados limosneros.

En ese tiempo, esta siudad tubo komo karakterístika espesial una buya kontinua, día i noche, ke se oía a más de medio kilómetro afuera del perímetro urbano, kausada por los lokos, i los mendigos produsían un olor pestilente ke se sentía kasi a media legua del lugar donde se ayaban.

Pero lo peor yegó a Tierra Sana tres días antes de la primera yegada de un pontífise a este país. Ese día, Tierra Sana amanesió inbadida de bagos, ladrones i bisiosos de todas las kalañas, i por la noche ubo asesinatos, biolasiones, atrakos i rriñas kayejeras, echos ke jamás abíamos bibido en esta siudad.

I desde  ese día la siudad entró en una krisis más grabe ke la abida en los peores tiempos de la gerra; en Tierra Sana nadie sabía kómo manejar la situasión ke impuso la delinkuensia. Los malandros se tomaron komo propio el sektor de la playa; a ese lugar, kon dibersas formas de engaño, fueron yebadas barias muchachas, de las kuales kasi ninguna aparesió i de otras fueron enkontrados sus kuerpos terriblemente maltratados. Esas muchachas fueron presa fásil para esos kriminales, la jente de akí no estaba akostumbrada a tratar kon delinkuentes i por lo tanto no kontaba kon ningún medio para defenderse de eyos.

Para alibiar la situasión de inseguridad ise soltar los lokos i los mendigos para usar komo kársel la plasa de toros. La rredada para kapturar a los malandros se inisió a las ocho de la mañana kon sien ombres armados i, aunke kasi todos fueron sorprendidos dormidos, su biolenta rreaksión iso nesesario utilisar las armas, rresultando muertos barios de eyos i eridos algunos de los ombres ke partisiparon en la operasión.

La plasa de toros kedó mas yena ke antes, debido a ke esta lakra era más numerosa ke los lokos i los mendigos juntos. Pero kon esa medida no se obtubo ningún alibio, pues, los detenidos, en la primera noche ke debían pasar ayí, se rrobaron la mal akondisionada kársel kon todo i guardianes, aparesiendo el día sigiente apenas el solar donde estaban eyos, yeno de basura i mierda.

Lo más probable es ke todo lo ke les impedía estar libres lo tiraron al rrío, inkluyendo a los improbisados guardianes, kienes después no aparesieron ni bibos ni muertos.

Komo lobos umanos, los peores parásitos i desechos de esta espesie inbadieron entonses todos los lugares de la siudad. Tierra Sana, siendo la siudad más limpia i segura del mundo, en pokos días pasó a ser, tal bes, la más insegura i la más susia del mundo en todos los tiempos.

Yo era el alkalde de la siudad, i diariamente rresibía un mar de kejas. Sin embargo, la desesperasión ke me kausaba esa situasión me era konsolada en algo kon las diskulpas i promesas ke me asían por teléfono los funsionarios del gobierno de la kapital, kienes segidamente se komprometían a solusionar ese problema ensegida finalisara la bisita del papa.

Pero, después ke se fue el papa, nadie se asía rresponsable del asunto; sigió entonses un ba i ben de yamadas de donde el doktor fulano a donde el doktor sutano, i por último me rrespondieron ke no molestara más, ke ayá no tenían nada ke ber kon kienes estubieran kausando problemas en otra parte.

I komo si fuera poko, en el tren pusieron bijilantes kon orden estrikta de ebitar ke esos indeseables se subieran a dicho aparato, argumentando ke, de permitirlo, éstos inebitablemente yegarían a la kapital de la rrepública, pues no abía ninguna estasión ni pueblo intermedio, i ke las autoridades kapitalinas por ningún motiko permitirían ke esa lakra yegara ayá.

Por esa aktitud, la jente de Tierra Sana kitó los rrieles del tren en la entrada de la estasión i pidió ke ese aparato no bolb

iera más a esta siudad.

Entonses, kon rrasonamientos falsos, akomodados al deseo de los dirijentes de la kapital, el tren sigió operando desde una estasión rrápidamente konstruida a sien kilómetros de Tierra Sana, eksaktamente en el sitio donde antes se delimitaba la sona de gerra.

Entre tanto, la situasión nuestra era kada día más angustiosa. La jente me pedía ke isiera kualkier kosa ke pudiera salbar la siudad. Era tal el desespero ke, inkluso, un grupo de ekskombatientes me propuso ke ebakuáramos los abitantes, para bombardear militarmente la lakra inbasora.

Komo kosa ekstraña, al molino no yegaba la lakra inbasora; a pesar de estar serka al sentro de sus operasiones, eyos no se interesaron por este lugar. Sin embargo, una tarde yegó akí la loka Mayupa kolgada de la parte trasera de la karrosería de un kamión. Ensegida ordené debolberla a la siudad. Pero eya sigió yegando kolgada de kualkier beíkulo i más demoraban rregresándola ke eya en bolber nuebamente. Eso se bolbió kostumbre i al poko tiempo nadie le daba importansia a la yegada de Mayupa, eksepto por los espektákulos ke asía en los pasamanos de las eskaleras de la jerensia del molino, deslisándose sentada, silbando komo kamionero, kon las manos en las rrodiyas, abriendo las piernas a medida ke iba rrodando kon el kuerpo inklinado asia atrás, mostrando sus interiores. Eso asía destorniyar de rrisa a los choferes i a los trabajadores del molino, kienes kon el tiempo sakaron barios chistes groseros de las pilatunas de Mayupa.

Poko a poko, por su modo agradable, Mayupa se ganó el kariño de la jente del molino. Una tarde, estando yo desesperado por la situasión de mi pekeña siudad soportando el asote de toda la lakra umana de la enorme kapital, entraron a mi ofisina dos konduktores. Yegaron asustados, kasi no podían ilar las palabras; me imajiné ke afuera algo mui grabe abía okurrido. Salí de la ofisina i eyos me giaron a la boka del molino. Ayí enkontré amontonado todo el personal de trabajadores, kienes al berme me rrodearon, kontándome, todos a la bes, ke Mayupa se abía molido al tratar de aser en la sinta transportadora de materia prima, la grasia ke asía en el pasamanos de las eskaleras.

Miré el depósito de materia prima molida i ayí lo úniko medio notable era la rropa de Mayupa konbertida en pekeñas motas de algodón. “Sigan trabajando i no le kuenten a nadie de este aksidente”, dije pensatibo i rregresé a la oficina.

Yegé a mi eskritorio pensando en el asunto, i me paresía inkreíble ke no se me ubiera okurrido antes esa solusión tan sensiya. En sierta forma, para Tierra Sana, la muerte de Mayupa fue lo mejor ke podía okurrir. Sirbió nada menos ke para deskubrir un modo útil i efektibo para solusionar el problema ke tenía en rriesgo la eksistensia de esta siudad.

Después del aksidente de Mayupa pasé toda la tarde analisando ese modo de solusión i noté ke era nesesario aserle al molino una rreforma lo antes posible; ensegida konsulté los planos ke yo mismo abía echo para su konstruksión i desidí aumentar al doble la kapasidad de sekado, lo kual se lograría agregándole al orno otra fuente de kalor ke, igual a la eksistente, funsionara kon gas natural, kuyo suministro era abundante i barato en esta ciudad. Además, konsideré konbeniente aumentar la fuersa de las poleas ke asían jirar las masas, kosa ke sería fásil aplikándole al sistema un motor potente, el kual también konbenía ke funsionara kon gas natural, ya ke el sostenimiento de estas mákinas era el menos kostoso.  

Ensegida puse manos a la obra i kedó todo listo en tres días ke, kon todo el personal rrekerido, se trabajó kontinuamente. Luego de esto, para probar la nueba kapasidad del molino, ise ke en él metieran un toro akabado de matar, el kual kedó konbertido en polbo seko en menos de un minuto.

Poco después, sin ke eyos tubieran la menor idea del asunto ke íbamos a tratar, me rreuní kon Maño i  kon el kapitán Uarner. Pero ese día no fue fásil ponernos de akuerdo para poner en marcha la solusión ke propuse, ya ke eyos no estaban dispuestos a enfrentar las konsekuensias ke akarrearía esa operasión i, menos aún, a tener kargos de konsiensia.

Luchando, a lo último me dieron ‘libertad de aksión’ aunke aklarando ke todo el pekado lo yebaría yo, a lo kual les dije ke estaba dispuesto a asumir kualkier kosa kon tal de liberar a Tierra Sana de la lakra inbasora. Además, kon el kapitán Uarner kedamos en ke todo sería bajo mi únika rresponsabilidad i poniendo komo kondisión ke el molino fuera serkado de maya alta kon alambres de púa por ensima, a sien metros de distansia alrrededor de la pared ke ya abía, i ke la entrada a ésta área sería proibida al públiko i rrestrinjida lo máksimo posible a los trabajadores.

Ese mismo día dispuse el traslado de todo el personal de ofisinas del molino a un lugar abilitado de afán en el sentro komersial. I kasi todo el personal operatibo fue trasladado o kambiado por ombres eskojidos entre los más diskretos de la siudad, i no kedó ninguna mujer entre el personal ke sigió laborando en las instalasiones del molino.

El día sigiente le ise aumentar la altura a la karrosería de “El Andalusio”. Ensima le fue puesta una parriya echa de gruesas bariyas de ierro i atrás se le adaptó una puerta estrecha kon un pasador espesial para ponerle kandado por fuera, kedando konbertido en una auténtika jaula, apta para transportar las fieras más peligrosas del mundo: fieras umanas. José RRifles, ke lo kondusía desde ke yegó, fue konfirmado para segir kondusiéndolo.

Para inisiar la ya bautisada ‘Operasión Limpiesa’, le pedí a Maño ke me seleksionara beinte ombres, ekspertos en kombate. A éstos se les dio pistola i fusil kon munisiones, i les fueron asignadas dos potentes kamionetas.

El día de la rreunión kon Uarner i Maño, yo abía firmado i fue ampliamente difunfida una rresolusión de la alkaldía, mediante la kual se ordenaba ke todos los forasteros abandonaran la siudad antes de tres días. Además, abía echo poner tres rretenes para ke no se permitiera la entrada de partikulares a Tierra Sana. I pasado ese tiempo, fuera de la lakra ke nos abía inbadido, en la siudad no abía ningún forastero.

Kuatro días después, tal komo yo lo abía planeado, empesó la ‘Operasión Limpiesa’, un asunto ke se abía mantenido en absoluto sekreto. El personal ke yebaría a kabo esa operasión abía sido inkomunikado en el molino i no sabía mayor kosa del asunto. En la siudad, fuera de Uarner i Maño, nadie estaba enterado de lo ke iba a suseder.

I no ubo protesta del públiko, kuando se enteró de ke la alkaldía abía dispuesto ke a partir de la fecha, i por tiempo indefinido, en la siudad abría lei seka i toke de keda, de siete de la noche a seis de la mañana.

En rrealidad esa medida no afektaba a la jente de Tierra Sana, pues, debido a la inseguridad total, el komersio era serrado antes de las kuatro de la tarde, bajando los komersiantes, todos a la bes, las rresién echas rrejas de ierro, ya ke nadie se atrebía a afrontar el peligro de serrar de último. Después segía la maratón de los empleados para yegar a sus kasas, abiéndose echo moda el uso de sapatos tenis, i mui komún ke algunas mujeres, ke en el trabajo usaban takones altos, fueran por las kayes, korriendo, deskalsas, kon los sapatos en las manos. I kuando oskuresiá nadie se abenturaba a salir de su kasa, kedando las kayes de la siudad para uso eksklusibo de los lokos, los mendigos i el ampa.

La ‘Operasión Limpiesa’ empesó kasi a media noche. Poko antes, junto kon El Andalusio, salieron del molino las dos kamionetas, kon dies ombres armados en kada una de eyas. El plan era sensiyo: los tres beíkulos rrekorrerían juntos las kayes de la siudad; los ombres de las kamionetas arían subir en el kamión, a las buenas o a las malas, bibo  o muerto, a kuanto delinkuente fuera enkontrado.

A José RRifles, ke ya sabía leer i eskribir, fuera de kondusir El Andalusio, le fue asignada la misión de elaborar una lista kon el nombre i la edad de todos los malandros ke subieran al kamión.

Lo beíkulos no demoraron en yegar kon el primer biaje. Me estaba kedando dormido en un siyón kuando José RRifles abrió la puerta de la jerensia del molino i me entregó una lista de sien personas kuyos nombres eran Jesukristo, Adán, Salomón, Moisés, Pilato i, según la lista, todos tenían treinta años de edad.

El kamión abía sido estasionado al lado de una tarima alta, konstruída junto a la sinta ke yebaba la materia prima a la boka del molino. Salí de la ofisina i subí a la tarima, yebando en las manos una potente linterna de pilas; alumbré el jaulón yeno de malandros, kienes al iluminarlos empesaron a desir: “Alúmbrale la kara a tu puta madre”. Dejé de alumbrarlos i me puse una máskara de proteksión, ante lo kual eyos empesaron a silbar disiendo toda klase de groserías. Ensegida aparesieron dos ombres enmaskarados, rraramente bestidos, kada uno portando un ekipo de fumigasión, los kuales prosedieron a fumigar el kamión kon un polbo ke paresía bapor, kuyo efekto al instante iso ke los malandros kayeran al piso del kamión komo si estubieran muertos.

Luego aparesió un grupo de ombres enmaskarados, kienes sakaron del kamión a los malandros i los pusieron en la sinta jiratoria, yéndose de uno en uno por la boka del molino.

Terminado el deskarge, el kamión fue rretirado i fumigado kon otro kímiko ke eliminaba el efekto somnífero del primero. Ensegida salió a buskar otro biaje. I no demoró José RRifles en entregarme una lista ke tenía sien beses rrepetido el nombre “Ponsio Pilato” i ninguno sabía su edad.

Ke los fumigen i los echen al molino – ordené.

“Ya los están echando”, rrespondió él.

Después, el konduktor sigió yegando kada rrato, a entregarme una lista kon el mismo nombre sien beses rrepetido.

“Eyos kreen ke me están mamando gayo”, desía José RRifles al entregarme la lista. Yo le rrespondía: Ustedes saben lo ke tienen ke aser.

Kada bes demoraban menos en traer un biaje. Kasi amanesiendo salí de la ofisina kuando ya estaban poniendo en la sinta los últimos de ese biaje. – Por oi terminemos la kosa kon estos, dije, i José RRifles eksplikó: “Nadie sabe nada de lo ke está susediendo. I emos deskubierto ke eyos tienen planeado aser kon el molino una fiesta komo la ke isieron kon la plasa de toros; por eso es ke asen kola para subir al kamión. Kreo ke debemos aprobechar asiendo tan sikiera otro biaje”. Pero, además de benir kon sobrekupo, no fue uno, sino tres los biajes ke isieron después.

Ese día, kuando yegaron los operarios enkontraron en el molino una enorme kantidad de polbo seko, listo para mesklar i empakar. Pero este era mui distinto al peskado molido, o arina de peskado, la materia prima -después del ekskremento umano- ke más utilisábamos para fabrikar el abono.

Debido a ke los malandros abían sido molidos kon todo  rropa, ese polbo presentaba muchas impuresas; ensima se beía yeno de unas motas ke se formaban kon los rremolinos de brisa ke entraban al depósito.

En esa époka ya se fabrikaban en Tierra Sana las bolsas para empakar abono. Esas bolsas abían sido siempre de kolor blanko kon letras negras. Yo, para empakar ese nuebo produkto i eksportarlo en su totalidad, abía ordenado fabrikar unas bolsas de kolor negro, kon letras rrojas, ke en ambos lados se leía: “Siento por siento puro Abono”.


Esa mañana, el polbo de umanos fue mesklado kon los mismos komponentes i en proporsiones iguales a komo se asía kon la arina de peskado. A medio día ise rreunir en un patio a los trabajadores del molino. Éstos todabía ignoraban la naturalesa del polbo ke estaban usando para fabrikar el nuebo produkto, del kual ya abían empakado una gran kantidad de bolsas. Maño les estaba ablando kuando yegé akompañado del kapitán Uarner. Era la primera rreunión ke asía kon eyos en el molino pero ya de uno en uno todos abían sido sitados a la jerensia, antes de ser aseptados en la nueba planta; además, todos me konosían desde antes de la gerra. Esta bes, komo en todas las okasiones anteriores, fuí de una bes al grano:

 “La jente es komo los kultibos -empesé disiendo-, es nesesario sakar los malos kapuyos, para ke los buenos puedan dar frutos sanos. Todos ustedes dieron el sí a kualkier sakrifisio ke tubiéramos ke aser para debolberle la seguridad, la dignidad i todo lo bueno ke perdió Tierra Sana, por la inbasión de malos kapuyos umanos. Pues bien: esta rreunión es para informarles ke ya empesó la eliminasión de los kapuyos ke le estaban asiendo daño a esta siudad. Eso kiere desir ke, dentro de pokos días, Tierra Sana bolberá a ser komo era antes de la yegada de esos malos kapuyos. I no solo se está asiendo eso, sino ke kon esos malos kapuyos estamos fabrikando algo sumamente útil: Abono para la eksportasión.

Por la kara de susto ke pusieron los operarios, todos a la bes, entendí ke eyos abían komprendido kual era la naturalesa del nuebo produkto ke ese día abían empesado a empakar. Todos murmuraron frotándose las manos i sakudiéndose la rropa. Kuando estubieron kalmados kontinué disiendo: “Esta labor kontinuará asta ke la siudad kede totalmente limpia de malos kapuyos umanos, es nesesario ke todos kolaboremos guardando absoluto sekreto en este asunto.”

Al oir eso, todos aplaudieron largamente. Esa misma tarde, eyos presensiaron una molienda umana. Poko después ke terminó la rreunión, a la portería del molino yegaron barios ombres. Unos preguntaban por familiares suyos, otros por sus amigos; todos eyos koinsidían en ke éstos abían sido detenidos, la noche anterior, i traídos al molino en un kamión yamado El Andalusio.

En la portería del molino estaban dies ombres, espesialmente preparados para esta situasión i armados kon pistola i fusil. Éstos, por orden mía, la únika eksplikasión ke les daban a los malandros ke yegaban a aberiguar algo era: “A las kuatro de la tarde pueden entrar las bisitas.”

Siendo ya kasi la ora de ‘bisitas’, un ombre bien bestido salió de la jerensia del molino, fue a la portería i yenó un dokumento kon los nombres i la edad de los bisitantes. Luego, amablemente los iso segir a una bodega ke estaba desokupada; kuando todos estubieron adentro, él se salió, serró la puerta i le puso un grueso kandado por fuera. Dies minutos después, un ombre enmaskarado abrió la puerta. Los malandros abían sido fumigados desde lo alto de la bodega i estaban tendidos en el piso, paresiendo estar muertos. Ensegida fueron subidos en planchones de kuatro rruedas i yebados a la sinta rrodante ke de uno en uno los metió por la boka del molino, ante la aterrada mirada de los operarios.

La segunda noche, la ‘Operasión Limpiesa’ empesó una ora antes ke la noche anterior. Pero kuando yegaron kon el primer biaje ya era kasi de día. I sólo abían kapturado nobenta malandros, seis de los kuales benían muertos.

El ampa abía desaparesido de las kayes de la siudad i de las guaridas ke tenían serka de la playa. Esa noche la lakra no se dejó kapturar fásilmente. Además, José RRifles kometió un error ke empeoró las kosas; el personal de las kamionetas estaba deteniendo al grupo más temible de los atrakadores yegados a Tierra Sana, i lo más probable era ke estaban drogados. El asunto fue ke uno de eyos trató de ‘negro marikón’ a José RRifles; entonses él sakó su pistola i le pegó un tiro en la kabesa dejándole los sesos destrosados. Unos kompañeros del ampón muerto estaban armados i trataron de rreaksionar, pero fueron muertos a tiros por el personal ke los estaba deteniendo.

Ensegida ubo estampida jeneral de delinkuentes. Uyeron asia donde les fue más fásil; algunos se tiraron al rrío, otros se okultaron en los kultibos, esa noche no se pudo kapturar ningún otro malandro.

El día sigiente el komersio pudo serrar a la ora normal. Ese día no ubo ningún akto de delinkuensia en la siudad. Por la tarde, se presentaron en la alkaldía barios de los indibiduos persegidos. Ayí le mostraron a Maño sus  dokumentos  de  identidad  i otros kon los ke demostraban ser personas mui importantes de la kapital de la rrepúblika, lugar donde, según eyos, les estaban esperando i adonde nesesitaban yegar lo antes posible para kumplir kompromisos inaplasables, mui importantes. Luego eksplikaron ke el objetibo de su bisita a la alkaldía era dar informasiones, sobre unos delinkuentes. Tres ombres, impekablemente bestidos, les tomaron por eskrito sus deklarasiones. Los bisitantes dieron los nombres i apodos de numerosos delinkuentes; señalando por separado los delitos ke kada uno de estos abía kometido, mensionando kada lugar, fecha i el modo en ke yebaban a la kapital de la rrepúblika las kosas ke se rrobaban en Tierra Sana. Además, indikaron los sitios donde estaban eskondidas gran parte de las kosas rrobadas los últimos días. Pero agregaron ke, lamentablemente, no sabían el paradero de ninguno de esos delinkuentes i prometieron dar informasión de eyos tan pronto lo supieran. Por la forma de komportarse estos supuestos informantes, era ebidente ke los malandros kreían ke toda la jente de Tierra Sana era injenua.     

Terminada la dilijensia, kienes les abían rresibido las deklarasiones, les dieron las grasias a los amables informantes, ekspresándoles sus deseos de presentarlos al señor alkalde komo personas ejemplares, formalidad ke éstos aseptaron kon mucho entusiamo, siendo inbitados a segir a una elegante sala kon aire akondisionado, para ke se tomaran un rrefresko mientras esperaban la yegada del mandatario. Kinse minutos después de ke se tomaron el rrefresko, totalmente desmayados, fueron subidos en El Andalusio i yebados al molino. Kon la informasión ke eyos dieron se rrekuperaron barias kosas ke abían sido rrobadas la última semana.

La noche sigiente, las kayes de la siudad i sus alrrededores fueron patruyadas konstantemente, pero no se kapturó ningún delinkuente, ya la siudad sólo estaba inbadida de lokos i mendigos.

Maño abía eskojido mui bien el personal para la ‘Operasión Limpesa’. Todos los ke elijió estaban dolidos por la muerte de algún pariente mui kerido o kuando menos por la biolasión de una ija. El deseo kolektibo de bengansa fue más bisible kuando los ampones abandonaron la siudad i se rrefujiaron en los kultibos. Esos ombres no dudaron en salir a buskarlos, asiéndoles una persekusión implakable, día i noche, yegando al molino, todas las beses, kon los delinkuentes kapturados ya muertos. Todos estaban dispuestos a kumplir mi deseo de no dejar bibo a ningun delinkuente, para ke la siudad rrekuperara la seguridad ke tenía antes. Además, tubimos a fabor la kolaborasión total de los trabajadores del kampo, kienes también abían sido bíktimas de los ampones i nos dieron las informasiones ke nos permitieron lokalisarlos.

Luego de barias rrebisiones infruktuosas en los alrrededores de la siudad i en el kampo, kreyendo nosotros aber akabado kon el ampa, la ‘Operasión Limpiesa’ se dio por terminada. Pero tres días después, un grupo de seis ombres mató a puñaladas al konduktor de un kampero i rrobaron el beíkulo para uir de la siudad.

Kuando me enteré de ese echo, personalmente asumí el mando de mis ombres i salí a perseguir a los asesinos en tres kamionetas ke eran más beloses ke el kampero rrobado. Íbamos armados asta los dientes, pero ordené aser todo lo posible para kapturarlos bibos, para interrogarlos.

No tardamos en ayar el kampero en pleno desierto, barado por falta de gasolina, i desde ayí bimos a los fujitibos ke iban korriendo asia el rrío; los rrodeamos kon las kamionetas, eyos trataron de rromper el serko, disparándonos kon metrayetas i pistolas, pero se les agotó la munisión; entonses tres de eyos se mataron kon sus últimos kartuchos i los otros tres se rrindieron. Estos, sin nesesidad de maltratarlos me kontaron la forma en ke se abían salbado de la ‘Operasión Limpiesa’. Abían echo una fosa en una chosa donde bibían unos mendigos. Al ueko, ensima le pusieron tablas i las taparon kon tierra, i por un lado dejaron un pekeño rrespiradero ke les serbía de entrada i ke, kuando beían benir las kamionetas o a kualkier ekstraño, era tapado por los mendigos kon los kolchones biejos en ke dormían.

Por orden mía, ese mismo día los tres sujetos fueron molidos junto kon kienes les abían protegido, inisiándose así la molienda de mendigos.

Por la noche me rreuní kon el kapitán Uarner, para informarle los rresultados de  la operasión i komentarle lo ke pensaba aser a kontinuasión. Estubimos kasi toda la noche diskutiendo el asunto pero en todas las formas planteadas él se negó a aprobar mi plan, de moler a todos los lokos i los mendigos ke abían inbadido a Tierra Sana.

No estaba de akuerdo konmigo, en el sentido de ke yo konsideraba komo ‘material molible’ a todos esos desgrasiados ke nadie kería, eran inútiles, estorbaban i sufrían toda la bida sin ninguna posibilidad de alibiarse. “Todo el mundo tiene derecho a bibir”, desía Uarner esa noche, i a lo último se komprometió a debolberlos, de kontrabando, a la kapital de la rrepúblika. En eso kedamos. Entonses él en los días sigientes organisó un grupo de ombres i poko después salieron sinko beíkulos suyos, kon destino a la kapital, yebando de ‘kontrabando’ sien lokos. Pero mucho antes de yegar a la siudad fueron detenidos por la polisía, luego metieron a la kársel a sus ombres, rretubieron los beíkulos i en un tren ekspreso debolbieron los lokos a Tierra Sana.

Después, Uarner tubo ke pagar ese viaje ekspreso del tren i una gruesa suma de dinero para ke liberaran a sus ombres, i perdió los beíkulos, pues nunka se los debolbieron. Sin embargo, no se dio por bensido, luego de ese frakaso iso disfrasar de turistas a sien mendigos, los embarkó en una de sus nabes i los desembarkó en un pueblo serkano a la kapital, abiéndoles dado dinero sufisiente para sus gastos de un mes.

Pero los supuestos turistas, tan pronto desembarkaron, empesaron a rrekorrer las kayes pidiendo limosnas; la polisía los detubo, los interrogó, los debolbió a Tierra Sana i después le kobraron a Uarner una gruesa suma por los kostos del rregreso de los mendigos i su nabe fue kostosamente multada.

-En este punto se oyó la estruendosa carcajada del capitán Warner. El juez dijo: “moderación por favor”, luego dio media hora de descanso.

Poco se habla de la detención de Warner. Pero he logrado enterarme de algunos detalles de ese asunto. Supe que antes de su muerte, el empresario Sedano había ordenado la retirada de todo el personal que trabajaba en el molino, lugar donde permanecía él. Esa determinación no se le hizo rara a la gente, pues no era la primera vez que el empresario Sedano se quedaba sólo en ese lugar y, además, él nunca comentaba sus propósitos.

Pocos días después de haber sido retirado el personal de las instalaciones del molino, la ciudad fue sacudida por una fuerte explosión. Los bomberos acudieron inmediatamente al molino, en cuya dirección habían oído el estallido, y llegando al lugar de la explosión encontraron al capitán Warner, quien venía a pie, con su ropa sucia y desgarrada.

El molino estaba totalmente destruido, quedando en pie sólo una parte de la gerencia y el depósito donde caía la materia prima ya molida. En el piso de ese depósito fue hallado un polvo amarillento, el cual, al ser examinado, se comprobó que era el cuerpo del industrial Sedano, molido.

Warner fue detenido a los pocos días de la explosión. Y después declaró, que ese día había ido al molino a invitar al industrial Sedano, amigo íntimo suyo, a la entrega de una cárcel que había construido para donarla al municipio de Tierra Sana. Explicó que en el molino había encontrado al industrial Sedano con ropa de trabajo, haciéndole mantenimiento al molino; que luego de saludar al empresario, éste le pidió que fuera a traer dos cervezas a la nevera de su oficina, y que cuando abrió la nevera, él perdió el conocimiento al producirse la explosión. Warner no hizo la entrega del penal que había construido, desde el día de su detención está preso en su propia cárcel.

Pasó la media hora de descanso. Por hoy, el juez decidió suspender la lectura del manuscrito para oír mañana las declaraciones del capitán Warner, único testigo en este proceso. Esta tarde, luego de varias explicaciones hechas por el juez, Warner fue notificado y mañana debe venir preparado para dar sus declaraciones.

La indignación y el enojo son notables en la gente de Tierra Sana, por el trato que le están dando a Warner por su condición de detenido, sospechoso de la muerte del acusado. Eso lo debe haber notado el juez y también debe haberse dado cuenta que Warner, para la gente de aquí, es el único héroe vivo de esta región y su más querido jefe de todos los tiempos.

El juez ha manejado bien las cosas, a los periodistas locales les explicó que él está obligado a actuar en derecho nacional, y les aclaró que hay una ley  que le impide dejar en libertad a Warner, antes de oír sus declaraciones. Y que el maltrato que ha recibido Warner, estando detenido, es para cumplir con los requisitos mínimos que imponen las leyes nacionales.    

Pero en Tierra Sana, las autoridades ven y obran muy distinto a como lo hacen sus similares en el resto de este país. En esta ciudad la justicia anula las leyes, cosa que es invertida en el resto de Colombia, es decir, en el resto del país, las leyes anulan la justicia.

Aquí tienen democracia justa, las leyes las aprueban con referendo. No existe nada parecido a esos grupitos de lacra colombiana que, para su único beneficio, presentan y aprueban leyes en el congreso, las asambleas, los concejos y donde quiera que sea posible. La gente de aquí dice que, en ese sentido, el difunto ‘Pío Inosente’ no dejó lacra sin moler.

En Tierra Sana hay mucho interés en oír las declaraciones de Warner y es posible que el juez lo deje en libertad luego de que se haga esa diligencia.

Ya es otro día, quizá el día más esperado de este proceso. El capitán Warner está en el lugar asignado a testigos. Para iniciar el interrogatorio, el juez le pidió que en voz alta dijera su nombre y profesión, Warner dijo su nombre y luego de un corto silencio agregó: “Soy empresario”. Enseguida, un abogado del ente acusador le pidió permiso al juez para interrogar a Warner, la petición fue aceptada, el abogado le preguntó a Warner sí conoció al acusado, Warner respondió: “Sí, fuimos amigos”. El abogado le pidió a Warner que hiciera un relato de la vida y el comportamiento del acusado. Warner, muy tranquilo, lentamente miró el auditorio y dijo: “Pío Inocencio fue mi mejor amigo. Después de la guerra lo llamaba ‘Comandante’, él me llamaba ‘Almirante’.

El ‘Comandante’ odiaba las complicaciones, iba al grano, quería solucionar todos los problemas y sufrimientos de la gente y que todos viviéramos felices y en paz. Según sus palabras, unas pocas personas causan casi todos los problemas y sufrimientos de toda la gente. La solución más efectiva, añadía él, sería eliminar ese poquito de gente dañina. Explicaba que las cárceles, además de ser un costo inútil, son las universidades de la maldad, ya que, en los penales, a los presos hay que mantenerlos y cuidarlos, causando enormes costos económicos que la gente buena tiene que pagar y el único resultado es que los delincuentes allí se especializan en los delitos. Muy seguro de sus palabras decía: Eso de encarcelar antisociales es negativo. En todas partes deberían usar el método del molino.

Con sus ideas para descomplicar las cosas, causaba toda clase de polémicas. Aseguraba que la ortografía de letras no hubiera existido si hubieran elaborado bien los alfabetos. A los miembros de la Real Academia de la Lengua Española los consideraba como: “personas complicadas, tercas y arcaicas; viejos que en las palabras miran mucho hacia atrás y nada hacia adelante.”

Alegaba que los miembros de la Real Academia, con su actitud de patriotismo idiomático, le hacían más daño que beneficio al idioma español y a sus usuarios. Además, creía que los miembros de la Academia deberían tener en cuenta que un idioma ya no es sólo el contenido de sus palabras, sino la herramienta más usada y determinante en los negocios y empresas del mundo entero.

Debe darse por hecho – decía él -, que casi a nadie le interesa el origen de las palabras; lo que vale es su significado. Opinaba que, para proteger la esencia de las palabras, sería mejor hacerle una biografía a las palabras. Y tecnificar el alfabeto español, eliminándole las ‘letras problemáticas’, causantes del uso de ortografía, y escribir y pronunciar las palabras tal como las decimos, asumiendo que la escritura es una imitación de las palabras dichas con voz, y que en el lenguaje hablado no existe ortografía ni homofonía.

Cuando hablamos -añadía él-, la composición que usamos en el diálogo se encarga de aclarar los distintos significados de cada palabra. Y, en el lenguaje escrito, la composición del texto debería encargarse de establecer cada significado de las palabras.

Aseguraba que, en el futuro, el idioma más descomplicado será el más fuerte. Y que el idioma español, para poder competir con otros, debe corregir sus dañinas complicaciones, o, de lo contrario, se quedará rezagado y cada día será más pobre el perfil mundial de los profesionales que sólo hablen español. Aclaraba que en el idioma propiamente dicho es poco lo que se puede hacer para mejorar su sistema de conjugaciones, pero que, en la escritura del idioma, el alfabeto es el que causa más complicaciones y éste sí es posible tecnificarlo, y con ello se descomplica la escritura y se mejora la calidad del idioma. Por eso, con una ley soberana de Tierra Sana, fue tecnificado el alfabeto español y convertido en nuestro ventajoso Método Práktiko.

El Comandante creía que se habían perdido muchas ideas y cosas buenas, porque quienes las habían tenido o inventado no las habían escrito debido a las complicaciones de la escritura  del idioma español. 

Al Comandante no le agradaban los abogados. Aseguraba que si no existieran, la gente sería más justa y más honesta. Y consideraba como farsas los mecanismos que los abogados usan con las leyes, supuestamente para hacer justicia. Esa farsa queda descubierta – explicaba él-, cuando, en un pleito, un abogado acusa y otro defiende: en este caso ambos abogados, en sentidos opuestos presentan argumentos, legales según ellos, para alegar justicia a su favor. Concluía que: “nunca habrá justicia mientras haya abogados y dinero para pagarles”, y desde su punto de vista esa era una profesión molible.

Los homosexuales tampoco le agradaban. Pero no por ser homosexuales sino por la convicción de ellos, de tener ‘legalmente’ un género sexual distinto a los dos naturales. Él veía el homosexualismo como una falla en la naturaleza sexual humana y creía que los científicos deberían desarrollar un remedio que evite que se siga presentando ese defecto.

En Tierra Sana no había homosexuales, llegaron poco a poco cuando empezó el desarrollo económico y formaron un grupo muy unido entre ellos pero aislado del resto de la población. Hace tiempo, una mañana, hubo el rumor de que el Comandante tenía planeado moler a los homosexuales que vivían en Tierra Sana. Ese día, el despelote fue grande; por la noche desaparecieron de Tierra Sana todos los homosexuales reconocidos, los sospechosos de que eran homosexuales y algunas personas que nadie se había imaginado que fueran homosexuales. El día siguiente, en todo el día, la gente no paró de llamarme por teléfono para averiguar sí era cierto lo de la molienda de homosexuales. Mi respuesta era que no sabía nada de eso, pero yo sabía que el Comandante, alcalde en esa época, en las funciones oficiales de la alcaldía no actuaba en forma independiente ni asumía responsabilidades públicas o sociales sin la aprobación del Concejo Comunal de Justicia, cuyo presidente, en ese tiempo, era yo.

Tres días después de haber desaparecido los homosexuales, llegó a mi oficina un homosexual que no era conocido en Tierra Sana. Me pidió permiso para entrar, le respondí que entrara y se sentara, me dio las gracias, cuando estuvo cómodo me dijo que era ‘abogada’ y que había venido a Tierra Sana ‘dispuesta’ a jugarse la vida por la causa homosexual. Con mucha delicadeza me pidió que le ayudara a conseguir una entrevista personal con el alcalde. Me explicó que había ido a la alcaldía, que allá el secretario le había dicho que no sabía cuándo iría el alcalde a su oficina. Le respondí que lo podía encontrar en el molino, me contó que había ido al molino, que allá casi lo muerden unos perros que parecían unos tigres disfrazados de jirafas, que había tenido que subirse a una cerca de alambre de púas y que unos obreros lo habían bajado con el vestido totalmente desgarrado. Y añadió que los guardias del molino no le habían permitido entrar y que uno de ellos le había dicho que yo era la única persona que podía ayudarle a conseguir esa entrevista. Para darle fin al asunto acompañé al afeminado al molino. Cuando llegamos, el vigilante me anunció. El Comandante vino a la puerta a recibirme, y cuando me vio acompañado me pidió el favor de que entrara sólo, porque necesitaba hablar conmigo en privado.

Lo acompañé a su oficina y al llegar dijo: “Almirante, anda en mala compañía, espero que no vaya a cambiar de equipo”. Se sentó y soltó una carcajada. Le conté el asunto del afeminado, y cuando dije que era ‘abogada’, el Comandante interrumpió: “Es el colmo. Además de marica es abogado”. Después agregó: “Considero injusto condenar o perjudicar a una persona por el mero hecho de ser homosexual. Creo que el homosexualismo es un defecto sexual involuntario y no veo razón para discriminar a los homosexuales.”

El afeminado me había rogado que lo ayudara a conseguir la entrevista porque él quería hablar personalmente con el ‘alcalde Comandante’, para aclarar la situación legal de los homosexuales que vivían en Tierra Sana.

Esa tarde, en la oficina del molino, el asunto se tornó difícil. El Comandante me dijo que él no quería hablar con ese marica; me pidió el favor que le explicara, que de parte suya, mientras los homosexuales no le hicieran mal a nadie en Tierra Sana, con él no tendrían ningún problema. Yo le rogué que lo recibiera y hablaran para que se acabara el cuento de la molienda de homosexuales. Por teléfono ordenó que trajeran al marica a su oficina. Casi enseguida se abrió la puerta y entró el afeminado. Tímidamente dijo que se llamaba Rosita Flores de Rosales, legalmente casada con Pepe Rosales, músico.

La ropa del afeminado, zapatos, bolso y sombrero eran de color rosado. Toda su pinta era fina y de buen gusto, pero él se veía ridículo y su voz era aún más ridícula. El Comandante no le dio la mano cuando él intentó saludarlo; “siéntese”, dijo él con tono de una orden; el afeminado se sintió humillado porque él lo dejó con la mano plantada, y creo que lo asumió como un rechazo por su condición de homosexual, pero la verdadera razón del rechazo fue porque el Comandante detestaba el saludo de manos, debido a que lo consideraba como antihigiénico.

 “¿Qué es lo que necesita hablar conmigo?”, interrogó el Comandante al afeminado; él abrió su bolso, sacó un montón de papeles y extendió el brazo para entregárselos al Comandante, pero él no quiso recibirlos. El afeminado explicó que en esos papeles estaban las leyes que protegían los derechos de los homosexuales; que quería que el Comandante leyera lo que trataba del derecho que tenían los homosexuales, de casarse y tener una familia. Aclaró que se trataba de hijos adoptivos, pero que éstos tenían derecho al mismo trato y los mismos beneficios de los hijos de parejas normales.

El afeminado volvió a intentar que el Comandante recibiera los papeles, pero él se levantó del asiento y dijo: “Los homosexuales están volviendo marica el mundo; la política, la música, la moda, la ciencia y todo está contagiado de homosexualismo. La gente, urgentemente, tiene que inventar algo para eliminar esa calamidad. La naturaleza humana, para evolucionar, exige géneros de sexo femenino y masculino: eso es todo. El supuesto tercer género sexual que aseguran tener los homosexuales no es más que un defecto sexual que, en vez de legislación para legalizarlo, lo que requiere con urgencia es un invento científico para evitar que siga naciendo gente con esa falencia”.

El afeminado guardó los papeles en su bolso, el Comandante me miró y dijo: “Almirante, presentemos a referendo una ley para reconocer el homosexualismo como un defecto sexual”. Luego, dirigiéndose al afeminado dijo: “Dígale a su grupo de homosexuales que si quieren vivir en Tierra Sana tendrán que satisfacer sus necesidades sexuales entre ellos mismos o con muñecas de caucho y consoladores, porque aquí será delito contagiar o estimular el homosexualismo, y cualquier falta en ese asunto será castigada con el molino”. Enseguida le abrió la puerta y le ordenó que saliera de su oficina. Después se hizo la ley, y en Tierra Sana se han cumplido las reglas que él mencionó ese día.

El Comandante aseguraba que “la tierra es un individuo grandote, inteligente, con vida individual y autosuficiente, y con frecuencia explicaba que creía que a la gente la hizo la tierra, y poco a poco le fue dando inteligencia y necesidades especiales para que, sin causar mucho daño, le procesara el petróleo y los residuos de su evolución natural, que, según sus palabras, para ella son como un cáncer. Añadía que la tierra está preparando a la gente para que la defienda de ataques externos; que las continuas guerras de la gente las incita la tierra y que son el entrenamiento para que la humanidad pueda afrontar incidentes externos de mayor calado, pendientes a ocurrir.

Desde su punto de vista, la evolución natural equivalía al trabajo que tenía que hacer la tierra para producir su propio alimento. Se burlaba diciendo: “De la tierra somos sus pollitos, que le damos carnitas y huesitos”, y a veces añadía: “La tierra es un molino enorme y todos los seres vivos somos sus hijos, pequeños molinitos.”

Pero, en realidad a él le gustaba moler las cosas. Según decía, “la molida es indispensable”. A veces era desproporcionado en sus acciones. Durante mucho tiempo la gente de Tierra Sana caminaba por debajo de ‘el puente espejo’, para protegerse del sol y de la lluvia. Nunca se supo para qué hizo él ese puente, pero todos lo querían sin importarles que en algunos tramos éste fuera por encima de los solares de las casas. Un día, de sorpresa y sin saberse la razón, por orden suya y asumiendo él los gastos, el puente fue desarmado por un grupo de ingenieros que trajo personal y equipo pesado suficiente como para destruir la ciudad en pocos días. En un solo día lo desarmaron y lo llevaron al molino, donde lo molieron y con su harina, en pocos días hicieron un hermoso parque, frente al molino.

Él asumía que era hijo de la naturaleza para, inevitablemente, ser consumido por ella. Debido a su perspectiva de la vida, era poco religioso y no le gustaba hablar de religión pero, por sus funciones oficiales, con frecuencia tenía que involucrarse con personas religiosas. Y, cuando no le era posible evitar hablar de religión, entonces decía que lo mejor sería que la gente reconociera, de una vez por todas, que de Dios y del Diablo no se sabe nada, y que todo lo que se ha escrito y hablado de los dos no son más que palabras.

En una fuerte polémica religiosa dijo: “La Biblia, el Corán y varios textos religiosos fueron escritos o planeados por personas astutas, que en público demostraban propósitos religiosos pero que lo que buscaban era poderes económicos y objetivos políticos y, todo el tiempo, esos textos han sido usados de escudo o herramienta para tapar o justificar los crímenes de todo tipo de dictadores, asesinos, enfermos sexuales, políticos corruptos y de una lista interminable de delincuentes de todo pelambre, que han sabido aprovecharse de la ingenuidad y la ignorancia de la gente.”

Él creía que Dios y el Diablo, como se los imagina la gente, nunca han existido. No veía posible que el Paraíso de Dios estuviera en un lugar exacto, en lo alto de donde la gente tiene la cabeza, tal como se lo habían enseñado a él, cuando era niño, en clases de religión. Y no creía que el Diablo existiera, según sus palabras, el ‘mal’ que llamamos Diablo no es otra cosa que la contraparte del bien. Y el ‘mal’ y el ‘bien’ los veía como dos factores naturales opuestos.

Aseguraba que, sin fanatismo religioso, había estudiado y analizado el universo, y su conclusión era: “está lleno de virtualidades, positiva y negativa, que pueden ser, respectivamente, Dios y el Diablo de la gente.”

De alguna manera – decía él-, el espíritu humano absorbe o magnetiza esas energías virtuales y de eso surge que todos llevemos dentro un tanto de Dios y otro tanto de Diablo. Le aconsejaba a la gente a actuar con dignidad y a consciencia y no religiosamente, y que debíamos procurar obrar siempre con actitud positiva.

A la energía que hace evolucionar el universo la denominaba como ‘virtuosidad positiva’, y al espacio del universo ‘energía negativa’, y tanto esa energía virtuosa como la negativa, para él, tenían influencia en todas las cosas y determinaban la evolución de todos los destinos. Jesucristo – explicaba él-, era un ser humano lleno de energía positiva. Hitler, casi lleno de energía negativa.

Resumía que la religión, los rezos y los demás actos religiosos, si no contienen energía positiva, no sirven para nada, y que sólo con tener sana y positiva la consciencia es suficiente.

El Comandante era partidario de legalizar las cosas prohibidas que la gente hace o consume, que no se pueden impedir y/o controlar. Con muchas dificultades, él reglamentó y legalizó en Tierra Sana la prostitución, el aborto, los juegos, el divorcio, la eutanasia, la brujería, los cultos y muchas cosas que en el resto del país eran ilegales, pero que no había forma de impedirlas. Por idea suya, una ley establece que en Tierra Sana, las mujeres no pueden parir más de dos veces o tener más de dos hijos porque, según esa ley,  “La tierra no puede mantener toda la gente que las mujeres pueden parir, y su capacidad, en ese sentido, ya está casi copada”.

Consideraba humillantes y excluyentes las visas y los permisos migratorios. Lo ideal  - según él -, sería un mundo sin delincuentes, que cada persona tuviera un documento de identidad personal que le permitiera realizar todas sus actividades y andar por todos los lugares públicos de la tierra.

Para disminuir complicaciones, creía que la gente debería ‘inventar’ un idioma global práctico con pronunciación y significado igual en todas partes.

Habiendo ese idioma – decía él -, no sería necesario estudiar más de dos idiomas. Bastaría con ese y reglamentar el estudio y uso del idioma local para protegerlo o conservarlo.

Creía que era imposible igualar las condiciones económicas, sociales, culturales y de diversas naturalezas de la gente, porque cada ser es un mundo independiente que actúa de acuerdo a sus ideas y porque cada quien lleva su riqueza o pobreza humana por dentro de sí mismo.

Señor juez, señor abogado, damas y caballeros, así era el perfil humano de mi amigo. Gracias por escucharme.

Así finalizó sus declaraciones el capitán Warner, enseguida hubo muchos aplausos, el juez esperó la calma, luego dio por terminada la audiencia por el día de hoy. Añadió que mañana continuará la lectura del manuscrito.

Es otro día. El juez ordenó continuar la lectura del manuscrito. Sigue así:

“Barios meses después de aber pagado la multa de su nabe, el kapitán Uarner bino al molino. Yegó kasi borracho. “Usted debe moler es al gobierno de este país”, dijo al entrar a mi ofisina, i soltó una fuerte karkajada. Después ablamos largo rrato; me kontó en detaye la istoria de sus ‘turistas limosneros’ i su frakaso kon el kontrabando de lokos. Kuando se iba dijo: “Desde oi en adelante aga lo ke le dé la gana kon esos desgrasiados ke tienen a Tierra Sana buelta una porkería. Pero eso sí: a mí no me meta en bainas.”

Maño me abía kontado ke Uarner tenía rreunidos los mendigos ke en rrealidad no podían trabajar i ke les estaba dando alimentos i medisinas en un lugar ke él abía akondisionado para esa labor; i ke abía echo asta lo imposible pero ke no abía logrado aser trabajar a un numeroso grupo de jóbenes ke, según eksámenes médikos echos por orden de Uarner, podían rrealisar kualkier tarea, pero ke lo úniko ke asían, además de mendigar en la siudad, era bender i konsumir bisio. I también me abía eksplikado ke Uarner abía frakasado en barios intentos de kurar a un grupo de supuestos lokos ke, en rrealidad, era jente bibidora i bisiosa ke pedía dinero para komprar bisio.

Yo sabía ke los bisiosos estaban jenerando un gran problema en la siudad i kise inisiar ensegida la segunda parte de la ‘Operasón Limpiesa’, pero no fue posible porke, kon eksepsión de José RRifles, todos los demás ombres ke abían partisipado en la primera parte me pidieron ke los rrelebara. Pero, por los buenos rresultados en la primera parte, yo no kería kambiarlos. Después perdí tiempo tratando de konbenserlos, pues el úniko rresultado, a lo último, fue ke eyos me propusieron ir a buskar a las familias de esos desgrasiados, para ke se los yebaran. Ante esa propuesta, José RRifles dijo: “Kuando an bisto ustedes ke los lokos o los mendigos tienen familia ke los kiera”. Después, kon la ayuda suya konsegí la jente i así pudo empesar la operasión ‘Limpiesa Total’.

En esa époka los milagros se pusieron de moda en Tierra Sana. A poko ke empesó la operación ´Limpiesa Total’, numerosos siegos rrekuperaron la bisión; barios lokos se bolbieron kuerdos i rrealisaron ebentos para demostrar ke no eran lokos, entre estos un kampeonato de ajedrés, el kual fue arbitrado por personas serias i konosedoras de las rreglas de ese juego. I los mendigos isieron un kampeonato de atletismo i otro de malabarismo, donde se destakaron komo buenos deportistas, ombres ke antes no beían o ke eran tuyidos o inbálidos.

Además, muchos de eyos fueron a la alkaldía i mostraron dokumentos ke los akreditaba komo propietarios de baliosos bienes en la kapital de la rrepúblika, inkluso, algunos donaron chekes por gruesas sumas para obras komunales de la siudad, los kuales, al aser el kambio, rresultaron efektibos.

Entonses, kasi todos iban a la alkaldía a pedir lo mismo: ke se les fasilitaran los medios para salir de la siudad. Eso se debía a ke el transporte estaba suspendido i se abía proibido entrar o salir de la siudad desde el inisio de la operasión ‘Limpiesa Total’ ke, kasi como una eutanasia, empesó kon los mendigos ke estaban moribundos.

Para ke los bibidores se kalmaran, ordené ke elaboraran una lista de los lokos kuerdos i otra de los mendigos rrikos o ke podían trabajar, kon la promesa de yebarlos a la estasión del tren para ke de ayí se fueran por sus propios medios. Pero yo abía desidido molerlos a todos, pues por informasión de Maño sabía ke kerían mamarme gayo i no me konbenía dejar kon bida a ninguno de eyos, ya ke eso sería dejar enemigos en mi kontra; por lo tanto, lo úniko ke konsigieron kienes figuraban en esas listas, fue aumentar sus angustias al ser los últimos en pasar por el molino.

Kon el uso del molino, la solusión fue rrápida. En pokos días, Tierra Sana kedó sin lakra umana. Kuando terminó la operasión ‘Limpiesa Total’, por si fuere nesesario, dejé organisado mi ‘grupo espesial’, kompuesto por el personal sobresaliente del ke la yebó a kabo. A José RRifles, por ser el úniko ke kolaboró de prinsipio a fin en esa operasión, le obsekié un kampero nuebo. No kabía él de la felisidad kuando le entregé las yabes del beíkulo.

Además, para selebrar el saneamiento de la siudad, luego de labarla kon buen deterjente i desinfektante, organisé una fiesta. Esa fue la fiesta más mala ke e bisto en mi bida; tal bes en eya isieron falta los bagos i las putas, ke suelen ser grandes animadores de fiestas.

En ese tiempo toda le jente de Tierra Sana estaba dedikada al trabajo i al estudio. En la fiesta, kon la eksepsión de José RRifles, nadie tenía ambiente de parrandero; la jente no bailaba, la fiesta paresía más una rreunión de trabajo; en todas las mesas ablaban de negosios, de proyektos o logros konsegidos. Estaba tan aburridora ke fue un alibio akabarla kuando faltaban dos de los sinko días programados. Fue suspendida porke José RRifles se mató, borracho, en el kampero ke yo le abía rregalado, en un aksidente okurrido en el mismo lugar donde años antes le abían echo el atentado.

Así terminó la bida de este ombre, gran serbidor de esta siudad, amigo de los amigos i buen trabajador. Desía ser un ‘kasador de ilusiones’, i ke no tenía dinero porke todo lo gastaba en el amor de las mujeres “ke es lo más karo del mundo, pero lo mejor ke iso Dios para los ombres.” Dejó todo un arén de mujeres; kasi no se preokupaba por sus ijos. Su belorio fue más alegre ke la fiesta i su entierro el más espektakular ke se a echo en Tierra Sana.”

-En este punto, el juez ordenó suspender la lectura del manuscrito. “Debo hacer algunas consultas, el proceso continuará mañana”, dijo, y abandonó el salón de audiencias.

Tierra Sana es un lugar fantástico. No son pocas las personas de esta ciudad que aseguran haber visto, en la cárcel, tarde de la noche, al capitán Warner jugando dominó con el industrial Sedano, el padre Gavilán y El Vendedor de Ilusiones.

La audiencia fue interrumpida debido a que el gobierno ratificó que indemnizará a las personas cuya cabeza de familia hubiere desaparecido en la época de la molienda humana, y quedó decretado que esto se hará con el producto de la venta de los bienes que dejó el acusado; el decreto dice que la mitad de lo que se recaude será para el gobierno, y que el resto se dividirá en partes iguales entre los hijos adoptivos del acusado y los familiares de los desaparecidos. Ese decreto ya fue publicado en Tierra Sana, y el gobierno dio dos semanas de plazo, tiempo que estará suspendida la audiencia, para que quienes tengan reclamos los hagan ante el juez que preside el juicio, presentando además las pruebas que la ley exige en estos casos.

Ahora es inevitable el remate de la mayor parte de las empresas de Tierra Sana, lo cual, muy seguramente, causará el desastre del empuje económico de esta región.

Con anterioridad, el juez solicitó la elaboración de un inventario de los bienes del acusado, cosa que aún no se ha terminado debido a lo numerosos que son y a la poca colaboración del gobierno local.

Pasaron las dos semanas que el gobierno dio de plazo. Fue impresionante la cantidad de gente que llegó a Tierra Sana. Los reclamantes, luciendo diversas fachas y portando gran variedad de papeles en sus manos, hicieron largas filas para entregarlos al juez; algunos fueron rechazados por algún detalle, pero la gran mayoría de ellos llenaba los requisitos exigidos y fueron admitidos en el proceso.

Ahora, los reclamantes y los hijos adoptivos están prestos a recibir su paga. Además, entre la multitud llegaron vendedores de toda clase de cosas, otros mezclaron reclamo y negocio, y muchos adinerados, oportunistas, vinieron en pos de adquirir las empresas en pleito, ya que se rumora su remate al mejor postor.

Y no faltaban quienes ya sabían qué cantidad les correspondía, ni los que compraban o vendían los derechos de indemnización. Para evitar el desorden y el caos administrativo que quieren imponer algunas personas en las empresas en litigio, porque ya se creen sus dueños y por lo tanto con derecho a dar órdenes, el juez dispuso que ningún reclamante toque nada de eso hasta cuando la situación sea definida. “Por ahora, las cosas en pleito seguirán siendo manejadas por las personas que asignó el acusado”, explicó el juez, cuyos aciertos en este proceso nadie desconoce.

En cuanto a las pretensiones en el pleito, los reclamos van desde personas que dicen haber perdido un familiar hasta quienes alegan la desaparición de toda su familia. Y más o menos en igual proporción es la situación de desespero de los reclamantes, habiendo desde quienes dicen no tener afán de recibir lo suyo, hasta otros cuya urgencia de esos recursos es de vida o muerte.

Pero todos tendrán que esperar por lo menos hasta el final de la lectura del manuscrito, puesto que el juez ha sido claro en que antes no habrá ninguna definición.

Fue aumentado el personal de seguridad. Al comienzo, un grupo de hombres armados venía con los restos del acusado y otro con el capitán Warner; ahora, un grupo más numeroso vela por la seguridad del manuscrito.

En este receso de la audiencia, los abogados defensores de las empresas del acusado, le solicitaron permiso al juez para interrogar al capitán Warner. Ellos quieren que Warner cuente cómo hizo el difunto su enorme fortuna y que explique sí las órdenes de moler gente las daba individualmente el difunto o sí surgían apoyadas por alguna ley de Tierra Sana. El juez aprobó la solicitud y Warner, nuevamente, está listo para declarar.

La audiencia va a empezar, uno de los abogados leyó lo solicitado, Warner, mirando a los abogados dijo: “El Comandante adquirió sus empresas trabajando honestamente. Él pagaba todos los impuestos, pero se lamentaba de pagarlos porque, en esa época, casi todos los líderes políticos del gobierno nacional eran corruptos y se robaban gran parte del dinero recaudado en impuestos, incluyendo casi todos los recursos que se destinaban para aliviar la enorme pobreza que sufría la gran mayoría de los colombianos.

Según sus palabras, la corrupción en este país era tan grande y tan vieja que la situación de miseria de Colombia no había cambiado en los últimos cincuenta años. Él decía que lo único que podía acabar con los corruptos era su molino y se lamentaba de no tener a su alcance la aplicación de esa solución. Dejaba claro que los gringos y los monopolios económicos no eran los grandes culpables de la pobreza de los colombianos; que los verdaderos gusanos de este país eran sus dirigentes políticos corruptos.

Antes de él usar su molino para moler gente, Mayupa era conocida en Tierra Sana y nadie tenía quejas en su contra. Yo la conocía porque varias veces se colgó de mi camineta, pero no sabía que ella había sido la primera persona molida en esta ciudad. El Comandante, tal vez para no lastimarme, no me contó toda la historia que escribió en su manuscrito, pero estoy seguro que él lamentó mucho el accidente que le causó la muerte a Mayupa.

Mayupa no era propiamente loca. Una mañana ella llegó en un caballo viejo, flaco y maluco a la ensenada del cerro Páratebien, un lugar cerca de aquí, en donde, en ese tiempo, estábamos analizando el proceso evolutivo de algunas plantas con los diferentes tipos de abono que se producían en el molino.

Mayupa llegó temprano y se quedó toda la mañana montada en el caballo, debajo de unos árboles de matarratón, cerca de unos obreros que estaban haciendo una zanja, hablando con ellos y a veces haciéndolos reír. Así duró hasta medio día, cuando íbamos a almorzar; entonces le pidió a un obrero que le hiciera el favor de decirle al Comandante que ella había venido a pedirle un favor, que si era posible hablar con él un momento.

En ese momento el Comandante y yo estábamos lavándonos las manos. Él, cuando escuchó al obrero, le hizo señas a Mayupa para que se acercara. Mayupa se acercó. Traía un saco sucio con una caja adentro, amarrado de la tejuela de la silla del caballo. El Comandante le dijo que se bajara de ese animal si no quería que se cayera muerto con ella encima. Mayupa no quería bajarse, yo le hice seña, para que le obedeciera al Comandante. Entonces ella le dijo a un obrero: “Hágame el favor de recibirme a mi hijo”. Soltó de la silla el saco que contenía la caja y se lo dio al obrero, aconsejándole que lo agarrara con cuidado porque allí estaba su hijo. Se bajó del caballo. Tenía puesto un vestido negro, humilde pero decente; ella era bonita, agradable y segura al hablar. Empezó explicando que por tanta crueldad en su destino, a veces se le iban las luces y que la única forma de soportarlo era volviéndose loca. Añadió que en la caja que traía en el saco estaban los restos de su pequeño hijo que, junto con su esposo y padre del niño, había muerto en un ataque de la guerrilla al pueblito donde vivían.

Luego de ella hacer esa explicación, con mucha delicadeza sacó la cajita del saco, la abrió y, efectivamente, contenía los restos de un niño. El Comandante le preguntó por qué no lo había sepultado; ella le respondió que un juez de Tamalameque había ordenado sacarlo de la bóveda que ocupaba, porque era ajena y la dueña la necesitaba, y que el favor que ella venía a pedirle era que le regalara un lugarcito para enterrar a su hijo. El Comandante le interrogó que dónde quería ella enterrar los restos de su hijo. Ella miró el cerro Páratebien y señalándolo, dijo: “Allá encima de la tetica de esa loma”.

Después que almorzamos con Mayupa, subimos el cerro y enterramos los restos de su hijo. La loma es muy resbalosa, pero el lugar es espectacular. Desde allí se divisa, en redondo, hasta donde alcance la vista. El Comandante, después, abonó ese lugar con los restos de Mayupa, hizo un jardín allí y puso dos cruces enormes. Actualmente, desde muy lejos se ven las dos cruces en la cima del cerro Páratebien que, en la llanura, muchos las usan como punto de referencia para orientarse. En una lápida en la base de las cruces está escrita una declaración que hizo Mayupa el día que sepultamos los restos de su hijo. Dice: “Si vuelvo a vivir otra vida, en un lugar distinto a la Tierra, diré que aquí la vida, el amor y el tiempo me trataron con dureza”.

Retomando la historia del problema que teníamos; en ese tiempo no fue fácil aprobarle al Comandante que moliera el hampa que estaba devorando a Tierra Sana. Pero fue que, aunque se hizo todo lo posible para evitar la violencia, ningún modo pacífico de solución funcionó. El vicio y los delitos aumentaban cada día y la gente sufría y me rogaba que hiciera algo; con delicadeza traté de solucionar el problema pero, como nada sirvió, llegó el momento en que a los habitantes no les importaba la dureza que hubiera que utilizar, y apoyaba cualquier cosa que se hiciera, con tal de que se acabara el flagelo que estaban generando los locos y los limosneros.

Los dirigentes de Tierra Sana, en esa época, éramos el Comandante y yo. Maño nos colaboraba en todo lo que estuviera a su alcance pero no quiso asumir ninguna responsabilidad en lo que tenía que ver con la solución del problema que causaron los invasores. Sugirió que, en ese asunto, nos pusiéramos de acuerdo nosotros dos y que él nos apoyaría.

El problema del hampa fue tan grave, que, de no haber manejado él las cosas así, la ciudad y su población hubieran desaparecido. Poco después de la invasión, por casualidad me había enterado que la delincuencia había llegado con la intención de apoderarse de esta ciudad y convertirla en capital nacional de libertinaje. Siendo así las cosas, no me quedó otra alternativa que aprobar la ‘Operación Limpieza’.

Antes de mi aprobación él no dio orden de moler gente. Después de la primera ‘Operación Limpieza’, él también hizo de todo para sacar de Tierra Sana, vivos, a los locos y los mendigos, que la mayoría era gente que pedía limosna y hacía daños, pero no le funcionó nada. Hubo un tiempo en el que les pagó para que se marcharan, y muchos aceptaron el pago y se fueron, pero poco después regresaron, inclusive, algunos trajeron más viciosos. La primera operación fue hecha en absoluto secreto; la segunda fue casi en público, y cuando ellos supieron que los iban a moler, con los concursos que hicieron él demostró que no eran locos ni mendigos sino vividores, delincuentes y viciosos, y por eso los molió a todos.

Después de esas operaciones de limpieza, por iniciativa del Comandante, se estableció en Tierra Sana el Concejo Comunal de Justicia, integrado por cinco personas honorables de esta ciudad, que son elegidos para períodos de cuatro años, con derecho a reelección, pero no inmediata. Esa fórmula resultó exitosa y todavía funciona igual en Tierra Sana.

La principal función del Concejo es recibir del público ideas claves y redactar proyectos de leyes para que sean aprobados o rechazados por el pueblo, mediante referendo. Para ser aprobado el proyecto es necesaria la aprobación de tres cuartas partes de la población de Tierra Sana. El voto es obligatorio y todos los años hay un día domingo que se declara día de referendo. Ese día toda la población de Tierra Sana está obligada a votar los proyectos de ley que sean presentados. Debido a esos mecanismos, toda la gente de Tierra Sana sabe sus leyes desde antes de ser aprobadas y casi no hay quejas por injusticia.

El Comandante respetó las leyes y las hizo respetar, en su contra no hubo una sola queja. Y su molino fue el motor que hizo mover el progreso en esta ciudad.

Vale explicar que la guerra y casi todos los problemas que afectaron a Tierra Sana fueron causados por los políticos colombianos.

En la actualidad, el Concejo Comunal de Justicia es la autoridad que juzga y da las órdenes de moler a los delincuentes; el Comandante nunca aceptó ser miembro del Concejo, pero, siendo alcalde de Tierra Sana, sí firmó numerosas órdenes de molida de condenados. El último paso de esas órdenes es la firma del alcalde y él puede aplazarla o perdonar al condenado a ser molido, cosa que el Comandante hizo en varias oportunidades. 

Ahora, con el Comandante muerto y su molino destruido, Tierra Sana quedó casi  desprotegida. No podemos revivir a nuestro Comandante, pero su molino sí lo vamos a reconstruir.”

-En ese punto, un gran sonido de aplausos hizo que el capitán Warner dejara de hablar.

“¡Viva Pío Inocente! ¡Viva el molino!”, gritaba en coro la gente de Tierra Sana. Cuando hubo calma, el capitán Warner dio las gracias por los aplausos y dio por terminada su declaración. Y el juez dio por terminado este día de audiencia, dijo que mañana continuará la lectura del manuscrito.

Es otro día. El juez ordenó seguir la lectura del manuscrito, sigue así:

“Después de la molienda umana, kada día me iba kedando más sólo. Bibía en el molino, a donde yegaba mucha jente a aser dilijensias, pero kasi nadie benía a bisitarme.

Luego de la operasión ‘Limpiesa Total’, la jente de Tierra Sana me tomó komo un molendero profesional, dispuesto a moler i a aser abono kon toda persona inútil, perjudisial o estorbosa. Así lo entendieron i kon frekuensia me yamaban por teléfono, ya disiéndome “Pío Inosente; lo yamo para pedirle ke muela a…, besina mía ke me está kitando mi marido”. O: “Don Pío; lo yamo para pedirle ke muela a…, kien me prometió matrimonio i aora después ke le dí la prueba de amor anda kon…, a kien también le pido ke muela porke es una sinberguensa.”  O: “Señor Pío; lo yamo para  pedirle el fabor de pasar al molino a …, kien es un auténtiko parásito umano. Usted mismo puede komprobarlo; aora ese parásito anda kon …, una niña ke es mui sana i él la kiere korromper; eya no kiere aser kaso, pero yo sé ke después le ba a pesar. Lo mejor es ke usted pase al molino a ese parásito para ebitarle problemas a mi ija.”

De eso no se salbaba ni el kura, un biejito pelo blanko ke yegó poko después que finalisó la ‘Operasión Limpiesa’. Kasi ensegida empesaron a yamarme para pedirme ke moliera al kura; ya porke kasó a fulana kon sutano, abiéndosele adbertido ke no lo isiera. O porke “ese kucho no me kiere kasar kon mi nobia, dise ke somos menores de edad, pero ke bá, nosotros nos keremos kasar así; muélalo para ke benga uno ke sirba”.

Esas yamadas me kausaban mares de disgustos. Kolgaba el teléfono sin rresponder si iba o no a moler a kien me solisitaban. Pero ensegida bolbían a yamar para ke les diera la rrespuesta. – “Si sige molestando, es usted kien pasará al molino”, rrespondía enojado.

El konsepto en ke yo suponía ke me tenía la jente, me martirisaba i asía ke me mantubiera enserrado en el molino. RResentido, pasaba el tiempo asiendo diariamente las mismas kosas i todos los días me paresían iguales, komo si todos tubieran una misma rreferensia i nada kambiara en el transkurrir.

Sin embargo, por las enormes utilidades ke estaban dando mis negosios, me daba kuenta ke sólo mi bida era monótona, ke después de la ‘limpiesa’, en la siudad abía empesado un gran desarroyo industrial i komersial.

Para salir de la monotonía, yo kería rrekorrer las kayes i mirar la jente, pero no deseaba ke me bieran, pues no podía perdonarles el konsepto en ke me tenían. Entonses, sentía una meskla de ingratitud i berguensa ke me produsía un gran deseo de abandonarlos para siempre. En los ojos de la poblasión me me beía komo una mákina asesina o komo un matón ke abía sido útil en tiempos difísiles, pero ke ya no me nesesitaban; kedando yo kon el mismo problema ke me abía echo yegar a Tierra Sana: la soledad.

Me puse de plaso una kuarentena para desidir ké aser. I al kabo de ese plaso lo úniko ke tube desidido fue echarle un bistaso a la siudad en la ora de más trajín, sin ke nadie me biera. El problema era kómo lograrlo, pues Maño todabía no sabía kondusir i, a pesar de yo tener numerosos konduktores, kon ninguno tenía konfiansa para pedirle ke me yebara de paseo en un koche por las kayes de la siudad sin ke nadie me biera ni se supiera. Ya empesaba yo a sentir el aislamiento ke suele alejar de la demás jente a las personas ke poseen más dinero del ke nesesitarán en toda la bida.

En Tierra Sana, ningún beíkulo tenía bidrios polarisados –yo ni sikiera sabía ke eksistián-, por lo kual era imposible kondusir sin ser bisto. Le komenté a Maño el asunto del chofer, él me konfirmó ke no abía en Tierra Sana ninguna persona ke isiera ese trabajo i fuera seguro ke serraría el piko. “Todos los detayes de la Operasión Limpiesa son de konosimiento públiko”, dijo, i tampoko él konfiaba en nadie. Me sujirió ke saliera, dejándome ber de todos, a lo kual le rrespondí ke esa jente ingrata no me bería más nunka.

Desde mucho antes, Maño me tenía al día en todo. Por sus informasiones, yo sabía ke la jente de Tierra Sana, más ke rrespeto o kariño me tenía miedo i rrepudio por la muerte de los mendigos biejos. En rrealidad así era; kon frekuensia me yamaban por teléfono para desirme ke no iban a komer los produktos agríkolas de la rrejión porke yo los abía manchado kon sangre umana. Pero sí los konsumían. En la siudad todos sabían ke Maño asía eksportar el abono ke kontenía jente molida. Sin embargo, las yamadas kada bes me rresentían más. Dejé de pasar al teléfono, únikamente ablaba kon el kapitán Uarner, kon Maño i kon dos ayudantes; sólo esas personas me beían. Pero abía desidido ber la siudad, sin ser bisto. Entonses, en sekreto, elaboré un plano para konstruir un puente elebado ke me permitiera andar por la siudad sin ke nadie me biera. En el plano inkluí la konstruksión de una base de obserbasión ensima del sentro komersial, a kuyo alrrededor se konsentraba el mayor mobimiento de jente en la siudad. I un puerto para dos yates, todo konektado entre sí por el puente, desde la jerensia del molino.

El plano ke yo ise, en rrealidad no era otra kosa ke la idea de la obra ke abía desidido aser. Kuando lo terminé le pedí al kapitán Uarner ke me konsigiera un buen arkitekto, ojalá el mejor del mundo.

Pero en ese tiempo, Uarner todo lo asía por teléfono. En ese asunto ubo una konfusión i en bes de uno yegaron dos arkitektos, ambos konstruktores i aktualisados en konstruksiones modernas. Por separado ablé kon kada uno de eyos, les dije lo ke kería – sin desirles el motibo -, i les mostré el plano ke yo abía elaborado. Al primero ke entrebisté le ablé de bidrios oskuros, él me eksplikó la forma de polarisarlos.

Después le saké probecho al asunto, poniéndolos a kompetir a los dos en la konstruksión de la obra. A lo último le dí la mitad de la konstruksión a kada uno.

Se konbino ke el puente iría a dies metros de altura. Techado, serkado kon bidrios polarisados ke sólo permitieran mirar de adentro asia afuera.

En esa époka la jente de Tierra Sana no konosía el bidrio polarisado. Yo, para despitar a la jente, poko antes de inisiar la konstruksión del puente ise serkar una ofisina i una diskoteka kon bidrios polarisados, mui paresidos a los ke se utilisarían después para serkar el puente, pero ke no permitían mirar en ningún sentido.

La konstruksión del puente andubo rrápido i, kuando se terminó la obra, no se iso ningún akto públiko para inaugurarla. Ese día, akompañado de Maño i los dos arkitektos, isimos todo el rrekorrido del ‘puente espejo’, ke era el nombre ke le abía puesto la jente. Era media mañana kuando abordamos un pekeño automóbil a nibel de la jerensia del molino. El puente pasaba por las prinsipales kayes de la siudad; fuimos al sentro komersial, kuya base de obserbasión era amplia i me paresió estupenda, i luego nos dirijimos al puerto. Antes de salir del perímetro urbano, ya en las últimas kasas, le pedí al arkitekto ke detubiera el auto; kuando el beíkulo se detubo nos bajamos, estábamos ensima de una kasa en kuyo patio se estaban bañando un ombre i una mujer totalmente desnudos. Ambos eran jóbenes i kada uno sostenía la punta de una mangera, mojándose mutuamente los dos, jugando alegremente. Luego de obserbarlos un poko, deduje ke el puente kumpliría su objetibo.

Abordamos el auto i yegamos al puerto de yates. Ayí el puente daba la buelta i bajaba a una pekeña konstruksión ke paresía un garaje kon techo de konkreto, a kuyos lados abía dos puertas de seguridad; por una de esas puertas se bajaba a otra konstruksión i de esta se salía a la kaye, i por la otra se iba direktamente al mueye. Ayí, en el mueye, desde asía poko estaba amarrado un lujoso yate ke era de mi propiedad, pero ke aún no konosía; lo abordamos i desidí dar un paseo, lo kual sirbió para sersiorarme de ke la nabe, además de kómoda i lujosa, tenía gran kapasidad de nabegasión. Más tarde, a la ora del almuerso, nos serbimos a bordo un estupendo bankete. Por la tardesita rregresé al molino. Me sentía satisfecho kon esa marabiyosa obra, kuya konstruksión en su totalidad fue echa por personas ke no entendían el idioma de la jente de Tierra Sana, i después tube el kuidado de mantener en sekreto todos los detayes ke fue posible, tanto de su objetibo komo de sus funsiones téknikas.  

Ensegida ke estubo lista la obra inisié las rrondas, diurnas i nokturnas, i desde la primera bes ke andube por el puente empesé a deskubrir anomalías. Era una lástima ke desde el puente no pudiera ber el manejo de las kosas adentro de las faktorías mías, pues, por lo bisto desde mi eskondite, era segura la nesesidad de korregir kosas para konsegir más rrendimiento i aumentar las utilidades ke, aunke no eran pokas, sabía ke era posible aumentarlas. Pero, además de anomalías administratibas, mirando desde el puente, fásilmente deskubrí ke algunos de mis empleados me rrobaban i ke otros abandonaban sus lugares de trabajo antes de la ora de salida.

I, mirando desde el puente, segí asiendo deskubrimientos. Deskubrí ke los empleados del gobierno eran sumamente lentos en el trabajo, no kuidaban las kosas, yegaban atrasados a sus labores i salían antes de tiempo.

I así mismo deskubrí ke las noches son más largas para los bijilantes nokturnos.

Ke la jente de Tierra Sana estaba konbensida de ke yo tenía paktos kon el Diablo, inklusibe, todos komentaban ke me abían salido dos kachos ensima de las orejas i ke por eso era ke no me dejaba ber de nadie.

Ke la mayoría de las mujeres de Tierra Sana, kasadas o solteras, tenían amantes.

Ke, de noche, numerosos ombres se pasaban por ensima de las paredes, para kumplir sitas de amores klandestinos.

Ke  en Tierra Sana no abía forma digna para borrar los efektos bergonsosos ke les kausaban las mujeres infieles a sus esposos, kuando las piyaban kon otro.

Ke a la mayoría de la jente de Tierra Sana le gustaba ablar de la bida ajena.

Ke kon mucha frekuensia los ombres se endeudaban por enamorados i las mujeres por alajas i por chucherías.

Ke en algunas dependensias de mis empresas, a kualkier ora del día i de la noche asían el amor.

Ke la jente es komo los peses: kien les kiera para sí debe darles komida, pero kon ansuelo.

Ke el komún de la jente olbida rrápido las kosas.

Ke la jente de Tierra Sana, aora sí kuidaban sus kasas porke konstruirlas les abía kostado sakrifisios.

Ke de noche, kuando yobía, los griyos i los sapos aparesían de todas partes.

Ke el kura, de madrugada fumaba tabako dándoles de komer a un sin número de gatos pardos ke yegaban de todas partes.

Ke los sonámbulos se kuran kon basijas yenas de agua, puestas por donde kaminan dormidos.

Ke toda persona tiene tres formas de komportarse: kuando está en públiko, kuando está en intimidad i kuando está sola.

Ke la mayoría de la beyesa físika ke demuestran las mujeres es artifisial. I a las ke lo son de berdad, la beyesa les dura tanto o menos ke a las flores.

Ke en momentos de apuro asta los ke no kreen en Dios piden milagros.

Ke el lunes era el peor día para todos.

Además, me aprendí el nombre i la edad de todos los abitantes; i logré aprenderme de memoria kuándo kumplían año, kién era el kónyuge o el amante de kada kien; sabía kuántos bestidos tenía kada mujer, inkluso, si eran ordenadas sabía en ké orden los usaban.

Supe ke algunas mujeres, komo personas, eran buena jente, pero komo embras no eran tal i por eso no marchaban bien sus matrimonios. 

También supe ke algunos ombres tenían ese problema, kosa ke kausaba en eyos mayor sufrimiento ke en las mujeres.

Me di kuenta ke la jente de Tierra Sana, en bes de desir: Te mato; desían: “Te paso al molino”. I también sabía lo ke pensaba i lo ke soñaba kada uno de los abitantes de Tierra Sana.

Todo lo iba anotando, sin desir nada ni korrejir las anomalías. Asta ke yegó el día ke en Tierra Sana no abía kosa ke yo no supiera. Pero, ya todo me era monótono.

En eso, fuera de mi tiempo, abía gastado una fortuna, pues, además de la konstruksión del puente, adkirí los más sofistikados ekipos de espionaje. I lo úniko ke abía deskubierto, ke tal bes balía la pena, era ke yo, a pesar de tenerlo todo, era la persona más infelís ke bibía en Tierra Sana.

Abía bisto jente metida en toda klase de problemas i en bariedad de sufrimiento. Pero, kuando las kosas se arreglaban, los beía rradiantes de alegría. Yo no tenía sus difikultades, pero tampoko nada de ké alegrarme.

Ya no kería saber nada de espionaje. Eso me tenía más ke astiado. El solo echo de mirar el puente me fastidiaba; ya no kería ke estubiera pegado a mi molino. Sin embargo, desidí dejar en sekreto sus detayes, pues me era bergonsoso ke la jente se enterara ke les abía espiado.

Ise entonses ke rregresaran los arkitektos kon su jente para ke molieran el puente, kosa ke se iso en una sola noche, para ebitar kuriosos i porke yo sabía ke la jente no kería ke lo tumbara. En todo su rrekorrido, la jente kaminaba por debajo de él para protejerse del sol i de la yubia i, de noche, en algunas partes oskuras, abajo del puente espejo, asían el amor.

Entre tanto, poko a poko me abía ido fastidiando de todo. Siempre me rrepugnó la antiijiénika kostumbre de saludar de manos, pues no e ayado rrasón para justifikar el interkambio de mikrobios, ke es el úniko rresultado ke se konsige kon esa forma de saludar.

Aora sentía un poko más de rrepudio i me paresía demasiada jente las kuatro persona kon kien trataba. Sin embargo, estando en esa situasión, sentí gran tristesa un día ke el kapitán Uarner fue al molino a despedirse. Ese día, él me dijo ke se iba a rradikar del todo en una siudad de klima fresko i poblada por jente bien edukada.

En esa époka, el gobierno nasional desía estar empeñado en una polítika de ‘grandes kambios’, por lo kual pidió mi rrenunsia i nombró a Maño en la alkaldía de Tierra Sana. Yo no rrekordaba kuantos años yebaba de ser alkalde, ni tampoko el tiempo sin ir a la alkaldía, pero de todos modos sentí alibio kuando Maño me dio la notisia. “Siga usted sólo kon esta siudad de mierda”, le dije, i no le di ninguna importansia a ese asunto.

Entonses ise akondisionar el yate para en él bibir i trabajar. Kuando estubo listo, en sekreto salí en él i lo konduje asta un mar trankilo donde yegaban algunos pájaros, pero no se beía tierra. En ese lugar anklé la nabe i ayí bibí durante largo tiempo, i desde ayí ise korrejir las anomalías ke abía deskubierto en mis empresas kuando ise espionaje.

Todas las noches yamaba por teléfono a mis empleados ke kumplían año el día sigiente, los felisitaba por antisipado i les daba el día libre. A las mujeres, además del día libre, ordenaba enbiarles un arreglo floral.

El nombramiento de alkalde no kausó ningún kambio en mis relasiones kon Maño. Él sigió siendo mi gran kolaborador i manejaba o koordinaba todos los asuntos importantes de mis empresas. Una noche, bíspera de kumpleaños suyo, ablamos por teléfono durante largo rrato. Yo me abía echo el propósito de no okuparme de nada ke tubiera ke ber kon el ejersisio de la alkaldía. Pero en esa okasión se me okurrió preguntarle kómo le estaba yendo en la alkaldía. Me rrespondió ke él no era alkalde de Tierra Sana desde asía más de un año. Le pedí ke me kontara kómo abían sido las kosas i de ké manera estaba funsionando la alkaldía. “Me kajonearon”, dijo él, kon la trankilidad de siempre, i agregó: “El alkalde ke me rremplasó es un tipo almidonado ke bino de la kapital de la rrepúblika. Es abogado i se yama Daniel Tabora, pero la jente lo yama ‘Doktor Debora’, debido a la gran kantidad de impuestos ke a establesido.

La jente ke bibe akí –kontinuó eksplikando Maño-, tiene ke pagar impuesto por estar biba, por  morirse, por ser de akí, por ser de otro lugar, por bibir en el sentro, por no bibir en el sentro, por bibir bien, por bibir mal, por ser kasado, por ser soltero, por ser ombre, por ser mujer, por no ser ni ombre ni mujer, por trabajar, por no trabajar, por ser pobre, por ser rriko, por kaminar, por dormir, por soñar, por amor i un impuesto espesial ke nadie sabe de ké es”.

-Sin duda, ese último es por ser pendejo, le ekspliké, i, de akuerdo a las eksplikasiones ke me dio Maño, el mayor deudor de impuestos del mundo era yo. Además, me pidió ke isiera algo para liberar a Tierra Sana de ese torrensial de impuestos. Yo le rrekordé ke los últimos males de la siudad los abíamos arreglado kon el molino, i ke él debía saber kómo arreglar ese problema. Sin embrago, esa misma noche yamé al jefe del ‘grupo espesial’ i le ordené ke moliera al ‘Doktor Debora’.

El día sigiente, por la tarde, me yamó Maño. Me dijo ke el alkalde abía desaparesido i kería ke le diera instruksiones para manejar la situasión. Yo le akonsejé ke no se preokupara; ke festejara su kumpleaños, ke las kosas se arreglarían andando.

Pokos días después, le pregunté a Maño ke kómo iban las kosas en la alkaldía, él me rrespondió ke desde asía tres días, el alkalde de Tierra Sana era yo “pero no se preokupe, ke akí las kosas andan bien desde ke se aogó el ‘Doktor Debora’.” Le pedí ke me kontara kómo abían sido las kosas, i él me eksplikó: “El kuerpo no lo enkontraron, pero a esa konklusión yegaron los inbestigadores espesiales ke mandó el gobierno. Después, nombraron de alkalde de Tierra Sana a otros doktores de la kapital, pero ninguno de eyos kiso benir i, por último, lo nombraron a usted”. Además, me kontó ke el kapitán Uarner abía rregresado dispuesto a bibir el rresto de su bida en Tierra Sana.

Entonses desidí rregresar a la siudad. Tomé la misma rruta por donde abía benido, pero una tempestad me iso desbiar i estube a punto de naufragar. Fueron más de beinte oras de torrensiales yubias kon tormentas eléktrikas i bientos ke asían bailar la nabe al ritmo de la espuma ke se formaba ensima de las inmensas olas. Por el choke kon el agua, los kontroles de la nabe kasi no rrespondían i perdí el rrumbo; kuando el mar se kalmó me ayaba en un lugar ke deskonosía, serka de tierra kontinental, frente a una baía rrodeada de selbas.

Nabegé un rrato i, frente a la desembokadura de un rrío, anklé la nabe para konsultar los mapas de nabegasión. Era de mañanita, la tormenta me abía dejado tan kansado ke no supe en ké momento me kedé dormido mirando los mapas. Kasi despierto empesé a soñar kon una mujer bonita, bestida de blanko, ke estaba bailando un disko de salsa antiyana, mobiéndose de ermosa forma, yebando en sus mobimientos, de un modo sensual insinuante, en forma impekable el ritmo de la músika.

La muchacha era de kolor kanela i su ermoso kabeyo negro le tapaba una parte de la kara, lo kual me impedía rrekonoserla, pero yo estaba seguro de aberla bisto antes en algún lugar.

El sueño se me rrepetía en forma kontínua, komo si fuera una pelíkula, deskubriendo kada bes nuebas pistas ke me ponían al borde de saber kien era eya, pero, a pesar del esfuerso ke yo asía, los rrekuerdos no me alkansaban para identifikarla. Ya se me estaba agotando la mente kuando oí: ¿Ké pasa no joda? ¿Ké pasa no joda?

Di un salto. Abrí los ojos i a mi lado bí la guakamaya del difunto padre Gabilán. El pajarrako estaba irrekonosible. Le abían salido plumas nuebas i se beía rrejubenesido. Pero su aspekto triste daba a entender ke abía andado por todo el mundo sin enkontrar a kien kerer ni kien le kisiera. Me akompañó en el rregreso a Tierra Sana.

 El día ke llegé a Tierra Sana, la siudad estaba de fiesta, selebrando la yegada de Uarner. Nadie me esperaba, ni sikiera Maño sabía de mi yegada. En mi larga soledad abía desidido aser las pases kon todo el mundo, me abía dado kuenta ke la soledad i las terkedades eran las mayores kausas de los sufrimientos de los seres umanos.

Ese día, tan pronto se supo de mi yegada al puerto de la siudad, todo el pueblo salió a rresibirme. Todos kerían saludarme i ablar konmigo, pero yo estaba desadaptado al trato direkto kon la jente i no sabía ké rresponder kuando me ablaban; solo atinaba a rresibir de kuanto trago me daban; daba las grasias, i me lo tomaba. Después, ayándome bien ‘entonado’, dekreté komo síbikos los tres días sigientes, durante los kuales toda la jente bailó i bebió en forma kontinua; luego sigieron la fiesta asta agotar toda la eksistensia de likores de la siudad, abiéndose tomado una semana kompleta en bes de los tres días dekretados, por lo ke se iso nesesario dekretar síbikos otros tres días más para ke la jente isiera aseo i pasara el guayabo.

Durante la fiesta, numerosas personas en estado de embriagés kedaron sin dinero i para segir la parranda bendieron sus propiedades, en muchos kasos inkluida la kasa donde bibían, kedando algunos en total rruina. Los kompradores fueron unas pokas personas oportunistas, ke aprobecharon la okasión para enrrikeserse a ekspensas de los borrachos, komprándoles las kosas a presios irrisorios. Pero después se presentó un enorme lío judisial, pues los bendedores desían ke “los negosios ke uno ase borracho no se balen”, i los kompradores alegaban ke “negosio es negosio, lo demás no importa.”

Entonses, ambas partes kontrataron abogados en la kapital de la rrepúblika i, ayá, rrápidamente el pleito fue ganado por los kompradores.

Pero los bendedores no se sometieron a entregar sus bienes, sino ke isieron una marcha por las kayes de la siudad gritando: “Los negosios ke uno ase borracho no se balen señor juez.” I kontrataron a otros abogados, inisiándose un nuebo proseso, esta bes en Tierra Sana, kuyo beredikto final fue ke el úniko rresponsable de los echos era yo, eksplikando en el fayo ke “el señor Pío Inosensio es el úniko rresponsable de los echos demandados, por aber propisiado, komo alkalde, la fiesta ke dio orijen a esos negosios.”

El fayo determinaba ke yo, fuera de tener ke pagar los bienes del litijio i los gastos del proseso, debía indemnisar a ambas partes, según ese beredikto, debido a los perjuisios morales i ekonómikos ke por mi kulpa abían sufrido los pleitistas. I, según el fayo, también tenía ke pagar los onorarios de los abogados, inkluyendo biátikos espesiales debido al klima.

Tiempo atrás, kuando terminó la gerra, una de las kondisiones ke pusimos ‘los jefes’, para entregar las armas, fue ke el gobierno nasional no pondría ejérsito, ni polisía ni ninguna otra autoridad en Tierra Sana, durante los dies años sigientes.

Pero pasaron los dies años i el gobierno nasional dejó ke las kosas en Tierra Sana sigieran komo benían.

Al komienso de ese lapso, todos los asuntos ofisiales eran atendidos en la alkaldía. Más tarde, el kresimiento de la siudad hiso nesesario abrir una ofisina de impuestos i otra para el rregistro de dokumentos, pero la administrasión de justisia administratiba era práktikamente deskonosida i sin ofisio. Para manejar los delitos funsionaba el Konsejo Komunal de Justisia, ke solo manejaba kasos judisiales grabes, i los mui pokitos kasos de asuntos administratibos ke se presentaban, asesorado por Uarner, los rresolbía Maño en la alkaldía.

Kuando desaparesió el doktor Egora, fuera de los inbestigadores para ese kaso, el gobierno enbió un jues para ke se kedara de asiento en Tierra Sana. Entonses nasió el Jusgado Úniko de Tierra Sana, o ‘el Úniko’, komo lo denominaba la jente. El primer jues enbiado por el gobierno tenía un nombre de esos ke no se le graba a nadie, por lo kual el públiko simplemente lo yamaba ‘Doktor’.

El ‘Doktor’ era de esas personas ke no le asen ni bien ni mal a nadie, i por lo tanto inepto para okupar kualkier puesto de manejo ejekutibo.

I el primer kaso ke atendió el ‘Doktor’ fue, presisamente, ‘el proseso de los borrachos’, ke fue el nombre ke le puso el públiko a ese pleito, i es de suponer ke ese beredikto fue rredaktado por alguno de los abogados apoderados en el kaso.

Nunka e podido entender la forma en ke los abogados litigantes ben los echos ke defienden. Obserbando sus alegatos me konbensí de ke, más ke rreglas o normas, lo ke aprenden son mañas para as

er ke las kosas se inklinen a fabor de sus konbeniensias. I, sin importar lo absurdos o susios ke sean sus alegatos, los abogados aktúan de tal manera ke da la impresión de ke asta eyos mismos kreen ke obran kon justisia.

La mayor parte de la jente konfunde las leyes kon la justisia, error ke los abogados aprobechan a su antojo. Kuando les konbiene, los abogados usan las rreglas de la lei, sin importarles ke kon eyo kometan kualkier grado de injustisia, lo kual no ignoran, sino ke lo sostienen porke les faborese. En esas ebentualidades, alegan ke “las leyes son para kumplirlas”. Pero si ninguna lei justifika lo ke litigan, entonses argumentan rrasones de justisia, “porke la justisia es de Dios”, o de salud o de kualkier otra kosa, el kaso es ke no ai delito de ninguna naturalesa ke no pueda ser defendido i justifikado por los abogados, siempre i kuando se les page. Eyos no tienen en kuenta ninguna konsiderasión umana, lo kual los konbierte en auténtikos parásitos de la justisia i por lo tanto en los peores parásitos umanos.

En la époka de ese proseso, yo poseía barias empresas en Tierra Sana. Esos abogados no dudaron en aser el intento de sakarme una buena partida. Pero para mi bien yo era kien gobernaba en la siudad i además tenía el molino. Por lo tanto, tampoko dudé en konbertirlos a eyos en abono. En kuanto al jues, él no yenaba los rrekisitos de ‘molible’ i de ‘buena gana’ aseptó mi sujerensia de abandonar la siudad.

Después de la molienda de abogados ekpedí una rresolusión, la kual anulaba los negosios de bienes, echos durante la semana de ‘festibidades síbikas’. Eksplikaba en ese dokumento, ke kompradores i bendedores tenían un plaso de tres días para ponerse de akuerdo en la debolusión de dinero, ke en kaso kontrario fueran a mi ofisina del molino, para solusionar el asunto. 

Pero no debieron tener ningún problema, pues nunka me presentaron rreklamo de esos negosios. Ese fue el fin del ‘proseso de los borrachos’.

La forma en ke arreglé ese pleito kausó algunas asperesas en mis rrelasiones kon una parte de la jente de la siudad. Pero eran sólo unas pokas personas i el komún de la jente suele tener gran kapasidad para olbidar las kosas, lo kual mui pronto okurrió.

Poko después de aberse solusionado ‘el proseso de los borrachos’, de rrepente, aparesieron en la siudad i yegaron al molino los miembros de la organisasión no gubernamental, kon el propósito de interrogarme aserka del ‘soporte legal’ ke abía usado para anular los negosios echos durante las ‘festibidades síbikas’. Los integrantes de esa organisasión ignoraban ke yo los abía echo rresponsables de los echos ke les abían kausado la muerte a los abitantes de Tierra Sana, en los kombates ke se abían presentado por la muerte del padre Gavilán, en las afueras de la kapital de la rrepúblika.

Por inisiatiba mía, el Konsejo Komunal de Justisia les abía echo un proseso a los miembros de esa organisasión i, por lo grabe de sus delitos, los abía kondenado al molino. Lo úniko ke faltaba, para darle kumplimiento a la kondena, era ke los kondenados fueran kapturados en territorio de Tierra Sana.

De las sinko personas ke yegaron ese día al molino a interrogarme, una no asía parte de los kondenados i se le ordenó abandonar de inmediato la siudad. Las otras kuatro, luego de kumplirse las normas rreglamentarias, fueron puestas en la sinta jiratoria del molino i konbertidas en materia prima para abono.

Sigió desde entonses un torrensial de solisitudes para ke kon mi molino isiera ‘fabores espesiales’. De todas partes del mundo me yamaban para pedirme ke moliera jente. Lo asían en diferentes idiomas, utilisando kasi los mismos términos, tal komo okurre kon el komersio internasional. También rresibía una ke otra yamada de algún polítiko ‘amigo’ disiéndome, por ejemplo: “Pío Inosente, soi..; te yamo para pedirte el fabor de ke me enbíes el Andalusio i tus kojelokos, para ke se yeben a unos karajitos ke están molestando mucho por akí”. Pero kasi por lo jeneral me desían: “Señor Pío Inosente, soi…,  lo yamo de…, para pedirle de manera espesial i mui rrespetuosamente, de parte de la jente marjinada de este país, ke pase por su molino a…, ke es un polítiko korrupto ke desde ase muchos años tiene marjinado a este pueblo”. Además, diariamente me yegaban por eskrito serros de solisitudes de molienda.

Polítikos era lo ke más me solisitaban ke moliera, pero también rresibía yamadas i kartas pidiéndome ke moliera sientífikos, artistas, rrelijiosos, brujos, deportistas, empresarios, líderes sindikales, mafiosos, tramposos, ladrones, drogadiktos, bagos, jente de toda klase, kondisión i profesión, para kuya rrelasión nesesité un libro de sien folios, kedando sin inkluir únikamente los bobos, personas kuya kualidad los konbierte en jente kon pokos enemigos.

Un día yegó a mi ofisina un ombre de negosios a proponerme la kreasión de una empresa. Su idea era instalar una kadena de molinos, similares al mío, a lo largo i ancho del mundo, ubikados en todos los lugares donde ubiera lakra umana. Según su pareser, podríamos instalar tantos molinos komo fábrikas de gaseosas abía. Él opinaba ke kon la gran mayoría de los gobiernos no tendríamos impedimentos, pues todos los países sufren el asote de la lakra umana, lo kual, en las kayes, es la peor kalamidad públika i, en las kárseles, fuera de empeorarse, se konbierte en un enorme peso para las arkas del Estado. “Además, -dijo él- no sería una kosa alarmante pues muchos países praktikan la muerte en kampos de konsentrasión, yebando a esos lugares a personas sanas i útiles a la sosiedad, por el simple echo de eyos tener ideas polítikas distintas a las de sus gobernantes”. 

El empresario, mirando una foto de una molienda de lara humana, pensó un poco i luego agregó: “Siendo tan útil i lójika nuestra empresa, asta es posible ke kon algunos gobiernos se konsiga algún tipo de subsidio, pero, de kualkier manera, sería un negosio sumamente rrentable, pues los abonos orgánikos son kada bes más eskasos i más kostosos, a diferensia de la lakra umana ke kada día es más abundante”.

Me paresió interesante la propuesta de ese kabayero. Todo lo ke dijo era mui sierto. Inkluso, el negosio podría ser más amplio de lo planteado por él, pues no mensionó el ekskremento umano, lo kual se está desaprobechando en la mayor parte del mundo. I aunke no tenía la menor duda de ke esa sería una empresa mui rrentable i la más útil para la umanidad, nó asepté su propuesta debido a ke sería mui difísil konsegir jente kon la kapasidad umana i profesional adekuada para administrar kada molino. I, al aber ese faltante, se korrería el rriesgo de ke, debido a la dibersidad de kriterios, toda la jente se konbirtiera en ‘molible’. I aún podría ser peor si los molinos yegaran a ser kontrolados por polítikos korruptos.

-En este punto el juez dio una hora de descanso, lo cual fue muy bien recibido de parte de todos, pues, debido a la enorme multitud, el ambiente en el salón de audiencias se ha hecho casi insoportable.

 Los casos de los abogados y de los miembros de la ONG, recientemente mencionados en el manuscrito, no harán interrumpir la audiencia, ya que esas desapariciones fueron denunciadas y sus familiares presentaron los reclamos. Además, debido a las interrupciones, el gobierno nacional tiene prácticamente agotado el tiempo para reclamar su ‘herencia’.

Ha sido publicada una relación de los bienes que serán rematados, liquidados y repartidos, así como también la lista de las personas que tienen derecho legal en el reparto.

Entre la población de Tierra Sana hay una mezcla de alegría y tristeza; alegres están los hijos ‘adoptivos’, quienes esperan recibir su tajada. Y tristes los habitantes que no tienen derecho a herencia y que han pensado en las terribles consecuencias del inminente desastre industrial y comercial de esta región.

Pero los preocupados son pocos, pues parece que a la mayor parte del común de la gente no le alcanza el coeficiente para prever esas cosas. Además, en este ambiente repercute con dureza el efecto contagioso de la alegría de los herederos forasteros, quienes están celebrando en grande la pronta recibida de una buena porción de esas empresas.

Mientras tanto, es intensa la actividad de los medios de comunicación. A mi lado, una señora gorda, de aspecto tranquilo, fue entrevistada: ¿Conoció usted al difunto? – le preguntó un periodista a la señora.

“Sí, yo soy hija adoptiva del finado” – respondió ella.

¿Y qué tal se manejó él con usted?, interrogó.

- “Bueno… usted sabe que los ricos se preocupan más de sus perros que de sus hijos”, explicó ella.

Se abre una puerta, aparece el juez, el público hace silencio y el lector Cadena continúa leyendo así:

“Ya estando biejo, un día me akordé del sueño ke, en el mar, abía tenido kon la ermosa mujer bailarina. En ese rrekuerdo, de rrepente me sentí totalmente enamorado de Palita Gerrero. I desde ese momento, a toda ora i por todas partes beía su kara i oía su bos. Su kuerpaso femenino, su perfekta dentadura i sus grandotes ojos negros, no se desprendían de mi mente. Fue en ese entonses ke me di kuenta ke eya tenía una sonrrisa dibina.

Me empesaron a gustar todas las kansiones. El sonido de la músika estremesía mis sentimientos, tan duramente ke presentía ke en kualkier momento se me podían desprender del kuerpo.

El amor de Palita me era komo el tiempo: estaba en todas partes a la bes sin estar físikamente en ninguna. I, aunque no lo podía ber ni tokar, a toda ora lo sentía kon duresa; en ese tiempo, para mí, toda el área del molino se bolbió amor.

Durante un tiempo, kuya durasión me es impresisa, estube bagando en kualkier parte, enamorado, sin aser nada. En las noches de luna klara salía del molino, donde bibía desde asía mucho tiempo, i me iba kaminando por la oriya del rrío asta yegar a un puerto biejo, abandonado por los peskadores. Ayí abía una kanoa boka abajo, en la kual yo me akostaba boka arriba i me kedaba largos rratos, kasando ilusiones, mirando la luna i dándome bueltas la mente, pensando ke la ermosa Palita, en el lugar donde se enkontrara, era probable ke también estubiera mirando la luna i rrekordándome.

No kreía ke fuera posible ke eya estubiera en la otra latitud del mundo, donde no pudiéramos ber la luna los dos a la bes. Pero de pronto kaía en kuenta de ke de nada me serbiría la luna, pues, a pesar de ser motibo de inspirasión de muchos enamorados i poetas, la luna, fuera de tener una lus un poko alkaueta, en las demás kosas de amor es totalmente inútil; ni sikiera sirbe para yebarle un mensaje de amor a un ser amado. Además, la luna es sumamente defisiente; nunka se be toda la noche, no alumbra bien i, komo si eso fuera poko, kasi siempre se be inkompleta.

Kon esos pensamientos, i peleando kon la luna, rrara bes no rregresaba furioso al molino. Entonses me di kuenta ke me estaba bolbiendo loko i desidí pedirle al kapitán Uarner – ya él me lo abía insinuado-, ke me konsigiera un buen sikiatra, ojalá el mejor del mundo.

I no demoró en yegar a la jerensia del molino un famoso sikiatra. Éste, luego de eksaminarme, dijo ke yo sufría el mal de ‘sentimientos atrasados’, lo kual, según el galeno, es una enfermedad mental grabísima ke no mata, pero ke tampoko tiene kura i ke kien la padese sufre terriblemente asta ke muera de kualkier otra kosa. El doktor fue franko konmigo, dijo ke no me atendería porke mi enfermedad era inkurable i ke en estos kasos kasi siempre se moría el sikiatra antes ke el pasiente.

Eso okurrió a prinsipios de un nobiembre, i luego del eksamen sikiátriko me puse de plaso una kuarentena para desidir ké aser kon ese problema. I, por la forma en ke me sigieron dando los arrebatos sentimentales, debo rrekonoser ke el sikiatra tenía rrasón: el amor no mata, pero les kausa los peores tormentos a los enamorados.

En ese tiempo, siempre kería estar solo. Así me sentía mejor para pensar en Palita. Por esas kosas del asar, un día, ayándome desesperado de amor, de pronto tropesé kon la garrafa de Bino Májiko ke abía rreskatado de La Alegría. Al berla, yegaron a mi mente los rrekuerdos de ‘El Bendedor de Ilusiones’; la abentura ke terminó kon la muerte de los Kortina; el rreskate de esa garrafa: toda una istoria, pero, en estas kondisiones, todo eso me paresía kimera. De pronto pensé: ¿Ké tal ke el Bino Májiko kure el mal de sentimientos atrasados? Poko rrato después, pensando ke kisá podía kurarme, desidí tomármelo, pero no ensegida.

Ya se aserkaba la nabidad i kería kedarme solo, en el molino, para tomarme esa ‘medisina’. I, para kedarme solo, le programé un ‘permiso nabideño’ a todo el personal del molino. No kería ke se kedara ni sikiera la guakamaya del difunto kura Gabilán, ke ya kasi no tenía plumas i abía kedado sorda. Adusiendo ke en el molino no abría komida para ese animal kuando se fueran todos, konbine kon un empleado ke se la yebara para su kasa. El pajarrako era mui manso pero, komo kosa ekstraña, el día ke se lo iban a yebar no se dejaba kojer, todabía tenía una inkreíble abilidad para eludir a sus kasadores.

Kuando los motores del molino abían sido apagados, i sólo kedó jirando kon la fuersa ke rresibía de las aguas del rrío para ke el alkantariyado de la siudad funsionara bien, uno de los empleados fue a mi ofisina a desirme ke no abían podido atrapar el pajarrako.

La jente del molino estaba kontenta, todos estaban listos para salir. Pero no abían echo mayor esfuerso para kapturar la guakamaya; entonses yo dije ke no se iría nadie mientras no la kapturaran. La rreaksión de los empleados no se iso esperar; todos salieron a kolaborar. El animal, al berse akorralado, se subió en la sinta jiratoria i se metió por la boka del molino, kedando al instante konbertido en un pokitiko de polbo amariyento.

Ese echo le kausó tanta tristesa al personal del molino, ke daba la impresión de ke el muerto ubiese sido el familiar más kerido de kada uno de eyos. Salieron en silensio, kon mucha tristesa, yéndose kon tres días de permiso, debiendo rregresar el beintisiete de disiembre a la ora normal.

Más tarde, kuando kedé solo, me puse a dar bueltas por el molino, kantando i tratando de olbidar la muerte de la guakamaya, kon los rrekuerdos de Palita.

Ya por la tardesita, kon rropa deportiba me fui para el puerto abandonado. Troté por los alrrededores i, kuando oskuresió, me akosté boka arriba en la kanoa ke estaba boka abajo. Ayí me kedé dormido esperando ke saliera la luna. Esa noche bolbí a soñar kon la mujer ke bailaba músika antiyana. En ese sueño la bi bestida de negro, bailando kon la misma armonía que lo iso en el primer sueño. Kuando se terminó el disko, la linda chika se aserkó i kon una ermosa bos me dijo: “Por tu kulpa estoi de luto. Es mejor ke no sigas ostentando ke estás inmunisado de sufrimientos; kreo ke deberías tener en kuenta que tú también ases parte de los kondenados a bibir de ilusiones”· En ese momento desperté, la luna abía salido, pero yo no tenía ánimos para kasar ilusiones, preferí irme a dormir a mi kama. Aora sabía kién era la chika, pero no me okordaba de su nombre ni de dónde la abía bisto.

Ese otro día me lebanté temprano. Era bíspera de nabidad i, por los estayidos de pólbora i la gran kantidad de boladores ke beía, deduje ke en Tierra Sana la jente debía estar mui alegre. Yo no tenía ni el mas mínimo ánimo de fiesta, sin saber por ké, un sentimiento de kulpa asía ke me sintiera kon el alma susia. I, además, me beía a mí mismo komo una fiera solitaria, enserrada en su propia jaula por una fuersa de justisia imposible de ebadir. Así, kon tantos martirios, mi sufrimiento yegaba a límites insoportables, pues estaba lokamente enamorado de Palita, i ese sentimiento de kulpa me asía sentir indigno de su amor, ya ke eya, en mi mente, fuera de ser sumamente ermosa, era totalmente sana y pura.

En esas kondisiones, mi únika esperansa era ke el Bino Májiko me kurara. Estaba seguro de ke, al tomarlo, algo bueno o malo me okurriría, i estaba desidido a kambiar mi situasión, pues más malo ya sería la muerte i eso para mí sería un alibio.

A las kuatro de la tarde oí sonar las kampanas de la iglesia, para misa. A esa ora tomé la garrafa de Bino Májiko i, yebando también una siya para sentarme, me fui a un lugar deskubierto, dentro de las instalasiones del molino.

Ya eskojido el sitio, puse en el piso la garrafa i me senté en la siya a kontemplar el embase kon el Bino Májiko. I así me kedé un largo rrato, sin kitarle la bista.

A pesar de todo, muchos detayes del Bino Mágico no se me abían olbidado todabía. Mirando la garrafa, sentado en la siya, empesé a aser un rrekuento mental de esos rrekuerdos. Me akordé de la noche ke se la abía entregado a Don CHepe, i pensé en el largo tiempo ke esa garrafa abía estado undida, junto kon los Kortina, i alargando esa meditasión me kedé dormido.

Kuando desperté estaba empesando a oskureser; aturdido di un salto i agarré la garrafa para destaparla, pero la tapa estaba dura. Además, me sentía indesiso i kon miedo de lo ke fuera a okurrir kuando la garrafa kedara destapada.

Me desidí. La agarré del kueyo kon la mano iskierda i kon la mano derecha le di un fuerte tirón al korcho; la tapa salió kon un rruido estruendoso. Instintibamente puse la garrafa en el piso, di un salto i me rretiré barios metros de eya. La kosa empesó a erbir. ¡Está bibita!, me dije, mirándola kon gran susto.

Bastante indesiso, dando bueltas a su alrrededor, poko a poko me le fui aserkando a la garrafa; más kuando ya iba a yegar, la garrafa empesó a botar globos de espuma de todos los kolores, más o menos del tamaño de las naranjas; se formaban en la boka i bolaban en todas las direksiones. Al ber eso rretrosedí más lejos ke antes i me kedé obserbando.

RRápidamente, los globos fueron kopando toda el área del molino i formaron el arreglo de nabidad más ermoso ke jamás abía bisto. Luego, el arreglo fue kambiando i, de rrepente, dejaron de salir los globos, kedando el lugar konbertido en algo paresido a un teatro, pero inmensamente más ermoso.

Pensé ke mi suerte estaba echada, ke debía segir en mi propósito. Dí los pasos ke me separaban de la garrafa, kuando la tube a mi alkanse poko a poko le fui metiendo por la boka el dedo índise de la mano derecha; metí todo el dedo i no alkansé a tokar líkido; inkliné un poko la garrafa, toké el líkido i sentí en todo el kuerpo un rrose penetrante, frío. Pasé la lengua por el dedo untado; la kosa tenía un sabor agradable. Bolbí a probar i me supo mejor. Entonses lebanté la garrafa i me tomé un trago, la bebida era enerjisante i tenía mui buen sabor.

Me puse a andar dando bueltas alrrededor de la garrafa i de kuando en kuando me tomaba un trago. De rrepente me bi sentado en un lugar alto, kuya ubikasión permitía dominar el uniberso, i empesé a ber diskurrir mi bida en forma aselerada i asia atrás, biéndome kada bes más joben.

En ese ebento, el punto de partida fue desde kuando me abía kambiado el nombre, luego de aber sido militar i de aberme ebadido de una kársel militar. Al segir mis bibensias, en forma inbersa; primero me bí en la kársel, después en la inbestigasión ke kausó mi enkarselamiento, okurrida luego del asesinato del primer ministro, del kual yo era su ofisial asistente de seguridad i fui kien lo ayé muerto en su ofisina.

A ese kaso lo abían denominado ‘el asesinato del siglo’, i fue un echo tan grabe ke el país estubo al borde de una gerra sibil. Además fue un asesinato planeado en forma majistral, kon numerosos detayes ke isieron ke todas las sospechas rrekayeran en mí. I en la inbestigasión posterior susediron tantas kosas inusitadas, undiéndome kada bes más, ke yegó el momento en ke sólo yo sabía que no era el asesino i por lo tanto era el úniko ke kreía en mi inosensia. Pero, en la inbestigasión, las autoridades usaron tanta presión i mañas ke al fin me konbensieron de ke me konbenía más deklararme kulpable ke segir insistiendo en mi inosensia.

Fui kondenado a kadena perpetua i konfinado en una super segura kársel militar. Pero mui pronto me bi en la kaye, abiéndome eskapado ayudado por algien kuya identidad ignoraba, komo también el motibo por el kual lo iso. Eso sí, por la forma en ke okurrieron las kosas, desde antes de eskaparme me kedó klaro ke ese algien era sumamente poderoso en el gobierno.

En la ebentualidad de aora, biendo korrer mi bida en forma inbersa kon todos los detayes de ese echo, deskubrí ke abía sido Karolina kien me ayudó a eskapar de la kárcel, siendo eya en ese entonses la ermosa sekretaria i amante del ministro asesinado.

Para poder ponerme en mi libertad, Karolina iso ke aorkaran a un delinkuente ke físikamente tenía bastante paresido konmigo, ordenó poner el kadáber del ejekutado en mi selda i luego el gobierno anunsió ke yo me abía suisidado. La noche de ese suseso salí de la kárcel kon dokumentos falsos i, poko después, sin ninguna eksplikasión ofisial, me dieron mi nueba identidad personal.

Karolina era la mujer ke yo abía bisto en sueños, bailando músika antiyana. Aora, yo estaba a punto de saber kién abía sido el asesino; la autoría del krimen estaba entre solo tres personas, las kuales eran Karolina, komo ya ekspliké sekretaria i amante del ministro asesinado; el koronel Pretel, jefe de seguridad suyo, i el doktor Arnoldo Treyes, poderoso empresario, amigo de konfiansa del ministro. Pero, kuando menos lo deseaba, se interrumpió lo ke estaba mirando, i entonses sentí mucho sueño i me kedé dormido.”

-En este punto el juez ordenó interrumpir la lectura del manuscrito, finalizando una jornada más de la audiencia.

Es otro día. El tiempo establecido está casi agotado. Hoy es el último día de plazo para que el gobierno central tenga derecho a un porcentaje de los bienes en litigio. Si este proceso no se define en el día de hoy –cosa que ya es imposible-, el municipio de Tierra Sana será el nuevo dueño de la mitad de los bienes en litigio, y quedará el gobierno central por fuera del reparto. Según las explicaciones de un experto en leyes, así son las reglas oficiales y creo que este resultado es fruto de la estrategia del gobierno local, que por ningún motivo quería dejarse rapar de la Nación las riquezas regionales que están en juego en este pleito.

El juez ha dicho que no obrará precipitadamente, que el juicio tomará el tiempo que sea necesario. Con la elocuencia profesional que lo caracteriza, el juez ha explicado que, al finalizar la lectura del manuscrito, será leida la lista de empresas a liquidar, así como la relación de los nombres de las personas que participarán en el reparto. “Si alguien tiene algún reclamo, debe hacerlo enseguida termine la lectura de esa relación. Después no se tendrá en cuenta ningún requerimiento”, concluyó diciendo el juez.

Como cosa extraña, el capitán Warner vino hoy acompañado de su abogado, el doctor ‘Maño’, quien porta un grueso folder con documentos.

Todo está listo para empezar. El juez ordenó continuar la lectura del manuscrito; el lector Cadena sigue así:

“Kuando desperté, el sol i la sed me estaban matando. Miré el rreloj; eran las tres de la tarde del beintisinko de disiembre. A mi lado estaba la garrafa de Bino Májiko kon poko menos de la mitad de su kontenido inisial. Kasi no podía soportar el deseo de tirarme al rrío, ke afortunadamente estaba serka. Me lebanté, aseguré la garrafa, andube lo más rrápido ke pude i kuando yegé al rrío me tiré al agua kon todo i rropa. Ensegida me sentí alibiado; no tenía ambre, mi espíritu kedó totalmente sereno, sin ningún komplejo de kulpa, i en esas kondisiones me sentía aún más enamorado de Palita.

El asesinato del primer ministro me daba bueltas en la kabesa. Aora sabía ke Karolina era kien me abía ayudado a eskapar de la kárcel, pero no me abían kedado klaros barios detayes importantes del asesinato; rrekordaba ke, en los asuntos de trabajo i en sus enrredos kon el ministro, yo abía ligado bien kon Karolina. I aora pensaba ke el motibo para ayudarme podía aber sido porke eya sabía de mi inosensia. Además, pensaba ke de no ser eya la asesina del ministro, al menos sí debía saber kién era el autor intelektual del krimen. Pero me rresultaba inkonsebible ke la mui tierna i ermosa Karolina ubiera sido kapás de kometer o ser kómplise de tan orrible asesinato.

 Ensegida empesé a idear la forma de bolber a tomar Bino Májiko. Estaba desidido a saber todos los detayes del asesinato del ministro i, además, a aser todo lo posible para lokalisar a Palita; aunke beía mui difísil konsegir los dos objetibos, ya ke kuando tomaba el Bino Májiko kedaba sometido a unas kondisiones en las ke me era imposible influir en el rrumbo ke tomaban las kosas a segir.

Programé otro permiso para el personal del molino, lo kual sería en año nuebo. I, aunke el fin del año ya estaba serka, se me asía lejos la yegada de esa fecha.

El treinta de disiembre, poko antes de medio día, ise ke los trabajadores del molino se rreunieran al lado de mi ofisina. Kuando estubieron todos, les dije ke me sentía mui satisfecho kon el rrendimiento ke abían dado durante el año ke ya kasi terminaba, i después de otros komentarios agregé: “Les deseo un Felís i Próspero año nuebo. Desde ya pueden irse a sus kasas asta el tres de enero. Les akonsejo el rregosijo ogareño, ya ke esta fecha es mui propisia para okurrir aksidentes i desgrasias.”

Al oír mis eksplikasiones, todos aplaudieron kon gran estruendo i fueron a darse el rretoke personal, i ensegida fueron saliendo desordenadamente, asiendo gran buya.

El rresto de ese día lo pasé meditando aserka del asesinato del primer ministro. Él era un ombre intelijente, estudioso, ordenado, más tékniko ke polítiko, abiéndose destakado en su alta posisión por su asertado kriterio en la justisia sosial. Entre broma i berdad desía ke “los polítikos son el peor mal más nesesario”,  i en una okasión le oí desir lo mismo de las mujeres. Aora yo estaba seguro de ke sus enemigos, ke debían serlo por intereses i nada personal, abían usado para matarlo el arma ke kasi siempre suele akabar kon los ombres supuestamente inbensibles: una mujer.

La ermosura de Karolina era kapás de opakar la de un rrosal floresido, i era difísil ke algien pudiera imajinarse ke detrás de esa beyesa anjelikal se eskondía una bíbora de enorme peligrosidad.

Komo era probable ke kon la ayuda del Bino Májiko yo enkontrara a Palita, me puse a pensar en la forma en ke prosedería kon eya. Palita, en mi mente, paresía un ánjel, pero aora yo era konsiente de ke no sobraría ninguna medida de seguridad ke tomara para protejerme de eya, pues ya sabía ke detrás de esas figuras anjelikales suelen eskonderse los más peligrosos enemigos.

Desidí ke si las kosas me funsionaban bien en la búskeda de Palita, konstruiría una alkoba jemela kon una dibisión blindada i ke una seksión sería matrimonial i la usaríamos para tal fin; i la otra seksión de la alkoba tendría akseso a la matrimonial por una puerta de máksima seguridad i sólo yo konosería las klabes, ke serían barias e independientes entre sí. Esa otra seksión de la alkoba sería para mi uso eksklusibo; ayí dormiría yó luego de kumplir las normas seksuales del matrimonio. Además, para mayor seguridad, en esa alkoba aría instalar un nido de ametrayadoras, un mortero i otra arma de artiyería pesada. I portaría barias dosis del beneno más letal, para kitarme la bida en kaso de ke me tomaran por sorpresa, pues por ningún motibo me sometería al kastigo de la tortura matrimonial.

Analisando el asunto, alkansé a sospechar ke era posible ke eya tratara de torturarme en su alkoba. Pensé ke en tal kaso no me kedaba otra alternatiba ke usar el molino. Pero de pronto kaí en kuenta de lo injustas ke eran mis apresiasiones al aber pensado en ayar maldad en Palita. ¿Kómo era posible sospechar ke algún día eya, la kriatura más ermosa, más tierna i más pura del uniberso tubiera sikiera un mal pensamiento? No. Eso no podía ser así. Pensándolo rrasonablemente, el echo de ke Karolina fuera ermosa i kriminal no era motibo para pensar tal kosa de Palita.

Pero... bueno, las prekausiones sí era mejor tomarlas. Nunka sobran, i las personas prekabidas siempre suelen estar en bentaja. Eso lo anoté, como prioritario, en mi ajenda antes de irme a la kama.

Ese asunto me sigió dando bueltas en la kabesa durante toda la noche, apenas pude konsiliar el sueño kuando estaba amanesiendo i me kedé en la kama kasi todo el día.

Antes de lebantarme desidí tomar el Bino Májiko a la ora del empalme de los dos años; ya kasi de noche me lebanté, no tenía ambre a pesar de no aber komido ese día. Me puse a dar bueltas por el molino, pensando en Palita i en el asesinato del ministro.

Kuando la buya de la siudad daba a entender ke el año nuebo se aserkaba, tomé la garrafa i me dirijí al puerto abandonado. Al yegar ayí me senté en la kanoa donde simpre me akostaba i puse la garrafa a mi lado. En ese momento sentía una gran melankolía, mucha ambre i me inbadía un presentimiento komo anunsiándome ke mi muerte estaba serka. Sin embargo, de algún modo tenía biba la esperansa de ayar a Palita i eso me rreanimaba a segir en mi propósito. Pensaba entonses ke tal bes los años o la soledad, o las dos kosas, me estaban bolbiendo superstisioso. “Son muchos i mui felises los años ke aún me esperan en kompañía de Palita”, me desía, intentando alejar el mal presentimiento.

Al poko rrato, fuera de los estayidos empesé a oir sirenas i las kampanas de la iglesia empesaron a sonar indikando ke el año nuebo iba a empesar. Entonses, destapé la garrafa. La luna se beía inkompleta, pero su lus fue sufisiente para darme kuenta ke esta bes el kontenido de la garrafa no irbió. ¿Sería ke la dejé mal tapada i el bino se dañó?, pensaba yo, algo dudoso.

Unté bino en un dedo i lo pasé por mi lengua. Me supo a lágrimas. Me tomé un tragito; efektibamente, la kosa abía kambiado de sabor: aora sabía a lágrimas. Pero desidí tomarme todo el kontenido ke kedaba; i lo ise poko a poko, sin sentir ningún efekto en el momento, sólo ke el último trago me supo a sangre.

Un poko desepsionado, pero kon mis fakultades de rrasonar en total orden, me akosté boka arriba en la kanoa i mirando el sielo me puse a kasar ilusiones, sintiéndome libre, pero abandonado de todos los destinos. La músika i la buya ke asían en la siudad me impedían ordenar las ideas de mis pensamientos i me kausaban fuertes atakes de melankolía ke sentía komo punsadas en el alma.

Al poko rrato sentí peresa i desidí kedarme a dormir ayí esa noche. Traté de konsiliar el sueño i ya lo estaba logrando, kuando oí el fuerte sonido del kacho: ¡El Bendedor de Ilusiones!, dije inboluntariamente, dando un salto de la kanoa. Miré en la direksión ke abía oido el sonido del kacho i lo bi benir bajando. Pasmado me kedé mirándolo asta ke yegó serka de mí, asiendo una meskolansa de rreso i kansión. Entonses dijo: ¡oou!, kedándose parado, mirándome fijamente.

Tenía el mismo aspekto de siempre, de biejo trotamundos, tal komo lo abía bisto por primera bes asiendo su seremonia debajo del ábol donde yo poko antes abía dejado mi kabayo; aora él me miraba i yo lo miraba sin desirnos nada, komo gayos en pos de pelea. De pronto, kon bos klara dijo: “Nada nase, nada muere. Todas las kosas del uniberso ebolusionan en siklos progresibos. Unidos fluyen en el tiempo espejismos, ilusiones i rrealidades ke se tornan en alegrías o sufrimientos, triunfos o derrotas, kosas buenas o malas kuyo konsepto depende de la bisión de kada kien. Puedes bolar en ilusiones, mesklarte en espejismo, ber malo o bueno, pero no puedes ni podrás eludir ni modifikar tu destino. A kontinuasión berás tu ilusión”.

Al instante, en una dimensión kuya forma me es difísil eksplikar, aparesió Palita Gerrero. Estaba tal komo la bi por primera bes, i aora podía ber ke eya estaba akostumbrada a konsegir kualkier kosa kon sus enkantos femeninos, pero ke konmigo no le abía funsionado su atraksión seduktora, i por eso su kuerpo i su alma ardían de deseos de unirse a mí.

I kon ese fin iso kosas ke jamás me ubiera podido imajinar. Empesó poniendo una bela en un rrinkón donde tenía un kuadrito de San Antonio i una foto mía kon una aguja klabada en el korasón. Después empesó a bisitar brujos i brujas de la siudad, ke los abía de sobra i, al pagar la konsulta, todos le aseguraban a Palita konoser en detaye los sekretos para agarrar el ser kerido, pero todos kedaron mudos del susto kuando eya les dijo el nombre del hombre ke kería peskar. Sin  embargo, el temor ke me tenían los brujos no la desmoralisaba sino ke, al kontrario, le atisaba más el ánimo de segir en su kasería i se komprometía kon eyos a guardar sekreto eterno en ese asunto.

Poko a poko, kon gran bariedad de artilujios, me iso komer i beber kuanta kosa le formularon los brujos, kuyo úniko rresultado fue la pérdida de su dinero i, kon el tiempo, se desanimó un poko del asunto, pues se dio kuenta ke mi sekedad de karakter no alternaba non su alegre modo de ser.

Entre otros defektos, yo tenía el de ser sumamente komplicado en las lides del amor, por lo kual mis romanses siempre abían terminado en frakaso, i kon eya no fui distinto, detaye ke debió desanimarla. Sin embargo, al enterarse de mi situasión ekonómika, eya insistió en su propósito, pero ya no era por amor sino por su enorme deseo de apoderarse de mi rriquesa. A lo último se kedó sin rrekursos, aseptó su frakaso i desidió irse kon su ermana.

A eya le gustaba Uarner, pero no lo aseptó para no erir a su ermana, lo kual aklararon i, para ebitar ke bolbiera a okurrir otro kaso igual, akordaron irse de Tierra Sana, kada una para un kontinente distinto. Pero ambas kerían irse para Méjiko, i, para definir a kién le tokaba, lo jugaron al kara y seyo kon una moneda. Ganó Palita, i su ermana desidió rradikarse en Europa.

Palita, ensegida ke yegó a Méjiko, konsigió trabajo en una ofisina de abogados. Ayí konosió a un gringo, yamado ‘Mister York’, kien al konoserla se enamoró de eya i empesó a aserle toda klase de inbitasiones kostosas.

I ese fue el fin de mis rrekuerdos para Palita. Se enamoró ‘lokamente’ del gringo, ke era bastante biejo para eya i ke asía poko abía kedado biudo, sin ijo i kon mucho dinero. Fueron nobios por poko tiempo, luego se kasaron.

Al komienso de su matrimonio, eya yebó una bida yena de fastidio debido a la soledad, ya ke su marido era kasi adikto al trabajo i le dedikaba kasi todo el tiempo a sus negosios. Después konsigió amistades i se enkarriló en una bida menos aburridora aunke sin sentido i por lo tanto basía. Luego binieron los ijos, sinko en total, ke la forsaron al sakrifisio i a ser más ordenada, pero así obtubo un poko de felisidad. Su esposo murió de infarto i eya eredó una gran rrikesa i la rresponsabilidad de kriar i edukar a sus ijos, siendo desde entonses la kabesa de una familia en dekadensia.

I, sigiendo el diskurrir de la bida de Palita, vi ke aora eya estaba sumamente gorda; donde antes era su sintura aora tenía algo paresido a la yanta de un traktor; sus piernas estaban totalmente yenas de bárises; en su kara no kabía una arruga mas, i en su kuerpo no kedaba el más mínimo bestijio de su ermosura jubenil. Además, en su espíritu tenía males peores: era presumida, banidosa, perbersa, chismosa, grosera, mentirosa i tenía los malos ábitos ke suelen adkirir las personas kon larga bida lisensiosa.

Aunke ubiera podido segir biendo más detayes de la bida de Palita, luego de aber bisto las kosas ya kontadas i las kondisiones en ke eya estaba, no kise saber mas nada de esa señora i le pedí a ‘El Bendedor de Ilusiones’ ke suspendiera el ebento.

Totalmente desepsionado me senté en la kanoa, serré los ojos tapándome la kara kon las manos i apoyando los kodos en las rrodiyas, i entonses oí la bos de ‘El Bendedor de Ilusiones’, ke dijo: “Esa era tu ilusión. El tiempo la transformó”. Abrí los ojos. ‘El Bendedor de Ilusiones’ abía desaparesido.

En ese momento deskubrí ke ningún enemigo del ombre es mas inklemente ke el tiempo; ke la bida de todas las personas está sostenida de ilusiones, i ke perder el sentido del amor es lo peor ke le puede okurrir al ser umano.

Kon lo ke abía bisto de Palita kedé sano de la enfermedad de ‘sentimientos atrasados’, ke no era otra kosa ke enamoramiento atrasado de biejo, lo kual es el amor más loko i disparatado ke puede eksistir. Pero, al kedar kurado de esa ilusión, mis sentimientos kedaron inmunisados i perdí la rrasón i el deseo de segir kasando ilusiones, i así la kura rresultaba peor ke la enfermedad.

Toda mi bida, el destino me abía yebado por un sendero de grandes difikultades, pero de alguna manera siempre salí triunfante. Aora, kon esto, estaba seguro de mi akabose, ya para mí segir bibiendo no tenía sentido, aora lo ke me preokupaba era kómo akabar kon mi bida. Me era una komplikasión el echo de ke la bida no sea komo un motor ke en kualkier momento, sin kausar ninguna biolensia, puede ser apagado. Lamentaba ke uno no se mueriera kon sólo desearlo, i pensaba en el echo de ke aunke una persona pueda enkontrar la muerte en kualkier lugar a kualkier ora, otra kosa es kuando la esté buskando, pues lo más seguro es ke no la ayará así tan fásil.

Estando inmerso en ese problema, de rrepente una gran idea yegó a mi mente: ¡El Molino! Otra bes, i por última bes, mi molino me sakaría de un gran apuro.

Ya estaba amanesiendo, no se oía buya en la siudad, todos los kontornos estaban tasiturnos, daba la impresión de ke el mundo se abía kedado dormido. Desidí darme un baño para pensar el asunto kon más kalma; me sambuyí en el agua i me kedé en el rrío asta ke el sol kalentó.

Kuando salí del agua, kojí la garrafa basía i rregresé al molino; al yegar a mi abitasión me miré en un espejo. Mis kabeyos, ke un día fueron tan negros komo el karbón, aora estaban tan blankos komo el más limpio algodón. I no sólo el kolor de mi kabeyo abía kambiado; todo mi rrostro i mis ademanes abían enbejesido. Pero ya eso no me importaba, sólo kería dar el paso definitibo. Sin embargo, me preokupaba un poko ke kuando yo muriera fueran a aser mal uso de mi molino, i para ebitar ese rriesgo desidí destruirlo. Más en sierto modo lamentaba tener ke destruir el tan benefisioso molino, ya ke esa mákina, además de ser una industria jeneradora de empleos, en la limpiesa sosial podía serle útil a tanta jente en kualkier lugar del mundo, i ke para ke diera buen probecho sólo se rrekería ke fuera administrado komo un molino de la jente i no en aras de algún interés particular amañado, i ke, aunke perjudikara a unos pokos, su funsión de limpiesa sosial debía ser en benefisio de una umanidad sana, sin kárceles, sin lakra umana. Entonses tomé mi última desisión: Eskribiría esta istoria i elaboraría un sistema para destruir el molino.

La idea de eskribir la istoria me debolbió el ánimo pues, a pesar de todo, era konsiente de ke yo mismo era el más kulpable de mi desdicha. Nunka fui komplikado en las demás kosas de la bida i desde mui joben sabía ke ser komplikado en el amor es el peor beneno para la felisidad pero, sin embargo, por terkedad nunka dejé de ser indesiso i pretensioso en ese tema. Aora nada me arreglaría el tiempo mal bibido, pues mi espíritu ya no tenía amor i lo bibido en el pasado no se puede korrejir.

I konsideré ke baldría la pena leer mi istoria porke en ninguna parte le enseñan a uno a ser felis. Si esa birtud no se yeba por dentro o se konsige por sí mismo, de otro modo, la persona bibirá sin amor i jamás será felis. Este mundo, a mi modo de ber, tiene muchas kosas buenas i lindas, pero sin amor nada es sufisiente para ke una persona pueda ser felis. I por ser así las kosas, la felisidad ai ke buskarla i kuando se obtiene ai ke kuidarla, pues no ai rrikesa ni tesoro al ke pueda igualarse.

En kuanto a la destruksión del molino, el asunto me planteaba un problema ke era difísil de rresolber, debido a ke yo kería molerme un instante antes de ke fuera destruido el molino.

Después, bensiendo difikultades, kon los manuales de eksplosibos ke dejó el padre Gabilán elaboré un sistema ke no debe fayar en destruir el molino, pues ya e komprobado plenamente su efikasia. Aora, para ke todo se kumpla, sólo ase falta ke algien abra la puerta de la nebera ke está en mi ofisina, ya ke al ensendido de la lus interna de eya está konektado el sirkuito de eksplosibos i ke al abrirla no debe fayar en destruir el molino, pero sin matar a la persona ke aya abierto la nebera. I, de akuerdo a mi plan, unos pokos segundos antes de la eksplosión yo seré molido, sin ninguna meskla, i de mí podrán aser un bulto: Siento por siento abono.

Antes de finalisar esta istoria kiero pedirle a mi amigo Uarner mi último deseo: Almirante; te rruego ke esparsas mis rrestos por todo el área del molino. Grasias. Sé ke lo arás.”

-Ha finalizado la lectura del manuscrito. En el salón de audiencias, a pesar de la enorme multitud, el silencio es total. El juez dijo: “El gobierno ha dado el tiempo que estipulan nuestras leyes, para que las personas que tengan algún reclamo en este juicio se hagan presente. Enseguida serán leidas la relación de bienes del acusado y la de las personas que participarán del reparto, y después oiré a quienes tengan algún reclamo”.

El lector Cadena demoró varias horas leyendo lo anunciado por el juez; no considero de interés transcribir tales cosas, sólo diré que fueron numerosos y de diversas naturalezas los bienes dejados por el empresario Sedano. En cuanto a la lista de las personas incluidas en el reparto, éstas son tantas que es algo parecido a una guía telefónica de una ciudad mediana.

En el salón de audiencias es bastante visible la alegría de la gente. Por todas partes, en pequeños grupos comentan la cantidad que esperan recibir y los planes que piensan realizar cuando reciban ese dinero.

Se abre una puerta, aparece el juez y todos hacen silencio. “Quienes tengan algún reclamo, en relación a este juicio, acérquense por favor”, dijo el juez.

El capitán Warner se levantó en compañía de su abogado, y le entregaron al juez un grueso fajo de documentos. ¿Qué contiene eso?, preguntó el juez.

-“Esos son los documentos que demuestran que todos esos bienes que han sido mencionados para liquidación y reparto son de propiedad de mi poderdante, el señor Jon Warner”, respondió el abogado.

Incrédulo de lo que había oído, el juez tomó el folder, lo abrió y constató que, efectivamente, el empresario Sedano, poco antes de morir, le había vendido esos bienes al capitán Warner. El precio de venta no aparece, pero no es requisito de ley. Y por lo tanto basta con que dice: “... cuyo monto por esta venta he recibido a entera satisfacción, por lo cual autorizo que se haga el traspaso a nombre de su verdadero dueño, el señor Jon Warner”. Además, allí estaban todos los documentos que la ley exige para esa clase de negocios.

El juez pidió que hicieran silencio, luego dijo: “Se acaba de comprobar que el empresario Sedano, antes de morir, vendió todos sus bienes”. Al instante hay murmullos, llantos y desmayos por doquier.

¡No todos!, exclamó el capitán Warner.

¿Qué dejó sin vender?, preguntó el juez.

“El alcantarillado de la ciudad”, respondió Warner en tono serio.

Y ahora fue el juez quien soltó una estruendosa carcajada.

En plena algarabía, una periodista entrevistó a una señora que estaba furiosa.

¿Qué opina usted señora, del vuelco que dio este juicio?, interrogó ella.

“Si lo único que no vendió fue el alcantarillado, lo más seguro es que él quería que comiéramos mierda”, respondió la señora

Lentamente, el salón de audiencias quedó en silencio. El juez le entregó al doctor Maño la orden de libertad del capitán Warner. Toda la gente de Tierra Sana aplaudió, luego muchos pasaron la barra protectora y cargaron a Warner. En hombros, Warner le pidió permiso al juez para cumplir el último deseo del difunto, pero la gente no esperó la respuesta, levantaron el ataúd y se lo llevaron rumbo al molino. A Warner también se lo llevaron cargado. Atrás se fue toda la gente que estaba en el salón de audiencias, sólo quedamos el juez y yo. Los dos nos paramos en la salida del salón. Le pregunté al juez: ¿Qué hacemos ahora? Él respondió: “Cerremos la puerta y regresemos a casa”.

Mi estimado amigo, Eduardo, así terminó este inusitado proceso. Voy a regresar muy contento, llevo una copia de la ley que estableció en Tierra Sana el Método Práktiko de Alfabeto.

Cordialmente: tu amigo, el Rejugao de Dosbokas.