El comunismo y/o la corrupción son los parásitos que, desde tiempos remotos,
están generando ruina, pobreza y toda clase de conflictos en Latinoamérica y en
numerosos países del mundo. Casi todos los países latinoamericanos poseen
riquezas enormes pero la corrupción o el comunismo las tienen casi en ruinas.
Colombia, en este momento, sufre de ambas epidemias. El presidente
Petro es comunista y gran parte del entorno de su Ejecutivo está integrado por
los individuos más corruptos de este país. Menos mal que, constitucionalmente,
falta poco para que termine este gobierno.
En términos políticos, las ideas comunistas y/o de izquierda son
contrarias a la existencia de empresas y/o empresarios, creen que los
empresarios son ladrones esclavistas y que, para hacer justicia social, la
nación y toda su riqueza debe repartirse entre todos. Cuando un comunista asume
el gobierno, quiebra las industrias, se apodera de su país y adoctrina y somete
a su población a la miseria. No permite que haya oposición ni partido distinto
al comunismo; a quien no esté de acuerdo con sus reglas lo ponen preso o lo
convierten en pato muerto.
Y las ideas de derecha son favorables a la libre competencia, a la
creación empresarial y a la democracia, pero sus líderes son muy dados a la
corrupción y a la explotación laboral. Los gobernantes corruptos no se apoderan
de la nación ni esclavizan a su gente; se roban todo lo que puedan y cuando
salen del gobierno se dedican a disfrutar de lo robado.
Siendo así las cosas, el mejor candidato a elegir, a cualquier cargo,
es el que sea menos corrupto y con ideas democráticas. Y el mejor remedio en
contra de la corrupción es establecer la obligación del voto en todas las
elecciones públicas, ya que con esa regla sería casi imposible la elección con
voto comprado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario