En cierta forma, Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, está
haciendo de Jefe de la Humanidad, en cuya existencia de un Jefe o Director de
la Humanidad está basado Pato Muerto, el último libro de mi
autoría. En la práctica, sirven para nada la ONU, la O.E. A y todas las
organizaciones creadas para corregir fallas o delitos humanos. Las cosas deberían
ser al estilo Trump, pero claras y legales.
Hay varias razones por las que la Humanidad necesita un Jefe o Director
General; la más importante puede ser la de ponerle un control efectivo a la
fabricación y manejo de armas de destrucción masiva, pero también lo es la de
acabar con los intocables y todopoderosos criminales todo delito, como lo han
sido por muchos años los hermanos Castro en Cuba y los dictadores de Corea del
Norte.
El Jefe de la Humanidad debe ser un funcionario elegido por los gobiernos
del Mundo, por un lapso definido y no reelegible en periodos sucesivos, cuya
función sería la de vigilar y controlar que los gobernantes de todos los países
del mundo gobiernen con honestidad y eficiencia. Deberá y podrá destituir a los
que no cumplan con sus deberes y convocar de inmediato a elecciones, libres y democráticas.
Pero algunos de los requisitos para que podamos establecer un Jefe de
la Humanidad son una utopía: deben acabarse los gobiernos religiosos, todas las
dictaduras y todas las monarquías o sea que todos los gobiernos deben ser democráticos y laicos. Sin embargo, si esto se hiciera realidad, sería el mejor
paso dado por la Humanidad. Para entender mejor este asunto, recomiendo leer el
ya mencionado libro Pato Muerto.
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